Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Viví Mil Vidas, Tengo Mil Historias Por Contar. - Capítulo 53

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Viví Mil Vidas, Tengo Mil Historias Por Contar.
  4. Capítulo 53 - 53 Capitulo 53 Redentor del destino
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

53: Capitulo 53: Redentor del destino 53: Capitulo 53: Redentor del destino Edward volvió a caer, pero esta vez en un lugar diferente.

Alzó la vista y divisó un sitio lleno de imágenes por todos lados.

Algunas tenían tonos más oscuros, otras más claros, la mayoría simplemente se notaban neutrales.

En las imágenes se mostraban varios hombres.

Todos estaban en distintas etapas de crecimiento y tenían apariencias diferentes, aunque a veces cargaban rasgos similares.

Edward notó que las imágenes no solo mostraban a los hombres, por lo menos no siempre.

En muchas de ellas aparecía con otras personas, seres, u objetos.

Incluso en algunas con todo a la vez.

Los hombres también realizaban diferentes acciones en las imágenes.

A veces las cosas que hacían eran más cotidianas como dormir y otras veces eran tan bizarras y surreales como luchar contra un ejército de cucarachas humanoides.

Mientras veía las imágenes, el joven sentía un dolor punzante en su cabeza.

Algo en él le advertía que si seguía mirandolas por más tiempo no solo habría una pequeña molestia, si no algo mucho más grande.

Dejó de observar las imágenes y miró el resto del lugar en el que había caído, aunque casi todo el sitio era puras imágenes.

Notó una pequeña rama que se extendía desde un costado, en donde ‘colgaba’ una imagen.

La rama estaba entrelazada y mezclada perfectamente con una tela de araña que se extendía desde una distancia indiferenciable.

Algo en el joven le incitó a buscar el orígen de la rama.

Siguió avanzando mecánicamente por un tiempo indefinido, hasta que llegó frente a un árbol que se extendía por encima de estrellas y un vacío inmenso.

Aunque físicamente era imposible para un humano, Edward logró ver mucho más allá de sus capacidades.

En lo más alto del árbol, en la copa, observó a una araña negruzca de proporciones inimaginables tejiendo incontables telarañas sin sentido del tiempo.

Las telarañas bajaban desde la copa del árbol y se desenvolvían por las ramas infinitas.

De las telarañas iniciales se desenvolvían muchas más, envolviendo también el tronco del árbol.

Mientras Edward miraba fijamente a la araña, la araña le devolvió la mirada; uno de sus ojos que reflejaban el horror mismo se postró en él.

El joven comenzó a sentir como su carne se separaba de su cuerpo, y su mente se desvanecía en la locura de un hombre perdido.

¡Pum!

Un golpe lo desencajó de su trance.

Sintió como su mandíbula se partía en diferentes trozos.

El joven solo pudo caer en el ‘suelo’ inmaterial.

Le tomó unos segundos recuperarse, ya que el dolor de ese golpe no era nada comparado a la vez en la que el cerdo parado en dos patas lo devoró vivo.

Cuando se recuperó, alzó la vista: el general estaba observándolo con atención, con esa misma sonrisa que tanto le provocaba escalofríos.

Podría decirse que lo único que había presenciado que era más horripilante que el general, era la misma araña que había visto hace unos minutos atrás.

“La viste, ¿no es así?” Dijo el general con un tono burlón.

Edward solo pudo asentir.

“No veas lo que no debes ver.” El general soltó una risa y siguió avanzando como si no hubiera pasado nada.

El joven lo siguió sin cuestionar nada: sabía que indagar más en el tema de la ‘araña’ solo ocasionaría algo peor que la ignorancia.

Ambos avanzaron justo hacia el lugar en donde se encontraba el tronco del árbol.

Aunque desde la perspectiva del joven el camino no era tan largo, la trayectoria en realidad parecía no tener fin.

Conforme avanzaban, el joven pudo notar gradualmente a una figura humanoide.

Un sentimiento familiar se gestó en el.

¡Din don!

Una segunda campanada resonó.

…

Después de un tiempo incalculable, tanto el general como Edward habían logrado acercarse lo suficiente como para distinguir el aspecto de la figura: tenía cabello negro, ojos cafés y rasgos faciales promedio.

Caín…

El corazón de Edward dio un vuelco.

¿Qué…

qué hace él aquí…?

La sonrisa del general se hizo aún más inquietante.

Le dijo con un tono divertido al joven: “Observa bien esto.

No parpadees en ningún momento.” Edward solo lo volteó a ver por un momento, antes de dirigir su mirada de nuevo al hombre.

Observó como Caín sostenía una daga de hueso blanca, grabada con números romanos y símbolos desconocidos.

Los números y símbolos parecían estar cuidadosamente ordenados, como si quien la hubiera hecho quisiera formar algún patrón específico.

El hombre puso la daga a una cierta distancia de sí mismo, solo para luego clavarla de golpe en su pecho.

Empezó a recitar una oración, pero a diferencia de las veces anteriores, en esta ocasión el joven pudo distinguir lo que decía: “Haz que mi alma se derrame y mi cuerpo se entumezca.

Toma mi carne y haz un altar con ella.

Quítame mi consciencia y colócala en donde no la pueda recordar.

Devuelve lo que se perdió y trae lo que se anheló.” Al terminar la oración, la daga de hueso blanco empezó a tonarse negra lentamente.

Los números empezaron a cambiar de posición, a veces juntándose y otras separándose.

Los símbolos se entrelazaron entre sí, formulando un patrón que parecía indicar algo.

Algo parecía desprenderse de Caín.

Lo hacía lentamente, como si estuviera dando una gran entrada.

Comenzó a tomar forma: era una copia misma del hombre, con la única diferencia en el color de los ojos grises.

La copia de Caín observó al original con cierto desconcierto en su mirada.

“Tú…

Eres quien los salvará de sus pecados.” Dijo el hombre original con un tono apagado, cansado, señalando a su copia.

“Guialos.

Haz lo que quieras pero salvalos.

Yo no puedo hacerlo.” “De ahora en adelante, tú eres quien encontrara la solución al ciclo repetitivo de odio en el que se encuentran.” “Yo me sacrificaré por ti, para que tú seas quien los guíe y a mí a quien condenen.” La voz del Caín original se desvanecía, no sin antes decir unas últimas palabras: “Bienvenido al mundo, redentor del destino.” El hombre original había terminado de decir sus palabras, y ahora, había perdido la consciencia, tirando la daga al lado suyo.

Su copia de ojos grises dijo, haciendo una reverencia de absoluto respeto: “Lo haré, hermano.” La copia hizo una pausa silenciosa.

“Pero sabes que siempre hay una consecuencia por cada decisión que no tomas, ¿no es así?” La copia comenzó a formar lentamente una sonrisa de oreja a oreja y miró al general y al joven, quien estaba con la mirada desenfocada.

¡Din don!

Una última campanada resonó por todo el lugar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Copaalta Buenas noches.

Sé que esto todavía puede ser un poco confuso, pero en los siguientes capítulos se explicara mejor.

He querido capturar la esencia del horror cósmico, pero creo que he fallado en hacerlo en este capítulo.

Me gustaría saber sus opiniones.

Gracias por leer, a quien quiera que lo haga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo