Viuda por Contrato - Capítulo 15
- Inicio
- Todas las novelas
- Viuda por Contrato
- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 El Suero de la Medusa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Capítulo 15: El Suero de la Medusa 15: Capítulo 15: El Suero de la Medusa El impacto no fue el final, fue un bautismo de fuego.
El jet se partió en dos al besar el agua, un rugido de metal retorcido y espuma salada.
La cabina se inundó en segundos.
Entre la oscuridad y el rugido del mar, sentí la mano de Damian soltarse de la mía.
—¡Elena!
—fue lo último que escuché antes de que el océano se tragara su voz.
Luché contra la presión, mis pulmones gritando por aire.
El maletín de titanio de la Doctora flotaba cerca de mí, atado a mi muñeca por la correa de seguridad.
Logré salir por la brecha del fuselaje, emergiendo a una superficie cubierta de combustible en llamas.
No había rastro de Damian.
Solo restos carbonizados flotando en la inmensidad negra.
—¿Damian?
—mi grito se perdió en el viento.
Nadé hacia un trozo de ala que servía de balsa improvisada.
Con dedos entumecidos por el choque térmico, abrí el maletín.
No buscaba pasaportes.
Buscaba respuestas.
En el fondo, tras un panel falso que solo se activó con el contacto de mi sangre en el sensor, apareció una única ampolla de color púrpura neón.
Tenía una etiqueta escrita a mano por mi padre: “Protocolo Medusa – Solo para la Original”.
Un mensaje de audio se activó automáticamente: —Elena, si estás escuchando esto, es porque Lilith ha intentado matarte.
Ella tiene tu cara, pero no tiene tu núcleo.
Este suero sobrecarga el sistema nervioso.
Te dará una velocidad y percepción que ningún humano posee, pero el precio es tu humanidad.
Una vez que entre en tu sistema, solo tendrás seis horas antes de que tus órganos fallen.
Úsalo…
y conviértete en el monstruo que ellos temen.
Miré hacia el horizonte.
A lo lejos, las luces de la Isla de los Lamentos parpadeaban como ojos de un demonio.
Sabía que Damian estaba vivo, capturado por Lilith o luchando en las profundidades.
No podía esperar.
Tomé la jeringa y la clavé en mi muslo.
El dolor fue indescriptible.
Sentí como si lava fundida corriera por mis venas.
Mi visión se fragmentó; ahora podía ver cada gota de lluvia en el aire, cada movimiento de los peces bajo el agua, el latido de mi propio corazón resonando como un tambor de guerra.
Mis sentidos se expandieron.
Ya no era Elena, la víctima.
Era el arma final.
La Infiltración Llegué a la costa de la isla nadando con una velocidad sobrenatural.
Mis músculos no se cansaban.
Al tocar tierra, los guardias de Lilith —hombres con armaduras tácticas y tecnología Vane— ni siquiera me vieron venir.
Me movía como una sombra eléctrica.
Entré en el complejo principal, una antigua estructura gótica reforzada con acero.
En el gran salón, bajo una cúpula de cristal, Lilith estaba sentada en un trono de hierro.
A su lado, Damian estaba arrodillado, encadenado por el cuello, con una mordaza de metal que le impedía hablar.
—¿No es hermoso, Damian?
—decía Lilith, acariciando el cabello de mi hombre con una uña afilada—.
El mundo cree que Elena murió en el avión.
Ahora tú y yo gobernaremos.
Y si no cooperas para darme el acceso al satélite de la familia, empezaré a cortarte trozo a trozo.
—Suéltalo, Lilith —mi voz retumbó en la sala, amplificada por el suero.
Lilith se puso en pie, sorprendida.
Sus guardias levantaron sus armas, pero antes de que pudieran apretar el gatillo, yo ya estaba entre ellos.
Fue una danza de muerte.
Mis manos se movían más rápido de lo que el ojo humano podía seguir.
En diez segundos, seis hombres yacían en el suelo.
No usé armas; solo la fuerza bruta que el Protocolo Medusa me otorgaba.
Me detuve frente a ella.
Mis ojos, antes castaños, ahora brillaban con un tinte violeta sobrenatural.
—Mírate…
—susurró Lilith, con una mezcla de envidia y terror—.
Papá te dio el Medusa.
El suero que él decía que yo no podría soportar porque mi cuerpo de laboratorio estallaría.
—Él sabía que tú eras solo un ensayo, Lilith.
Yo soy la ejecución —dije, sintiendo cómo mi temperatura corporal subía peligrosamente.
El tiempo se me acababa.
Lilith sacó un control remoto.
—Si das un paso más, la cadena de Damian le romperá el cuello.
Miré a Damian.
Sus ojos me gritaban que no me detuviera.
Él sabía que yo ya no era la mujer que él conocía.
Sabía que yo estaba muriendo para salvarlo.
—Adelante —desafié a mi hermana—.
Inténtalo.
Lilith presionó el botón.
La cadena se tensó con un estruendo metálico.
Pero yo ya no estaba allí.
En una fracción de segundo, crucé el salón, sujeté la cadena con mis manos desnudas y la arranqué de la pared de hormigón, liberando a Damian antes de que el mecanismo pudiera asfixiarlo.
El esfuerzo me hizo escupir sangre.
El suero estaba empezando a quemarme por dentro.
—Elena…
—Damian se quitó la mordaza, horrorizado al ver las venas violetas marcándose en mi rostro.
—No hay tiempo, Damian —le dije, tomándolo de la camisa y levantándolo—.
Saca los archivos del satélite.
Ahora.
Pero Lilith no se rindió.
Se inyectó algo en el cuello, una sustancia roja y turbia.
—Si tú vas a ser un monstruo, yo seré un demonio, hermanita.
Su cuerpo empezó a mutar, sus músculos creciendo de forma grotesca, sus ojos tornándose negros.
La batalla final no era solo entre dos hermanas, era entre dos experimentos fallidos de un padre que quería ser Dios.
—Damian —susurré, mientras Lilith se lanzaba hacia mí con un rugido—, si no sobrevivo a esto…
asegúrate de que mi padre no tenga donde esconderse.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com