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Villano Primordial con un Harén de Esclavas - Capítulo 1283

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Capítulo 1283: Banda del Colmillo Negro

—Has vuelto.

La voz sonó con un tono indiferente y sin expresión.

Tanto Quinlan como Ayame la reconocieron al instante.

Colmillo Negro.

—Sí —respondió Orianna, con la misma naturalidad.

Se encontraba frente a la mujer, completamente rejuvenecida de su estado mortal. O bueno, al menos en apariencia. Quinlan no sabía si de verdad había vuelto con todas sus fuerzas, o si necesitaba más tiempo para recuperar todo lo que era antes, pero ya sabía que esa habilidad suya era una auténtica pasada.

La mujer de pelo rosa y tatuajes florales fue la siguiente en hablar. —Pediría que me pusieran al día, pero mi nueva amiga ya lo ha hecho por mí.

Lo dijo con una gran dosis de orgullo.

Raika, que había estado apoyada en la pared, se tensó.

Todavía estaba cubierta de moratones y cortes de la noche de asaltos y matanzas, pues ella también había participado.

Eran el tipo de heridas que coloreaban cada línea de su cuerpo tonificado y lleno de cicatrices. Sus músculos atrapaban la luz del edificio cercano cada vez que se movía. Por una vez, no la habían dejado inconsciente… aunque, a juzgar por su aspecto, se había quedado a un solo puñetazo de ello.

—¿Una… amiga? —repitió Raika con tanta incredulidad en el rostro que cualquiera habría pensado que le acababan de decir que el cielo era rosa.

Vex apareció en escena con ese familiar aire juguetón que la rodeaba. —¿Tú —miró a Orianna—, una amiga?

Su asombro era evidente para todos.

Quinlan no pudo evitar preguntarse si ambas estaban sobreactuando por puro teatro.

Solo un poco.

Y así, sin más, toda la banda de Colmillo Negro estaba reunida otra vez. La maestra se encontraba en el centro y sus tres discípulas se congregaron a su alrededor, ya visiblemente emocionadas. Al menos, las dos más jóvenes. Colmillo Negro y Orianna mantuvieron sus rostros inescrutables.

Hasta que Orianna lanzó una mirada al grupo, con una expresión de muy pocos amigos.

—Estáis muy sorprendidas por algo tan simple. No me gusta.

Raika adoptó de inmediato una postura de combate, afianzando los pies y levantando los brazos en una guardia marcial. Era el tipo de postura que sugería que esperaba que una paliza brutal le llegara en el siguiente latido.

Esto decía mucho de la percepción que Raika tenía del temperamento de Orianna.

Vex no estaba ni de lejos tan alarmada. Resopló, se plantó las manos en las caderas y preguntó: —¿Puedes culparnos? Tienes casi cuatrocientos años y, la última vez que lo comprobé, no tenías más amigas que Raika y yo.

Orianna puso los ojos en blanco. —No sois mis amigas, sois mis colegas. No me relaciono con locas por voluntad propia.

—Gracias, hermanita mayor. Yo también te quiero~ —ronroneó Vex con una vena que le latía visiblemente en la frente.

La calidez se abrió paso en la reunión, incluso a través de la sequedad, las puyas, los moratones y los rostros estoicos. Se sentía como si las cuatro simplemente hubieran vuelto a encajar en su sitio, como si nada las hubiera separado jamás.

—¿Qué amiga? —preguntó Colmillo Negro.

A Quinlan le pareció extraordinario hasta un gesto tan simple de la mujer. Nunca hacía preguntas personales como esa, lo que demostraba que la relación entre ella y Orianna parecía profunda.

Tanto a Ayame como a él les pareció más que razonable, sin embargo, ya que Vex tenía unos doscientos años, Raika ciento cincuenta, pero Orianna rozaba los cuatrocientos, y Colmillo Negro apenas los superaba, lo que hacía que las dos tuvieran casi la misma edad.

Podían suponer que las dos se conocían desde hacía mucho tiempo, como evidenciaba el hecho de que Colmillo Negro no parecía tratar a la mujer de pelo rosa como a una discípula.

Quizá Orianna se había graduado hacía mucho tiempo y ahora era una igual, o casi.

Tenía sentido, al fin y al cabo; en la época en la que Quinlan participaba más activamente en la política del Consorcio Vesper, oyó que Orianna era uno de los miembros más fuertes de rango Caminante del Velo, y que si una de las siete cabezas moría o se retiraba, existía la posibilidad de que la ascendieran en su lugar.

No le sorprendería saber que estaba por encima del nivel 70, si no disfrutando ya del cálido abrazo de la Restricción Celestial.

El rostro de Orianna experimentó un cambio notable en cuanto procesó la pregunta. Su expresión neutra se relajó y una chispa de emoción se le escapó antes de que pudiera siquiera intentar detenerla. De hecho, no lo intentó ni por asomo.

En lugar de eso, abrió los brazos en un gesto dramático y una sonrisa arrogante se le dibujó en los labios.

—¡El ser más hermoso jamás creado! ¡La personificación de la naturaleza misma! ¡Su pequeña y legítima emperatriz! —La voz se le fue caldeando a medida que continuaba—. ¡Una hija del bosque única en su especie, nacida de la gracia y…

—Mi Maridito se corrió en un árbol una vez.

Orianna se detuvo en seco en medio de su discurso.

—¿Qué?

—Bendijo un árbol con su semilla —explicó Vex sin pudor alguno.

Las otras tres mujeres se le quedaron mirando como si por fin hubiera perdido la cabeza.

—Vale… ¿felicidades…? —se aventuró a decir Orianna, claramente confundida—. Vex, ya sabía que eras una lunática desquiciada, pero parece que has degenerado a gran velocidad durante mi ausencia.

Una segunda vena latió en la frente de la hermosa yandere. —No lo pillas. —Vex suspiró, bajando el tono como si estuviera explicando una profunda tragedia—. Ese árbol era muy peculiar… El más raro de su especie, una entidad viviente, un…

Los ojos de Orianna se abrieron de par en par.

—No… no puede ser.

—Pues sí. —Vex hinchó el pecho, llena de un orgullo radiante—. ¡La Semilla Bendita de mi Maridito primordial se encontró con la corteza de un Árbol Geim, y así nació nuestra hija!

Lo dijo como si estuviera anunciando el surgimiento de un nuevo imperio.

Al oír aquello, con una samurái a su espalda que intentaba en vano acallar su divertida risa, Quinlan por fin dio un paso al frente. Alargó la mano y la posó sobre el espeso cabello de la belleza peliblanca, dándole una firme palmadita a modo de regañina.

—¡Ah! —Vex soltó un chillido agudo y sobresaltado. O al menos eso fingió. Porque al instante siguiente, su cabeza se giró bruscamente en dirección a él y, con unos relucientes ojos rojos que resultaban demasiado hipnóticos, musitó—: Me preguntaba cuánto tiempo te quedarías ahí. ¿Sabes que es de mala educación espiar a cuatro damas~? ¿Acaso no eres un autoproclamado «caballero certificado»~?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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