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VIGGO - Capítulo 294

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  4. Capítulo 294 - 294 Orario y el balance 2288
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294: Orario y el balance 2.288 294: Orario y el balance 2.288 Viggo tomo a Rosewisse y Brunilda y las saco de la guild de aventureros para que no continuaran los problemas.

Para Viggo el problema no eran ellas, si no los otros tipos insistentes sin ningún tacto que trataban de sobrepasar la barrera a como dé lugar.

Una vez en la calle, Viggo camino con Rosewisse a su derecha y Brunilda a su izquierda.

Él no se refirió al asunto porque realmente era una estupidez, pero parece que Brunilda le preocupaba.

Ella avanzaba a la misma velocidad que Viggo y Rosewisse y al igual que esta última, Brunilda llevaba un vestido de una pieza de color blanco que le llegaba hasta las rodillas.

Dejaba ver un poco sus hombros, brazos y piernas, pero nada demasiado atrevido.

Su cabello gris y ondulado con una trenza a cada lado la hacía ver sensual.

Si había algo que resaltaba en ella además de sus alas en la espalda, eran los vendajes sobre su brazo derecho.

Por otro lado, Rosewisse iba vestida casi igual, pero con un vestido de color celeste claro haciendo alusión al cielo, el lugar que más le gustaba, después de todo tenía alas y era una orgullosa valkiria.

—Lo siento— dijo Brunilda con voz suave y tímida.

Ella levantó su rostro y miró en diagonal hacia arriba para poder ver a Viggo a la cara.

Él iba vestido de negro con esa chaqueta con bordados blancos mientras su cabello rojo caía hasta los hombros.

Viggo le dio una breve mirada de soslayo, sonrió y continúo mirando hacia adelante —¿Sobre qué?

¿La pelea?— preguntó —no te preocupes, mi tía lo toma personal porque es su trabajo, pero para mí está bien.

Debes darle un golpe bien dado a todas las personas que quieran invadir tu espacio, es tu lugar y solo tú y nadie más que tú tiene el derecho a decidir a quién dejar entrar—
Brunilda asintió y continúo mirando hacia adelante, acerco su mano y tomo la de Viggo.

Este último sintió la pequeña mano, pero no le dio mucha importancia.

Brunilda no entendía de sentimientos amorosos, ella quería amigos como Rosewisse, alguien del que depender.

Toda su vida fue una dura golpiza y solo ahora, durante estos breves días, estaba disfrutando de lo que era caminar sin preocupaciones y comer un montón de comidas deliciosas.

Al mismo tiempo, Rosewisse giro su rostro y miró a su amiga.

Ella entendía la situación, pero de todos modos tomo la otra mano de Viggo como reafirmando su posesión sobre él.

Viggo la miró de soslayo, soltó una risita y Rosewisse lo castigo con un puñetazo, pero no disminuyo la risa de Viggo.

Así, los tres juntos caminaron hacia el restaurante que Viggo compro en la región norte de Orario.

Hoy iban a celebrar algo importante.

En la mañana, mientras Viggo estaba conversando con Hermes, Rosewisse había llevado a Brunilda a restaurar su brazo derecho y por eso esta última podía tomarle la mano a Viggo.

Al llegar al restaurante, Viggo y compañía fueron recibidos por la administradora del local.

Una mujer madura, rubia, con un vestido rojo elegante que se llamaba Nicol.

Ella los condujo con mucho respeto a una habitación privada donde tenía todo preparado con anterioridad.

Al llegar frente a la habitación, abrieron la puerta y vieron un salón privado alfombrado de muro a muro con un gran ventanal que tenía vista a un jardín florido con exquisitas enredaderas y flores de colores exóticos.

Frente al ventanal que daba a dicho jardín había una larga mesa rectangular, la cabecera estaba de espaldas al ventanal, con el jardín florido de fondo.

El anfitrión no podía ver el jardín, pero él era enmarcado elegantemente por las flores que se traslucían por el ventanal.

Eso generaba un halo en el anfitrión de belleza natural.

