una venganza ineludible - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Sangre en las calles
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5: Sangre en las calles 5: Sangre en las calles Los rayos del sol empezaron a teñir de dorado las montañas de Valdora.
El rey inquieto en su cama, se despierta de golpe antes de que los rayos del sol iluminen su habitación, se quedó en su cama sentado y recordando lo que pensó el dia anterior.
Cuando recordó que Dorian queria buscar los objetos perdidos, decide liberarlo de las oscuras mazmorras, así que no perdió tiempo y se puso la túnica.
Al llegar a las celdas ve un guardia desmayado y las celdas abiertas sin nadie en su interior, enojado mas que nunca llama a sus guardias y ordena.
—¡Que ninguna persona entre ni salga del reino!
Me entendió general Draegon?
—a la orden señor.
Contestó con firmeza —y recuerde general si ve a uno de los amigos de Dorian, matenlos sin piedad.
Los soldados salían de los cuarteles y el castillo en filas ordenadas y empezaron a destruir tiendas, invadir casas, matar gente que proteste hasta encontrarlos.
Mientras todo eso ocurría en una casa estaba el loco de las hadas y su polvo, Vesrin.
Este atrapaba a las hadas para sacarles su polvo mágico.
Con el escandalo que se escuchaba en ese momento decide salir a ver que es lo que pasa.
Dorian atento a sus movimientos, decide entrar, liberar las hadas y agarrar su polvo, pero antes de que pudiese agarrar el polvo Vesrin entra y al percatarse que un fugitivo está en su casa sale gritando pidiendo ayuda al guardia mas cercano a él, cuando vuelve con los guardias observa que no solo ya se había ido sino que también le robó el polvo y liberó las hadas que tanto los habia costado atrapar, cae de rodilla y grita —¡Malditos ladrones!
Dorian corrió desesperado hacia el escondite, todos estaban organizando su próximo paso y cuando llega Dorian agitado dice.
—escuchen, nos estan buscando por todas partes, yo ya tengo un plan.
Nos iremos a las montañas a capturar al dragón para largarnos de aquí.
Tú, Freya haras una poción de control.
Después nos iremos con esto.
Tira el polvo mágico a la mesa.— polvo mágico.
—pero necesito un par de cosas que…
Solo se consiguen en la sala de pociones atras del castillo.
Lo dijo con preocupación de lo que le pudieran decirle.
Todos estaban pensando que hacer hasta que escuchan voces de los guardias, los pasos de los guardias retumbaban en las estrechas calles, y el sonido de las espadas se hacía más cercano.
Dorian, mirando a Elira, asintió con firmeza: —Nos dividimos.
Tú por la derecha, yo por la izquierda.
Freya y Vesper, tomen el otro camino.
¡Vamos!
Elira asintió y corrió hacia la derecha, con Dorian siguiéndola en dirección contraria.
Los dos grupos avanzaron rápidamente hacia sus destinos: la sala de pociones.
El pasillo estaba oscuro y desierto, pero el eco de las voces de los guardias les alertó de que no tenían mucho tiempo.
De repente, un grupo de soldados apareció en el pasillo.
Al principio, parecían sorprendidos, pero en un instante, levantaron sus espadas y se lanzaron al ataque.
Dorian fue el primero en moverse, esquivando el ataque de un guardia con facilidad y desarmándolo con un hábil movimiento.
Elira, por su parte, utilizó su magia.
Con un rápido gesto de su mano, conjuró un hechizo que levantó una pared de energía, frenando a varios soldados que intentaron avanzar.
Sin embargo, más guardias aparecieron por los extremos, rodeándolos.
—¡No hay tiempo para perder!
—gritó Dorian, mientras esquivaba otro ataque.
En ese momento, Freya y Vesper, desde el otro lado del pasillo, se unieron al combate.
Vesper, con su daga afilada, derribaba a los guardias con una agilidad mortal, mientras Freya, con su magia oscura, hacía que los soldados cayeran al suelo, paralizados por su energía oscura.
La batalla se intensificó, pero Dorian sabía que debían acabar rápido.
Hizo un movimiento rápido, derribando al último de los guardias con un golpe certero, y sin perder tiempo, se volvió hacia Elira.
—¡Ahora!
—gritó, mientras se acercaba a la puerta de la sala de pociones.
Elira lanzó un hechizo para abrir la puerta con facilidad.
Ambos entraron en la sala, donde estanterías llenas de frascos brillaban a la luz de las antorchas.
Sin perder tiempo, Dorian fue directo a los ingredientes que necesitaban, mientras Elira vigilaba la entrada.
En ese instante, un nuevo grupo de guardias apareció detrás de ellos.
Los dos grupos se miraron, sabiendo que no quedaba mucho tiempo.
—¡Rápido!
—ordenó Dorian.
Tomaron lo necesario y, sin mirar atrás, salieron corriendo de la sala de pociones, mientras Freya y Vesper luchaban por despejar el camino hacia la salida.
—¡Nos vemos fuera!
—gritó Freya, mientras usaba su magia para bloquear a los guardias restantes.
Dorian y Elira se separaron por la derecha, mientras Freya y Vesper tomaban el lado izquierdo, buscando salir lo más rápido posible del castillo.
Al mismo instante en el que salen al exterior hay cientos de arqueros apuntándolos con sus flechas prendidas fuego.
En ese momento aparece Lucius —¿Cuantas veces quieres escapar?
Y no solo que te quieres escapar como si fueses un prisionero, sino que matas a mis hombres.
Y los otros dos?
¡No importa, disparen!
Gritó apurado.
Dorian y Elira estaban rodeados por cientos de arqueros.
Las flechas volaban en su dirección, obligándolos a moverse con rapidez para esquivarlas.
Elira levantó un escudo de energía, pero los guardias seguían presionando.
Justo cuando la situación parecía desesperada, Freya y Vesper aparecieron.
Freya levantó su mano y un fuerte viento empujó a todos los arqueros hacia atrás, creando una oportunidad de escape.
—¡Ahora!
—gritó Freya.
Los cuatro, Dorian, Elira, Vesper y Freya, rápidamente tomaron el polvo mágico y lo esparcieron sobre ellos.
Al instante, una fuerza los levantó del suelo, y comenzaron a volar en dirección a las montañas de Valdora.
Las flechas continuaban cayendo, pero ya estaban demasiado lejos.
La libertad se sentía al alcance, pero sabían que el peligro aún los acechaba en las montañas.
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