Voluntades Inquebrantables - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Cap 27 Sembrando el miedo
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27: Cap 27: Sembrando el miedo 27: Cap 27: Sembrando el miedo Perspectiva de Amara: El cadáver reanimado comenzó a examinar su entorno, lo malo, es que, no tiene con que mirar.
Se levantó de la mesa de aluminio y caminó con lentitud hacia el cuerpo inconsciente de Luz.
Sin embargo, mi padre estaba ahí.
Con su voluntad encendida, se levantó e interceptó al cadáver andante, levantó el brazo y tomó el hombro izquierdo del muerto.
Luego, una poderosa descarga eléctrica recorrió todo el ser del cadáver.
Zarcillos de rayos eran visibles por todo el cuerpo, incluso me atrevería a decir que se sentía electricidad en el aire.
El cadáver cayó emanando un olor a carne chamuscada.
– Quemen los cuerpos, y las cenizas guardenlas –.
Ordenó mi padre con un tono severo.
– ¡¿Qué carajos fue eso?!
–.
Preguntó el Almirante Frank, con exasperación.
– No lo sé, pero esto no es nada bueno –.
Respondió mi padre con un tono sombrío.
– Ella dijo cabra, ¿Acaso será la cabra de la realidad?
–.
Mencionó la vicealmirante.
– Maldita cabra, de nuevo va a darnos un dolor en el trasero –.
Se quejó el Almirante.
– Dejad de hablar y hagan lo que les he dicho.
Daidar, lleva a Amara con su nueva familia –.
Ordenó minpadre mientras me veía con una sonrisa preocupada.
Las escenas de Luz y el cadáver reanimado se quedaron impregnadas en mi mente, recordando cada cuanto aquella escena donde gritaba en agonía.
“El solo recordar se me eriza la piel”.
A Luz la habían llevado al departamento médico para examinarla.
Y en cuantos a los cuerpos de los muertos, los incineraron, solo para poder recoger sus cenizas en cajas de plata para sus respectivas familias.
Mi padre decidió que es hora de que acuda a las barracas de los marineros en la zona sur.
Me subí a una carro a todo terreno blindado, donde le chófer a cargo de manejar este tanque andante, nos condujo por el camino donde la jungla era espesa y profunda.
Viajanos a lo mucho unos 20 minutos, a una velocidad considerable.
Los árboles frondosos parecían esconder muchas criaturas capaces de matarnos con solo pensarlo.
Los rayos del sol apenas eran visibles, pues la jungla era inmensa, se alzaba como un gigante en su reino, llegando a medir hasta los 70 metros de altura.
“Extraño y maravilloso a la vez”.
– Hemos llegado, vicealmirante –.
Anunció el chófer.
Las barracas era un edificio semicircular de una sola planta.
Desde el suelo hasta la mitad del edificio era de un material azul oscuro, casi negro; la otra mitad era de vidrio puro, con ventanas en forma de sol.
A lado había una estructura metálica en forma de cúpula, era el área de entrenamiento.
Para mi sorpresa cuando entramos a las barracas, solo habían mujeres, y es que, los hombres se encontraban en las barracas de la zona oeste.
– Buenas tardes cadetes, ella es la cadete Amara Voltwar, es su nueva compañera, denle una cálida bienvenida –.
Anunció la vicealmirante Daidar, quien me acompañó todo el camino.
Como si fuera un ensayo premeditado, todas se dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se colocaron al pie de sus camas en una fila.
Una enfrente de la otra , una a lado de la otra.
Se llevaron la mano a la frente y a grito de una sola voz dijeron: – ¡Buenas tardes vicealmirante Daidar Marbravo!
–.
Portaban una camiseta pulcra, blanca, y unos pantalones azul oscuro con botas de cuero.
– Preséntate –.
Ordenó la vicealmirante.
Mi corazón latía con fuerza, sentía las manos húmedas por el sudor, me mordí los dos labios, y pensé cuidadosamente las palabras que hiba a decir, después de todo, esa seri la primera impresión.
– Buenas tardes a todas, soy Amara Voltwar, cadete de tercer rango de infantería.
Es un gusto ser parte de ustedes –.
Me presenté con un tono bastante exagerado, mientras miraba al frente sin siquiera dar una mirada a ellas, era como un robot que repetía unas líneas.
Ellas se presentaron cada una anunciando si rango, solo una chica entre todas tenia un mayor rango.
Era la líder de este escuadrón.
Daysi Grall, cadete se segundo rango.
*** Perspectiva de Héctor Voltwar: Los sucesos de este día son muy raros; masacres, reanimación e incluso una poderosa especialista en el arte de la vida está en mal estado.
“Esto es grave”.
Una mujer, con una bata blanca salió de la habitación donde se encontraba Luz Fronken.
– Liz, ¿Cómo está ella?
–.
Pregunté con calma.
– Ya ha despertado, Comandante, puede entrar, y usted mismo cerciorarse de que esta bien –.
Respondió ella con profesionalidad.
Asentí y entré.
Luz estaba mirando sus manos temblorosas, su cuerpo parecía haberse encogido, estaba pálida.
– ¿Cómo te sientes?
–.
Quería sondear y así ver si ella estaba aún dispuesta a responder ciertas preguntas.
Ella me vió con sus ojos avellana muertos, apagados, sin atisbo de orgullo ni vida.
Sin embargo, respondió: — Ellos fueron asesinados por los cinco supervivientes, y un animal parados en dos pezuñas, cuatro cuernos tenía, dos que sobresalían de su frente peluda hacia arriba en forma de S, y dos más que sobresalían de los costados de su cabeza, que se extendían hacia delante como los de un toro.
