una venganza ineludible - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 El precio de una mala fuga
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3: El precio de una mala fuga 3: El precio de una mala fuga Lucius con el rostro marcaco por la furia no podia contener su ira al enterarse de que su hijo, Dorian, había formado un grupo élite sin su consentimiento.
El peso de la autoridad del reino parecía aplastar el aire que respiraba en ese momento.
Su voluntad era ley, y la desobediencia de Dorian era una ofensa que no pensaba dejar pasar.
Así que, decidido a mantener el control, ordenó que ni él ni Elira pudieran abandonar el castillo sin su permiso.
Los muros de Valdora temblaban con la magnitud de su mandato.
El paso de los días y todo iba como si no hubiese pasado nada, sin embargo, Dorian no hizo más que confirmar que la tormenta aún se cernía sobre ellos.
Aunque parecía que la calma había regresado al castillo, Dorian no descansaba.
Mientras el reino se sumía en su falsa paz, él había tramado algo más.
Durante el tiempo que su padre lo mantenía bajo vigilancia, envió a su caballero de seguridad en una misión secreta.
El objetivo: encontrar al duende minero más experimentado de los túneles subterráneos de Valdora, alguien que pudiera llevarlos a través de los oscuros y traicioneros pasajes del reino sin ser detectado.
La tarea era arriesgada, pero necesaria.
El duende, llamado Korlak, era un experto en las complejidades de los túneles.
Korlak conocía cada giro y cada sombra de las profundidades subterráneas como si fueran parte de su propio ser, y cuando llegó a los pasadizos secretos, todo parecía estar bajo control.
Pero, lo que nadie había anticipado, era lo que sucedería al regresar al castillo.
Dorian había reunido nuevamente a su equipo, y la tensión se podía cortar con un cuchillo.
Había organizado una gran fiesta real, un festín donde todo el pueblo celebraba mientras su verdadero plan se desarrollaba en las sombras.
Elira, como siempre, fue la encargada de detallar el plan, transmitiendo sus instrucciones con precisión, sabiendo que cada miembro debía hacer su parte al pie de la letra.
Vesper sería el encargado de neutralizar los obstáculos a medida que avanzaban hacia los túneles subterráneos, usando su agilidad y astucia para abrir el camino.
Pero el duende Korlak aún no había llegado.
Los minutos pasaban lentamente, y la incertidumbre comenzó a nublar el ánimo del equipo.
Cuando ya parecía que nada más podría salir mal, el duende finalmente apareció, pero tarde, demasiado tarde.
El tiempo había jugado en su contra, y lo peor estaba por llegar.
Mientras el grupo avanzaba hacia su objetivo, fue inevitable ser vistos por ocho guardias reales que patrullaban la entrada del castillo.
En el momento más crítico, Freya, con un destello en sus ojos, no dudó en lanzar un hechizo destructivo.
El hechizo llamó la atención de todo el pueblo, iluminando la noche y causando un caos inmediato.
Elira, al ver la situación descontrolarse, ordenó a Freya destruir las puertas para ganar tiempo, pero la maga, reacia, dudó.
— ¿Estás segura de lo que me pides?
Este hechizo atraerá más atención de la que podemos manejar.
Elira, con una mirada desafiante y decidida, insistió — Hazlo, ahora.
Al final, Freya cedió, y con un grito resonante, destruyó las puertas del castillo, enviando una explosión de magia hacia el reino.
Pero las fuerzas del rey no estaban desprevenidas.
Los magos reales habían preparado un contraataque y, con un conjuro más poderoso que todo lo que habían anticipado, atraparon al equipo en un hechizo imparable que los llevó directamente a las mazmorras del castillo.
Cuando Lucius llegó, la escena era tan imponente como trágica.
La mirada de su hijo, atrapado y derrotado, le hizo hervir la sangre.
Sus pasos resonaron por las frías mazmorras, y su presencia era como una sombra que se cernía sobre Dorian.
El rey, con su voz cargada de autoridad, rompió el silencio.
— ¿Por qué, Dorian?
¿Por qué haces esto, si ya todo pasó?
Dorian, con la cabeza erguida, respondió sin vacilar, su tono lleno de rabia y desafío.
— ¿Por qué tomarnos prisioneros si ya todo ha pasado?
Lucius, con los ojos fijos en su hijo, respiró profundamente.
El dolor que sentía no solo era por la traición, sino también por el amor no correspondido que había intentado preservar.
— No entiendes, hijo.
No sabes lo que has hecho.
No pasarán más de dos días aquí.
Dorian, desconcertado y con una chispa de ira creciente, preguntó: — ¿A qué te refieres?
Lucius se acercó lentamente, sus palabras cargadas de condena.
— Lo que has hecho tiene un precio, Dorian.
Han intentado secuestrar a un miembro de la realeza.
Esto no quedará impune.
Tú…
tú sí pasarás un largo tiempo aquí, en las mazmorras, pagando el precio por tus actos.
Dorian, quebrando su resistencia, dejó que un destello de furia se reflejara en su mirada.
Sabía que la prisión no era más que el principio de una batalla mucho más grande.
Un enfrentamiento que, sin saberlo aún, definiría el destino de Valdora.
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