Por supuesto, el anfitrión era Viggo, el restaurante era suyo y él había mandado a preparar todo, pero hoy celebraban a Brunilda.

Su brazo derecho estaba recién restaurado y necesitaría meses de rehabilitación, pero por lo demás, todo era perfecto.

Así que Viggo condujo a Brunilda la cabecera de la mesa, frente al ventanal y la invito a sentarse.

Después Viggo volvió al principio de la mesa, tomo a Rosewisse de la mano y la condujo a su asiento, del lado izquierdo de Brunilda (de lo contrario se hubiera enojado con él).

Por último, Viggo volvió al principio de la mesa y hablo con Nicol para que ella trajera la comida.

Nicol se fue de la habitación y cerró la puerta.

Por otro lado, Viggo se quedó admirando la imagen de las adorables valkirias sentadas en la mesa.

El ventanal por detrás con un jardín lleno de hermosas flores las hacia ver natural, como hadas del bosque.

Rosewisse con su cabello de plata y ojos azules se veía maravillosa mientras que Brunilda con su cabello gris y ojos azules se veía divina.

Una imagen demasiado hermosa para ignorarla, así que Viggo inmediatamente saco de su anillo un atril, lienzo, un taburete y se sentó a dibujar.

—¿Qué haces, Viggo?— preguntó Rosewisse con el ceño fruncido, ella se iba a levantar, pero Viggo levantó su mano izquierda para que se detuviera mientras seguía trazando líneas con el carboncillo en su mano derecha.

—Espera, quédate ahí por un momento, solo un poco y podrás venir a ver— dijo Viggo
Brunilda miró a Rosewisse y esta última soltó un suspiro y dijo —nos está pintando—
Brunilda se puso colorada y asintió un poco avergonzada.

Había visto pinturas en su tierra natal y en el palacio del Padre de Todo, pero en su mayoría eran reflejos de algo importante que marco el destino de los Nueve Reinos.

No algo tan frívolo como retratar unas mujeres en una comida.

—Puedes venir— dijo Viggo y ambas valkirias caminaron hasta donde estaba él y se pararon por detrás.

Solo vieron un lienzo con líneas negras del carboncillo, no parecían ellas, pero la expresión de los dos cuerpos parecía increíblemente realista como si estuvieran vivas.

—Viggo…— dijo Rosewisse
—Es solo el boceto— dijo Viggo —le falta un montón de trabajo, así que no preguntes—
—Bien— respondió Rosewisse —pero deja eso para otro momento, van a traer la comida y me sabe mal que estés haciendo esto—
—Bien, lo tengo claro, listo— dijo Viggo remarcando la línea de los hombros en el modelo de Rosewisse.

Sin embargo, el mismo dibujo le hizo darse cuenta de que ambas sillas para las valkirias tenían respaldo.

Viggo se dio la vuelta y le preguntó —¿Están cómodas en esas sillas?—
Rosewisse hizo una mueca incomoda y asintió —si las pudieras cambiar por unas sin respaldo sería genial, es incómodo para mis alas— respondió
Viggo miró a Brunilda a los ojos y ella asintió varias veces con una expresión tierna en su rostro.

Demasiado hermosa, pensó Viggo, sobre todo ese lunar en el mentón, a la altura de la comisura izquierda del labio.

Viggo asintió a la solicitud, se dio la vuelta y marcó el lunar en el modelo de Brunilda, no se le podía ir algo tan característico.

Viggo se levantó del taburete y con su anillo en la mano derecha guardó el lienzo, atril de madera, taburete y carboncillo.

Todo quedó tal como estaba al principio, pero sus manos habían quedado tiznadas por el carboncillo.

Viggo se dio la vuelta, miró a Rosewisse y Brunilda y les dijo —voy a pedir sillas sin respaldo para ustedes y lavarme las manos—
De esa manera, él salió y las valkirias se quedaron a solas.

Ambas se fueron a sentar a sus sillas e igual que antes, les pareció incomodo el respaldo, pero como era algo momentáneo, se sentaron en la punta del asiento y se quedaron en silencio.

