Viví Mil Vidas, Tengo Mil Historias Por Contar. - Capítulo 54
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- Capítulo 54 - 54 Un montón de cosas incomprensibles
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54: Un montón de cosas incomprensibles 54: Un montón de cosas incomprensibles Tanto el general como su copia idéntica se acercaron lentamente al joven, quien había caído sobre sus rodillas como si hubiera perdido todas sus fuerzas.
“Ahora lo ves, ¿no?” Dijo el general con un tono burlón.
La copia completó la frase del general: “Te lo dije.
Quién no puede librarse de sus cadenas está condenado a atar a quienes lo rodean.” El redentor del destino comenzó a reír maniáticamente.
“¿Sabes que significa el nombre redentor del destino?” Edward solo meneó ligeramente la cabeza.
Ni siquiera podía hablar.
El general alzó un dedo y lo movió de un lado a otro mientras chasqueaba la lengua, como si estuviera decepcionado de la respuesta.
“¿Sabes?
Desde siempre la humanidad la estado atrapada en un ciclo perpetuo de odio y rencor.
Han intentado escapar en innumerables ocasiones, sin embargo, siempre vuelven al mismo punto.” “Tan grave ha sido el caso que un día el hijo de Dios tuvo que descender de los mismos cielos e intentar salvarlos.
Logró hacerlo, pero ellos volvieron a caer en ese abismo.” “Al ver que no se llegaba a una resolución, los dioses han terminado por intervenir.
Durante mucho tiempo ellos han vivido en constante miedo por los remanentes, que provienen de la humanidad.” “Ellos también pueden ser contaminados.
La contaminación de los remanentes afecta a todo ser sintiente, por lo tanto, tienen que refugiarse en sus propios dominios para evitar ser consumidos por toda la negatividad humana.” “Mmm.
Creo que es mejor que lo veas por ti mismo en lugar de que te lo cuente.” La sonrisa del general no podía ensancharse más sin que pareciera alguna clase de dibujo animado.
El general hizo un movimiento con su mano e hizo aparecer un nuevo espacio ante ellos.
Un ojo sin pupila pero con innumerables grabados en idiomas desconocidos y números que se fusionaban entre sí formando cadenas de dígitos infinitos se ubicaba en el medio de un espacio formado con colores que se podían palpar ilógicamente con la llema de los dedos.
Aparte de los colores tangibles, el lugar estaba rodeado por líneas interminables que formaban patrones geométricos que se alineaban y superponian entre sí, dando lugar a figuras existentes e inexistentes.
Algunos patrones delineaban a animales que yacían en el mundo real, otros a siluetas humanoides con extremidades que no deberían tener, unos cuantos a textos olvidados por cualquier civilización viva.
De alguna forma, pese a que Edward lógicamente no debería de poder sentirlo, al igual que con los colores, él podía leer el tiempo.
Los segundos, minutos y horas de todo el universo observable se vislumbraban en alguna parte de su mente.
Sabía el tiempo de vida de todos los seres humanos.
Sabía cuándo las estrellas por fin se apagarían para nunca volver a brillar.
Sabía el momento exacto en el que la nada se apagó y se hizo la luz.
En ese lugar tan incompresible e indescriptible para él, toda la información racional e irracional de la existencia se plantó en su cerebro de forma aterradoramente natural, como si él siempre lo hubiera sabido.
Comprendió la existencia de la araña.
Comprendió lo que era el árbol infinito.
Comprendió a las ramas entrelazadas entre sí.
En ese espacio, Edward dejó de ser humano.
Él había transcedido todas sus emociones, sensaciones y sentidos para convertirse en algo más.
De repente, el ojo que hasta ese momento había quedado estático sin hacer ningún movimiento, lo miró…
Y Edward le devolvió la mirada.
Lo entendió.
Entendió que significaba su existencia.
Entendió lo que el general le había dicho.
Entendió cuál era su propósito.
Entendió porque estaba en ese lugar.
Una voz que no parecía de un hombre ni de una mujer resonó desde una distancia imposible de discernir.
“Hijo mío.” Pese a que no se podía identificar el género de la voz, se podía notar una compasión y amor infinito grabado en su tono.
“Sé que hasta ahora has sido como un siervo perdido en el bosque, pero no temas más, porque yo estoy contigo.” El eco de la voz resonó por todo el espacio, asentandose y yendo más allá de una simple declaración de autoridad.
El espacio circundante se doblegó ante la frase y pareció aceptar la intención y voluntad de la voz, tomando una sensación cálida similar al abrazo de un padre o una madre.
Edward salió del trance trascendental en el que se encontraba cuando por fin pudo sentir algo más que datos tangibles.
Parecía que casi toda la información inconmensurable que antes había adquirido se perdió.
A pesar de esto, él seguió mirando al ojo fijamente.
Su comprensión de la entidad parecía trascender su memoria y más que eso, era algo que resonaba con él y se arraigaba en su alma.
“Padre…” Edward dijo instintivamente.
La voz respondió.
“Veo que al fin logras comprender lo que soy y lo que eres tú.” Edward dudó un instante en su respuesta pero respondió.
“…
Dime, padre.
¿Qué sentido tiene todo esto?” El ojo contempló a Edward un instante y luego prosiguió a cambiar los grabados en él.
El espacio comenzó a transformarse y reveló (parcialmente) un gran abismo sin fin con un silencio demasiado denso para ser normal.
El abismo se ubicaba debajo de los pies de Edward y seguía rodeado por esos colores tangibles y esas líneas interminables.
“¿Qué es este lugar?” Preguntó Edward, con una nueva sensación de familiaridad y miedo.
“Este es el lugar en el que todos los remanentes residen.
Toda la negatividad habida y por haber de los seres humanos está comprimida en este lugar.” “¿Q-qué?” Edward mostró una expresión horrorizada.
El horror que esa noticia le impactó fue diferente al que sintió con la araña o con el general.
Fue similar al horror que un niño siente cuando pierde la inocencia y se da cuenta de la crueldad del mundo.
Este lugar es tan vasto que ni siquiera todos los mares del planeta tierra podrían siquiera ocupar una fracción de esto…
Cómo…
Cómo puede ser esto posible…
Los humanos siempre tienen algo nuevo para descubrir.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Copaalta Hola.
Sé que ha pasado un tiempo desde la última vez que publiqué algo, y me disculpo por eso.
La verdad es que había perdido toda motivación para escribir, ya que no sé si alguien realmente lee la historia que estoy desarrollando.
Sin embargo, ahora vuelvo a recordar el motivo por el cuál comencé a escribir, y ese es que quería escribir una buena historia con un buen final.
Para quién quiera que haya leído mi historia y haya estado esperando un nuevo capítulo, me disculpo.
Me comprometeré a ser activo nuevamente y a mejorar mi escritura, puesto que he leído algunos capítulos que he escrito anteriormente y me doy cuenta de lo mucho que puedo mejorar.
Por esa misma razón he pensado en hacer un reinicio total de esta novela, comenzando desde cero.
Esto me ayudaría a pulir mucho mi escritura y toda la estructura de mi historia.
Me gustaría saber sus opiniones para saber si prosigo con esta idea o si termino la novela como está ahora.
Muchas gracias a quién haya sido persistente y no se haya rendido con mi novela hasta el día de hoy.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com