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Viví Mil Vidas, Tengo Mil Historias Por Contar. - Capítulo 50

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  4. Capítulo 50 - 50 Capitulo 50 Preguntas sin respuestas
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50: Capitulo 50: Preguntas sin respuestas 50: Capitulo 50: Preguntas sin respuestas Espera, aquí hay una escena faltante…

Sí, siento que falta algo.

Una sensación.

No había nada más para poder describir lo que el joven sentía.

No existía una prueba lógica para demostrar la latente discordancia que yacía en él, más allá de su sentir.

Edward intentó recordar que era lo que faltaba, pero no pudo hacerlo.

Con ese pensamiento, avanzó al siguiente panel.

…

En un espacio rodeado de estrellas, constelaciones, galaxias, nebulosas, se encontraban dos figuras jugando lo que parecía ser un juego de ajedrez.

“Gané.” Dijo la figura encapuchada, con un tono orgulloso.

“Wow…

Solo una jugada.” Un joven ligeramente bronceado quedó maravillado por el resultado.

“¿Quieres saber cuál es el secreto?” La figura encapuchada alzó su dedo índice izquierdo.

El joven asintió en respuesta.

La figura encapuchada movió lentamente una pieza: la reina.

Luego, movió una siguiente pieza: el peón.

Al finalizar, con un movimiento suave y calmado, reveló la última pieza: la torre.

“¿Sabes que tiene en común estas tres piezas?” “¿Qué protegen al rey?” Respondió el joven pensativo.

“Exacto.

Sin embargo, ¿te has puesto a pensar de qué lo protegen?” “Ehh…

¿De los enemigos?” “Así es.

Pero dime, ¿quiénes se pueden considerar el verdadero enemigo?

¿Las piezas negras?

¿Las blancas?

No.

Cualquiera puede ser tu enemigo.” “Espere.

No sé a dónde quiere llegar.” El joven simplemente se rascó la cabeza.

“Ah, simplemente me auto-saboteé y luego cambié el orden de mis piezas, ganando en un solo movimiento.” “¿En serio?

Eso no tiene sentido.” Dijo el joven con una expresión extraña.

“Estás en un espacio que se asemeja al cosmos sin necesidad de tener un casco especial para respirar, ¿realmente importa si tiene sentido o no?” Respondió la figura encapuchada moviendo la cabeza de un lado a otro.

“Supongo que no…” La figura encapuchada se levantó del panel de cristal en el cual estaba sentada y se paró en medio de otro panel.

Unos hilos transparentes se desprendieron de su túnica y comenzó a manejarlos, actuando como una marionetista.

Con suaves y coordinados movimientos empezó a crear algo.

Al principio su creación no tenía forma, pero lentamente fue agarrando una: una puerta.

Mientras lo hacía, Edward le preguntó curioso: “¿Qué hace?” “Quiero enseñarte que significa ser tu propio enemigo, torre de la perdición.” “¿Torre de la perdición…?” El joven vió la puerta finalizando su forma: Colores monocromáticos se superponían unos con otros.

Innumerables pedazos de cristales que contenían diferentes números y símbolos antiguos estaban entrelazados entre sí.

Un ojo sin pupila se ubicaba en el medio, mirando a Edward directamente.

¡Creak!

Un crujido tomó forma en la mente del Edward actual.

Su mente comenzó a fragmentarse.

Sonidos similares a pitidos intermitentes que alertaban algo se gestaron en él, provocándole un dolor similar al día que le golpearon la cabeza repetidamente con una varilla de metal.

¿Qué…

Está…

Pasando?

Su consciencia comenzó a desvanecerse.

Con un último esfuerzo de su voluntad, volteó la mirada de nuevo hacia la escena mostrada en el panel.

Dentro de la puerta monocromática logró ver a un joven ligeramente bronceado dejando caer a una persona desde la azotea de un edificio.

Antes de poder articular un pensamiento, su consciencia terminó por perderse.

Cayó con un golpe seco al ‘suelo’ inmaterial.

…

El joven se despertó en un espacio asemejado al cosmos.

La madre de lo efímero se encontraba parada en medio de un panel de cristal, observando al joven atentamente.

“¿Cómo te encuentras, torre de la perdición?

¿Al fin puedes vislumbrar la verdad detrás de los hechos?” Dijo la figura encapuchada con una voz suave.

Edward la observó con una mirada inestable y respondió con el mismo tono: “No del todo.

Deme una pista.” La madre de lo efímero dio un ligero asentimiento y dijo: “Supongo que sí dices que no lo has entendido del todo es porque ya has captado la verdad de una parte.

Esa parte son las escenas de los paneles, ¿verdad?” “No.

Creí haberlo entendido, pero la última escena que vi me dejó sin volver a entender nada.” Dijo el joven rememorando lo que recientemente había sucedido, su cuerpo se sacudió.

“Realmente no estabas del todo equivocado.

Simplemente no pudiste ver todo el panorama.” La madre de lo efímero dio una pausa, apretando ligeramente los labios, cosa que el joven no pudo notar.

Prosiguió: “La mayoría de escenas que has visto hasta ahora son momentos que viviste tú y Caín, pero que tú no puedes recordar, debido a que son de una época perdida.” “¿Qué…?” Edward se quedó ligeramente boquiabierto sin poder comprender nada.

La figura encapuchada hizo un gesto con su mano derecha hacia el panel sobre el cual estaba parada, revelando una nueva escena.

Se movió ligeramente hacia atrás para que se pudiera apreciar bien.

En la escena, se veía a un hombre con facciones promedio sumergiendose en una laguna celeste.

La escena se deformó y mostró una nueva perspectiva: el mismo hombre que entró a la laguna se despertaba en medio de un bosque desolado.

La madre de lo efímero habló con una voz compasiva: “No es la primera vez que ves a Caín.

Tú y él son compañeros que se conocen desde hace mucho tiempo.” “No….

¡No entiendo!” Las pupilas de Edward temblaban, buscando respuestas en la madre de lo efímero.

“Lo harás, pero eso tendrá que ser por ti mismo.” La madre de lo fímero agarró una estrella cercana a ella, estrujandola con una mano la convirtió en polvo estelar.

Dicho polvo comenzó a revolotear y lentamente fue formando una brecha en medio del espacio.

En su desesperación, Edward corrió hacia la figura encapuchada que se retiraba lentamente, pero no logró alcanzarla.

¡Crack!

El espacio asemejado al cosmos se resquebrajó y el anterior vacío de oscuridad apareció de nuevo frente a los ojos de Edward.

El joven miró a todos lados, como si en algún lugar pudiera encontrar a alguien que respondiera todas sus preguntas.

Al no encontrar a nadie, su mirada se dirigió a los paneles que seguían mostrando escenas.

Sí…

Ellos me darán las respuestas que necesito…

Edward avanzó con pasos torpes al siguiente panel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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