Una Nueva Vida En El Mundo Bestia - Capítulo 50
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50: Un poco insistente 50: Un poco insistente Serena pasó la siguiente hora más o menos siendo arrastrada de un lado para otro y presentada a varias personas de la aldea.
Al principio, pensó que las otras mujeres bestia solo iban a presentarle a hombres bestia solteros, pero no.
Le presentaron a bastantes más, incluyendo a algunos de sus familiares y compañeros.
Incluso le dieron pequeños datos sobre todo el mundo.
A quién evitar y quién era el mejor en qué.
Así que, aunque la cabeza le daba un poco de vueltas por toda la información, la aceptó con gusto.
Tener toda esa información sobre todo el mundo facilitaría las cosas.
Podría darle un buen uso.
Finalmente, el grupo rodeó la gigantesca hoguera que ardía en el claro del centro de la aldea, así que se detuvieron para coger un poco del agua que estaban ofreciendo.
Después de todo, el calor del fuego, junto con toda la caminata, las había dejado cansadas.
Bueno, al menos, cinco de ellas lo estaban.
—¡Muy bien, mis queridas mujeres bestia!
—exclamó Wilma de repente con entusiasmo mientras todas bebían agua—.
¡Es hora de que Fay brille!
—¿Y-yo?
—chilló Fay, casi escupiendo el agua que tenía en la boca y moviéndose para esconderse detrás de Grace—.
¿P-puedo…
n-no hacerlo?
—Vamos, Fay —Grace miró por encima del hombro a la mujer bestia más joven—.
¿No decías que te gustaba James?
¿Por qué te escondes ahora?
—Yo…
sí que me gusta…
—murmuró Fay, agachando las orejas para ocultar la cara.
Apenas le llegaban a los ojos, pero era fácil deducir que se estaba escondiendo.
—P-pero y si…
—Prometiste que lo harías hoy, Fay —dijo Ria, la segunda más joven de las mujeres bestia conejo—.
Además, es imposible que te rechace.
Le gustas a ese hombre bestia.
Ya hemos hablado de esto y no dejaremos que te eches atrás ahora.
Las otras tres mujeres bestia conejo asintieron con la cabeza en señal de acuerdo, haciendo que Fay gimoteara mientras se escondía aún más detrás de Grace.
Mientras tanto, Serena observaba toda la escena, confundida sobre lo que estaba pasando.
Sin embargo, optó por no preguntar qué pasaba por si la hacían partícipe de sus planes.
«Aunque es probable que ya sea parte de esto solo por estar aquí», reflexionó Serena para sí misma mientras bebía tranquilamente su agua.
«Supongo que puedo limitarme a observar todo esto en silencio desde la barrera y averiguarlo por mí misma…».
—Si no quieres hacerlo en una zona concurrida, podemos conseguir que se quede a solas para ti —propuso Emma—.
Nos aseguraremos de que no haya nadie cerca…
De todos modos, tendrás que hacerlo tarde o temprano.
—Sí…
—asintió Wilma con la cabeza—.
Macy también le ha estado echando el ojo.
Eso fue todo lo que necesitó Serena para atar cabos.
Fay estaba colada por un hombre bestia y había competencia.
Supuso que las otras mujeres bestia intentaban darle el valor para confesar sus sentimientos.
O algo parecido.
Fay levantó un poco la cabeza, asomándose por detrás de Grace, y murmuró: —M-Macy…
S-supongo…
que eso f-funciona m-mej…
—¡Fay!
—la interrumpió Wilma antes de que pudiera terminar de hablar—.
Deja de reprimirte, ¿vale?
Te ayudaremos, así que no tienes que temer nada.
—S-supongo…
—suspiró Fay.
—Bien, entonces.
Serena y yo iremos a por James mientras el resto despejáis la zona junto al árbol.
No debería haber muchos hombres bestia por allí —ordenó Wilma—.
Puedes confesar tus sentimientos a solas, ¿vale?
Las otras asintieron con la cabeza en señal de acuerdo, mientras que Fay dejó escapar otro gemido.
Mientras tanto, Serena se preguntó en voz alta: —¿Por qué voy contigo?
Esperaba mantenerse al margen, pero Wilma parecía decidida a arrastrarla a todas partes e involucrarla en cosas extrañas.
Sinceramente, habría preferido que fuera otra persona.
—Porque necesito músculo —declaró Wilma como si le estuviera diciendo a alguien el pronóstico del tiempo—.
Vamos.
Vayamos a buscar a James.
Sí, no había forma de ganar con esta.
Dale la mano y se tomaría el brazo entero con esa terquedad.
Aunque, tal vez, esa insistencia era algo que Fay necesitaba.
La joven mujer bestia estaba completamente atrapada en su propio caparazón de timidez.
Eso era algo de lo que Serena se había dado cuenta desde que empezaron a interactuar.
—Está bien…
—dijo Serena, rindiéndose—.
Pero no haré nada en contra de la voluntad de nadie.
Una cosa era organizar un encuentro, pero otra muy distinta era obligar a alguien a ir a un lugar al que no quería ir.
Y teniendo en cuenta las palabras de Wilma, Serena decidió dejar clara su postura.
Ni de coña iba a ayudarlas con lo segundo.
Incluso a costa de dañar posiblemente la amistad de Kiro con sus cachorros.
