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una venganza ineludible - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 el regreso de Selene Marwynn
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16: el regreso de Selene Marwynn 16: el regreso de Selene Marwynn El sol caía sobre Valdora como una luz cansada, revelando un reino que parecía haber envejecido de golpe.

Las murallas seguían en pie, reforzadas con magia reciente, pero el ambiente estaba tenso, apagado, como si la ciudad respirara con dificultad.

Selene avanzó por la entrada principal acompañada por dos escoltas de reinas aliadas.

Acababa de regresar de un viaje diplomático de meses, y algo dentro de ella se torció al ver los rostros de los ciudadanos.

Nadie se inclinaba.

Nadie la llamaba “Majestad”.

Nadie siquiera levantaba la mirada.

—Esto… no está bien —susurró una de las reinas.

—No —respondió Selene, con el ceño fruncido—.

Algo pasó aquí.

Al detener a un joven soldado para preguntarle, la respuesta llegó como un mazazo: —Mi reina… Valdora tiene nuevo gobernante.

El rey Aralik.

Por un instante, Selene no dijo nada.

Sus ojos se endurecieron como acero helado.

Y sin decir palabra, se dirigió directamente al salón real.

Los guardias de Aralik intentaron detenerla.

Pésima idea.

En segundos, los dos hombres ya estaban contra la pared, sin armas y sin respiración, mientras Selene golpeaba la puerta del salón principal.

—¡Aralik!

¡Abrí esta puerta ahora mismo!

La puerta se abrió de golpe.

Aralik apareció, imponente, su armadura oscura recién pulida, pero su expresión se quebró por un instante al ver a Selene.

—Selene —dijo él, sorprendido—… no esperábamos tu retorno tan pronto.

—¿No me esperaban?

—su voz era hielo—.

¿Decidiste nombrarte rey sin mí?

¡¿Sin siquiera consultarlo con la línea real?!

Aralik suspiró, cansado.

—Había caos, Selene.

Valdora necesitaba un líder.

Dorian no estaba preparado.

El consejo tampoco.

No había tiempo para esperar.

Selene apretó los dientes.

—Aunque así fuera… el linaje debía decidir.

Yo debía decidir.

Aralik la miró, serio, sin rastro de duda.

—Valdora necesitaba orden.

Y yo lo di.

Luego hizo un gesto con la mano hacia los guardias.

—Guardias.

Sacad a Selene del salón.

Que se largue a descansar.

No tengo más que hablar.

El enojo en los ojos de Selene ardía, pero no luchó.

No allí.

Dejó que los guardias la escoltaran hacia los pasillos hasta que, al dar la vuelta por un corredor, chocó con alguien familiar.

—…¿Mamá?

Dorian.

Ambos se quedaron inmóviles un instante.

Luego Selene lo abrazó con fuerza, después de meses sin verlo.

—Te extrañé tanto —susurró ella.

—Yo también —respondió él, sin pensarlo.

Caminaron juntos por el pasillo.

Selene le contó historias de las reinas aliadas, de las negociaciones, de la tensión entre reinos; y Dorian le habló de la reconstrucción, de su equipo, de Valdora resistiendo como podía.

Hasta que Dorian dijo lo que no podía callar.

—Mamá… Eryon atacó Valdora.

Selene se detuvo.

No parpadeó.

No respiró.

No dijo nada.

Solo se quedó allí, congelada.

Dorian la miró, confuso.

—¿Lo conocés…?

Selene tardó varios segundos en responder.

Cuando lo hizo, su voz era baja, apretada, real.

—Sí… lo conozco.

Eryon fue… mi esposo.

Hace diecisiete años.

El silencio cayó como un trueno.

—¿Qué?

—susurró Dorian.

Selene siguió: —Se suponía que había muerto.

En la Batalla de los Vientos Negros… contra los ogros.

Todos lo creímos.

Yo lo creí.

Dorian sintió que la realidad se desarmaba a sus pies.

—Entonces… ¿está vivo?

