Viuda por Contrato - Capítulo 56
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Capítulo 56: Capítulo 56: El Espejo Roto
Damian conducía sin rumbo, pero sus manos, con esa memoria muscular que tanto odiaba, lo llevaron directamente al mirador que dominaba el lago. El pendiente de diamantes en su bolsillo se sentía como un carbón encendido. Lo que más le dolía no era que Elena lo hubiera marcado, sino que Clara —su refugio, su paz— hubiera sido capaz de ocultarlo para manipular su noche.
La confianza se había agrietado. Y en el mundo de Damian, una grieta es una sentencia de muerte.
Decidió no volver a casa de inmediato. Aparcó el coche a unos metros de la villa y se internó en el bosque, usando las sombras como lo había hecho mil veces en su vida anterior. Quería observar a Clara sin la máscara del amor de por medio. Quería ver quién era ella cuando él no estaba delante.
La Cita en las Sombras
No tuvo que esperar mucho. Una hora después, un sedán oscuro y discreto se detuvo frente a la villa. Clara salió de la casa, pero no era la mujer dulce de la mañana. Llevaba una gabardina oscura y se movía con una cautela profesional, escaneando los alrededores con la mirada.
Damian, oculto tras un denso matorral de coníferas, contuvo la respiración. Vio cómo un hombre de aspecto rudo bajaba del coche y le entregaba un sobre grueso a Clara.
—El pago de este mes —dijo el hombre con un acento extranjero marcado—. El cliente está satisfecho, pero quiere resultados. ¿Cuándo vas a conseguir los códigos de acceso que Damian tiene grabados en su subconsciente?
—Pronto —respondió Clara, y su voz no tenía ni rastro de la dulzura que le susurraba a Damian en la cama—. Anoche estuvimos más cerca que nunca. Su guardia está bajando. La amnesia es profunda, pero su cuerpo empieza a recordar. Solo necesito un poco más de tiempo para que confíe en mí plenamente.
—No te demores, Clara. Los Vane están empezando a sospechar. Si Elena descubre que no eres una simple campesina, estás muerta. Y nosotros también.
El coche se marchó, dejando a Clara sola en la entrada. Ella abrió el sobre, contó el dinero con una frialdad mecánica y lo guardó en su bolso. Antes de entrar, miró hacia el bosque, justo en la dirección donde estaba Damian. Por un segundo, sus miradas casi se cruzan, pero ella simplemente sonrió de forma gélida y entró en la casa.
El Derrumbe del Altar
Damian sintió que el mundo se abría bajo sus pies. Todo había sido una mentira. El rescate en el valle, el médico bondadoso que resultó ser un actor, las noches de sexo… todo era una operación de inteligencia para extraerle secretos que él ni siquiera sabía que poseía.
Clara no era su salvación; era su carcelera.
Salió del bosque con el rostro pétreo. Ya no había dudas, ya no había rastro del hombre que quería una vida normal. El asesino había vuelto a tomar el control absoluto. Pero justo cuando se disponía a entrar y confrontarla, su teléfono vibró. Era un mensaje de Elena.
”¿Te gusta el sabor de la traición, Damian? Te lo dije: ella es tu paz porque es tu mentira. Ven a la mansión. Tengo algo que te pertenece… y no es un pendiente. Es tu verdadera identidad.”
La Guarida de la Araña
Damian llegó a la mansión Vane media hora después. Elena lo esperaba en la terraza, bebiendo un vino tinto que parecía sangre bajo la luz de la luna. Se veía imponente, real, sin las pretensiones de inocencia de Clara.
—Ella trabaja para el sindicato de los Balakin, Damian —dijo Elena, sin preámbulos, mientras él se acercaba—. Te encontraron después del accidente antes que yo. Te reconstruyeron una vida para usarte como un caballo de Troya dentro de mi organización. Cada vez que ella te tocaba, estaba contando tus pulsaciones para ver si mentías.
Damian se detuvo frente a ella. Estaba empapado por la lluvia, con los ojos inyectados en sangre.
—Tú lo sabías —dijo él, su voz siendo un rugido bajo—. Lo sabías y dejaste que ella me tuviera. Dejaste que me tocara.
—Necesitaba que lo vieras por ti mismo —respondió Elena, dejando la copa y acercándose a él hasta que sus alientos se mezclaron—. Si te lo hubiera dicho, no me habrías creído. Habrías pensado que era un truco mío para separarlos. Ahora lo sabes. Ahora sabes que la única persona en este mundo que te acepta tal como eres, con toda tu mierda y tu sangre, soy yo.
Elena le puso una mano en el pecho, justo sobre su corazón acelerado.
—Ella te dio sexo para dormirte, Damian. Yo te doy la verdad para despertarte. ¿A quién vas a matar primero? ¿A la mujer que te vendió por un sobre de dinero, o a los que la enviaron?
Damian la tomó de la nuca y la besó con una violencia desesperada. No era amor, era el reconocimiento de dos depredadores que se encuentran en la oscuridad.
—Prepárate, Elena —susurró él contra sus labios—. Esta noche vamos a quemar esa villa. Y quiero que Clara mire mientras destruyo todo lo que ella creía haber ganado.
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