Una Vida Sin Límites - Capítulo 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capitulo 20: LA CHICA DEL VIENTO 20: Capitulo 20: LA CHICA DEL VIENTO La noche había caído sobre el bosque.
El pequeño campamento improvisado del grupo apenas estaba iluminado por una fogata rodeada de piedras.
El sonido del fuego mezclándose con el viento creaba una calma extraña después de tantas horas de combate.
Kael dormía apoyado contra un árbol enorme.
Daren llevaba varios minutos completamente inconsciente sobre una manta, agotado física y mentalmente.
Y Arnau… Seguía despierto.
Sentado frente al fuego mientras observaba la pantalla del sistema una y otra vez.
Nivel 17.
Todavía demasiado lejos.
Lyra lo observaba desde el otro lado de la fogata.
Sus ojos azul celeste reflejaban las llamas de manera casi hipnótica.
—Si sigues mirando el contador no va a subir más rápido.
Arnau suspiró levemente.
—Lo sé.
Pero aun así no apartó la vista.
El tiempo seguía bajando.
Y eso le molestaba.
Mucho.
Lyra desvió la mirada hacia el bosque oscuro que rodeaba el campamento.
El viento movía lentamente las ramas altas de los árboles gigantes.
El ambiente estaba tranquilo, pero ella sabía perfectamente que aquel lugar seguía siendo peligroso.
Siempre lo era.
Arnau finalmente habló otra vez.
—Tú nunca pareces cansada.
Lyra levantó ligeramente una ceja.
—¿Eso crees?
—Siempre estás tranquila.
Ella permaneció unos segundos en silencio.
Luego soltó una pequeña risa seca.
—No nací teniendo una vida tranquila.
Arnau levantó ligeramente la mirada.
Era raro escucharla hablar así.
Lyra normalmente evitaba contar cosas sobre sí misma.
Pero aquella noche… Parecía distinta.
Más relajada.
Más humana.
El viento recorrió lentamente el campamento mientras ella observaba el fuego.
—Mi familia no era normal.
Arnau apoyó un brazo sobre la rodilla.
Escuchando.
—Nací dentro de un clan de asesinos.
Silencio.
El fuego crepitó suavemente.
—Desde pequeña me enseñaron una sola cosa… Pausa.
—Matar.
Su voz no tembló.
No había tristeza evidente.
Pero tampoco orgullo.
Solo costumbre.
—Mi infancia no fue como la de otras personas.
No recuerdo juegos, amigos ni nada parecido.
Recuerdo entrenamientos.
Sangre.
Frío.
Dolor.
Arnau frunció ligeramente el ceño.
Lyra continuó.
—El clan estaba oculto en las montañas del norte, lejos de ciudades y reinos.
Allí entrenaban niños desde muy pequeños.
Si sobrevivías, servías al clan.
Si no… simplemente desaparecías.
El viento sopló ligeramente más fuerte.
—A los cinco años ya sabía usar cuchillos.
A los siete me obligaron a enfrentarme sola a monstruos débiles en los bosques cercanos.
Arnau permanecía completamente callado.
Lyra parecía mirar algo lejano mientras hablaba.
Como si estuviera viendo recuerdos antiguos.
—Y a los nueve años… maté a mi primera persona.
Silencio.
Las llamas de la fogata se movieron lentamente.
Arnau no dijo nada.
Porque notó algo.
Ella no estaba intentando parecer fuerte.
Simplemente estaba contando la verdad.
—No sentí nada —murmuró Lyra—.
Eso fue lo peor.
Pausa.
—El clan estaba orgulloso de eso.
Sus ojos azul celeste se reflejaron en el fuego.
—Decían que había nacido perfecta para convertirme en asesina.
Arnau desvió la mirada unos segundos.
No sabía exactamente qué decir.
Pero Lyra siguió hablando.
—Cuando desperté mi habilidad… todo empeoró.
Arnau volvió a mirarla.
—¿El aire?
Ella asintió lentamente.
—Controlar el viento a voluntad no es una habilidad común.
En el clan pensaron que era especial.
Y realmente lo era.
Desde pequeña, Lyra podía sentir el movimiento del aire alrededor de ella.
Las corrientes, las vibraciones, incluso pequeños cambios de presión.
Con entrenamiento, esa habilidad evolucionó rápidamente hasta convertirse en algo letal.
—Podía mover cuchillas sin tocarlas.
Aumentar mi velocidad.
Cortar objetivos usando presión de aire.
Arnau la observaba con atención.
Ahora muchas cosas tenían sentido.
Su forma de pelear.
Sus movimientos silenciosos.
Su precisión absurda.
—A los doce años ya era nivel 21 —dijo finalmente.
Incluso Arnau abrió ligeramente los ojos.
—¿Qué?
Lyra sonrió apenas.
—El clan no entrenaba niños normales.
Eso era monstruoso.
Arnau había luchado constantemente desde que llegó a ese mundo y aun así alcanzar esos niveles tan joven seguía siendo una barbaridad.
—Había matado cientos de monstruos antes de cumplir trece años.
Pausa.
—Y también personas.
El silencio volvió.
Pero esta vez era más pesado.
Lyra apoyó la espalda contra el tronco del árbol.
—La experiencia en combate no siempre viene de la edad.
Arnau la entendía ahora mucho mejor.
Ella parecía tranquila porque había vivido rodeada de muerte toda su vida.
Mientras él estaba descubriendo ese mundo… Ella ya lo conocía desde hacía años.
—Entonces… ¿por qué te fuiste?
—preguntó Arnau finalmente.
Lyra permaneció callada varios segundos.
El viento agitó ligeramente su cabello oscuro.
—Porque me cansé.
Arnau la observó.
Ella sonrió levemente.
Pero había algo triste detrás.
—El clan decía que las emociones eran debilidad.
Que apegarse a alguien solo te hacía vulnerable.
Que un asesino perfecto debía estar vacío por dentro.
Pausa.
—Y durante mucho tiempo pensé igual.
Sus ojos bajaron lentamente hacia el fuego.
—Hasta que un día me enviaron a matar a alguien.
Arnau no habló.
Simplemente escuchó.
—Era una misión sencilla.
Un objetivo pequeño.
Una familia que había molestado a las personas equivocadas.
El ambiente pareció enfriarse ligeramente.
—Entré en la casa por la noche.
Silenciosa.
Rápida.
Como siempre.
Silencio.
—Y encontré a una niña escondida.
Arnau sintió algo extraño en su voz.
Por primera vez… Dudaba.
—Tenía miedo.
Muchísimo miedo.
Lyra apretó ligeramente una mano.
—Pero aun así intentó proteger a su hermano pequeño.
El fuego siguió ardiendo lentamente.
—No entendí por qué.
Pausa.
—No entendía cómo alguien podía arriesgar su vida por otra persona así.
Arnau seguía mirándola fijamente.
—Y entonces me di cuenta de algo horrible.
Silencio.
—Yo nunca había tenido eso.
El viento recorrió el bosque lentamente.
—Nunca tuve a nadie.
Aquellas palabras pesaban más que cualquier otra cosa que hubiera dicho.
Porque eran reales.
Arnau lo entendió perfectamente.
La soledad.
La sensación de no pertenecer realmente a ningún sitio.
Lyra cerró ligeramente los ojos.
—Así que rompí las reglas del clan.
Arnau levantó ligeramente una ceja.
—¿Los dejaste vivir?
Ella asintió.
—Y maté a los otros asesinos enviados conmigo.
Silencio.
Incluso el viento pareció detenerse unos segundos.
—Después de eso tuve que huir.
Y ahora todo encajaba todavía más.
Su manera de moverse.
De observar siempre alrededor.
De desconfiar.
Ella había vivido siendo perseguida.
—El clan nunca perdona las traiciones —murmuró.
Arnau apoyó los brazos sobre las rodillas.
—¿Todavía te buscan?
Lyra sonrió levemente.
—Probablemente.
Kael soltó un pequeño gruñido dormido cerca de ellos y volvió a quedarse quieto.
Arnau dejó escapar una pequeña risa.
—Ese idiota puede dormir en cualquier sitio.
Lyra también sonrió un poco.
Una sonrisa real esta vez.
Pequeña.
Pero sincera.
Y Arnau lo notó.
—Lyra actualmente estaba en nivel 35—.
Durante unos segundos ninguno habló.
Solo escuchaban el viento y el fuego.
Hasta que Lyra volvió a mirarlo.
—¿Y tú?
Arnau levantó ligeramente la cabeza.
—¿Yo qué?
—¿Por qué te esfuerzas tanto?
Silencio.
Arnau tardó un poco en responder.
Porque ni siquiera él tenía una respuesta completa.
Finalmente habló.
—Porque no quiero volver a sentirme débil.
Lyra sostuvo su mirada.
Y entendió perfectamente lo que quería decir.
Ambos tenían algo parecido dentro.
Miedo.
No al dolor.
No a morir.
Sino a no tener control sobre sus propias vidas.
El viento volvió a recorrer el bosque lentamente.
Y entonces— [SISTEMA] El sonido apareció frente a Arnau.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Nueva notificación.
[MISIÓN SECUNDARIA] Tiempo restante: 1 día, 11 horas.
Arnau observó el contador.
El tiempo seguía bajando.
Demasiado rápido.
Lyra lo vio tensarse ligeramente.
—Mañana seguiremos.
Arnau apretó levemente el puño.
Nivel 17.
Todavía lejos del 20.
Pero algo dentro de él había cambiado aquella noche.
Porque ahora entendía algo importante.
No era el único luchando contra sí mismo.
Y mientras observaba las llamas frente a él… Una idea apareció lentamente en su mente.
Si quería sobrevivir a todo lo que venía… Necesitaría hacerse mucho más fuerte.
Muchísimo más fuerte.