Voluntades Inquebrantables - Capítulo 28
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28: Cap 28: Arzobispo Belzin 28: Cap 28: Arzobispo Belzin Perspectiva de Valian: Por alguna extraña razón, padre no ha vuelto de la isla.
Él, había llamado a mi madre y le comunicó que no llegaría hasta después de tres días, tiempo suficiente para avanzar a la segunda capa.
Richard y Estella estaban ocupados, haciendo sus respectivos preparativos para la prueba de supervivencia.
En cuanto a mí, sinceramente tengo miedo, pero aún así debo seguir adelante.
Los rayos solares ya entraban por la ventana, pintando de un dorado especial mi cuarto.
Ya no había oscuridad.
Me levanté, tapé mi boca porque inconscientemente un bostezo solté.
Miré mi celular, y apenas eran las 6:45 de la mañana.
El estómago me rugía pidiendo comida.
Salí de mi habitación y bajé por las escaleras, luego entré a la cocina, donde nuestro chef ya estaba preparando el desayuno.
Lo saludé y me senté en el banco de madera que había cerca del mesón.
Tomé un pedazo de queso blanco, un pan de ajo, un buen pedazo de jamón y un cuchillo para hacer el preparado.
– Joven Valian, si desea también tenemos el pastel de chocolate que tanto le gusta –.
Indicó el chef Gustav, con su bigote mostacho moviéndose ligeramente mientras hablaba.
–Gracias, Gustav –.
Agradecí mientras mantenía el pan en la boca, por ello el pan se me cayó.
El chef se soltó una carcajada, sin embargo, se calló abruptamente.
Volteé a ver, y mi madre aún con los ojos entrecerrados entraba a la cocina, agarró un jarrón de agua y se lo bebió con avidez.
Luego dijo con su voz dulce pero autoritaria: – Gustav, prepárame una sopa por favor –.
– A su orden, señora Amada –.
– Valian, anda a vestirte, iremos a la Catedral del Sol, tengo asuntos pendientes con el Arzobispo Belzin –.
La miré con desgana, y cuando quería refutar, ella solo me dio esa mirada que decía, di algo y verás.
Simplemente me tocó obedecer.
Me lleve el resto del pan y me lo comí.
El claxon del auto resonaba en mis oídos, mientras mi madre gritaba desde el patio: – ¡Valian, muévete!
–.
Me asomé por la ventana e hice señas de que un minuto salgo.
Mire el libro de tapas negra sin título, el solo verlo me provocó un temor primordial.
Solo lo guardé.
Bajé con prisa y sin despedirme de las sirvienta que esta en la puerta me subí al auto.
Brock estaba al volante, mi madre en el asiento del copiloto, el asiento de atrás era cómodo, incluso había dulces en una secreta en la mitad del auto.
Viajamos por al menos diez minutos.
La Catedral del Sol, se encontraba en el centro de la ciudad Solaris.
El templo era como un coloso que se elevaba hasta el cielo, medía al menos unos 45 metros de altura y 35 de ancho.
Los pilares que sostenían el tumbado, eran de mármol blanco, con surcos dorados en espiral que se elevaban hasta el tope.
Habían cinco puertas gigantes, de la madera más fina, con soles en cada puerta.
En el centro de la Catedral, específicamente en su altura, un sol dorado, con matices anaranjados se elevaba como símbolo de nuestro reino.
– Val, entra si deseas, yo ya vuelvo –.
– Entendido madre –.
Al entrar, una estatua de un hombre sin rostro, bañada en oro, con una areola en su cabeza, como si fuera una corona, y cuatro magníficas alas plegadas, era como ver a un ángel enviado por dios.
Por el rabillo del ojo, vi a un hombre que se acercaba lentamente junto con mi madre.
El hombre alto, robusto, de al menos unos 40 años.
Sus facciones eran suaves, sus cejas pobladas, sus ojos carmín, su cabello rubio largo agarrado en una coleta.
Vestía una túnica morada, en representación a la esencia del arte de la vida, realidad y muerte, un cinto en su cintura del color de las llamas del sol, en representación a la iglesia, un collar que portaba un sol flamante dorado, y un anillo dorado, en forma de sol.
No obstante, eso no fue lo que llamo mi atención.
Era aquella voluntad opresiva y vasta, que me rodeaba por completo.
Amenazando con tragarme.
Y soportarla era simplemente agotador.
– Buenos días Joven Voltwar, es un gusto verlo de nuevo.
Primero déjeme felicitarlo por su victoria en el Duelo de Honor –.
Saludó el Arzobispo, con una voz cálida y reconfortante.
Hice la señal del sol en mi pecho, e hice una pequeña reverencia.
– Saludos, Arzobispo Belzin Solaris.
Gracias por su celebración, que el Sol en lo alto le dé larga vida –.
El Arzobispo avanzó en gratitud.
Luego hizo una pregunta: – Parece que te gusta mucho la estatua del arcángel, ¿sabes su historia?
