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una venganza ineludible - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Bajo la amenaza del frío
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6: Bajo la amenaza del frío 6: Bajo la amenaza del frío El aire gélido se volvía más denso conforme ascendían, el efecto de libertad de volar que le otorgaba el polvo mágico se desvanecía.

Hasta que el último granito de polvo se desvaneció, todos cayeron en las rocas congeladas de las montañas de Valdora, la caída no fue suave, pero tampoco brutal.

El horizonte estaba cubierto por nubes oscuras que anunciaban una tormenta cercana.

Dorian se detuvo un momento para tomar aire, su mirada fija en la imponente cadena montañosa que se alzaba ante ellos, un muro de roca y niebla que parecía desafiar a cualquiera que intentara escalarlo.

se escucha una queja de dolor, Elira se raspó con una flecha en el brazo, Dorian al ver esa escena y ver que un miembro de su equipo herido no duda en ayudarla.

La tormenta azotaba las montañas mientras Dorian se arrodillaba junto a Elira, quien se quejaba por el dolor en su brazo, herido por la flecha.

— Esto dolerá un poco —dijo Dorian con calma, limpiando la herida con agua y hierbas.

Elira lo miró fijamente, sintiendo una extraña conexión mientras él trataba su brazo.

Aunque quería hacerlo sola, no pudo evitar apreciar la suavidad y cuidado con el que él la tocaba.

— No tienes que hacerlo, yo puedo… —murmuró, pero su voz tembló al sentirse más vulnerable de lo que esperaba.

— Lo haría de todas formas.

—respondió Dorian, sin dejar de mirarla.

Había algo en sus ojos que la hizo sentir más que agradecida.

Elira sintió cómo su corazón latía más rápido, notando la cercanía entre ellos.

Cuando Dorian terminó de vendarle el brazo, sus manos se rozaron y ella se ruborizó.

— Gracias —susurró, consciente de lo que sentía, aunque no pudiera expresarlo completamente.

Dorian la miró por un momento largo, y en ese silencio cargado, Elira supo que algo estaba cambiando entre ellos.

— De nada —respondió él, también sabiendo que algo más había nacido en ese instante.

Pasan las horas y el equipo, cansado, deciden quedarse descansando entre las rocas de las montañas, pero su descanso no duraría por mucho más, se escucha los escudos de los guardias chocarse entre sí, las charlas de los guardias hacen que Erila se despierte y observe quienes son, alerta a sus compañeros, quienes dormían, pero cuando Vesper despierta la nives de la roca en la que se refugiaba se cae alertando a los soldados.

—Alto…

Avanzen lentamente—dijo bien alerta y con determinación el general Draegon Dorian sabiendo que puede ser su última vez decide salir y hablar de lejos con Draegon, sale de un movimiento rápido y se para enfrente de Draegon.

— ¿De verdad crees que puedes detenerme?

Eres solo un niño perdido, jugando a ser un héroe.

Pero no me voy a dejar engañar, sé lo que eres.

Un traidor.

— No soy el único traidor aquí —respondió Dorian, su voz más firme, mientras avanzaba hacia él, desafiándolo con cada paso.

— La traición no es solo un acto, es una cuestión de lealtad.

Tú traicionaste a tu propio rey.

La diferencia entre nosotros, Draegon, es que yo lucho por algo más grande que mis propios intereses.

Lucho por la justicia.

Draegon frunció el ceño, acercándose más.

— Justicieros como tú siempre terminan como mártires.

El destino de los traidores está sellado.

Y lo tuyo también lo está, Dorian.

Elira, mientras observaba la tensa conversación, sentía una mezcla de miedo y admiración.

Dorian se mantenía firme, y aunque las palabras de Draegon eran duras, algo en su postura hacía que Elira confiara plenamente en él.

— Entonces, ¿por qué no lo haces de una vez, Draegon?

—dijo Dorian, desenvainando su espada lentamente, preparándose para el combate.

— Si quieres matarnos, hazlo.

Pero no esperes que ceda ante tus amenazas.

Draegon sacó su espada con un movimiento rápido, y el choque de metales resonó por todo el lugar.

La lucha había comenzado.

El aire se volvió aún más espeso con la tormenta que se desataba, y cada golpe resonaba como un eco de la guerra que se libraba en las alturas.

Draegon avanzó con su espada en alto, seguido por sus soldados.

Dorian apenas tuvo tiempo de alzar su arma antes de que el general arremetiera contra él.

El sonido del acero chocando resonó en las montañas mientras ambos medían fuerzas.

—¡No escaparás esta vez!