—Más vivo que nunca —respondió Selene, con miedo y dolor mezclados.

Él retrocedió dos pasos, sin comprender del todo.

La miró a los ojos.

—Mamá… ¿por qué nunca me hablaste de él?

Selene bajó la mirada.

Minutos después, ya con su mente en llamas, Dorian reunió a su equipo: Vesper, Freya y Erila.

Los cuatro se miraron con una misma expresión de shock.

Dorian respiró hondo.

—Tengo algo que contarles.

Vesper soltó un silbido.

—Cuando arrancás así, nunca es bueno.

Dorian ignoró la broma.

—Hoy regresó mi madre.

Selene.

Freya sonrió suavemente.

—Qué bueno.

Te hacía falta verla.

—Sí.

Pero cuando le conté que Valdora había sido atacada… —Dorian tragó saliva— …le dije el nombre del atacante.

Vesper dejó de mover la pierna.

Erila levantó la cabeza.

—¿Y?

—preguntó Freya.

Dorian cerró los puños.

—Mi madre lo conocía.

Silencio.

—No solo eso —continuó—.

Me dijo que… que él fue su esposo hace diecisiete años.

Vesper abrió los ojos de par en par.

—¿Eryon?

¿El Eryon?

Maestro de fuego y agua, rompe-reyes, exterminador de—?

—Sí —dijo Dorian, cortándolo.

noche había caído sobre Valdora como un manto pesado.

En la torre más alta del castillo, el rey Alarik observaba el horizonte con el ceño tenso.

Las antorchas iluminaban su figura, y detrás de él aguardaba Kael Dorn, su mensajero más confiable.

—Kael —dijo Alarik, sin girarse—.

Es hora.

Kael dio un paso adelante.

—¿Desea que vaya al punto de encuentro habitual, mi rey?

—No esta vez —respondió Alarik—.

Quiero que vayas directo a Galandor.

El mensajero abrió los ojos, sorprendido.

Galandor era el reino más avanzado del continente: sus torres de hierro blanco, sus rutas de piedra negra impenetrable, y sus enormes mercados estaban siempre llenos de vida y riqueza.

Ningún mensajero de Valdora viajaba allí sin riesgo… o sin un motivo poderoso.

—Lucius está en Galandor —continuó Alarik—.

Invitado especial del rey Aldric.

Ese hombre confía en él… demasiado.

Kael asintió.

—¿Y cuál es el mensaje?

Alarik sacó un pergamino sellado con su emblema real.

El sello: un lobo alzando su mirada al sol.

—Entregarás esto en sus manos.

Nadie más puede verlo.

Nadie más puede oírlo.

Ni reyes, ni guardias, ni sirvientes.

Kael tomó el pergamino con respeto.

—¿Qué contiene?

El rey lo miró directo a los ojos.

—Una sola frase.

Lo suficiente para cambiar el rumbo de esta guerra.

—¿Debo dar alguna explicación adicional?

—preguntó Kael.

Alarik negó con firmeza.

—No.

Lucius sabrá exactamente qué significa.

Y qué hacer después.

El rey dio un paso hacia el mensajero y apoyó una mano pesada en su hombro.

—Kael… tu viaje será largo.

Galandor está a más de diez días si todo sale bien.

Caminos vigilados, bestias, ladrones, espías de Eryon… No te dejarán pasar tan fácilmente.

—Lo sé —respondió Kael—.

Pero llegaré.

—Debes —sentenció Alarik—.

Si Lucius recibe este mensaje a tiempo… tendremos la única ventaja posible contra Eryon.

Kael inclinó la cabeza, se calzó la capucha y salió sin otra palabra.

El galope de su caballo se perdió en la noche.

Alarik lo observó marcharse desde la torre.

Sabía que lo que acababa de iniciar era una jugada peligrosa.

Pero también sabía que solo Lucius podía enfrentar la Legión de los Anillos… y comprender lo que Eryon realmente estaba planeando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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