Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vegetta777 - Saga de Planeta Vegetta - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Vegetta777 - Saga de Planeta Vegetta
  4. Capítulo 6 - 6 LA CUEVA
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: LA CUEVA 6: LA CUEVA LA CUEVA: —D-Despierten, ya pasaron tres días d-días… Vegetta y Ángel despiertan en medio de la cueva.

Ambos están atados junto a aquel con quien lucharon un tiempo atrás.

—M-Mi cabeza, ¿qué pasó?

—preguntó Ángel mirando a Vegetta—, ¿acaso él…?

—No.

Él no hizo nada.

Solo fue una ilusión causada por algún bobo que se encuentra debajo de nosotros.

—¿No te estás refiriendo a mí, cierto?

—Después de una pequeña pausa acompañada por una mirada enojada por parte de ambos lobos—.

Oigan, ¿cómo voy a atarlos y al mismo tiempo también atarme junto a mí?

Vegetta sin pensarlo un segundo, le lanzaría un cabezazo al ilusionista.

—¡Ah!, así que ataste una roca junto a nosotros.

¡Muéstrate de una vez!

—Vegetta… Creo que es el verdadero.

—Vamos, Ángel.

No me digas que sigues creyendo en sus trucos baratos de feria.

Ángel, al ver que no puede convencer a Vegetta decide levantar lo máximo que puede su pie izquierdo «¿Observas?».

Vegetta veía algo rastros de color rojo como si se hubiera secado algo de sangre.

Antes que Vegetta dijera alguna palabra, Ángel continuaría «Recuerdas qué, al rescatarme, nos acercamos al ilusionista para atacarle, ¿verdad?; pues cuando nos acercamos vimos al ilusionista completamente malherido y yo me acerqué a preguntarle qué había pasado».

Vegetta empieza a recordar este suceso, aunque le es algo confuso lo sucedido.

Ángel continúa: «Cuando me acerqué, pisé algún líquido, para ser sincero, no sabía que era; pero, cuando caímos desmayados, lo vi.

Un montón de sangre que no eran ilusiones.

Imagino que no los viste porque el piso estaba en una ilusión también».

—Entonces, si lo que dices es cierto, significa que… —¡Exacto!, tu amigo nos traicionó y encerró aquí.

—No te preocupes, Ilusionista —dijo Vegetta muy confiado—, dijiste que estuvimos tres días aquí.

Posiblemente, la manada de lobos nocturnos ya se enteró de nuestra ausencia y nos mandarán a buscar pronto.

Ángel inmediatamente se muestra preocupado.

—¿Qué pasa Ángel?

—Bueno, Vegetta; algo que no te dijimos Cries ni yo es que en las misiones de lobos nocturnos es muy común que muchos de nosotros no regresen a casa hasta máximos un mes de ir a la misión.

—¡¿Qué?!, pero esto no puede ser.

Imagina que algunos mueren en la misión.

¿Qué pasaría con los cuerpos?

—Bueno, respondiendo a tu pregunta.

Los trajes de lobos nocturnos están relacionados con una zona especial de la base.

En resumidas cuentas, pueden acceder a tus vitales y saber si sigues vivo o no.

Por eso seguro no nos mató.

En la base creen que aún seguimos luchando y estamos débiles.

Vegetta se quedaría un momento pensativo.

—Pero, pueden saber que estamos muy débiles.

¿Acaso aún no pueden traer refuerzos?

—Me temo que no.

Más bien… —Ya deja de dar muchas vueltas, Ángelo.

Ya dile de una vez cuanto tiempo se demoraron en robarme (no vencerme), la primera vez que vinieron a esta cueva.

Vegetta miraría a Ángel.

Él sabía que ellos habían ido a la misión con un Vegetta desmayado, pero nunca se había percatado de cuánto tiempo se tomaron.

—Un par de semanas… —¿Qué?, ¿cómo que se demoraron un par de semanas en vencerlo, ¡eh!, digo robarle?

—La verdad es que esos dos pequeñajos no eran un problema para mí.

No me gusta hacerle daño a los que vienen a derrotarme.

Más bien, me gusta divertirme con ellos.

Los tenía más que en su lugar —Cambiando el ilusionista a un tono más serio—.

Pero me tomaron desprevenido y perdí aquello que me daba la poca libertad que me quedaba… —… —Está bien, Vegetta.

Admito que si no fuera por ti.

Aún estaríamos en esa cueva con el guardián de acero atacándonos o en el peor de los casos… Partidos.

—El guardián… —No, Ángel, eso no me importa ahora… —Entonces, que te impor- —¡Cómo es posible que haya estado dos semanas enteras desmayado!, Ángel, ¡¿me pusiste en coma o qué?!

—P-P-Perdón, Vege.

La verdad es que… ¡Eh!

—¡Ah!, con que a eso te referías cuando decías de dejar al cadáver, que seguro se pudrió… Ahora entiendo todo, ja, ja, ja.

—¡Me dejaste morir!

—Oye, no ayudas.

Mira, Vege, pensaba que estabas muerto, pero al robar la gema y tomar tu pulso vi que aún seguías con vida.

Así que te llevamos a la base.

Ahora, mira el lado bueno, ¡lograste despertar!

—Si serás bob- Antes que Vegetta terminara la frase.

Se escuchó un rugido de un oso cerca de la zona.

¿Acaso regresaría el oso del inicio?

—Con que ya llego… —¡Eh!, ¿llegar quién?

—preguntaría Ángel.

—Pues, a veces viene un oso a hacerme compañía.

Digamos que es como mi amigo.

Incluso me ayuda con las personas que intentan derrotarme y quitarme mi gema.

Aunque se me hizo raro que en las dos semanas que estuvieron aquí no haya venido y les haya rematado.

Seguro tuvo un inconveniente.

—Vege… —Sí, Ángel… Ahora me arrepiento de todo.

—¿?

—Pues resulta que Vege… —Mira Ángel, las cosas hay que decirlas, que sí, Ilusionista; a tu oso mañoso le di una paliza afuera de tu cueva.

Seguro huyó después de eso.

—¿Qué le hiciste qué a mi oso?

El oso va olfateando la zona hasta llegar abajo de ellos.

Está algo confundido al ver al Ilusionista atado arriba de este.

Luego, se movilizaría por toda la cueva a buscar un lugar para saltar y de un zarpazo liberarle.

Llegado un punto lograría verlo a él.

A aquel que le hizo saborear el sabor del suelo, el de la derrota.

—¡Vegetta!, ahora está enojado.

—No hace falta decirlo.

Ilusionista ayúdenos.

—¡Ah no!, tú te lo buscaste.

—Oye, Ilusionista.

¿Si sabes qué, en caso ese oso llegue a saltar y darle un zarpazo al mata osos de aquí, haría romper la estalactita y, si no nos morimos por la caída; será por la estalactita?

—.

.

.

Eso tiene mucho sentido.

¡Oso espérate!

El oso no escuchaba nada más que no fuera su instinto.

Veía a aquella persona en frente suya.

Lograría encontrar un buen lugar para saltar.

Y… Y… —¡Ahora!

—dijo Vegetta mientras se mueve un poco.

Ese movimiento no solo haría que esquivase el zarpazo, sino que rompería la cuerda.

Ahora ellos están cayendo.

—¡Oso, atrápanos!

—gritó el Ilusionista.

El oso vería que su amigo está en peligro.

Ahora lo escucha.

Dejando de lado su instinto se lanzaría a atrapar a todos.

Incluido a aquel que lo derrotó.

—¡Salvados!

—Gracias oso —dijo Vegetta acercándose a él—, perdón por todo lo que hice.

—Toma esto, Vegetta.

A él le encantan —dijo el Ilusionista dándole un pescado a Vegetta.

El oso intentaría darle un zarpazo, pero se detendría al escuchar al Ilusionista detenerlo, y a Vegetta dándole un pescado.

—Chicos, hay que detener a Cries, necesito dividirnos para cubrir todo lo que quiero que hagamos.

El Ilusionista le diría algo importante a Vegetta.

Luego de un tiempo de reflexión, Ángel y el oso irían a la base de los lobos nocturnos.

Y él, solo él, se vería con Cries en la locación de la tercera piedra preciosa, un lugar donde tendría que jugar muy bien sus cartas si quería salir con la gema y atrapar a Cries para obtener explicaciones.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Sthefano_Ascate Espero les guste, mis lectores

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo