Villano Primordial con un Harén de Esclavas - Capítulo 1249
- Inicio
- Villano Primordial con un Harén de Esclavas
- Capítulo 1249 - Capítulo 1249: Recuperación del alma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 1249: Recuperación del alma
—¡¿Disculpa?! Mis pechos tienen la forma y el tamaño perfectos para amamantar bebés, ¡muchas gracias! Tenerlos demasiado grandes no solo me destrozaría la espalda, sino que también asfixiaría al niño, ¡hum! ¡La abundancia de recursos da lugar a una descendencia gorda y perezosa! ¡¡¡Hum!!!
A Lucille, profunda e instantáneamente enfurecida por el inoportuno comentario de la elfa, la ignoraron.
—Pero la zanuda, por otro lado, tiene toda la razón. Le encantaría despertar y ver esto… —Seraphiel les hizo un gesto a todas con una sonrisa pícara antes de añadir—: Y como dudo que ninguna de nosotras duerma esta noche, ¿qué tal si tenemos una noche de chicas? Ha pasado un tiempo desde que hablamos como es debido, sin usar el [Enlace del Maestro].
Jasmine asintió. —Claro, ¿por qué no? Podría incluso ayudarle. Oír nuestras voces, me refiero.
—Es verdad —dijo Serika en voz baja—. Si alguien puede encontrar el camino de regreso de un agotamiento total y paralizante, ese es Quinlan. Ayudémosle a lograrlo.
El grupo se relajó un poco y se acercaron más mientras el fuego crepitaba en silencio. Sus voces se fueron alzando una a una, suaves y familiares, llenando la estancia de calidez.
Y en la cama, entre ellas, el hombre que amaban permanecía inmóvil, pero sus labios se contrajeron levemente, como si el sonido de sus voces le alcanzara desde un lugar muy lejano.
…
El mundo a su alrededor estaba quieto, demasiado quieto.
Ni un sonido. Ni un aliento. Solo tenues ondas de luz flotando a la deriva por una vasta extensión.
Quinlan parpadeó y miró a su alrededor. Su entorno se extendía hasta el infinito, pero era una visión familiar.
Era el reino de su alma, aunque algo en él parecía más silencioso de lo habitual, como si el mismísimo aire contuviera el aliento.
Se miró las manos. Brillaban con un azul translúcido, similar a como lucían sus almas cuando las invocaba mediante la Necromancia.
—Je. —Se le escapó una risita—. ¿Quién iba a decir que tendría esta pinta de soldado de almas?
Justo entonces, un leve pulso captó su atención.
No muy lejos de él, descansando bajo la sombra de un pequeño árbol cristalino, yacía Mimi. La piel de la pequeña dríade era de un azul pálido, su cuerpo estaba acurrucado y su diminuto pecho subía y bajaba con un ritmo superficial.
Sus raíces envolvían protectoramente a la pequeña, que estaba en coma desde que sufrió el contragolpe recibido tras desterrar a la Diosa invasora y contener la rebelde semilla de corrupción.
Quinlan se acercó y se agachó a su lado.
Incluso dormida, tenía el ceño fruncido, como si aún luchara contra los restos de corrupción que quedaban.
Él suspiró, pues no le gustaba nada ver a la frágil niña en ese estado. —Parece que ambos nos excedimos, ¿eh?
La dríade no se inmutó, pero su árbol emitió un pequeño pulso de luz, como asintiendo a sus palabras.
Sonrió y se sentó a su lado, cruzando las piernas en la familiar postura de cultivación que Rykar le había grabado a fuego allá en Zhenwu.
Extendió las manos y alzó con delicadeza a Mimi hasta sus palmas. Su diminuta forma apenas pesaba, pero el calor que desprendía era reconfortante. A medida que se concentraba, su energía comenzó a fluir.
Hilos de luz azul surgieron de su núcleo y se entrelazaron con las brillantes raíces del árbol de Mimi.
La conexión se formó casi al instante.
El retoño respondió, liberando lentas ondas de una luz reconfortante que los envolvió a ambos, filtrándose en sus cuerpos. Y, aunque muy despacio, comenzó a reparar las fisuras que el contragolpe había dejado atrás.
Quinlan exhaló por la nariz. —Realmente eres mi guardiana… En cuanto lo he intentado, se ha establecido una conexión instantánea entre nosotros —murmuró.
—Y, sin embargo, cuando intenté ayudarte en mi forma habitual, no respondiste. Me pregunto por qué… ¿Quizás porque ahora mismo ambos estamos igual de vulnerables?
La energía a su alrededor se volvió más densa y estable. Su alma oscilaba entre tonos azules y blancos, pulsando al compás del débil latido de Mimi.
La miró, observando cómo un poco de color regresaba a sus diminutas mejillas. Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa pícara. —Mimi y Rosie… sois demasiado buenas para mí. —Soltó una risita—. Vaya mujercitas tan increíbles que sois.
El reino del alma permaneció en silencio, pero ya no estaba vacío. El murmullo de la vida regresó, transportado por el ritmo constante de la energía que compartían mientras las dos almas sanaban lentamente, una al lado de la otra.
…
—Claro, me apunto a la charla de chicas —murmuró Lucille mientras acariciaba con cariño el rostro de Quinlan—. ¿Qué tal si cierta elfa maleducada se disculpa con esta madre profundamente herida?
—… —Seraphiel no parecía tener muchas intenciones de disculparse, aunque, como la mujer magnánima que era, sí que añadió:
—Tus pechos no son de mal tamaño, y su forma es muy bonita, la verdad, es solo que… Si esto fuera la historia de una novela, entonces la única Milf del harén del héroe tendría unas tetas tres veces más grandes que su cabeza.
—¿Estás diciendo que las mamis de Quin, Miri y Lumi, son las heroínas Milf ideales? —rio Jasmine por lo bajo.
—Cambiemos de tema y dejemos las tetas gigantes, ¿queréis? A Quin no le van las ubres de vaca; aprecia todos los tamaños por igual. Fijaos en la primera chica con la que intentó ligar al llegar a nuestro mundo… —refunfuñó Lucille mientras le lanzaba una mirada al modesto pecho de Ayame, no muy contenta con su amiga elfa—. Y tú y yo ya hablaremos a solas.
—Oye, si queremos despertar a Quin cuanto antes, entonces quizá deberíamos seguir con el tema de los pechos, ¿no? —musitó Kitsara con picardía.
Ignoraron a la Zorra Lujuriosa. Un poco enfurruñada, decidió cambiar de tema. —Así que ya somos nueve mujeres hechas y derechas. Ya no queda ninguna doncella, ¿hmm? ¿Qué tal fue? Contadnos~
Jasmine se puso roja como un tomate al instante, al darse cuenta de que se había convertido en el nuevo tema de conversación.
Pero, sorprendentemente, como si ya no desprendiera ese aire de virgen ansiosa, consiguió sosegar muy rápido su acelerado corazón. Se llevó las manos al pecho, luciendo la más tierna de las sonrisas y una mirada anhelante.
—Fue… maravilloso —suspiró, y la palabra brotó de sus delicados labios, cargada de emoción.
Se inclinó y acarició con cariño los muslos de Quinlan. —Este toro me hizo trabajar de lo lindo, pero no tengo ninguna queja. Fue todo lo que siempre soñé, y mucho más.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com