Viví Mil Vidas, Tengo Mil Historias Por Contar. - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Capitulo 52 Grieta grotesca
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52: Capitulo 52: Grieta grotesca 52: Capitulo 52: Grieta grotesca Edward cayó con un golpe sordo en un pasillo con diversos colores.
Algunos apagados, otros vibrantes.
El golpe logró sacar momentáneamente al joven de su pavor.
Miró a su alrededor: vio innumerables pasillos interconectados entre sí.
Innumerables figuras luminosas humanoides caminaban sin rumbo, similar a un sitio denso de gente.
Alzó la vista y vio que los pasillos no solo tenían un ruta fija, si no que se desenvolvían en diferentes direcciones.
Algunos apuntaban hacia arriba, otros a los costados, incluso unos se extendían debajo de sus pies.
El diseño de todo el espacio le recordó a la estructura de un árbol con infinitas ramas, pero era tan intrincado que se asemejaba más a una tela de araña.
Pudo decir que el espacio agarraba pedazos de ambos conceptos y los juntaba: ramificaciones que se extienden sin fin con una profundidad evidente, y las interconexiones que entrelazan todo como un tejido.
Pensando en todo esto, el joven pudo notar que nuevas figuras humanoides llegaban en intervalos irregulares.
A veces llegaban determinados grupos de golpe y otras tardaban cierto tiempo, pero algo era certero; y es que nunca llegaban de manera individual.
Poco después de que las figuras llegaran, comenzaron a divagar entre los pasillos, casi como si siguieran una programación impuesta.
El general habló con un tono alegre: “¿Sabes qué es este lugar, no?
Este lugar es el pasillo de los deambulantes.” El cuerpo del joven solo pudo temblar al volver a oír la voz del general.
No pudo responder la pregunta.
El general soltó una pequeña risa y prosiguió: “En este lugar es donde reencarnó mi creador, Caín.
Te he traído hasta aquí para que veas la verdad que tanto has anhelado desde que te sumergieron en ese mundo de recuerdos.” El general puso sus manos detrás de su espalda y comenzó a caminar de manera lenta y raramente sofisticada.
“¿Estás listo para conocer lo que se oculta detrás de las mentiras, torre de la perdición?” El joven solo pudo observar como la figura sonriente caminaba en un pasillo inferior (un pasillo debajo de los pies de Edward).
De alguna forma, logró reunir fuerzas y seguir al general; las ansías de respuestas logró vencer a su miedo, aunque fuera en ese momento.
Mientras el joven avanzaba siguiendo a la figura, se percató de algo extraño.
Conforme ambos iban caminando a través del pasillo, su sentido de dirección se distorsionaba.
El pasillo parecía cambiar de dirección de manera aleatoria, haciendo que todo se volviera muy confuso.
Sin embargo, a pesar de eso, de alguna forma parecía tener una trayectoria fija.
Solamente se debe de seguir avanzando sin prestar atención hacia donde vas…
Este lugar es demasiado extraño.
Después de cierto tiempo avanzando, el joven pudo percatarse de otra cosa: el pasillo se sentía infinito.
No importa cuando avanzara, el trayecto parecía hacerse cada vez más y más largo.
Esto…
Realmente escapa de las leyes físicas lógicas…
El miedo y la fascinación del joven luchaban una batalla por ver quien controlaba sus gestos.
“Hemos llegado.” Dijo de repente el general.
¿Eh?
Edward no entendía como es que pudieran haber llegado tan siquiera a algún lado, puesto que no notaba nada diferente al resto del camino que había seguido.
Sin embargo, después de mirar bien, notó una Irregularidad enfrente de donde se paraba el general.
Había una pequeña grieta en el pasillo.
El camino que habían seguido tanto el general como el general era de un material aparentemente intangible, aunque esto era contradictorio con el hecho de que ambos caminaban sobre él.
Tenía un color blanco combinado con pequeños tonos grises.