Era mejor no cruzar ciertas líneas, y en ese caso sería mejor para él hacer otros amigos.
Si es que otros estuvieran dispuestos a hacerse amigos suyos después de una pelea…
—Dudo que eso ocurra —dijo Wilma mientras las guiaba a través de la multitud para buscar a James—.
Estás aquí por si sale corriendo al verme…
para que podamos explicarle la situación.
Serena miró a la mujer bestia conejo con cara de póquer y negó con la cabeza, pensando con sequedad: «Me pregunto por qué huiría de ti…».
En voz alta murmuró: —Ya veo…
—Sí —Wilma se giró para mirar a un lado, buscando a James, antes de volverse de nuevo hacia Serena—.
Gracias por ayudar con esto a pesar de que solo nos conoces desde hace un día…
—¿Acaso tuve mucha elección en el asunto?
—preguntó finalmente Serena, haciendo que Wilma se riera entre dientes.
—Claro, podrías decir que no…
De hecho, deberías decirme que no más a menudo.
Sé que tiendo a ser insistente a veces…
—Wilma se quedó en silencio un momento antes de suspirar—.
Aunque, supongo que es solo que estoy preocupada por Fay.
Tiende a negar sus deseos.
Piensa que todo el mundo debería pisotearla.
Serena permaneció en silencio mientras Wilma hablaba, sin saber qué decir sobre la información que acababa de conocer.
¿Qué podría decir a eso?
—Pero supongo que tiendes a odiarte a ti misma cuando tu madre te culpa por haber abandonado a tu padre —murmuró Wilma con sequedad.
Antes de que Serena tuviera la oportunidad de procesar la bomba que acababa de soltar, Wilma exclamó de repente: —¡Oh, ahí está Davis!
¡Él debería saber dónde está su hermano!
Corrió en dirección a Davis para preguntarle por James, dejando a Serena de pie en medio de la multitud, preguntándose qué era lo que la mujer bestia conejo acababa de decir con tanta naturalidad.
Serena necesitaba sin duda más contexto sobre eso, pero primero decidió alcanzar a Wilma antes de perder a la otra mujer bestia entre la multitud.
Cuando por fin llegó junto a Davis y Wilma, ya estaban hablando.
—…
estar por la zona de la comida —le dijo Davis a Wilma.
Entonces se fijó en Serena y sonrió: —Buenas noches, Serena.
—Buenas noches —respondió Serena cortésmente con un asentimiento.
Se giró hacia Wilma y le preguntó: —¿Has averiguado dónde está James?
—Sí, ya sé dónde —Wilma asintió con la cabeza—.
Deberíamos irnos ya, antes de que empiecen a servir la comida.
Gracias por la ayuda, Davis.
—Eh…
de nada —dijo Davis—.
Puedo ayudaros…
Antes de que pudiera terminar, Wilma ya se había marchado, arrastrando a Serena.
Le dijo adiós a Davis con la mano antes de seguir a la mujer bestia conejo.
Mientras caminaban hacia la zona de la comida, Serena no pudo evitar preguntarle a Wilma: —Sobre lo que decías de los padres de Fay…
Wilma la miró de reojo y reflexionó: —Ah, eso…
Digamos que sus padres tuvieron una pelea y, como su madre no podía abandonarla a ella como hizo con el padre, en su lugar descargó su ira sobre ella.
—¿Y nadie lo impidió?
—preguntó Serena con curiosidad.
—Lo hicieron cuando descubrieron la verdad —suspiró Wilma—.
El Anciano Samuel los echó de la aldea, pero para entonces ya habían destrozado a Fay.
Esa mujer bestia sabía cómo herir a los demás sin que se notara.
Se descubrió solo porque Grace y Emma se toparon con ello por accidente.
Serena volvió a guardar silencio.
No podía imaginar por qué tipo de cosa retorcida había pasado Fay para que la aldea estuviera dispuesta a expulsar a una hembra.
Y una parte de ella no quería saberlo.
Pero sí explicaba su inusual timidez en un mundo donde muchas mujeres bestia eran orgullosas o arrogantes.
—¡Oh, ahí está!
—declaró Wilma antes de salir corriendo de repente.
Serena tuvo que salir de su aturdimiento y perseguir a Wilma una vez más.
La mujer bestia conejo fue rápida y agarró a un hombre bestia de aspecto joven antes de que este tuviera la oportunidad de hacer nada.
Se parecía a Davis, dado que eran hermanos; sin embargo, sus orejas y su pelo tenían manchas blancas en lugar de ser completamente marrones.
—¡¿Qué?!
—gritó James, mirando a las dos mujeres bestia en estado de shock—.
Wilma, tú…
—Fay te necesita —lo interrumpió Wilma antes de que tuviera la oportunidad de protestar—.
Tienes que venir con nosotras a verla.
El rostro de James pasó por varias emociones mientras procesaba las palabras de Wilma.
Finalmente, suspiró: —Pero no puedo irme así como así…
—¡Eh, Matthew!
—Wilma se apartó de ellos y le gritó a un hombre bestia cercano—.
Tomo prestado a James un momento.
Volveremos pronto.
El hombre bestia refunfuñó en respuesta: —Asegúrate de que vuelva antes de que empecemos a servir la comida.
Wilma se volvió hacia James y sonrió: —Listo.
Ya está arreglado.
Ahora tienes que venir con nosotras.
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