Una Nueva Vida En El Mundo Bestia - Capítulo 55
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55: Cristal de energía (2) 55: Cristal de energía (2) Serena frunció los labios ante aquellas palabras y pensó para sí: «Así que de eso se trataba todo el alboroto.
Me alegro de que no sea un ataque, aunque una horda de monstruos no es una buena noticia».
Pero quizá podría tener suerte con ese avistamiento…
—¿La aldea no tiene cristales de sobra?
—preguntó Serena, yendo hacia la esquina para recuperar su bolsa de cristales de su subespacio sin mirar.
—Tienen cristales, pero no pueden prescindir de ninguno.
Es demasiado arriesgado para ellos —respondió Theo, acercándose a ella—.
Tengo uno en la ciudad.
Si quieres, te lo puedo dar para reemplazar el que tienes ahora… si es que tienes uno.
Lo único es que tendremos que esperar a que pase la temporada fría para que yo vaya a buscar mis cosas.
Supuso que tenía sentido que la aldea no prescindiera de un cristal de energía.
No podían usar un recurso tan valioso con una desconocida de alto riesgo.
Incluso Serena estaba dudando si ceder sus cristales.
Pero si Theo iba a garantizarle que obtendría algo a cambio, entonces supuso que podría cederlo.
Sencillamente, no era lo bastante bondadosa como para ayudar a quienes no conocía.
No sin sacar algún provecho de ello.
Quizá eso la convertía en alguien cruel, pero así era como vivía.
—Bueno, esto es lo que tengo —dijo Serena mientras abría su bolsa—.
Puedes usarlo si crees que merece la pena el riesgo.
Theo echó un vistazo a la bolsa y, entre varios cristales claros, distinguió un pequeño cristal púrpura.
Al instante, alargó la mano para cogerlo antes de volverse de nuevo hacia Serena.
—Gracias —murmuró Theo, moviéndose para volver a subir por la escalera de mano—.
Debería irme antes de que la situación del hombre bestia empeore.
Serena asintió con la cabeza en señal de comprensión, observando cómo Theo se marchaba.
Miró hacia donde Kiro estaba escondido, preguntándose si debería «encontrarlo» ya.
Como ya habían guardado la comida y Kiro quería subir, Serena tuvo que distraerlo con un juego.
Uno en el que él tenía que esconderse de todos.
Por supuesto, ella había adivinado dónde se había metido, pero fingía no saberlo.
Claro que, ahora que sabía lo que estaba pasando, quizá lo mejor era salir.
Pensándolo bien, tal vez no.
Un hombre bestia herido no sería una estampa agradable para un joven cachorro.
Tocaba seguir con el juego del escondite un rato más.
***
Theo regresó a la entrada de la aldea tan rápido como pudo.
Para entonces, la mayoría de los hombres bestia habían vuelto a sus quehaceres, sin querer seguir presenciando la escena.
El Sanador Kai y Davis estaban limpiando y preparándose para trasladar al paciente ahora que habían estabilizado sus heridas tanto como les fue posible.
Y probablemente también para que nadie tuviera que ver lo que le ocurría al hombre bestia pájaro.
—¡Tengan!
—exclamó Theo—.
Mi compañera dijo que podía prescindir de un cristal de energía.
Los pocos que quedaban se volvieron para mirarlo con sorpresa.
Sin duda, estaban conmocionados de que él permitiera a Serena tomar una decisión tan arriesgada.
Pero tampoco era como si Serena le fuera a dar mucho uso al cristal de energía en ese momento.
Además, él le había prometido que reemplazaría su cristal.
Tendrían que esperar un poco, pero dudaba que pasara algo que requiriera el uso del cristal.
Ojalá.
—¡¿Pero no dijiste que no tenías cristales?!
—gritó el hombre bestia conejo que le había preguntado si tenía un cristal de energía—.
¿Cómo has podido…?
—No me cuestiones —gruñó Theo, entregándole el cristal al Sanador Kai—.
Además, esto es de Serena.
No mío… Tienes suerte de que estuviera dispuesta a cederlo.
—¿Estás seguro?
—preguntó el Sanador Kai, dudando antes de coger el cristal del tamaño de una pelota de ping-pong.
—Comprendo los riesgos —dijo Theo, asintiendo—.
Puedes seguir adelante y usarlo.
El Sanador Kai suspiró, negó con la cabeza y murmuró: —Espero que sepas lo que haces…
Entonces, cogió el cristal y lo colocó en la boca del hombre bestia pájaro, que Davis mantenía abierta.
Un líquido púrpura no tardó en fluir del cristal y el Sanador Kai observó con atención, asegurándose de que el hombre bestia pájaro no se atragantara.
Una vez que el cristal desapareció, el Sanador Kai y Davis procedieron a alejarlo de la entrada de la aldea.
Theo los siguió en silencio, pues quería comprobar si el cristal estaba haciendo efecto.
El Anciano Samuel también los siguió, después de prohibir que nadie más los acompañara.
Llegaron a la choza del Sanador Kai con bastante rapidez y acomodaron al hombre bestia pájaro en una cama antes de que el Sanador Kai volviera a examinar sus heridas.
Theo observaba desde una esquina de la habitación, con el intenso aroma a hierbas impregnando el aire.
Tenía sentido, ya que casi cada rincón estaba cubierto de plantas diferentes.
Incluso había algunas que colgaban del techo.
Davis salió a buscar agua limpia, dejando al Sanador Kai trabajar a solas.
De repente, el cuerpo del hombre bestia pájaro se convulsionó violentamente y Theo se quedó rígido.
—Mmm…
Parece que está funcionando —le murmuró el Sanador Kai—.
Un momento más y habría muerto.
Sus palabras provocaron en Theo una mezcla de alivio y pavor.
Por supuesto, todavía no estaban fuera de peligro.
Eso probablemente no sucedería hasta mañana o, como muy tarde, el día siguiente.
Dependía de cuánto ayudara el cristal de energía al hombre bestia pájaro a sanar.
De pronto, el Sanador Kai les dirigió una mirada y sentenció: —No tiene sentido que ninguno de los dos se quede aquí.
Están perdiendo el tiempo.
Si pasa algo, haré que Davis venga a buscarlos.
No había que ser un genio para entender que el Sanador Kai los estaba echando de su choza.
Sin embargo, ni el Anciano Samuel ni Theo le discutieron.
Ambos sabían que era mejor no ganarse la antipatía de un sanador.
Los dos salieron justo cuando Davis regresaba con agua para hervir.
El Anciano Samuel le dio las gracias a Theo por su ayuda con la situación antes de que se separaran y cada uno volviera a sus quehaceres.
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