Por otro lado, la grieta era de un color negro intenso, mezclado con matices rojizos.
Aparte de eso, había algo más: emanaba una sensación pesada de lo que sea que hubiera en el interior de la grieta.
En todo el resto del pasillo Edward no sintió algo similar a eso.
Habían fragmentos en donde se sentían fluctuaciones en el camino, pero nunca algo como lo que se sentía en la grieta.
“Salta.” Dijo el general mientras sacaba una espada negra grabada con patrones y símbolos desconocidos que parecían provenir de alguna cultura olvidada en el tiempo.
El arma resplandecía con una luz dorada cegadora.
Después de sacar la espada, el general la incrustó en la pequeña grieta.
Apenas el arma tocó la grieta, un ruido estridente se gestó.
El ruido era tan fuerte que Edward se quedó momentáneamente sordo.
Mientras se recuperaba, vio como la grieta pareció cobrar vida.
la grieta se asemejaba a una boca grotesca que rugía.
El joven no pudo escuchar que era lo que decía, pero algo en él le decía que era algo que no debía de presenciar.
La sensación que sentía en ese momento era similar a la sensación que sintió cuando los ojos inexpresivos que Caín le reveló lo observaron.
Edward se llevó a las manos a la cabeza y se arrodilló, poniéndose en una posición similar a la fetal.
Se sometió a sus instintos, intentando ignorar lo que estuviera pasando ahí.
Mientras el joven hacía esto, el general observaba sin inmutarse como los símbolos y patrones desconocidos de la espada parecían activarse.
La luz dorada destelló de forma incontrolable, combinando su color divino con el negro rojizo de la grieta.
Los rugidos inextinguibles de la grieta aumentaron su volumen; todo el sitio tembló de manera incontrolable mientras lo hacía.
Era como si rechazara lo que sea que la espada estuviera haciendo.
La espada tembló por los rugidos de la grieta.
Estuvo apunto de salir despegadq de la apertura.
Al ver esto, el general extendió su mano izquierda, en donde tenía el guante de cuero negro.
Una boca horripilante se formó en medio del guante.
Tenía una hilera de dientes afilados que chorreaban un líquido viscoso de contextura extraña.
Una lengua extremadamente larga se extendía varios centímetros fuera del guante.
Después de que la boca se terminara por formar, junto con todas sus partes, unos tentáculos negruzcos salieron de ella.
Los tentáculos agarraron rápidamente la espada y la mantuvieron firme en la grieta.
El general, al estar manipulando el guante, parecía estar haciendo un esfuerzo titánico por mantener el arma en su lugar.
Después de cierto tiempo, los tentáculos comenzaron a fundirse lentamente con la espada.
La espada, al mismo tiempo, comenzaba a hundirse manera más profunda en la grieta, ensanchando su tamaño.
La grieta empezó a calmarse poco a poco, dejando de rugir.
Al terminar el proceso, el tamaño de la apertura era suficiente como para que pudiera entrar una persona a la vez a través.
El general se recuperaba del esfuerzo hecho por mantener la espada en la grieta.
Pareció tener una revelación y extendió su mano derecha para sacar algo del aire (el espacio frente a él).
Sacó un pequeño sobre que contenía un polvo blanco.
Abrió el sobre e inhaló el contenido de una sola vez.
Inmediatamente después de hacerlo, recuperó todas sus energías.
Se acercó al joven de manera frenética y sin preguntarle nada, lo pateó y lo hizo pasar a través de la grieta.
Edward no pudo hacer nada para defenderse debido a que todavía mantenía su cabeza enterrada entre sus manos; no sabía que todo el asunto que no debía presenciar había terminado.
Sintió varias costillas romperse al momento de la patada.
Después de patear al joven, y de que este saliera volando a través de la grieta, el general se dirigió frenéticamente hacia ella y se dispuso a hacer lo mismo.
Al pasar esto, una campanada resonó por fuera de la grieta.
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