Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

una venganza ineludible - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. una venganza ineludible
  4. Capítulo 36 - 36 la desición
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: la desición 36: la desición El balcón del ala oeste estaba bañado por una luz plateada.

La noche en Frendal parecía en calma, como si el mundo no estuviera al borde de fracturarse.

El viento movía apenas las telas colgadas en los pilares de piedra.

Abajo, la ciudad dormía.

Arriba, no.

Dorian apoyó las manos en la baranda de mármol y miró el cielo estrellado antes de hablar.

—Tenemos que entrar.

Freya, a unos pasos detrás, cruzó los brazos.

—¿Entrar a qué exactamente?

—respondió con voz baja pero firme—.

A una organización que ni siquiera conocemos del todo.

No hay que arriesgarse por algo posiblemente falso.

Dorian giró hacia ella.

—¿Falso?

¿Y si mi padre está involucrado?

¿Y si todo lo que pasó… no fue casualidad?

No puedo quedarme quieto esperando a que alguien más me diga la verdad.

Antes de que Freya contestara, Vesper intervino.

—Tú piensas eso porque nunca se te ocurrió que podía ser real.

—Miró a Freya directamente—.

Debemos entrar a la Legión antes que ser unos títeres ciegos para esa secta secreta.

Erila frunció el ceño.

—No es ser títere —replicó—.

Es prevenir cosas horribles que nos puedan pasar.

Vesper la miró con una dureza que no había mostrado antes.

—¿Horribles?

Tú eres la princesa que nunca irá a la guerra.

En cambio, nosotros somos guerreros.

¿Acaso sabes el esfuerzo que hay que hacer para caminar más de treinta kilómetros con peso en la espalda, dormir apenas unas horas y luego luchar?

¿Sabes lo que es sentir que si bajas la guardia un segundo mueres?

Erila se quedó en silencio.

Lo miró fijo durante varios segundos.

No había rabia en su rostro.

Solo algo que empezaba a romperse.

Freya dio un paso adelante.

—Eso no importa.

Lo que importa es no involucrarnos en cosas raras y seguramente perversas.

Dorian alzó una ceja.

—¿Quién dijo perverso?

—Todo esto lo es —insistió Freya—.

Sociedades ocultas, reyes conspirando, enemigos aliados… Nada de esto es limpio.

Vesper negó con la cabeza.

—Escucha, Erila.

Si no lo quieres hacer por miedo a perder lo que amas, hazlo por la verdad.

La verdad debe ser descubierta.

¿Acaso no quieres saber qué quiso decir tu padre a Selene?

Erila bajó la mirada.

Freya habló rápido.

—No lo escuches.

El viento sopló más fuerte.

El silencio se extendió unos segundos.

Dorian se acercó a Erila.

—No se trata solo de Lucius.

No se trata solo de mi reino.

—Hizo una pausa—.

Se trata de que si hay algo más grande moviendo todo… va a explotarnos en la cara tarde o temprano.

Freya negó con la cabeza.

—Y si entramos, explotará antes.

—O lo veremos venir —respondió Vesper.

Erila respiró hondo.

—No saben lo que es vivir sabiendo que cada paso que das representa a alguien más —dijo finalmente—.

Que cada error no es solo tuyo.

—Y tú no sabes lo que es vivir sabiendo que si no actúas, otros mueren —contestó Vesper sin suavizar la voz.

Freya miró a Vesper con desaprobación.

—No conviertas esto en una competencia de sufrimiento.

Dorian volvió a hablar, esta vez más calmado.

—No estamos compitiendo.

Estamos decidiendo.

Y quedarnos fuera no nos protege.

Solo nos mantiene ignorantes.

Freya caminó hasta la baranda y miró la ciudad.

—No confío en Morgana.

No confío en Sagram.

No confío en Eryon.

¿De verdad creen que nos están diciendo todo?

—Claro que no —respondió Vesper—.

Por eso debemos estar dentro.

Erila cerró los ojos un momento.

Recordó la conversación.

La tensión en la voz de su padre.

El nombre pronunciado como una amenaza.

El tono que no había escuchado nunca antes.

Algo no encajaba.

—Si hay algo que mi padre me ocultó… —murmuró— quiero saberlo.

Freya la miró de inmediato.

—Erila… —Quiero saberlo yo.

No que me lo cuenten otros.

No que lo descubra cuando ya sea tarde.

Dorian asintió lentamente.

—Eso es todo lo que intento decir.

Freya negó con la cabeza, frustrada.

—Y si no hay nada.

Si solo es paranoia.

¿Van a arriesgarlo todo por una sospecha?

—No es solo una sospecha —respondió Vesper—.

Es un patrón.

Erila levantó la mirada.

Sus ojos ya no mostraban duda infantil.