—¿Qué te parece todo?— preguntó Rosewisse —es bonito ¿Cierto?—
—Sí, muy bonito— respondió Brunilda con una sonrisa —el jardín detrás del ventanal es bonito ¿Viggo conoce Vanaheim?—
—No, que yo sepa— dijo Rosewisse —nunca hemos viajado, pero es una promesa que queda por cumplir—
—Gracias— dijo Brunilda con una amplia sonrisa de felicidad
—¿Otra vez?— preguntó Rosewisse con una sonrisa burlona —esta ya es la quinta vez—
—Solo quería decirlo porque así lo sentí—
—Está bien, no te preocupes, somo amigas ¿verdad?

Ahora, cambiando de tema, por la tarde te llevaremos con la familia Bishamon para que los conozcas, son personas agradables.

Si quieres te puedes quedar a vivir con ellos, si no te quedas conmigo.

Ya viste como es mi habitación, es demasiado grande—
—¿No es un problema?

Tú sabes— dijo Brunilda con las mejillas rojas —¿tú y Viggo?—
—Oooooh— dijo Rosewisse con una gran sonrisa —eso, no te preocupes, yo ocupo mi habitación para dejar mis cosas y dormir.

Ese tipo de “cosas” las hacemos en la habitación de Viggo.

Si te soy sincera, no creo que podría vivir en la misma habitación que Viggo todos los días, mi cuerpo no lo aguantaría—
Brunilda se sonrojo furiosamente y Rosewisse soltó una carcajada al verla tan avergonzada.

Viggo volvió a los pocos minutos con Nicol, dos garzones que acomodaron sillas sin respaldo para las valkirias y un chef que traía la comida en un carrito metálico.

El menú fue de carne y papas cocidas, hoy no había necesidad de ser demasiado sofisticados.

Eran todos guerreros acostumbrados a acampar, luchar y prepararse sus comidas al aire libre, así que lo importante era el sabor de la carne.

Mientras comían, Rosewisse comentó —le dije que iríamos a la tarde a donde la familia Bishamon.

Brunilda se quiere quedar en la casa conmigo ¿No hay problema?—
—Claro que no hay problema— respondió Viggo —y con respecto a ir a ver a la familia Bishamon, será más tarde.

Me gustaría ir a ver a mi padre para que trabaje en la espada de Brunilda— miró a Brunilda y continuo —¿Ya te decidiste que arma quieres?—
—Yo, todavía no puedo utilizar armas— respondió Brunilda, con un cosquilleo feliz en su corazón y una sonrisa tímida
—No estará lista de inmediato, pero si la encargamos a mi padre de inmediato, estará lista para cuando tu brazo pueda comenzar a entrenar—
—Eso sería genial— respondió Brunilda con una sonrisa que no podía contener la felicidad.

Al igual que todas las personas, Brunilda necesitaba justificarse a sí misma su existencia.

Toda su vida fue combatir, así que una espada era como sus ojos, una parte fundamental de ella.

Por eso, saber que tenía su brazo de vuelta e iba a tener una buena espada la hacía feliz.

—Oye, oye, oye, nada de llorar— dijo Rosewisse al ver que grandes lagrimas se asomaban por los ojos de Brunilda.

Esta última no usaba ningún tipo de maquillaje, así que solo se formó una línea de humedad sobre su mejilla.

Rosewisse tomo una servilleta y con cuidado le limpio las lágrimas —tienes que estar feliz—
—Estoy feliz—
—En ese caso sonríe, es lo mejor— dijo Rosewisse con una sonrisa astuta —de lo contrario Viggo verá tu lado feo—
Brunilda agacho la mirada con las mejillas rojas, Rosewisse se rio y Viggo sonrió.

Este último tomo la botella de vino en el centro de la mesa y lleno las copas hasta la mitad.

Después de que Rosewisse dejo de reír y Brunilda se calmó, Viggo levantó su copa y ellas hicieron lo propio.

—Un brindis por las valkirias que hora vivirán en Orario, por la prosperidad y felicidad— dijo Viggo a gran voz
—Por nuestro prosperidad y felicidad— dijeron ambas valkirias, chocaron copas con Viggo y dieron un largo sorbo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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