Una Nueva Vida En El Mundo Bestia - Capítulo 122
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- Capítulo 122 - 122 Pensamientos no deseados 4
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122: Pensamientos no deseados (4) 122: Pensamientos no deseados (4) A la mañana siguiente, Theo apenas podía concentrarse en su camino mientras avanzaba por el bosque, con la mente consumida por un sinfín de pensamientos.
Pensamientos que, en cierto modo, lo asustaban.
Era algo que llevaba tiempo rondándole la cabeza, pero ahora, simplemente no podía ignorarlo.
No después de lo de anoche.
Estaba empezando a sentir algo por Serena.
Theo sabía que su interés por ella iba en aumento, sobre todo porque se sorprendía a sí mismo dedicándole miradas furtivas en cuanto tenía ocasión.
Se fijaba en sus pequeñas manías.
Le molestaba que lo ignorara.
Que le dijera que no se preocupara por ella.
Que hiciera las cosas por su cuenta y se negara a depender de él.
Y que, en su lugar, acudiera a otros en busca de ayuda para sus incontables y extraños proyectos.
Él sabía que lo hacía porque se habían prometido no interferir en la vida del otro.
Pero estaba empezando a arrepentirse de ello.
Theo no podía decir que la amara, aún no había llegado a ese punto.
Pero había cruzado una línea prohibida, porque ahora ella le gustaba.
Quería ser su compañero de verdad.
Acabar con la farsa que estaban representando.
Ser el primero al que acudiera cada vez que necesitara ayuda.
Y lo que lo confirmó todo fue lo de anoche.
Verla con el rostro surcado por las lágrimas y desolada, intentando ocultarle su dolor, fue como un cuchillo de hueso directo al corazón.
Le dolió, porque él quería estar ahí para ella.
Exigirle una explicación.
Saber qué la hacía sufrir tanto.
¿Le ocurría a menudo?
Theo casi soltó un gruñido ante esos pensamientos y sacudió la cabeza para ahuyentar la ira que lo invadía.
Tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no exigirle respuestas.
Porque eso solo haría que ella se cerrara aún más en banda.
Ya había cometido ese error una vez y no pensaba repetirlo.
Theo sintió ganas de suspirar.
Se había adentrado en un terreno peligroso y sabía que, si intentaba decirle la verdad a Serena, ella probablemente saldría huyendo.
Pondría fin a todo lo que tenían.
Así que su única opción era mantenerlo todo oculto.
Porque todo se arruinaría si ella llegaba a sospechar lo que él sentía.
Ella no quería compañeros y estaba haciendo todo lo posible para evitarlo.
Theo lo veía en su forma de actuar.
Así que no había ninguna posibilidad de que aceptara un cambio en su relación.
Para Serena, él no era más que un amigo con el que vivía.
—¿Qué te pasa hoy?
—preguntó de repente una voz, sacando a Theo de sus pensamientos.
El hombre bestia tigre levantó la vista y vio cómo un gran pájaro negro descendía frente a él y se transformaba en Jason.
El hombre bestia pájaro le dirigió una mirada interrogante, claramente confundido por su comportamiento.
Él no solía ser tan distraído.
Sobre todo cuando estaban de caza.
—Encontré una manada de ciervos justo al sur de aquí —continuó Jason—.
Te hice señales dos veces.
—Lo siento —masculló Theo en lengua bestia—.
Creo que solo estoy cansado.
Lo cual era cierto en parte.
Después de despertarse y encontrar a Serena merodeando, su mente se había puesto a mil y apenas había pegado ojo cuando volvieron a la cama.
Estaba demasiado preocupado por que ocurriera algo más y acabó pasando la mayor parte de la noche en un duermevela, comprobando a cada rato si Serena estaba bien.
Jason sonrió con suficiencia, malinterpretando la situación al instante.
—Ah, ser joven y estar enamorado…
—No ha sido eso, idiota —refunfuñó Theo antes de cambiar de tema—.
Y ahora, ¿dónde está esa manada que has encontrado?
—Al sur de aquí.
Deberías poder oler su rastro si avanzas un poco —respondió Jason con una mirada cómplice.
A continuación, se transformó en su forma bestia y añadió en lengua bestia—: Ve hacia aquellos árboles torcidos de allí.
Desde ahí deberías captar el rastro.
El hombre bestia pájaro se elevó por los aires y empezó a volar en la dirección que le había indicado a Theo.
El hombre bestia tigre apartó los pensamientos que se arremolinaban en su mente y se concentró en la caza.
***
Serena estaba ocupada entregándole a Finn algo de madera tratada cuando Liz dijo de repente: «Requisito de carne recolectado.
Misión de preparación para la estación fría completada.
Las recompensas se enviarán a tu subespacio».
A Serena le costó un esfuerzo sobrehumano actuar con naturalidad al oír esas palabras, pues no quería parecer una loca delante de Finn.
El hombre bestia conejo era un artesano realmente increíble y Serena quería mantener una relación amistosa con él.
Definitivamente, necesitaría su pericia para construir lo necesario para desarrollar la ciudad.
Finn le dio las gracias por la madera y ella sonrió levemente antes de dirigirse a la cabaña a por el resto de la madera para la colmena.
«¡Advertencia!», exclamó Liz de repente.
«El subespacio ha alcanzado su capacidad máxima.
Ya no puedes añadir más objetos al subespacio; debes aumentar su tamaño o eliminar objetos para poder añadir más cosas».
Serena suspiró al oírlo, pero era de esperar.
Había añadido bastantes cosas a su subespacio.
Por suerte, tenía una misión que, una vez completada, lo aumentaría al nivel dos.
Solo era cuestión de completarla.
Mientras recogía la última madera tratada para la colmena, Serena vio a Jason y a Theo acercándose a la cabaña.
Los saludó con un leve gesto de la mano antes de volver con Finn.
Planeaban terminar la colmena hoy mismo para que pudiera secarse.
Luego, mañana, intentarían trasladar las abejas a esta nueva colmena.
Y si tenían éxito, quizá podrían encontrar algunas colonias más para aumentar su cantidad de abejas.
—Aquí tienes lo último —dijo Serena mientras colocaba la última pila de madera junto a Finn, que estaba ocupado fabricando los últimos marcos para la colmena.
A ella le habría gustado ayudar, pero el hombre bestia conejo se negó.
Así que no tuvo más remedio que observar y colaborar llevando y trayendo cosas.
Finn levantó la vista hacia ella un segundo antes de volver a su tarea y murmurar: —Gracias…
—De nada —asintió Serena—.
Avísame si necesitas algo más.
Finn abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo, otra persona gritó de repente: —¡Eh, Serena!
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