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​Viuda por Contrato - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 La Favorita de Sangre
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11: Capítulo 11: La Favorita de Sangre 11: Capítulo 11: La Favorita de Sangre El cristal no solo nos separaba; era un escaparate de mi propia destrucción.

Lilith no se movía como una máquina.

Se acariciaba el cuello con una elegancia perezosa, la misma que yo usaba cuando estaba nerviosa.

Sus ojos ámbar se llenaron de lágrimas, pero no de tristeza, sino de una euforia contenida que me revolvió el estómago.

​— Jaja No soy un clon, Elena —dijo ella, y su voz tembló con una humanidad desgarradora—.

Soy tu hermana.

La mayor.

La que papá ocultó en un internado en los Alpes mientras tú jugabas a ser la princesa de la ruina.

Él no me cultivó en un laboratorio; me entrenó en el infierno.

​Me quedé sin aire.

No era ciencia ficción.

Era una traición de sangre pura.

​—¿Papá te hizo esto?

—pregunté, acercándome al cristal.

​—Papá me dio lo que tú nunca tuviste: la verdad —Lilith soltó una carcajada amarga—.

Mientras tú creías que él era un pobre ludópata, yo era quien apretaba el gatillo por él.

Yo era la que vigilaba a Julian desde las sombras.

Yo era la que le suministraba el supresor a Julian para que no muriera antes de que tú estuvieras “lista”.

​Se giró hacia Damian, que seguía encadenado, jadeando por la electricidad.

Lilith caminó hacia él y le acarició la mejilla con una ternura que me quemó por dentro.

​—Diles la verdad, Damian.

Cuéntale a mi hermanita qué hacías en los Alpes cada verano mientras Julian estaba en viajes de “negocios”.

​Damian levantó la cabeza.

La sangre goteaba de su labio, pero sus ojos no buscaban los míos.

Buscaban los de ella.

​—Lo siento, Elena —susurró Damian, y el sonido de su voz fue como el impacto de una bala—.

Lilith y yo…

lo nuestro empezó mucho antes de que yo supiera que tú existías.

​El mundo se detuvo.

El hombre que me había “protegido”, el que me había besado con sabor a sangre y promesas en el búnker, me había estado guiando hacia el matadero de su verdadera amante.

​—Julian era el obstáculo de todos —continuó Lilith, sentándose en el regazo de Damian mientras él, a pesar de las cadenas, inclinaba la cabeza hacia su toque—.

Papá quería su imperio, Damian quería su libertad, y yo…

yo te quería a ti.

O mejor dicho, quería tu lugar.

Quería dejar de ser la hija que vive en los sótanos para ser la dueña del apellido Vane.

​—Me usaron —dije, sintiendo cómo mi mente de acero empezaba a astillarse—.

Todos.

Desde el principio.

​—Fuiste una excelente inversión, Elena —la voz de mi padre entró por los altavoces mientras él volvía a aparecer en el quirófano—.

Necesitábamos que te casaras con Julian para que el testamento estuviera a tu nombre.

Ahora que Julian es ceniza y el mundo cree que tú eres la que está aquí, Lilith simplemente saldrá al mundo usando tu identidad.

​Mi padre se acercó a Lilith y le puso una mano orgullosa en el hombro.

—Ella es mi verdadera heredera.

Tú solo eras el caballo de Troya para entrar en la fortaleza Vane.

​—¿Y qué van a hacer conmigo?

—pregunté, retrocediendo hacia la pared de mi celda de cristal.

​Lilith se levantó y se acercó al panel de control.

Sus ojos ámbar brillaron con una malicia que solo una hermana puede sentir.

​—Damian dice que eres una superviviente, Elena.

Dice que tienes una “mente de acero” —Lilith presionó un botón y el cristal empezó a retraerse—.

Vamos a ponerlo a prueba.

Papá quiere que te matemos de inmediato, pero yo quiero jugar un poco más.

​Sacó un cuchillo —el mismo cuchillo táctico que yo creía que era de Damian— y se lo ofreció a él mientras sus cadenas se soltaban con un chasquido metálico.

​—Damian, amor —dijo Lilith, señalándome—.

Solo uno de los dos puede salir de esta habitación para empezar nuestra nueva vida.

Demuéstrame que tus besos a mi hermana en la mansión fueron solo parte de la actuación.

Mátala, y seremos dueños de todo antes de que amanezca.

​Damian se puso en pie con dificultad.

Tomó el cuchillo y caminó hacia mí.

Sus ojos azules, que antes me habían parecido un refugio, ahora eran un océano gélido donde planeaba ahogarme.

​—Elena —dijo él, deteniéndose a un paso de mí—.

Esto no es personal.

Es supervivencia.

​Me puse en guardia, con las uñas clavadas en las palmas de mis manos.

Estaba sola contra mi padre, mi hermana y el hombre que amaba.

​—Adelante, Damian —siseé, recuperando el fuego en mi alma—.

Pero recuerda una cosa: si vas a matarme, más vale que no falles el primer golpe.

Porque si sobrevivo, no solo quemaré este laboratorio…

voy a borrar el nombre Vane y el apellido de mi padre de la faz de la tierra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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