Mostraban determinación.

—Si entro… —dijo despacio— no será por ustedes.

Será por mí.

Por saber la verdad.

Freya dio un paso atrás.

—Esto no es una aventura.

No es un juego de intrigas.

Es peligro real.

—Siempre lo fue —dijo Dorian.

Hubo un silencio largo.

Freya observó a los tres.

Sabía que si se quedaba fuera, se separarían.

Sabía que no podía dejarlos solos en algo así.

Suspiró.

—Esto es un error.

Nadie respondió.

—Pero si entran… —continuó— no voy a quedarme atrás.

No había emoción en su voz.

No había entusiasmo.

Solo resignación.

Erila la miró con culpa.

—No tienes que hacerlo por mí.

—No lo hago por ti —respondió Freya con suavidad—.

Lo hago porque si todo esto es verdad… alguien tiene que pensar con claridad cuando ustedes se dejen llevar por la rabia o el orgullo.

Vesper esbozó una media sonrisa.

—Entonces estamos dentro.

Dorian miró el cielo una última vez.

—Estamos dentro.

Erila apoyó las manos en la baranda, igual que Dorian lo había hecho antes.

La ciudad seguía dormida.

El mundo seguía en aparente calma.

Pero algo había cambiado.

No hubo celebración.

No hubo alivio.

Solo la sensación de haber cruzado una línea invisible.

Freya fue la primera en moverse hacia la puerta.

—Mañana hablaremos con Morgana —dijo.

Erila se quedó un segundo más mirando las estrellas.

Ya no buscaba respuestas en el cielo.

Ahora iba a buscarlas en la oscuridad.

La sala lateral estaba apenas iluminada por una lámpara de aceite.

Las sombras se proyectaban largas sobre los muros de piedra.

La puerta se cerró con fuerza.

—¿Por qué arrasaste con Veldor?

—la voz de Morgana no fue elegante ni diplomática.

Fue cruda.

Casi un grito contenido—.

¿Eh?

¿Sabes lo que puedo hacer?

¿Crees que no sospechará?

Piensa lo que haces, estúpido.

Eryon no se inmutó.

Permanecía de pie, las manos detrás de la espalda, como si estuviera recibiendo un informe y no un reproche.

—Por favor, Morgana —respondió con tono bajo—.

Quizás Roderic sabía dónde estaba.

No podía arriesgarme.

—¿Y tu solución fue borrar un reino?

—replicó ella, acercándose—.

¿Te escuchas?

—Roderic no habló —continuó Eryon, ignorando el filo en la voz de ella—.

Lo presioné.

Lo interrogué.

Nada.

Y como no supo… lo maté.

Dejé el anillo.

Pensé que él iría.

Morgana apretó los dientes.

—Siempre piensas que “él irá”.

Siempre calculas como si todo fuera un tablero.

—Lo es.

—No cuando hay ojos observando —lo interrumpió—.

No cuando hay reyes nerviosos.

No cuando hay una princesa que ya empieza a atar cabos.

Eryon sostuvo su mirada por primera vez.

—Erila no sabe nada.

—Aún —corrigió Morgana—.

Y si sigues moviéndote así, tu secreto no tardará en salir a la luz.

El silencio que siguió fue pesado.

No había amenaza vacía en su tono.

—Está bien —dijo finalmente Eryon—.

Será la última vez que actúe sin consultarte.

Morgana lo observó unos segundos más, evaluando si mentía.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió suavemente.

Harald Noren apareció en el umbral, su figura llenando el marco.

—¿Me perdí de algo?

Morgana giró con una serenidad impecable, como si nada hubiera ocurrido.

—Nada importante.

Harald los miró alternadamente, percibiendo la tensión que aún flotaba en el aire.

—Bien.

En cuanto sepa la respuesta de los chicos, regresaré al norte.

Mi presencia prolongada aquí solo alimenta rumores.

—Lo entiendo —respondió Morgana.

Harald asintió y se retiró.

Cuando la puerta volvió a cerrarse, Morgana miró a Eryon una última vez.

—Controla tus impulsos.

Si caes tú… caemos todos.

Eryon no respondió.

Pero esta vez, fue él quien evitó sostener la mirada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gabriel_tortorici Este capítulo cuenta la discusión entre Dorian Erila Vesper y Freya sobre si entrar en la Legión de los Anillos.

Dorian con Vesper quieren entrar y Fraya con Erila no quieren, pero Erila cambia de opinión para saber la verdad.

En la conversación entre Eryon y Morgana, el plan de Eryon era interrogar al gobernante de Veldor(el pueblo destruido en los primeros capítulos del libro)Roderic, y matarlo, pero no dió información entonces dejo el Anillo de la perdición como carnada

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo