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una venganza ineludible - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 En busca de los objetos
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8: En busca de los objetos 8: En busca de los objetos El atardecer era oscuro para el pueblo de elfos conquistado, rodeados por el ejército del conquistador mostrando una mirada tan impomente que ningún elfo arrodillado se atreve a ni mirar los ojos del caballo.

con su imponente presencia frente al líder del pueblo élfico, observa con frialdad a la criatura que se encuentra ante él, la cual está visiblemente nerviosa.

La atmósfera está cargada de tensión, y el silencio es pesado, roto únicamente por el crujir de las llamas cercanas de las antorchas.

—Ya sabes de lo que soy capaz, elfo.

Solo te pido una única cosa a cambio de que los deje en paz.

El líder élfico, herido y sin poder escapar de la mirada penetrante del conquistaldor traga saliva, intentando mantener la compostura ante la amenaza.

—¿Qué… qué quieres de nosotros?

— el mapa de los objetos perdidos del mago Dorian, la espada de Thalor y la varita de Vortex.

El líder élfico frunce el ceño, desconcertado, antes de responder con una mezcla de incredulidad y desafío.

—¿Quién eres tú para creerte tanto?

Nadie ha tenido esas dos armas al mismo tiempo.

Eh… ¿quién eres?

El hombre misterioso da un paso al frente, su sombra proyectándose sobre el líder élfico.

Su poder parece llenar el espacio a su alrededor, y la temperatura parece descender de manera casi palpable.

Responde, criatura inmunda, porque por cada palabra que digas que no me aporte información, mataré a un elfo.

No estoy aquí para jugar juegos.

El líder élfico, completamente consciente de la gravedad de la situación, suelta un suspiro resignado y mira al suelo, aceptando que su destino ya está sellado.

Tranquilo…

hace una semana, un viajero vino en busca de las armas.

Pensamos que la profecía se había cumplido, así que le dimos el mapa… Nos pareció lo mejor, y ahora parece que cometimos un grave error.

El conquistador (con una mirada de pura concentración): ¿Dónde se dirigió?

El líder élfico lo mira por un momento, como si dudara en dar una respuesta, pero luego, temeroso de la amenaza inminente, decide no arriesgar la vida de más de sus compañeros.

Elfo (con una ligera pausa, y finalmente hablando con una voz temblorosa): Al norte, hacia las montañas.

Es allí donde se cree que los objetos perdidos están ocultos.

El lider oscuro asiente, tomando la información con rapidez.

Su mirada se endurece, y se da media vuelta, dejando al líder elfo atrás.

El viento arrastra la atmósfera, y con su voz como un eco distante, Eryon emite una última amenaza.

El hombre misterioso (sin mirarlo): No te olvides de lo que sucedió aquí.

Si me das lo que quiero, los elfos quedarán en paz… pero si no… (Hace una pausa, dejando que la amenaza no dicha cuelgue en el aire).

El líder elfo, con la esperanza de que esta entidad cumpla su palabra, observa cómo el general se aleja.

En su mente, una sola pregunta persiste: ¿quién era realmente ese hombre?

¿Qué había detrás de esos ojos llenos de furia y poder?

Los primeros rayos del alba pintaban de dorado los árboles cuando Dorian y su equipo se reunieron frente a las estatuas élficas del valle.

El aire era fresco, cargado de una energía ancestral.

Un anciano elfo, de túnica verde esmeralda y ojos como la savia vieja, se acercó lentamente con un bastón tallado en madera viva.

—El mapa que portás no es un simple guía —dijo, extendiendo una mano hacia el pergamino flotante que oscilaba ante ellos—.

Fue tejido por los sabios de los cinco bosques en una época sin fronteras.

No señala lugares…

sino decisiones.

Las líneas que ves se trazan según lo que elijas hacer.

No hay una ruta fija…

pero sí un destino inevitable.

Dorian frunció el ceño.

El mapa pulsaba con una suave luz azulada.

—¿Y si tomamos un desvío?

—El mapa no lo impedirá.

Pero cada decisión abrirá o cerrará puertas que otros jamás verán.

Incluso…

podría llevarte hacia ti mismo.

Mientras el sabio hablaba, Elira no podía concentrarse.

Miraba a Dorian de reojo, como si su presencia absorbiera el entorno.

Cómo sostenía el mapa, cómo ladeaba la cabeza, cómo sus ojos no titubeaban aunque cargaran con tantas preguntas.

—Elira…

—susurró Freya con una sonrisa pícara—.

El sabio está hablando del destino y vos estás perdiéndote en uno.

—¡Cállate!

—respondió en voz baja, colorada como una flor de fuego.

Cuando terminaron, los caballos los esperaban ensillados.

Dorian montó sin hablar, con el mapa flotando a su lado como un centinela.

Elira lo siguió, ahora más seria.

Thalon, Freya y el resto del grupo se posicionaron tras él.

El primer gran viaje comenzaba, más allá del bosque de los elfos.

Y el mapa volvió a trazar una nueva línea…

hacia lo desconocido.

En Galandor, mientras los reyes descendían las escaleras del salón de piedra, aún bajo el impacto del hombre misterioso, un viejo encapuchado montado en un caballo gris cruzó el portón.

Los guardias no reaccionaron.

Algo en su aura los paralizó.

—Disculpen el atrevimiento, señores…

—dijo con voz débil, inclinando la cabeza—.

Tomen esta bolsa.

Divídanla…

y guarden silencio.

El tiempo los observa.

Dejó caer la bolsa ante ellos.

Luego, con una pequeña sonrisa, giró el caballo y desapareció por la puerta abierta, como si nunca hubiese estado allí.

El silencio pesó varios segundos.

Lucius fue el primero en acercarse.

Dentro, los objetos brillaban con poder antiguo.

—Este mapa…

es más antiguo que las propias tierras del norte —dijo el rey de Aetheron con voz baja.

—Y este anillo…

—Lucius lo sostuvo entre sus dedos—.

Siento…

todo lo que no fue.

La bruja experta en la magia le dice.

—ese es el Anillo del Tiempo, Lucius, como lo…

Y este otro.

Yo me quedo con este —dijo la bruja, acariciando el Anillo de la Eternidad como si lo reconociera.

El gigante, con una risa seca, levantó un saco de piedras preciosas que resplandecían con vida propia.

—Puedo comprar medio mundo con esto…

o construir uno nuevo.

Así, sin saberlo aún, cada uno quedó marcado.

No por lo que habían tomado, sino por lo que el destino esperaba que entregaran.

Y en el horizonte, las líneas invisibles del mapa comenzaban a entrelazarse

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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