Viuda por Contrato - Capítulo 33
- Inicio
- Todas las novelas
- Viuda por Contrato
- Capítulo 33 - Capítulo 33: Capítulo 33: ¿Cuánto?
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 33: Capítulo 33: ¿Cuánto?
El cañón de la pistola estaba frío contra su sien, pero lo que más quemaba era el silencio de la habitación. Damian abrió los ojos lentamente. No se inmutó. No intentó quitarme el arma. Se quedó ahí, mirándome con una calma que me dio ganas de apretar el gatillo solo para borrar esa seguridad de su rostro.
—¿Cuánto, Damian? —pregunté, mi voz quebrándose como cristal—. ¿Cuánto te pagó mi madre por cada beso? ¿Cuánto vale mi vida en el mercado de tu lealtad?
Damian se incorporó con lentitud, dejando que el cañón resbalara por su frente hasta su mejilla. Se sentó en el borde de la cama, desnudo, exponiendo todas las cicatrices que yo había besado hacía apenas una hora.
—No se trata de dinero, Elena —respondió con esa voz ronca que solía derretirme, pero que ahora sonaba a veneno—. Se trata de supervivencia. Tu madre tiene recursos que ni tu padre imagina. Ella me sacó de una prisión en Siberia cuando no era nadie. Le debo mi vida.
—Y para pagarla, decidiste robarme la mía —siseé, apretando el arma con ambas manos—. Me hiciste creer que éramos un equipo. Me hiciste sentir que… que por fin alguien me elegía a mí y no a mi apellido.
La Verdad Desnuda
Damian se puso de pie, ignorando la amenaza del arma. Caminó hacia mí hasta que el cañón se hundió en su pecho, justo encima de su corazón.
—Sí, ese era el plan —confesó, dando un paso más, obligándome a retroceder hasta chocar con la pared—. Enamorarte. Destruir a tu padre usando tu odio como motor. Y luego, entregarte a Victoria para que ella terminara el trabajo.
Me faltó el aire. La traición física me dolió más que cualquier herida de bala. Pero entonces, Damian tomó mi mano —la que sostenía el arma— y la apretó contra su piel.
—Pero hubo un error en los cálculos, Elena —susurró, y por primera vez vi miedo en sus ojos—. No conté con que yo también soy humano. No conté con que cada vez que te tocaba, me olvidaba de quién era mi dueña. Victoria me dio una orden anoche por el transmisor… me ordenó que te drogara y te entregara en el muelle de la isla.
—¿Y por qué no lo hiciste? —pregunté, mis dedos empezando a temblar.
—Porque prefiero que me mates aquí mismo a entregarte a esa mujer —Damian me arrebató el arma con un movimiento rápido, pero no para apuntarme, sino para lanzarla al otro lado de la habitación—. Ella no quiere el imperio, Elena. Ella quiere tu sangre. Literalmente. Hay algo en tu genética que ella necesita para salvarse de una enfermedad que la está consumiendo. Eres su banco de órganos privado.
La Alianza de Ceniza
El horror de la revelación nos envolvió. Estábamos en una isla rodeados de agua, con su hermano herido abajo, atrapados entre un padre que quería vernos muertos y una madre que me quería como repuesto biológico.
La rabia se transformó en una adrenalina oscura. Ya no era tristeza; era una furia compartida. Me lancé hacia él, pero esta vez no fue para pelear. Fue un beso cargado de desesperación y rebelión. Si íbamos a ser los monstruos de esta historia, lo seríamos bajo nuestros propios términos.
—Si vamos a caer, Damian… —dije entre besos, mientras nuestras manos se buscaban con una urgencia renovada sobre la mesa de madera—. Vamos a asegurarnos de que no quede nadie para contar el cuento.
—Vamos a quemarlo todo, Elena —prometió él, levantándome para poseerme con una intensidad que decía “te prefiero a ti sobre el mundo”—. Empezando por tu madre.
El sexo en esa habitación de piedra fue nuestro pacto de sangre. Un juramento de que, a partir de este segundo, ya no había deudas con el pasado. Solo quedábamos nosotros, dos traidores enamorados de su propia destrucción.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com