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una venganza ineludible - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 nueva Valdora
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15: nueva Valdora 15: nueva Valdora Salón Circular de Valdora no era grande, pero tenía un peso histórico que podía aplastar incluso al más valiente.

Cúpula alta, muros de piedra pulida y un eco que hacía que cada palabra sonara más dura de lo que uno pretendía.

Allí no había soldados ni público.

Solo nobles, consejeros, y Dorian… quien debía sostener el reino mientras Lucius continuaba desaparecido.

Día 1 — La propuesta Dorian dio un paso al centro.

El silencio fue inmediato.

—Valdora necesita liderazgo —dijo con voz firme—.

Y el linaje debe continuar.

Mi padre no está.

Alguien debe ocupar su lugar.

Algunos nobles asintieron, otros no parecían convencidos.

Entonces se levantó Lord Harvald, el noble que defendía romper el linaje real.

—¡No es suficiente!

—bramó—.

¡Tu juventud es un riesgo!

Necesitamos un gobernante que no cargue dudas sobre su origen ni sobre su capacidad.

Las voces se elevaron.

El salón se llenó de discusiones, acusaciones, choque de opiniones.

Dorian intentó continuar, pero lo interrumpían a cada frase.

El día terminó sin decisión.

Día 2 — El estancamiento El segundo día fue aún peor.

Cada vez que Dorian hablaba de deber, de responsabilidad o del futuro, Harvald volvía a interrumpirlo: —¡No podemos poner el reino en manos de un chico!

—El linaje es una tradición, no una obligación.

—Lucius puede regresar en cualquier momento.

Dorian apretó los puños.

No respondía con ira, pero tampoco retrocedía.

Sin embargo, nada avanzaba.

Las horas se consumieron en discusiones inútiles y tensiones crecientes.

Valdora seguía sin rey.

Día 3 — La voz que silenció a todos El tercer día, por primera vez, los asientos no alcanzaron.

Los ciudadanos comunes fueron autorizados a entrar como oyentes.

La presión era gigantesca.

Dorian volvió a hablar.

Era evidente que estaba cansado, pero firme: —El reino no puede seguir sin un líder.

Yo— Harvald se levantó una vez más.

—¡La corona no se entrega por lástima ni por ausencia!

¡Se gana!

Y ahí, justo cuando el salón iba a estallar en otra ola de voces superpuestas… …un hombre se levantó al fondo.

Y el mundo pareció detenerse.

El general Alarik.

Padre de Erila.

Veterano de múltiples guerras.

El único hombre vivo cuyos pasos aún hacían callar a todo Valdora.

No tuvo que gritar.

Ni siquiera alzó la voz.

—Basta —dijo.

El silencio fue absoluto.

Alarik avanzó lentamente, su armadura desgastada resonando con cada paso.

Se paró al lado de Dorian, pero sin mirarlo.

—Valdora necesita un rey.

No dentro de un mes.

No cuando regrese Lucius.

Ahora.

Nadie respiraba.

—No existe —continuó— alguien con más experiencia que yo en este momento.

Ni más conocimiento del reino.

No permitiré que estas disputas destruyan lo que todavía puede salvarse.

Harvald abrió la boca, pero no alcanzó a hablar.

El público empezó a aplaudir.

Primero unos pocos.

Luego el salón entero.

Aplausos fuertes, sólidos, convincentes.

Dorian bajó la mirada.

Sabía que Valdora había elegido.

Día 4 — La coronación El cuarto día, al amanecer, el reino se reunió en la plaza mayor.

Los magos levantaron telas, repararon grietas, encendieron luces azules que flotaban en el aire.

La multitud rodeó la plataforma central.

Alarik subió los escalones con paso firme mientras los nobles formaban un semicírculo.

Dorian observó desde adelante.

No con envidia.

Sino con alivio.

El sumo consejero levantó la corona ancestral.

—Que Valdora encuentre su guía en tiempos de oscuridad —proclamó.

Y colocó la corona sobre la cabeza del guerrero.

Así nació.

Alarik, Rey de Valdora.

Los aplausos hicieron temblar el aire.

La noche había caído sobre Valdora con un silencio extraño, un silencio que parecía cubrir el reino como un manto.

Después de la coronación, todos estaban exhaustos, incluso aquellos que no habían levantado un arma.

Dorian salió de la fortaleza para buscar aire.

La ciudad seguía viva, luces de los magos reparando muros, murmullos lejanos, pero él solo quería ver el cielo.

Caminó hasta las murallas exteriores.

Allí estaba Erila, sentada sobre una de las piedras anchas, mirando hacia arriba como si buscara respuestas entre las estrellas.

—¿Puedo sentarme?

—preguntó Dorian.

Erila asintió con una pequeña sonrisa.

Quedaron los dos allí, sin decir nada al principio.

El cielo estaba claro, lleno de estrellas que parecían más brillantes de lo normal, como si quisieran compensar todo lo que el reino había perdido.

—Nunca pensé que Valdora pudiera cambiar tanto en tan poco tiempo —dijo Erila sin apartar la vista del cielo.

—Yo tampoco —respondió Dorian—.

Parece otro mundo… uno que todavía no termino de entender.

Erila lo observó de reojo.

—Hoy lo hiciste bien.

Te mantuviste firme, incluso cuando querían derribarte.

Eso dice mucho más de vos que cualquier corona.

Dorian sonrió apenas.

—No sé si estoy listo para todo lo que viene —confesó.

—Nadie lo está —respondió ella—.

Ni siquiera mi padre.

Hubo una pausa.

El viento movió suavemente el cabello de Erila.

Dorian la miró, no desde la autoridad que todos querían ponerle encima, sino desde la humanidad que él seguía siendo.

Erila se acercó un poco más, apenas, lo suficiente para que sus hombros casi se rozaran.

—Valdora va a necesitarte —dijo ella—.

Y yo también… te necesito en esta lucha.

Dorian sintió algo cálido en el pecho, algo que no tenía que ver con deberes ni mandatos.

Solo con ella.

Erila lo miró directamente, por primera vez en toda la noche, sin miedo ni dudas.

Y en ese momento, ambos se inclinaron apenas, sin prisa, sin dramatismo, solo un instante sincero donde sus labios se encontraron en un beso corto, suave y lleno de calma.

No había promesas.

No había destino escrito.

Solo dos jóvenes que habían sobrevivido a demasiado… encontrando un momento de paz en medio del caos.

Cuando se separaron, Erila volvió a mirar el cielo.

—Valdora cambia —murmuró—, pero algunas cosas empiezan a nacer justo en medio de la guerra.

Dorian no respondió.

No hacía falta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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