Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Nueva Vida En El Mundo Bestia - Capítulo 114

  1. Inicio
  2. Una Nueva Vida En El Mundo Bestia
  3. Capítulo 114 - 114 Cobarde 2
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

114: Cobarde (2) 114: Cobarde (2) —Deja de ignorarme, Serena —escupió Liz, apareciendo de repente ante ella en su pequeña forma de pájaro—.

Sé que estás oyendo lo que digo.

Serena por fin se encaró con el sistema y masculló: —¿Y aun así eres incapaz de pillar una indirecta?

¿Es que no ves que estoy ocupada?

—¿Qué?

¿Enterrando esos sentimientos y escondiéndote de todo con la excusa de estar haciendo otra cosa?

—saltó Liz, dejándose caer al suelo frente a Serena y transformándose en una serpiente—.

¡Por eso eres una cobarde!

No puedes lidiar con tus emociones y prefieres esconderte de ellas.

—Tú no sabes nada… —Serena entrecerró los ojos, mientras la molestia empezaba a invadirla.

—¡Ja!

Eso es lo que tú crees —siseó Liz, mientras su lengua bífida se asomaba—.

Pero tú y yo nos parecemos más de lo que crees.

Sé que preferirías taparte los ojos y los oídos y fingir que no ha pasado nada.

Como si no sintieras nada.

Su corazón empezó a acelerarse, y su respiración se entrecortó por un segundo ante aquellas palabras.

Pero rápidamente respiró hondo, intentando bloquearlas.

Y la pesada verdad que conllevaban.

—No sé de qué hablas —murmuró Serena—.

Ahora, si no vas a serme de ayuda, apártate de mi camino.

Estoy un poco ocupada con algo, por si no te has dado cuenta.

—¡Tsk!

Ya estás otra vez —se rio Liz con sarcasmo—.

Tal y como dije.

—Déjalo ya, Liz.

No quiero oírlo —advirtió Serena—.

No eres mi terapeuta, así que no te comportes como tal.

—Tienes razón, no lo soy… Pero eso no significa que no vaya a decir lo que pienso —replicó Liz—.

Estás tan acostumbrada a alejar a todo el mundo que no soportas que alguien te cante las cuarenta.

Algo que es necesario que te hagan.

De lo contrario, este ciclo no terminará nunca.

Las grietas que Serena intentaba reparar en su interior se ensanchaban con cada frase, dándole la razón a cada una de las palabras de Liz.

Apretó los puños hasta hacerse sangre, esperando que el dolor la distrajera.

Arrancarla de la ola que crecía en su interior y amenazaba con destrozarlo todo.

Amenazaba con exponer lo que yacía en lo más profundo de ella.

Liz pareció darse cuenta de que estaba logrando algo, pues continuó: —¿Por qué no puedes reconocer lo que está enterrado dentro de ti?

¿Por qué dejas que se enquiste tanto?

Ambos sabemos que solo terminará en más arrepentimientos.

En un deseo de haber hecho algo antes.

—¡Basta!

—gritó Serena antes de añadir con un hilo de voz—: Por favor…
Si lo dejaba salir, sabía que se quebraría.

Ya se había enquistado demasiado para que pudiera soportarlo y lo único que podía hacer ahora era enterrarlo más hondo.

Si lo dejaba salir…
Perdería la cabeza, incapaz de enfrentarse a sí misma.

—Serena… No eres un monstruo —dijo Liz de repente en un tono más suave, apoyando su cabeza sobre ella en un intento de consolarla.

—Tú no sabes eso… —escupió Serena, mientras la ira estallaba en su interior—.

No has visto las cosas que he hecho.

Lo que estuve dispuesta a hacer para sobrevivir.

Liz no entendía que ella había matado a muchos voluntariamente.

Había destrozado familias.

Había utilizado y traicionado a otros.

Todo en nombre de la supervivencia.

Quizá por eso sentía tanto odio hacia Mark.

No solo porque se suponía que él era su amante, la única persona en la que podía confiar por completo.

No.

Era porque el universo por fin le había dado a probar de su propia medicina.

Le hizo entender lo que ella les había hecho a los demás.

Y por eso, era un monstruo que merecía el infierno.

—Quizá tengas razón en que no lo entiendo todo —reflexionó Liz—.

Pero sí sé que no eres un monstruo sin corazón.

De lo contrario, ¿acaso estarías pasando por este tormento?

¿Te arrepentirías de tus acciones?

Un monstruo sin corazón nunca haría eso.

—Seguirían atormentando a otros, usándolos a su antojo y desechándolos sin pensárselo dos veces cuando ya no les sirvieran.

Tú no te estás comportando así, por mucho que te guste etiquetarte de monstruo sin corazón.

No, eres una cobarde que no puede afrontar lo que ha hecho.

Serena no estaba segura de cómo responder a esas palabras.

Pero sabía que Liz solo las decía para hacerla sentir mejor.

Si Liz supiera lo que había hecho, ni siquiera estarían hablando en ese momento.

Liz huiría como todos los demás.

La miraría con asco.

El rostro de Mark, al revelarle la verdad momentos antes de morir, apareció de repente ante sus ojos.

Se preguntó cuánto tiempo se había sentido él así, cómo había sido capaz de contener el asco que le provocaba.

Ella apenas era capaz de hacer eso y, sin embargo, él se las había arreglado para hacerlo durante tanto tiempo.

—Serena, no estoy seguro de qué se cuece exactamente en esa cabeza tuya, pero de lo que sí estoy seguro es de que tienes que dejar de esconder la cabeza bajo tierra —continuó Liz—.

Tienes que afrontar los errores que has cometido y, tal vez, en esta vida, hacer penitencia por los pecados que cometiste en la pasada.

—¿Penitencia?

—Serena frunció el ceño.

—Ayudas a una persona por cada una a la que le hiciste daño en tu vida pasada —explicó Liz—.

No porque te beneficie de algún modo, sino porque es lo correcto.

Quizá entonces tu alma pueda estar más en paz.

Serena veía por dónde iba Liz, y aunque quería estar de acuerdo en que probablemente era algo bueno, había un problema.

—Ya no distingo el bien del mal —murmuró Serena—.

¿Cómo puedo ayudar a otros si apenas sé si estoy ayudando o no?

—Bueno, supongo que tendremos que descubrirlo sobre la marcha —respondió Liz—.

Quizá esa sea nuestra forma de pagar por los crímenes que cometimos en nuestra vida pasada.

—Quizá… —reflexionó Serena—.

¿Pero qué crímenes has cometido tú?

Liz la miró con ojos tristes antes de responder finalmente: —Fui un blando que permitió que otros intimidaran a quienes debía proteger.

Todo para no salir herido.

Y fue con esas palabras que Serena por fin comprendió de quién era el alma que habían utilizado.

El dueño original.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo