Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

​Viuda por Contrato - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ​Viuda por Contrato
  4. Capítulo 32 - Capítulo 32: Capítulo 32: El Beso de Judas en el Puerto
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 32: Capítulo 32: El Beso de Judas en el Puerto

El segundero de la bomba en el maletero emitía un pitido que se clavaba en mis sienes. 00:45. El puerto de Génova estaba sumido en una niebla espesa, y frente a nosotros, Bianca Rossi sonreía con la arrogancia de quien se cree dueña del destino. Leo, el hermano de Damian, estaba de rodillas a sus pies, con un arma apuntando a su nuca.

​—¿Dónde está mi dinero, Damian? —preguntó Bianca, su voz cortando el aire como un cuchillo.

​Damian me miró. Sus ojos no pedían perdón; pedían permiso. En un movimiento que me dejó sin aliento, me agarró por la cintura y me pegó a su cuerpo. Me besó con una desesperación salvaje, una mezcla de despedida y promesa, mientras su mano derecha buscaba algo en la parte trasera de mi cinturón.

​—Confía en mí, Elena —susurró contra mis labios—. Pase lo que pase, corre hacia el agua.

​—¿De qué hablas? —pregunté, pero él ya se había separado.

​Damian caminó hacia Bianca, con las manos en alto.

—El dinero está en el coche. Pero hay un problema… el viejo Vane ha puesto un seguro. Necesito que Leo se mueva cinco metros hacia la izquierda o la señal no desbloqueará el maletero.

​Bianca, cegada por la codicia, asintió. En cuanto Leo se alejó un par de pasos, Damian gritó:

—¡AHORA!

​El Salto al Vacío

​No hubo explosión. Al menos, no la que esperábamos. Damian no había activado la bomba; había activado un inhibidor de frecuencias que el viejo Vane ocultaba en el dispositivo. De repente, todas las armas electrónicas y las luces del puerto se apagaron. La oscuridad fue total durante tres segundos.

​Aproveché el caos. Saqué la daga de cerámica que Damian había deslizado en mi espalda durante el beso y me lancé sobre el guardia que sostenía a Leo. Sentí el calor de la sangre en mis manos, pero no me detuve.

​—¡Elena, al barco! —rugió Damian.

​Corrimos por el muelle bajo una lluvia de balas. Bianca gritaba órdenes desde la penumbra. Logramos saltar a una lancha rápida justo cuando el maletero del coche finalmente estalló, pero no con fuego, sino con una nube de gas lacrimógeno y fósforo blanco que cegó a todos los Rossi.

​Navegamos a toda velocidad, dejando atrás el puerto en llamas. Leo estaba herido, pero vivo. Damian pilotaba con la mandíbula apretada, su camisa manchada de sangre.

​—¿A dónde vamos? —pregunté, limpiándome la cara con agua salada.

​—A donde nadie nos busque —respondió él, mirándome con una intensidad que me hizo temblar—. A la única propiedad que tu padre no conoce. La Isla de las Sombras.

​La Entrega Total

​Llegamos a la isla al amanecer. Era un peñón privado en medio del Tirreno, con una mansión de piedra negra que parecía sacada de una pesadilla elegante. Damian dejó a Leo al cuidado de un médico de confianza en la planta baja y me llevó a la habitación principal.

​La adrenalina de la pelea se transformó en una tensión sexual insoportable. Damian cerró la puerta y me acorraló contra la madera, arrancándome el vestido desgarrado sin ceremonias.

​—Casi te pierdo —gruñó él, hundiendo su rostro en mi cuello—. Casi dejo que ese viejo te convierta en cenizas.

​—Pero no lo hiciste —respondí, rodeando su cuello con mis piernas y apretándolo contra mí—. Me salvaste de nuevo, bastardo.

​Fue un acto de amor posesivo y redención. Nos amamos con una furia que hizo temblar las paredes de la mansión. No había secretos entre nosotros, solo el ritmo frenético de nuestros cuerpos y la certeza de que éramos lo único real en un mundo de traición. Damian me poseía como si quisiera grabar su nombre en mi alma, y yo me entregaba a él con la pasión de quien ha vuelto de entre los muertos.

​El Giro Final

​Horas más tarde, mientras Damian dormía, me levanté para buscar algo de beber. Encontré su chaqueta tirada en el suelo y, al levantarla, un pequeño dispositivo se cayó de su bolsillo interior.

​Era un grabador. Lo encendí, esperando encontrar coordenadas o planes de guerra. Pero lo que escuché fue la voz de mi madre, Victoria, hablando con Damian hace apenas una semana:

​”Damian, el plan sigue en pie. Deja que Elena crea que la estás salvando. Necesitamos que ella mate a su padre voluntariamente para que nosotros podamos heredar el imperio sin que las manos de la ley nos toquen. Haz que se enamore de ti hasta que no pueda ver la verdad. Una vez que el viejo muera, tú y yo nos encargaremos de ella.”

​Me quedé helada. El beso en el puerto, el rescate de Leo, la pasión en esta cama… ¿todo era parte de un guion escrito por mi propia madre y el hombre que ahora dormía en mi cama?

​Miré a Damian. Se veía tan pacífico, tan honesto en sus sueños. Pero ahora sabía que el mayor enemigo no era mi padre, ni los Rossi. Era el hombre que tenía mi corazón entre sus manos.

​Tomé el arma de la mesilla de noche y la apunté a su cabeza.

​—Despierta, amor —susurré, con las lágrimas ardiendo en mis ojos—. Es hora de que me cuentes otra mentira.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo