Verdadero mundo marcial - Capítulo 512
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- Capítulo 512 - 513 Capítulo 513 — Doce Cielos Empíreos
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513: Capítulo 513 — Doce Cielos Empíreos 513: Capítulo 513 — Doce Cielos Empíreos Editor: Nyoi-Bo Studio En el gran salón color dorado rojizo, Yi Yun saltó y voló hasta el techo para agarrar el Arco Disparo al Sol Nueve Muertes.
Por un momento, sintió en su brazo un peso tan pesado como una montaña que hizo que su cuerpo se hundiera y cayera a gran velocidad.
¡Pum!
Yi Yun aterrizó pesadamente en el suelo.
Sus pies se sentían algo entumecidos.
El arco era tan grueso como la muñeca de un bebé, pero era tan pesado que necesitaba emplear todo el Yuan Qi de su cuerpo para sostenerlo.
Cuando lo levantó, sintió un agudo dolor en su brazo.
Miró hacia abajo, y se dio cuenta de que sus Marcas Empíreas estaban desapareciendo rápidamente.
En unos segundos, todas se habían desvanecido.
—¿Se borraron?
Yi Yun estaba algo aturdido.
Había gastado todas las Marcas que había acumulado después de tomar el Arco Disparo al Sol Nueve Muertes.
Fue demasiado rápido… En ese momento, la voz resonó: —El Arco Disparo al Sol Nueve Muertes es uno de los mejores tesoros del reino místico de la Gran Emperatriz.
Está hecho con madera del Árbol del Mundo, y el patrón rojo que tiene es la sangre de los dioses.
Tu desempeño en las pruebas anteriores no es suficiente para conseguirlo, pero como se avecina una gran calamidad, la Señorita ha decidido dejarte parte del legado antes de dormirse, deseando que puedas ampliar su valor real.
La voz antes era fría y no tenía emoción, pero ahora mostraba indicios de tristeza.
—Los tesoros en estos tres grandes salones están preparados para ustedes.
Compórtense bien… Después de que la voz terminó de hablar, sus ecos desaparecieron.
«¿Señorita?
Probablemente se refiere al Espíritu de la Torre Adviento de Dios…» Yi Yun acarició su nueva arma.
De hecho, en ese momento le hacía falta un arco.
«En cuanto a la gran calamidad que se avecina, ¿a qué se refería la voz?» El joven sostuvo el arco con su mano izquierda y sacó una Flecha Rastreadora del Viento con su mano derecha.
Después de colocarla en la cuerda, no pudo abrirlo a pesar de que usó toda su fuerza.
«¡Qué arco tan pesado!» Con un pensamiento, el Yuan Qi Yang puro circuló por su cuerpo.
—¡Ábrete!
—gritó Yi Yun.
Entonces, la tenue imagen fantasma del Cuervo Dorado apareció detrás de él, y con el apoyo de las leyes del Yang puro, finalmente consiguió abrirlo un poco.
Al hacerlo, el cuerpo del arco comenzó a emitir una luz dorada pálida.
Esa luz se dirigió hacia la cuerda, y poco a poco se convergió en la flecha.
De repente, lo que era una flecha normal, pareció estar encantada por la luz divina.
Todo su cuerpo brilló con una luz dorada como si hubiera reunido una energía infinita.
—Qué energía aterradora.
Yi Yun estaba asombrado de que el arco pudiese hacer que la flecha cambiara de esa manera.
¡Incluso podía convertir el metal en oro divino!
Y eso solo había ocurrido abriéndolo un poco.
Si pudiera abrirlo por completo, no sabía con qué se encontraría.
Bajó el arco y no se atrevió a disparar la flecha.
Tenía la sensación de que aunque lo abriera un poco, cuando disparara, le sacaría toda la energía de su cuerpo.
Yi Yun tocó el sinuoso patrón rojo del arco.
La voz había mencionado que esa línea en realidad era la sangre de los dioses.
Sin embargo, no tenía ni idea de a qué dioses se refería.
No pudo evitar pensar en la espada rota que había obtenido en el Palacio Yang Puro de la Espada, que también estaba manchada con sangre.
Esa sangre pertenecía al gigante de bronce que había cortado el dueño del palacio, y unas pocas gotas habían sido suficientes para corroer esa espada divina.
—Yi Yun, mira esto.
—lo llamó de pronto Lin Xintong.
Él miró en su dirección y vio que en un pasillo lateral del gran salón había una plataforma alta.
Allí había un libro dorado.
Se acercó y lo tocó.
Sus páginas eran delgadas, como si fueran el filo de una hoja.
Eran extremadamente afiladas.
La portada del libro tenía escritas las palabras «Impresionante Espada Arcoíris, Señor Yang Azul».
Eran exactamente iguales a las que estaban talladas en el pilar de piedra de antes.
—¡Es un libro escrito por el Señor Yang Azul!
Yi Yun lo abrió de inmediato.
Lo que contenía no era una técnica de cultivo, sino un ensayo.
Sus palabras tenían la forma de un texto antiguo, y su escritura parecía un garabato.
Era poco convencional y descontrolada, así que era muy difícil identificar las palabras.
Yi Yun y Lin Xintong leyeron juntos e intercambiaron sus pensamientos para entender un poco de lo que estaba escrito.
Sin embargo, solo esa pequeña cantidad de información hizo que ambos se quedaran pasmados hasta el punto de quedarse sin palabras.
En el libro, el Señor Yang Azul llamaba al mundo Tian Yuan «Pequeño Mundo Tian Yuan», y él decía venir de más allá de ese lugar.
Yi Yun no sabía lo que había más allá del mundo Tian Yuan, pero era consciente de que no era el mundo entero.
Ignorando todo lo demás, los Orígenes de Cristal Púrpura que había obtenido superaban con creces el nivel de poder de ese mundo.
Siempre había querido saber cómo era el mundo más allá.
Y ahora, finalmente podría echarle un vistazo.
El pasaje inicial del libro describía el origen del universo.
En el principio de los tiempos, en el universo infinito, nacieron doce Grandes Mundos del Caos brumoso.
Esos mundos contenían el Camino Celestial, que era supremo.
En el Caos, dio a luz a muchos Dioses Celestiales y Dioses Ancestrales.
Ellos quedaron a cargo de un Camino Celestial.
Se podría decir que los dioses existían por toda la eternidad, pero en realidad, cuando pasaba un período de tiempo inimaginablemente largo, incluso ellos podían morir.
De esa manera, los Dioses Ancestrales nacidos del Caos desaparecieron lentamente.
Las razas como los humanos, los fey, los demonios y las bestias desoladas aparecieron más tarde y comenzaron a poblar los doce Grandes Mundos.
Eran mucho más débiles que los Dioses Ancestrales caídos, pero incluso los seres débiles tenían la ambición de sentarse en el mismo nivel que los Cielos y la Tierra.
Entre esos seres, las artes marciales cobraron vida lentamente.
La esencia de las artes marciales era el camino que esos seres débiles tomaban para controlar el cosmos.
Después del nacimiento de las artes marciales, los doce Grandes Mundos se volvieron más complejos.
Aquellos que triunfaban en sus caminos marciales creaban sus propias facciones y se llamaban a sí mismos reyes, o algunos se recluían en los reinos místicos, convirtiéndose en nómadas errantes.
La lucha para conseguir tesoros y recursos no tenía fin.
Esa era podría describirse como una época en la que andaban sueltos todo tipo de pícaros.
Al principio había conflictos que no se podían evitar, hasta que los mundos comenzaron a unificarse.
En cada uno de los doce Mundos surgió un poder que podía controlarlos.
Los maestros de los doce Mundos eran de razas diferentes.
Su poder era inconmensurable, y solían ser los líderes de las facciones más fuertes de su respectivo mundo.
A los maestros de esos mundos la gente les asignó el título de «Doce Emperadores Divinos», y a los Mundos que controlaban los llamaron los «Doce Cielos Empíreos».
Los Doce Cielos Empíreos eran: ¡Dios Yang!
¡Nueve Espíritus!
¡Inmortal!
¡Cinco Elementos!
¡Primordial!
¡Diez mil Fey!
*** En cuanto al Señor Yang Azul, ¡él había venido del Cielo Empíreo del Dios Yang!
El Emperador Divino que controlaba el Cielo Empíreo del Dios Yang era llamado Dios Yang.
Su dominio de las leyes del Yang puro llegaba al punto de ser igual al del cosmos.
En ese Cielo, aparte del Emperador Divino más alto, había 72 Señores Divinos.
Todos ellos tenían una posición muy poderosa, y sus títulos eran fijos.
En cuanto al Señor Yang Azul, ¡él también tenía el título de Señor Divino!
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