—gruñó Draegon, empujando a Dorian hacia atrás.

Pero antes de que pudiera lanzar otro golpe, un estruendo retumbó en la montaña.

—¡Ahora!

—gritó Vesper.

Desde lo alto, Vesper, Elira y Freya empujaron una enorme roca suelta, que rodó con furia montaña abajo.

Los soldados de Draegon apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que la roca los arrastrara, esparciendo caos en sus filas.

Dorian aprovechó la distracción y corrió hacia sus amigos.

—¡Vamos, antes de que se recuperen!

El grupo huyó entre las sombras de la montaña mientras los gritos de los soldados resonaban a sus espaldas.

Con mas de la mitad de soldados muertos Draegon decide seguirlos a pesar del frío y el viento.

El equipo llega donde el dragón está encerrado y vigilado, muy vigilado era el problema, no había lugar donde no alla un soldado.

Dorian sabía que cuando viniera Draegon la seguridad se duplicaría, entonces decide ir a la choza de las hechiceras para robar cuatro varitas mágicas.

Dorian y Vesper se deslizaron entre las sombras hasta la choza de las hechiceras.

La cabaña, construida con madera antigua y runas grabadas en las paredes, emanaba una energía extraña.

Desde dentro, se escuchaban murmullos y el chisporroteo de una caldera burbujeante.

—Rápido y sin ruido —susurró Dorian.

Vesper asintió y abrió la puerta con sigilo.

Dentro, estanterías repletas de frascos, pergaminos y artefactos brillaban con una luz tenue.

Las varitas mágicas estaban en un altar de piedra, rodeadas por velas.

Dorian avanzó y tomó una con firmeza.

Al instante, un aura dorada parpadeó alrededor de la varita, pero Vesper sopló una de las velas para apagarla y evitar que la luz delató su presencia.

Con cuidado, tomaron las otras tres varitas y se dieron la vuelta para salir.

Cuando estaban a punto de cruzar la puerta, una voz áspera rompió el silencio.

—¿Quién osa profanar la magia de las hechiceras?

Dorian y Vesper se miraron por un segundo, luego corrieron sin dudarlo.

Atrás, las brujas alzaron sus manos, pero antes de que pudieran lanzar un hechizo, una explosión de viento apagó todas las velas de la choza.

La oscuridad les dio el tiempo justo para desaparecer en la tarde nublada.

Dorian y Vesper llegaron al refugio con las varitas en mano.

Freya, que ya había reunido los ingredientes necesarios, comenzó a preparar la poción de control de inmediato.

—Esto tomará un poco de tiempo —dijo mientras trituraba hojas y vertía líquidos en un pequeño caldero improvisado.

Elira vigilaba la entrada mientras Dorian y Vesper observaban el espeso brebaje burbujear.

Tras varios minutos, la mezcla adquirió un tono púrpura brillante.

Freya sonrió satisfecha.

—Listo.

Con esto podremos someter al dragón…

si logramos acercarnos lo suficiente.

El grupo descendió silenciosamente hasta la enorme caverna donde la bestia estaba encerrada.

Entre antorchas y cadenas de acero, el dragón de Valdora dormía, su imponente cuerpo cubierto de escamas negras como la noche.

Pero la zona estaba repleta de soldados.

—No podremos acercarnos sin llamar la atención —susurró Elira.

Dorian observó el terreno y se le ocurrió una idea.

—Vesper, lanza una ilusión en el bosque cercano.

Que parezca un ataque.

Vesper agitó su varita, y al instante, sombras de guerreros fantasmas aparecieron más allá de los árboles.

Los soldados, alarmados, corrieron a investigar.

Aprovechando la distracción, Freya, Dorian y Elira se deslizaron entre las sombras hasta llegar al dragón.

Freya sacó la poción y la vertió en una flecha especial.

—Solo necesitamos un disparo certero —dijo Elira, alzando su arco.

Apuntó con precisión al cuello del dragón y disparó.

La flecha se clavó con firmeza y, tras un gruñido de furia, los ojos de la bestia brillaron con un resplandor violeta.

—¡Está bajo nuestro control!

—exclamó Freya.

Dorian no perdió el tiempo y cortó las cadenas con su varita.

El dragón se sacudió, estiró sus alas y rugió con una fuerza que estremeció la montaña.

Los soldados, alarmados, regresaron justo a tiempo para ver cómo el dragón tomaba vuelo con el grupo sobre su lomo.

—¡Persíganlos!

—gritó Draegon.

Pero ya era tarde.

El dragón y su nueva tripulación se elevaban en la tormenta, dejando atrás a Valdora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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