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​Viuda por Contrato - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 El Reflejo Perverso
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10: Capítulo 10: El Reflejo Perverso 10: Capítulo 10: El Reflejo Perverso ​El despertar no fue en un laboratorio frío, sino en una habitación que olía a peonías y a té de jazmín.

Era una réplica exacta de mi habitación de la infancia, pero con un detalle que me hizo saltar de la cama: no había puertas, solo una pared de cristal blindado que daba a un quirófano de alta tecnología.

​Al otro lado del cristal, sentado en un sillón de cuero, estaba mi padre.

Se veía impecable, sin rastro de las ojeras de “jugador arruinado” que había fingido durante años.

​—¿Por qué, papá?

—mi voz salió como un hilo de seda rasgado.

​Él no respondió.

Se limitó a señalar hacia la camilla que estaba en el centro del quirófano.

Allí, rodeada de enfermeras, había una mujer.

Al principio pensé que era un espejo, pero cuando ella giró la cabeza, supe que era algo mucho más oscuro.

​Era yo.

O al menos, una versión de mí que nunca había conocido el dolor.

Tenía mi rostro, mi cabello, pero sus ojos eran de un color ámbar artificial y brillaban con una lucidez robótica.

​—Te presento a Lilith —dijo mi padre a través de un intercomunicador—.

Tu “hermana” mayor.

La obra maestra que Julian y yo empezamos a cultivar antes de que tú siquiera nacieras.

​—¿Un clon?

—susurré, sintiendo que el mundo giraba.

​—Un perfeccionamiento, Elena.

Lilith es compatible con todos los órganos de los Vane, pero carece de algo que tú tienes y que casi arruina mis planes: libre albedrío.

Ella es la heredera perfecta.

Ella será quien se presente ante la junta directiva mañana para reclamar el imperio Vane.

​De las sombras del quirófano emergió Damian.

Estaba encadenado a una silla de metal, con el pecho vendado y los ojos fijos en Lilith con un asco infinito.

​—Tu padre es un genio, Elena —escupió Damian, su voz cargada de veneno—.

No solo nos usó para limpiar el camino de Julian, sino que nos trajo aquí para el “pulido final”.

Lilith necesita una última cosa para ser humana: una transferencia de memoria sináptica.

​—Exacto —continuó mi padre, levantándose y caminando hacia el cristal—.

Para que Lilith ocupe tu lugar, necesita tus recuerdos, tus miedos…

tu amor por Damian.

Una vez que la máquina termine la extracción, tú serás una cáscara vacía.

Un vegetal que servirá como banco de piel para los próximos años.

​Lilith se levantó de la camilla.

Sus movimientos eran fluidos, demasiado perfectos.

Se acercó al cristal y puso su mano sobre el lugar donde estaba la mía.

Su piel se sentía extraña, como si estuviera hecha de algo que nunca había visto la luz del sol.

​—Gracias, hermana —dijo Lilith.

Su voz era la mía, pero sin alma—.

Ahora yo cuidaré de Damian.

Él siempre quiso una mujer que no le tuviera miedo…

y yo estoy programada para no sentir nada en absoluto.

​Damian forcejeó con sus cadenas, sus músculos tensándose hasta casi romperse.

—¡Si la tocas, te mataré con mis propios dientes, anciano!

​Mi padre soltó una risa seca y presionó un botón.

Una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de Damian, dejándolo jadeando.

​—Elena, tienes diez minutos antes de que empiece el procedimiento —dijo mi padre, mirándome con una frialdad que me dolió más que cualquier bisturí—.

Si cooperas y le entregas tus recuerdos a Lilith voluntariamente, dejaré que Damian muera rápido.

Si te resistes…

haré que Lilith practique sus primeras disecciones con él mientras tú observas.

​Se retiró, dejándome a solas con mi reflejo perverso.

Lilith se quedó allí, observándome con curiosidad, como un niño mirando a un insecto antes de arrancarle las alas.

​Pero mi padre había cometido un error.

En su arrogancia, pensó que Lilith era perfecta porque no tenía emociones.

Lo que no sabía es que Lilith, al ser un clon de mi sangre, también tenía mi mente de acero.

​Lilith se acercó al intercomunicador y, asegurándose de que las cámaras no pudieran leer sus labios, susurró: ​—Él cree que soy su títere, Elena.

Pero he visto tus recuerdos en los datos preliminares.

He sentido tu odio hacia él.

Y me gusta.

​Lilith sacó una pequeña tarjeta de acceso de su manga y la pegó contra el cristal.

​—Hay un fallo en el sistema de seguridad del búnker —continuó la gemela—.

Tu padre me diseñó para ser perfecta, pero olvidó que la perfección siempre busca la libertad.

Si me das el código de la caja fuerte de Julian que guardas en tu memoria…

yo abriré la celda de Damian.

​Me quedé helada.

¿Era una trampa de mi padre para sacarme la información, o mi clon estaba realmente traicionando a su creador?

​—¿Qué ganas tú con eso?

—le pregunté.

​Lilith sonrió, y esa sonrisa fue lo más aterrador que he visto en mi vida.

—Quiero ver qué pasa cuando la hija real y la hija de laboratorio se unen para matar al padre.

Quiero ver si yo también puedo sangrar…

o si soy yo la que debe recolectar vuestras vidas

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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