Villano MMORPG: El Todopoderoso Emperador Diablo y Sus Siete Esposas Demoníacas - Capítulo 699
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Capítulo 699: Playa Vacía
Villano Cap. 699. Playa Vacía
«Debería haberlo previsto», pensó Allen mientras maniobraba por las calles abarrotadas. No pudo evitar sentir una punzada de decepción por no poder experimentar plenamente la potencia de su motocicleta en medio del ajetreo matutino.
Además, Allen no podía ignorar las miradas curiosas y de admiración de quienes lo rodeaban. Estaba claro que su motocicleta llamaba la atención, atrayendo las miradas tanto de hombres como de mujeres. ¿Y quién podría culparlos? Con su diseño elegante y su potente motor, era de todo menos ordinaria.
«Supongo que solo tengo que llevarla a mi lugar favorito», pensó. Sabía que había un lugar donde realmente podría desatar todo el potencial de su motocicleta; un lugar donde podría soltarse y conducir a su antojo.
Con una sonrisa decidida, Allen revolucionó el motor y trazó un rumbo hacia su lugar favorito. Estaba impaciente por sentir el viento en el pelo y la descarga de adrenalina mientras volaba por la carretera despejada, dejando atrás el caos de la ciudad.
Allen condujo su motocicleta por las calles que ya conocía, y cada giro lo acercaba más a su lugar favorito: la calle junto a la playa donde una vez había echado una carrera contra Elio. A medida que avanzaba, el ajetreo y el bullicio de la ciudad se desvanecían poco a poco, sustituidos por el relajante sonido de las olas al romper contra la orilla.
Al llegar a la playa, Allen aparcó su motocicleta y se tomó un momento para empaparse de la serenidad del entorno. La calle se extendía ante él, flanqueada por palmeras que se mecían suavemente con la brisa. El aire era salado y revitalizante, un cambio refrescante comparado con el esmog de la ciudad.
A lo lejos, el mar centelleaba bajo la luz del sol, y sus olas lamían la orilla de arena. La vista era impresionante, un recordatorio de la belleza y la tranquilidad de la naturaleza.
Con una sonrisa socarrona dibujada en los labios, Allen revolucionó el motor de su motocicleta, y el sonido reverberó por la calle vacía. Era una sensación familiar, una que disfrutaba cada vez que se encontraba en ese lugar apartado. La ausencia de tráfico y de peatones significaba que podía llevar su motocicleta al límite sin inhibiciones.
Sin dudarlo, aceleró por la calle. Allen sintió una descarga de adrenalina recorrerle las venas. El viento lo azotaba al pasar, alborotándole el pelo y provocándole un escalofrío en la espalda. Se inclinó en las curvas con una facilidad producto de la práctica, y su cuerpo se sincronizó instintivamente con los movimientos de la motocicleta. Era una danza de velocidad y precisión.
Con cada giro del acelerador, Allen sentía una oleada de euforia. La emoción del recorrido era embriagadora, un vertiginoso cóctel de peligro y libertad. Su corazón latía con fuerza en su pecho, acompasado con el ritmo del motor que rugía bajo él. En ese momento, se sintió verdaderamente vivo, con todos los sentidos agudizados y en sintonía con el pulso de la carretera.
Cuando se acercó al final de la calle, Allen soltó el acelerador poco a poco, permitiendo que su motocicleta se detuviera gradualmente. La descarga de adrenalina empezó a disiparse, dejando tras de sí una persistente sensación de satisfacción y plenitud. Echó un vistazo a su alrededor, contemplando la vacía extensión de la carretera que se desplegaba ante él.
Con una sonrisa de satisfacción, Allen se quitó el casco y se pasó una mano por el pelo, alborotado por el viento. Se sentía vivo, revitalizado por la emoción del recorrido.
Había algo diferente en ese momento, algo que lo hacía sentirse más vivo que nunca. Con un suspiro de plenitud, cerró los ojos y se permitió abandonarse a la sensación, deleitándose en el sentimiento de libertad que lo envolvía.
Tras un momento, Allen abrió los ojos y levantó la cámara, ansioso por capturar la belleza de su entorno. La calle junto a la playa era un tesoro de lugares interesantes, y no perdió tiempo en encuadrar cada escena con el objetivo. Desde las palmeras que se mecían hasta el suave murmullo de las olas contra la orilla, no le faltaban motivos que fotografiar.
Mientras se movía de un lado a otro, ajustando su posición para conseguir la foto perfecta, su vista se posó en una figura a lo lejos. Al principio, parecía un transeúnte más, pero cuando Allen entrecerró los ojos para ver mejor, se dio cuenta de que lo conocía.
El hombre caminaba desde la playa hacia donde estaba Allen, con expresión seria y unos movimientos que carecían de su energía habitual. Allen entrecerró los ojos, tratando de distinguir la figura que se le acercaba. No tardó en darse cuenta de quién era.
—¿Elio? —murmuró Allen para sí, y su ceño se frunció aún más. No se esperaba ver a su rival allí, y menos en esas circunstancias. Por la forma de caminar de Elio, no parecía que hubiera venido a charlar amigablemente.
Tras un rápido vistazo a la zona, Allen distinguió la inconfundible motocicleta deportiva roja de Elio, aparcada en las inmediaciones.
«¿Qué hace él aquí?», se preguntó Allen.
Allen vaciló, debatiéndose entre el impulso de marcharse y la curiosidad que lo corroía. Si salía pitando ahora, podría levantar sospechas, sobre todo con la cámara en la mano. Al fin y al cabo, no parecía que Elio hubiera venido a buscarlo.
Con un suspiro, Allen decidió no moverse por el momento. Quizá Elio tenía sus propias razones para estar allí, sin relación alguna con él. Además, huir del lugar solo podría empeorar la situación.
Cuando Elio se acercó, Allen se preparó para la interacción que les aguardaba, fuera cual fuera. Quizá ese encuentro podría incluso servir para cerrar heridas o resolver las cosas entre ellos.
Elio se giró y vio a Allen. Su expresión permaneció impasible, desprovista de todo atisbo de emoción. Allen lo observó con atención, buscando cualquier rastro de la animosidad que había definido sus encuentros pasados, pero no encontró ninguno. En lugar de eso, la reacción de Elio fue de indiferencia, como si la presencia de Allen apenas tuviera importancia para él.
Sin mediar palabra, Elio simplemente siguió su camino, con el semblante inalterado.
—Oye, ¿estás bien? —le preguntó Allen a Elio, con el ceño fruncido por la preocupación. A pesar de sus pasados enfrentamientos, ver a Elio en un estado tan decaído despertó un sentimiento de empatía en Allen. No pudo evitar preguntarse si Sophia lo habría dejado o algo por el estilo.
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