–.
Asentí y respondí como si fuera un ensayo redactado: – Según la historia, esta casi deidad, era el primogénito del reino, nacido de la herida del sol, de su sangre dorada.
Y era del rango de un arcángel, un ser equiparable a la tercera categoría, segunda y tal vez primera de los espíritus inmundos –.
— Solo una vez en la historia se menciona a un espíritu de la segunda categoría, era aquel que llevó la extinción de la vida en el continente Glacial, trayendo con él, el eterno invierno infernal, donde se rumorea que habita una deidad.
Ese continente es un paisaje de muerte.
Y hasta ahora nadie ha podido liberar dicho continente, además, se desconoce el porque no ha invadido otros continentes —.
– Interesante…
y que me dices de la jerarquía de nuestro reino y de los espíritus inmundos –.
Dudé un poco, y pensé no más de 20 segundos antes de responder: – Al menos la jerarquía de rangos que me mostraron en la academia, solo el rey podría equipararse a un espíritu de la primera categoría.
Sin embargo, eso solo sigue siendo enseñanza –.
— Si recuerdo bien, la jerarquía era para ambas artes, aquellos que manipulan el arte elemental, y aquellos que ejercen voluntad en el arte de la vida, realidad y muerte.
Y esto es: – Rey – Arcángel – Mensajero/Ángel – Verdugo – Juez – General – Justiciero – Guerrero – Mártir…
Sin embargo, cuando uno es manipulador del arte de la vida, realidad y muerte, existe un salto de jerarquía, comenzando desde “General” , y en cuanto a un manipulador del arte elemental, solo puede llegar hasta “Mensajero o Ángel” —.
Esto era una diferencia abismal entre las artes.
— Mmm…
muy bien, no obstante, olvidas algo.
Entre las jerarquías existen diferencias casi inauditas, de salto de poder, por lo tanto, para matar a un “Mensajero”, se necesitaría diez verdugos, y para matar a un “Arcángel”, se necesita veinte mensajeros, y así va creciendo una diferencia casi abismal entre los poderes —.
Explicó en un tono calmado.
Sus palabras escondían veneno disimulado en la enseñanza, pero era un recordatorio para aquellos que manipulan el arte elemental.
– Tiene razón Arzobispo, pero yo soy un “Mártir”, y aún así vencí a un “Justiciero” –.
Mencioné con una sonrisa cortés.
“Con mi fuerza actual sería de rango “Guerrero”.
– Jajaja…
Eso es cierto, y eso hace a un más impactante la derrota de Mark, sin duda hay prodigios entre la familia Voltwar –.
– Bueno, ha sido suficiente para una conversación, Arzobispo, por favor recuerde lo que le he comunicado –.
– Lo tendré muy en cuenta, Amada, que la bendición del Sol los ilumine.
Ah…
y Valian, recuerda que la lengua suelta puede provocar desgracias –.
– Eso es un amena…
Mi madre me jaló la oreja.
– Arzobispo, disculpe la estupidez de mi hijo, que tenga un buen día –.
El desquiciado sonrío y nos dio la bendición del sol.
– ¿Por qué no les dijiste nada?
–.
Reproche.
– Para discutir se necesitan dos burros, y mi hijo no será un burro –.
Dijo ella con gracia.
– Ah…
No diré nada –.
Mi madre esbozó una sonrisa, y luego me acarició el cabello.
Tch…
Algo andaba mal alrededor, la gente entraba alocada.
“Algo ha sucedido afuera”.
Mi madre se adelantó, yo la seguí.
A lo que salimos, vimos un tumulto de gente con pancartas con el dibujo de la cabra humanoide, con el corazón humano y la calavera.
Estaban al pie de la iglesia.
Mujeres y hombres gritaban a la vez: – ¡A llegado el tiempo de la liberación, que se haga la santa voluntad de la muerte!
–.
Mi madre puso una expresión fría y sería.
Luego un hombre camino en medio de ellos y se puso al frente, vestía una chaqueta negra, tenía el cabello negro azabache, sus ojos negros parecían gemas brillantes, y su voluntad aún sin encender, era nefasta y maliciosa.
El Arzobispo salió con una expresión dura y amenazante.
De repente habló con una voz grave y estridente: – ¿Qué es lo que buscan?
–.
– Buscamos tu cabeza, será un lindo regalo para mi dios –.
Respondió el hombre con un tono burlón.
El ambiente se tensó, sentí la voluntad del hombre dirigirse hacía mi madre, además también sentía la voluntad de Brock muy cerca, sin embargo, no lo veía.
La voluntad opresiva del Arzobispo se volvió rígida y caótica.
La voluntad de mi madre me cubrió como si me protegiera, su mirada era fría y serena.
De repente, todo sucedió demasiado rápido.
Me moví por instinto, me interpuse entre aquel hombre de sonrisa maliciosa y mi madre, alcé mi mano para agarrarlo.
Luego se desató el caos.
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