Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

una venganza ineludible - Capítulo 33

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. una venganza ineludible
  4. Capítulo 33 - 33 otro misterio
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

33: otro misterio 33: otro misterio En el corazón de Ur’Molkar, donde la piedra parecía respirar calor y el aire olía a ceniza antigua, Grumhald avanzaba por los corredores internos del bastión.

A su lado caminaba el anciano, encadenado, escoltado por dos guardias trol que marcaban cada paso con el golpe seco de sus armas contra el suelo.

No era un trayecto largo, pero sí denso, cargado de una tensión que se podía masticar.

El anciano, con la voz temblorosa pero insistente, rompió el silencio.

—Te lo digo otra vez, Grumhald… Eryon es un traidor.

No es lo que parece.

No debiste dejarlo escapar.

Grumhald no respondió.

Su paso no se aceleró ni se detuvo.

El anciano, desesperado, continuó.

—Lo vi en sus ojos.

No busca poder, busca algo más.

Si sigue libre, traerá ruina incluso a Ur’Molkar.

Te lo advierto— Uno de los guardias perdió la paciencia.

Sin aviso, le dio un golpe seco en el estómago con el mango de su arma.

No fue exagerado, pero sí lo suficientemente fuerte como para robarle el aire.

El anciano se dobló hacia adelante, jadeando, y cayó de rodillas por un instante.

—Cállate —gruñó el guardia—.

Hablarás cuando se te permita.

Grumhald alzó una mano, ordenando que lo levantaran.

El anciano fue puesto nuevamente en pie, respirando con dificultad.

El resto del camino lo hizo en silencio.

Llegaron finalmente a una puerta oscura, lisa, sin marcas.

Dos guardias la abrieron.

Grumhald entró sin pedir permiso.

Dentro, la habitación era sorprendentemente simple.

Una mesa de piedra, una silla, una antorcha apenas encendida.

De espaldas a ellos, un hombre misterioso permanecía de pie, mirando la pared como si el mundo detrás no existiera.

No se giró.

No habló.

El anciano, al verlo, palideció.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Él… —susurró—.

Él es el verdadero traidor.

Grumhald frunció el ceño.

—¿Sabes por qué dice eso?

—preguntó, dirigiéndose al hombre.

El hombre negó lentamente con la cabeza, aún sin darse vuelta.

—No —respondió con voz tranquila—.

Pero me interesa saber qué le dijiste a Eryon.

El anciano levantó la mirada, desafiante pese al miedo.

—Nada que no fuera necesario.

Hice lo que hice porque era mi misión.

Nada más.

El hombre finalmente se giró.

Su rostro no mostraba furia, ni sorpresa.

Solo una calma inquietante.

—¿Así?

—dijo, dando un paso adelante—.

¿Nada más?

—Nada más —afirmó el anciano, escupiendo al suelo con desprecio—.

Y no pienso quedarme aquí escuchando preguntas inútiles.

Intentó dar un paso hacia la salida, pero Grumhald lo detuvo con una sola frase, grave y definitiva.

—Nunca saldrás de aquí.

Será como los últimos treinta y ocho años, anciano insignificante.

El anciano se quedó congelado.

Sus ojos se abrieron, incrédulos.

Treinta y ocho años.

El peso de esas palabras lo aplastó más que cualquier golpe.

No respondió.

No gritó.

El silencio fue su única reacción.

Grumhald giró hacia los guardias.

—Llévenlo al pozo.

El anciano reaccionó de inmediato.

—¡No!

—gritó, forcejeando—.

¡Grumhald, no!

¡Te lo advierto, Eryon volverá!

¡Todo esto— Los guardias lo arrastraron hacia la salida, sus gritos perdiéndose en el pasillo ardiente.

Cuando la puerta se cerró, el hombre misterioso volvió a sentarse.

Miró a Grumhald con interés genuino.

—Dime algo —dijo—.

¿Qué hizo él para que lo tengas así durante tanto tiempo?

Grumhald no respondió de inmediato.

Su mirada se endureció, y por un instante, el líder trol dejó ver algo más profundo que la ira.

—Era un cazatrol —dijo al fin—.

Mató a mi hermano… y capturó a mi madre.

El silencio que siguió fue pesado.

No hubo más preguntas.

En Ur’Molkar, algunas deudas nunca se saldan.

Y algunas prisiones no tienen salida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo