Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 1
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1: Capitulo 1 1: Capitulo 1 — Voy a ver si ya está despierto — Por ahí ayúdale para que baje a desayunar.
Una joven y animada voz hablaba con otra más madura y cansada, pero que mantenía su agradable y relajante tono, reflejando su felicidad.
Las dos personas eran, respectivamente, un chico de diecisiete años y una mujer que rondaba los cuarenta.
El joven iba subiendo rápida, pero silenciosamente las escaleras de madera, pasando las yemas de sus dedos por el barandal hasta llegar al segundo piso.
Mientras tarareaba una canción en voz baja, sus manos se acercaron a la puerta al final del pasillo, sus dedos sentían el roble de la puerta mientras iba tocando las distintas protuberancias en forma de pequeñas escaleras que esta tenía.
Durante varios años, distraerse y jugar con esas protuberancias era algo que pasaba repetidas veces.
— ¿Ya despertaste?
— El joven abrió la puerta, levantando la manija plateada.
No recibió respuesta alguna, más la escena que tenía frente a sus ojos respondía su pregunta.
Paredes y muebles blancos adornaban la habitación por completo, contrastadas únicamente por las sábanas negras que combinaban con la única almohada de la cama de dos plazas.
En la misma, casi desaparecido, un joven de la misma edad que el primero se encontraba durmiendo; su rostro estaba cubierto casi por completo por las sabanas y su cabello se camufla por completo en el entorno.
Ya ha pasado más de una vez que en un apuro alguien ha entrado y no se percató de su presencia por lo mismo.
— Despierta, mi tía está esperando con el desayuno.
El joven de cabellos castaños se acercó a la cama, colocando sus manos sobre los hombros del dormido, por sobre las sábanas, y sacudiéndolo.
Le tomó algunos minutos, al punto que pensó por un momento que podría haberse muerto o que le dio parálisis de sueño, pero justo cuando estaba por avisar sobre aquello, el dormido despertó de golpe.
Abriendo los ojos y levantando el cuerpo, se sentó sobre la cama, empujando sin querer al joven; su cabeza giró hacia ambos lados rápidamente, luego lento.
— ¿Estás bien?
¿Qué sucede?
— Su tono demostraba aún su reciente exaltación causada por el despertar del pelinegro — ¿De quién es esa voz?
— ¿Estás bromeando?
¿Dormir hizo que olvidaras mi voz?
El pelinegro volteo en dirección al castaño, sus ojos casi blancos parecen divagar por la habitación, yendo de izquierda a derecha, de abajo hacia arriba, casi sin descanso.
Sus manos se elevaron, a la altura de su pecho, con las palmas apuntando hacia sí mismo y sus pupilas bajaron, por fin apuntaban a algo en específico, o al menos eso pareció al inicio, pues se notaba que su mirada no se enfoca en lo más mínimo.
Aunque no salían palabras en su boca, su forma de actuar era la misma que la de una persona que de un momento a otro perdió la vista.
— ¿Dónde está todo?
¿Por qué todo está oscuro?
Para cualquiera, su reacción sería completamente extraña, un joven de diecisiete años que carece del sentido de la vista preguntando por qué las cosas eran oscuras, hasta su mejor amigo estaba confundido por completo, viéndolo en silencio cuando este se movía, al punto que casi lo confunde con alguien diferente ¿Ese era su amigo?
Se cuestionó, antes de preguntar.
— Hey, Ed ¿Estás bien?
Reacciona, soy yo, Ethan.
— ¿Ethan?
¿De qué hablas?
Edmond claramente estaba confuso, para él ha pasado un largo tiempo desde la última vez que estuvo privado de su vista, dependiendo solo del tacto y oído, por lo que escuchar una voz familiar, pero desconocida a la vez era completamente extraño.
Lo que era peor, ese nombre era algo que le daba dolor de cabeza, como el rechinido de maquinaria.
— ¿Cómo que “de qué hablo”?
¿Tan fácil te olvidas de la voz de tu amigo?
— ¿Eh?
No, no, dame un momento, solo me siento confundido.
A pesar de que no era capaz de reconocer a la persona enfrente suyo, Edmond fingió hacerlo, solo para poder tener un momento de calma.
Ante los ojos de Ethan, el silencio que hizo fue como dejarlo tranquilo que piense, retirándose del borde de la cama; por otro lado, Edmond maquinaba y pensaba varias cosas a la vez, al punto en el que le dolió la cabeza.
Entre las preguntas que rondaban su cabeza estaban cosas como “¿por qué no puedo ver?”, “¿Desde cuándo la voz de Ethan se escucha tan joven?”, y “¿Qué es esta sensación?” —Ven, es hora de cambiarte.
—Hm — asintió con la cabeza Edmond estaba tan inmerso en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que le estaban cambiando; las dudas no dejaban de llegarle, y lo que era peor, no tenía forma de comprobar en donde se encontraba por su cuenta.
«¿Una ilusión?
¿Un sueño?» No lo sabía, pero poco a poco descartó ideas.
No podía ser un sueño «Si fuera, entonces debería ser capaz de ver» pensó «Y si fuera una ilusión ¿En qué momento pude haber caído?
Lo último que recuerdo es que…» Restringiendo a sí mismo, Edmond retrocedió el hombro derecho con fuerza, tenía la intención de golpear como pudiera a su amigo y de gritarle “Maldito cabrón” pero mientras sus pensamientos se iban ordenando, lo recordó.
— Pobre alma, terminar de esta manera, traicionado por tu mejor amigo.
¿Estás bien con eso?
Un recuerdo lejano, pero cercano vino a él, una figura misteriosa, retorno a sus recuerdos, una charla que tuvo tras ver cómo su cuerpo caía al suelo, sin poder sentir nada, tras ser apuñalado por quien durante mucho tiempo llamó su mejor amigo.
Aquella figura tenía una voz tanto masculina como femenina, como si un hombre bárbaro y una mujer refinada hablaran a la vez; su figura solo era una sombra de luz, sin una forma específica, cambiando con cada parpadeo entre hombre, mujer y un sin fin de animales.
— ¿Un dios?
— Exactamente No había forma de saberlo, pero en ese momento Edmond sentía como si le sonriera.
— ¿Qué necesitas de mí?
Más ahora que morí, dudo que una existencia de tu nivel encuentre algo útil.
— No es lo que yo necesito, sino lo que tú quieres.
Pensaba comunicarme contigo en un futuro, ¿Pero quién imaginaria que tu mejor amigo te iba a apuñalar por la espalda?
— Ethan no haría algo como eso, no ganaría nada.
— ¿No?
Un escorpión de algunos metros era lo que parecía cuando respondió.
Moviendo una de sus tenazas de luz, varias esferas aparecieron en el gran vacío, cada una con una escena diferente.
En todas y cada una se podía ver como un hombre de corta cabellera roja iba causando distintos problemas.
Situaciones debido a las cuales Edmond terminó sufriendo una y otra vez, pero no solo él, sino que personas inocentes también sufrieron.
Él no quería creerlo al inicio, pero tras algún tiempo de observar las escenas terminó aceptando el hecho.
Con un suspiro, sacudió su cabeza y preguntó al supuesto dios.
— Si te pido regresar para poder salvar la vida de la tierra, ¿Me lo cumplirías?
— Lo haría, más no esperes ser como los protagonistas de los cómics que les gustaba crear a los humanos, ya deberías de saberlo.
Los dioses… — Son superiores, más no son omnipotentes.
— Edmond terminó la frase.
— Y los que lo son no pueden romper sus propias reglas — Añadió la deidad.
— ¿Pero devolverme no es lo mismo que romper tus reglas?
— En parte.
Por eso solo regresaré tus recuerdos, nada más.
Hacer algo extra podría cambiar todo el curso del tiempo para mal.
Con un “comprendo” por parte de Edmond, una ligera charla se dio entre ambos.
De esa manera fue que llegó al presente, donde sus ganas de golpear a quien le anda cambiando de ropa se vieron reprimidas por necesidad.
— Qué molestia — murmuró Edmond.
— ¿Me dices algo?
— preguntó Ethan al comprender sus palabras.
— Nada, nada.
Solo digo que me acaba de dar hambre Edmond sonrió ligeramente mientras se ponía de pie y bajaba a comer, apoyándose de su amigo en todo momento.
En el camino, buscó la forma de obtener información para comprender la situación en la que se encontraba.
De esa manera descubrió que era el primero de noviembre, exactamente dos meses antes del «Desastre de colisión».
Cuando llegó a la sala comedor, Edmond se sentó de tal manera que su oído izquierdo apunta hacia la televisión, como no era capaz de ver, su familia tomó la costumbre de tener la televisión encendida en el canal de noticias siempre para el desayuno.
Al principio veían el noticiero nacional, pero tras escuchar los mismos tipos de noticias, pasaron al noticiero internacional.
«Así que a esto se refería en aquel momento.» Pensó Edmond; a pesar de ser ciego, era capaz de desayunar sin muchos problemas, o al menos eso se suponía.
Sus manos torpemente tomaron el pan de molde; si no fuera por Ethan, su mano derecha tendría un corte a un lado debido a lo cerca que paso por el cuchillo para pan.
— ¿Te encuentras bien?
— En su habitación estaba igual.
— Creo que solamente estoy un poco mareado.
No era necesario ver para darse cuenta de la preocupación de su madre, el tono de voz era el mismo que recordaba como un lejano paisaje, algo que no era muy raro para la época en la que vivía.
Con tantos problemas, su madre se había vuelto sobre protectora con él, al punto de que se estresaba por lo más mínimo, llegando a tener la mayor parte del tiempo el mismo tono de preocupación en sus recuerdos.
En la mente de Edmond, su madre se veía con una constante sonrisa forzada; con las manos arrugadas y quemadas, un cuerpo desgastado y cabellos teñidos de dorado para cubrir las canas.
Si no fuera por los minutos que paso en el baño antes de bajar, no podría estar con la misma serenidad.
Había escuchado a su madre llamarlo en ese momento, por lo que no pudo reprimir las ganas de llorar, pero era consciente que, para el resto, acababa de despertar, por lo que sería raro que lo hiciera mientras decía que los extrañaba.
Por eso mismo sus palabras parecían, al menos para él, querer quebrarse cuando respondió.
— Tienes que tener cuidado — No te preocupes tía, yo lo cuido.
— Lo sé, puedo confiar en ti.
Durante todo el desayuno estuvieron hablando, aunque Edmond se mostraba distraído, no se sumergieron en el tema.
A decir verdad, su mente estaba centrada en las noticias; no podía reconocer a la persona que buscaba, no le era sorpresa, pero se preguntaba sobre qué imágenes eran transmitidas.
Parte de la charla se tornó en aquel tema, tanto Ethan como la madre de Edmond iban charlando sobre que les parecía; al final, no era normal escuchar sobre una Universidad gastronómica capaz de producir “Magos gastronómicos” de manera consecutiva.
«A pesar de ser una institución desconocida durante mucho tiempo, la institución “Nido del Fenix” ha producido media docena de prodigios en el campo de la gastronomía.
Estos prodigios son llamados por sus propios estudiantes, y aquellos que han presenciado sus habilidades, como “Genios gastronómicos” o “Magos culinarios”.
El origen de este apodo se debe a…» El reportero continuó hablando un largo rato, aunque Edmond ya no podía escucharlo; habían terminado de desayunar y la televisión fue apagada antes de que se retiraran del comedor.
Apoyándose del barandal mientras subía de las escaleras y del pasamanos en el pasillo, Edmond pudo llegar su habitación, agradeciendo aún recordar los detalles, como aquellas protuberancias en la puerta, las cuales utilizo para poder llegar a la manija de misma y poder abrirla.
Ethan esta vez no lo ayudó a llegar, se distrajo ayudando a la madre de Edmond con la limpieza, al punto de que, cuando se dio cuenta, tuvo que irse corriendo para no llegar tarde a su universidad.
— Y pensar que estuve mucho tiempo molesto por no poder ir a la universidad.
Si en esa época hubiera sabido que no serviría de nada, hubiera pensado en hacer otras cosas.
Aunque tampoco hubiera podido hacer mucho.
«Qué molestia es no poder ver, más ahora que he visto tantas cosas en el pasado» Edmond se dejó caer de espaldas sobre la cama tras tropezarse, fue suerte que no se golpeara con la pared.
Mientras sus pensamientos fluían, se acomodó, dejando su rostro apuntando al techo y sus brazos abiertos, tocando la pared con su mano derecha.
— Dos años y dos meses ¿Qué puedo hacer en ese tiempo?
Tampoco es que pueda hacer mucho en este estado.
Edmond consideró que hubiera sido divertido ser un protagonista de algún cómic, ellos siempre tienen ventajas al volver, ya sea habilidades o conocimientos que podría utilizar.
Por su parte, tenía conocimientos, pero solo son palabras hasta dos años después del “Desastre de colisión” y no podía hacer nada.
— Por desgracia, aunque sepa dónde se encuentran algunos colisionadores, no me sirve de nada.
Ha… Un largo suspiro salió de entre sus labios, pensaba en dormir y escuchar música un rato.
Pero tras pensarlo por un momento, decidió arriesgarse e intentar practicar, con la esperanza de poder tener alguna de sus habilidades con él, o de al menos recuperarlas.
Edmond cerró los ojos.
No hacía diferencia entre que estuvieran cerrados o no, pero su cuerpo instintivamente lo hizo.
Se centró en sus sentidos, tanto la audición como el tacto, para poder diferenciar lo que había a su alrededor; podía sentir el aire tocando su rostro y escuchaba a lo lejos algunos pájaros, mientras iba recreando imágenes en su mente, como si de una maqueta 3D se tratase.
Poco a poco, con el pasar de los días, la imagen de su propia casa se fue formando en su mente, dando la impresión de que podía sentir lo que ocurría a su alrededor.
Por desgracia, cuando salió a pasear junto a Ethan, se dio cuenta de que solo era una ilusión.
No podía diferenciar las cosas y hacer una imagen exacta.
Solo había creado una imagen cruda de las cosas que recordaba y experimentó con el paso de los días.
Antes de darse cuenta, casi dos meses pasaron, al principio Edmond buscó la manera de aprovechar sus conocimientos, pero tras entender completamente que le era imposible, decidió limitarse a disfrutar del tiempo.
No fue una mala opción, amigos que no había visto en, para él, mucho tiempo, se encontraron con él para salir, ya sea ir a comer o relajarse caminando por un parque.
En un parpadeo, el 31 de diciembre llegó, solo faltaba un par de horas para que los fuegos artificiales reventaran en el aire.
Las familias se encontraban en sus casas esperando; los negocios estaban cerrando para ir a casa; las personas que tuvieron suerte fueron capaces de comprar entradas para los estadios y eventos por año nuevo que comenzaron a las ocho de la noche y que terminarían a las 3 de la mañana se llevan a cabo en diversas partes del país.
Por desgracia, Edmond y su familia no fueron capaces de conseguir una entrada, aunque lo relataban como si no fuera algo malo, más considerando lo que podría pasarle a Edmond por su condición.
El tiempo transcurría lentamente, en la televisión pasaban los programas festivos por año nuevo, canales que retransmiten los eventos en los estadios y programas que predicen lo que sucederá ese siguiente año; programas que a los ojos de Edmond, solo eran una broma, pero que pedía que fuera como mencionaban.
Faltando unos minutos para las doce, Ethan se encuentra en la calle con algunos petardos, esperando a que su amigo salga del baño; en su rostro se nota la ligera angustia debido a la demora del mismo.
Por su parte, Edmond no tiene planeado salir del baño, según lo que recuerda, la “Lluvia de polvo estelar” fue un evento que duró media hora; en el pasado se había quedado dormido, por lo que se salvó, pero ahora que estaba despierto, tenía que buscar la forma de evitar exponerse.
¿Por qué no evita que su amigo se vea expuesto?
Le resultaría más fácil lograr su venganza, pero no lo valía.
Si hacía eso, el futuro tomaría un rumbo completamente desconocido, podía ser un gran problema para él ¿Una venganza por la vida de toda la humanidad?
No era esa clase de persona.
— Y comenzó.
La revolución de la tierra.
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