una venganza ineludible - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Mentes estratégicas
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4: Mentes estratégicas 4: Mentes estratégicas La tensión de los habitantes sobre qué pasó en la entrada del reino era bastante.
Los guardias reales no dejaban que alguien sepa de lo que pasó, pero no se pudo contener por mucho la verdad oculta.
Lucius al salir y ver a su pueblo que supieron de lo ocurrido llama a su consejero.
—¿qué debo hacer?
—majestad, no traicione a su propio hijo por una simple huida, es pequeño y eso es normal en chicos de su edad.
—a él no lo ejecutaría si no a sus amigos — está seguro que quiere ejecutarar a la hija de un buen amigo suyo, Elira, la bella Elira es una muy buena estratega que le serviría para su ejército.
Vesper, uno de los guerreros que mas le sirvió en los últimos meses no se merece un final así por el capricho de otra persona.
Freya, la hechicera que salvó inumerables vidas a lo largo de su vida, sin mencionar que es una de las mejores incluso entre los magos.
Al tener una buena charla con el consejero decide salir del castillo y lo primero que hizo fue ordenar a sus soldados que obligen al pueblo irse a sus casas y el que se resista tienen autorización del rey para ejecutarlos.
Los habitantes deciden volver a sus casas pero regresar con la protesta el dia siguiente.
Lucius se preparaba para dormir, cuando la puerta de su cámara se abrió de golpe.
Un guardia real, con el rostro pálido y la respiración agitada, irrumpió en la habitación.
—¡Mi señor!
Uno de los soldados que dejó en Veldor ha regresado… pero está gravemente herido.
Lucius se incorporó de inmediato.
No era común que un soldado volviera en tales condiciones sin que algo terrible hubiera ocurrido.
Se puso la capa y salió al pasillo, caminando con pasos firmes hasta la sala donde el herido era atendido.
El soldado yacía en el suelo de piedra, cubierto de sangre y con una flecha rota aún incrustada en su costado.
Su respiración era irregular, sus ojos vidriosos.
Lucius se inclinó sobre él y habló con voz severa: —¿Qué ha sucedido?
El soldado tembló y con un esfuerzo sobrehumano levantó la cabeza lo suficiente para susurrar dos palabras que hicieron que el mundo de Lucius se estremeciera.
—La guerra… comienza Un escalofrío recorrió la espalda del rey.
¿Guerra?
¿Contra quién?
¿Cómo?
—¡Tráiganme al consejo de guerra!
—rugió, poniéndose de pie de inmediato.
Pero sabía que no podía esperar a que todos llegaran.
Si esto era real, necesitaba actuar de inmediato.
—¡Que el general Kaelen Draegon tome el mando del ejército!
—ordenó.
Kaelen era su mejor estratega, un guerrero legendario que había defendido Valdora en incontables batallas.
Si el enemigo estaba cerca, no podían ser tomados por sorpresa.
Mientras los soldados corrían a ejecutar sus órdenes, Lucius se quedó mirando al mensajero herido.
Había visto muchas guerras, había vencido en muchas batallas… pero algo en este mensaje le helaba la sangre.
Él trató de seguir tranquilo y se acostó pasan los minutos y no puede dormirse, frustrado y se agarro con fuerza el pelo pensó Sería mejor que Dorian y su equipo vayan en busca de los objetos, pero creía que ese equipo no seria suficiente entonces se pone a pensar en quienes pueden unirse al equipo de Dorian.
Mientras tanto en las profundas mazmorras de Valdora, donde solo se escucha el ronquido del soldado que custodia, Vesper se le ocurre una idea.
—pss…
Dorian…
—que quieres?.
Preguntó emocionado —tengo una idea para escapar de nuestro destino lamentable.
—dilo, y hazlo rápido —aqui la humedad es constante y buena en base de lo que queremos hacer, las rejas estan oxidadas y gastadas por el tiempo solo tienen que hacer fricción el la reja para que la humedad se adihera al metal y así se acelera el desgaste del metal.
Posterior a eso agarren una piedra o metal afilado y empiezen a raspar la parte oxidada.
Y después con un golpe estratégico se saldrá la reja y podré liberarlos con las llaves.
—y por que en vez de contarme tu plan si tu solo lo harás para liberarnos con las llaves.
Desperdiciaste tiempo.
—no es así.
Se escucha un golpe y se cae la reja, Vesper queda libre, pero el soldado de custodia se levanta y con unos golpes mortales Vesper noquea al guardia, agarra los llaves y libera a sus compañeros.
Al subir las escaleras sigilosamente, Vesper observa un grupo de guardias riendo y custodiando, pero no podia hacer un combate, el equipo sin sus objetos que los hacen poderosos ven que la única manera es peleando.
El grupo de guardias, alrededor de ocho en total, está apostado en la entrada, armados con espadas y escudos.
Al ver a Vesper y a su equipo, se detienen por un momento, sorprendidos por la aparición de los prisioneros.
El líder de los guardias, un hombre alto y con cicatrices en la cara, alza su espada, señalando al equipo.
Líder de los guardias: “¡Detenerlos!
¡No dejen que escapen!” Vesper, con la rapidez que lo caracteriza, se coloca en posición defensiva, agachándose ligeramente, con la vista fija en el líder de los guardias.
Elira, sin perder tiempo, se agacha y saca su daga, preparándose para un ataque rápido.
Freya murmura una palabra baja, comenzando a conjurar un hechizo defensivo, mientras Vesper se lanza al ataque.
El primero en moverse es Vesper, que avanza hacia los guardias con una rapidez asombrosa.
Se desliza por el suelo y, con un giro, derriba al primer guardia, desarmándolo con una habilidad sorprendente.
No da tiempo a que el hombre caiga al suelo, ya que, con un rápido movimiento, le quita la espada y la usa para bloquear el siguiente ataque de un segundo guardia.
Vesper corta hacia el brazo del enemigo, dejándolo fuera de combate en un solo movimiento.
Mientras tanto, Elira, quien ha estado observando atentamente el patrón de ataque de los guardias, decide actuar.
Salta sobre el escudo de un guardia que se acerca hacia ella y, en un movimiento fluido, lo desarma, arrojando el escudo hacia un tercer guardia que intenta golpear a Vesper por detrás.
El impacto del escudo lo hace perder el equilibrio, y Elira aprovecha para lanzarse hacia él, apuntando con su daga al cuello.
El guardia cae al suelo sin poder hacer nada.
Freya, viendo que el grupo está tomando ventaja, decide unirse a la batalla con su magia.
Invoca una esfera de fuego, lanzándola hacia un grupo de tres guardias que avanzan con sus espadas.
El hechizo explota con un rugido ensordecedor, creando una ola de fuego que los empuja hacia atrás, cubriéndolos de quemaduras y aturdiéndolos por un momento.
Freya, con un movimiento rápido, levita hacia un guardia que había quedado rezagado, conjurando una esfera de energía y lanzándola hacia su pecho, haciendo que cayera al suelo inconsciente.
En medio de todo esto, Elira, notando que el líder de los guardias sigue siendo un problema, decide enfrentarse a él directamente.
El guardia líder se acerca con su espada en alto, preparado para un ataque devastador.
Elira, con su agilidad característica, esquiva el primer golpe, saltando hacia un costado.
En un parpadeo, se lanza hacia el líder, y con una maniobra inesperada, se apodera de su espada.
Sin dudarlo, lo desarma con una voltereta en el aire, dejándolo vulnerable y Vesper lo estrangula sin piedad.
Así el escape de Dorian y su equipo es exitoso, pero el problema seria el después
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