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Una Obsesión Ilícita - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 —¿Desafiaste a Killian Knight de esa manera?

—Los ojos castaño claro de Jina se posan en mí, en una mezcla de sorpresa y recelo.

Estábamos en la habitación que daba a un balcón sobre el salón, oculta a la vista por unas cortinas azul oscuro y una puerta cerrada.

—¿Qué querías que hiciera?

Me está sacando de quicio —murmuro.

—Tú… la que perfeccionó esta actuación durante diez años.

¡Diez años!

Y ahora tú… ¿qué?

La vergüenza me inunda y bajo la mirada, cerrando los ojos.

Jina suelta un largo bufido y se apoya en la larga mesa del centro de la habitación.

Era una especie de despacho y refugio, y las únicas personas con acceso eran Jina, Kevin y yo.

Me hundo de nuevo en el sofá.

—Estamos muy cerca del Día D.

No puedes distraerte —dice ella.

—Lo sé.

Y no lo estoy.

—No podemos permitírnoslo —enfatiza.

—¿No crees que lo sé?

—Finalmente la miro, odiando la sensación temeraria que se agita en mi interior.

Tiene razón: no debería haberlo desafiado.

Fue como meterle el dedo en el ojo a un dragón.

—¿Te das cuenta de que has bajado la guardia?

Te ha visto sin tu familia.

Inconscientemente o no, ha visto a la verdadera tú.

Un mal presentimiento se instala en la boca de mi estómago.

—No eres una princesita de los Anderson, una chica tímida e inofensiva.

¡Eres un desafío!

¡Está obsesionado!

—Sí, claro.

—Esta vez, me burlo de lo absurdo de la situación.

Un hombre de treinta y tres años, inconmensurablemente poderoso, obsesionado con una veinteañera que no tiene poder ni nada que ofrecer; al menos, no a él.

—¡No sé si reírme de lo despistada que estás sobre tu propio valor o darte una paliza por enredarte con un jefe de la mafia!

—Niega con la cabeza, en un gesto que grita «no puedo creerte».

—Por lo general, soy atractiva, pero seamos sinceras: no tiene ninguna razón para desearme.

Hay algo más en juego.

Aún no podemos verlo, pero todo empezó después de que mi padre le dijera que quería su apoyo para que Nicolai fuera el próximo presidente del Grupo Anderson.

—¿En serio?

¿Y qué es lo que quiere?

Su patrimonio neto es el triple que el de los Anderson.

No necesita nada de ti.

Pero fuiste y lo desafiaste.

Lo atrajiste hacia ti —dice ella.

¿Que yo lo atraje?

¿Cómo?

Desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron, él estuvo frente a mí, dedicándome una suave sonrisa mientras permanecía indiferente a toda la sala.

Fue él quien me observó desde el otro lado de la mesa mientras su supuesta esposa se sentaba a su lado.

Sus respuestas, sus preguntas, el brillo en sus ojos.

Preguntó por mis cicatrices.

Estaba furioso por ellas.

Invadió todos mis pensamientos, haciéndome dudar de mi cordura.

Y entonces, en mitad de la noche… fue imposible resistirse a él.

¿Cómo es que yo…?

Mi respiración se acelera al rememorar todo.

Él me atrajo.

Odio lo indefensa y vulnerable que sonaría si lo dijera en voz alta.

¡¿Cómo voy a ser un desafío si ya he cedido?!

—¡¿Que tú qué?!

La voz cortante de Jina me arranca de mis pensamientos.

Levanto la vista, dándome cuenta de que he dicho esa última parte en voz alta.

Maldita sea.

—No me digas que…

—Avanza hacia mí con paso decidido—.

¡Sabía que algo no andaba bien!

Y ahora lo veo: ¡llevas el pelo suelto y ese ridículo jersey de cuello alto verde!

Me agarra el cuello del jersey y tira de él hacia abajo.

Levanto las manos para taparlo y aparto la mirada.

Lo ha visto.

Sé que lo ha visto.

Las tenues marcas rojas que no han desaparecido.

Me aparto de un tirón y me levanto del sofá, ajustándome el jersey.

El rubor le sube por las mejillas mientras me mira fijamente, con la boca abierta.

—¿Cómo diablos…?

Aparto la cabeza.

—Tú… —Jina se ha quedado completamente sin palabras—.

¿Cuándo demonios has tenido tiempo para que te follen así?

—Su voz es una mezcla de asombro y diversión.

—¡¿Puedes no decirlo de esa manera?!

—¿En serio tienes el descaro de avergonzarte?

—Se frota el entrecejo.

—Ahora todo tiene sentido.

Le dijiste a Kevin que investigara sus antecedentes.

Hiciste que apagaran las cámaras de CCTV de la casa de la playa.

No dejaba de preguntarme qué demonios estaba pasando, pero ah…

—Niega con la cabeza y empieza a pasearse por la habitación.

—Fuiste tú, hace cuatro años, quien dijo que nunca nos acercaríamos a Killian Knight.

Que era peligroso.

Que estaba demasiado cerca de casa.

Y nos mantuvimos alejadas, ¿pero ahora?

—Me señala con un gesto.

—Sé lo que parece, pero se ha acabado —digo.

—No me mientas.

—Su voz es cortante—.

Tú no lo has superado.

Y él, definitivamente, tampoco.

Me cruzo de brazos.

—Me encargaré de ello.

No hay otra forma de tranquilizarla.

O de tranquilizarme a mí misma.

—Si es un amigo, es uno formidable.

Pero no podemos permitirnos tenerlo como enemigo —advierte.

Asiento.

—No puede saber quién eres en realidad, Mila.

—No lo sabrá —digo, poniendo toda la convicción posible en mi voz.

El silencio cae entre nosotras.

—¿Encontraste la ubicación del patronus?

—digo, cambiando de tema.

Su expresión cambia a una más seria mientras se sienta en el sofá.

Se me encoje el corazón al ver la expresión de su rostro.

—Todavía no lo hemos encontrado.

—Creíamos que estábamos cerca, pero se han vuelto a mover —dice Jina.

—Podemos rastrear la ubicación, pero no podemos llegar a ellos antes de que se muevan.

—En eso, ellos tienen más recursos que nosotras.

—Seguid buscando hasta el final —dije.

—Mila…
—Y preparad el Plan B.

—No, eso es…

—No —digo con firmeza—.

Tenemos tres semanas.

Adeline vendrá a por mí.

Es mi única oportunidad.

—Mila, no hay ninguna garantía de que esto vaya a funcionar.

—Si todo lo demás falla, esta es mi única baza.

Haced lo que hemos hablado.

Jina se recuesta, derrotada, y asiente.

—¿Y qué hay de Killian Knight?

—pregunta mientras me doy la vuelta para irme.

—Pase lo que pase, nadie se interpondrá entre mi libertad y yo.

Me vuelvo a poner la máscara, cojo mi bolso y salgo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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