Su mirada era maliciosa, mostraba sus dientes con sangre, mientras que le caía baba de su boca.
Todo su cuerpo envuelto en pelo negro grotesco, estaba lleno de sarpullido y materia amarilla…
estaba pudriéndose.
Sus extremidades en forma de brazo peludos terminaban en unas espantosas manos con garras putrefactas, ambas manos tenían sus garras índices juntas con los pulgares de sus respectivas manos, mientras que los otros dedos estaban alineados, como si estuviera meditando.
Héctor…
No quiero volver a mirar eso…
El maldito animal me devolvió la mirada, y me nombró, mientras que sus pupilas horizontales se volvían de un brillo negro y rojo entremezclados, se acercó, no mw pude mover ni salir de la mente, agarró mi vientre y rostro, y hablo en un idioma que sonaba demoníaco…
Eso fue horrible, sentí como se infiltrada en mi mente, como abría con lentitud mi alma…
Yo…
yo…
Las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas pálidas.
Dejó de hablar.
Su cuerpo temblaba como si el frío se filtraba directamente a sus huesos.
– Gracias señorita Fronken, ahora puede descansar, mañana partirá de vuelta a casa – Dije con la intención de calmarla.
“Tiene miedo, y aún así me ha contado todo”.
No me respondió.
En un abrir y cerrar de ojos se había dormida.
“Algo se avecina”.
*** Perspectiva de Valian: Mi padre y mi hermana se habían ido a la isla Sillvant.
Después de todo, Amara era mayor de edad hace tiempo, se había tomado dos años para pensarlo.
Ella sería una gran Comandante.
“Mmm…
Necesito ver la manera de hacer que ella se junté con Richard, se que aún le debo una cita”.
Estaba sentado bajo el parasol tomando una taza de chocolate caliente, bajo el cielo nublado, miraba como los guardias cuchicheaban entre ellos.
Vi a mi madre caminar con elegancia hacia mi dirección, tomó asiento al frente mío.
Sus ojos curiosos y su sonrisa cálida me decían que quería saber en qué pensaba.
Alcé la taza y de un solo sorbo me tomé lo que quedaba de chocolate.
– Madre, no puedo manipular el agua, por más que lo he intentado –.
Dije sin emoción alguna.
Ella me sonrío tomo mi mano y la beso.
Luego se levantó y me indicó que la siguiera.
La seguí hasta la área de entrenamiento personal de nuestra familia.
Ella agarro un arco con intrínsecos patrones grabados en la madera.
La forma del arco era singular.
Me lo dió y ella tomó otro.
– Tú padre dice que los hombres deben saber manejar la espada antes que cualquier otra arma, sin embargo, no opino lo mismo, es por eso que a Amara y a ti os he enseñado que un Voltwar debe saber manejar cualquier arma, porque no siempre tendrán una espada a su lado –.
Enseñó mi madre, mientras tomaba una flecha la ponía en la cuerda del arco, tensaba y soltaba.
La flecha dio en la diana.
No me sorprendió.
Tome una flecha, la coloqué en la mitad del arco, y en vez de ponerlo vertical, posicione el arco de manera horizontal, me agaché.
La pierna derecha estaba en flexionada soportando todo mi peso, y mi pierna izquierda extendida hacia delante.
Con la mano izquierda tensé el arco y disparé la flecha.
Se clavó muy cerca del centro.
– Con un poco de práctica serás un buen arquero –.
Indicó mi madre con emoción.
– Tch…
Eso me pasa por no entrenar, probemos otra arma, esta vez con la lanza –.
Dije con un poco de malestar.
Ella sonrío y tomó su lanza, yo tomé la mía, una más pequeña que la de ella.
Practicamos hasta que la noche descendió sobre nosotros.
“Madre está si ni una gota de sudor, en cambio, su querido niño está sentado en el suelo jadeando como loco, soy patético”.
Ella me miró y sonrío sin mostrar los dientes.
Me ayudó a levantarme y me abrazó.
Luego, salimos y volvimos a sentarnos debajo del parasol.
Las luces del patio ya estaban encendidas, el color amarillo cálido se derraba por toda el área, dando un ambiente tranquilo.
– Valian, sabes que matar no es bueno, pero si llegase a ser necesario, solo hazlo cuando de verdad tengas que hacerlo, no quiero que mi hijo se convierta en un asesino desalmado –.
Comentó ella con un tono apagado.
– Lo sé madre, quédate tranquila, no haré algo que me convierta en aquello –.
Lo dije para tranquilizarla, pero la verdad creía que no todos merecen vivir.
“Ojo por ojo, diente por diente”.
Algunas horas después, nos fuimos a descansar, Amara y mi padre no habían vuelto, supongo que él vendrá mañana.
Después de ducharme y secarme, mire el libro de tapas negras, sin título, encima de mi escritorio.
Lo abrí, y para mi sorpresa unas nuevas líneas se estaban escribiendo.
“El peligro latente yace donde menos lo esperas, la muerte yace cerca de los tuyos, lágrimas amargas derramarás, y la ira te consumirá.
En una isla será el comienzo de tus desgracias”.
Mi corazón latía con fuerza, sentía que estaba a punto de entrar en pánico.
Pero esta vez lo pude manejar, solo son letras, me repetía a mi mismo, para tratar de evadir dicha realidad.
Cuando estaba cerrando el libro, nuevas líneas comenzaban a aparecer debajo de aquel párrafo: “Si salvas a alguien “él” sabrá de tu existencia”.
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