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Voluntades Inquebrantables - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Cap 29 Caos en la Catedral
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29: Cap 29: Caos en la Catedral 29: Cap 29: Caos en la Catedral Perspectiva de Amada Voltwar: “Mi hijo es mi prioridad” “Estoy segura que Brock, ya está en posición para defender, entonces solo hay que crear una brecha para darle espacio para que Valian escape”.

“El tipo aún sigue parado con su mirada fría, entonces…

Sin embargo, mis pensamientos de vieron interrumpidos de golpe.

El hombre se lanzó de un solo impulso, directo hacia mi cuello, pero jamás llego.

Valian había tomado su brazo, centímetros antes de que llegara.

Para mi sorpresa, Valian lanzó un gancho derecho con su brazo libre.

La cara del hombre se levantó por el impacto, pero…

una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

Sus ojos se tornaron de un brillo etéreo.

Su voluntad estaba activa, y era sencillamente contundente.

Con el brazo izquierdo libre, el hombre chasqueó los dedos, y entonces un resplandor inundó toda mi visión, además de un fuerte zumbido en mis oídos.

¡Boom!

La fuerza de la explosión me empujó hasta un pilar cercano de la Catedral.

El terrible dolor en mis oídos era horrible, apenas si podía mantenerme consciente, no obstante un simple pensamiento me mantuvo lúcida, “Mi hijo”.

Activé mi voluntad, la esencia que recorría todo mi ser me llenó de fuerzas renovadas y a gran velocidad manipulé la humedad de la zona, creando una pequeña.

lluvia, que apagó el fuego provocado por el hombre de sonrisa maliciosa.

La vista delante de mi era simplemente horrorosa.

Los cuerpos de los protestantes estaban despedazados y quemados, emitiendo el olor a la carne chamuscada, la sangre bañaba toda la vereda y calle dejando una vista digna de una carnicería.

Las pancartas ya no existían, y de de los pocos cuerpos que quedaron de pie comenzaron a convulsionarse.

Echaban espuma de la boca, sus ojos desenfocados se volvieron vidriosos y negros, su cabellos creció hasta el suelo, y de la piel carbonizada comenzaron a salir un liquido amarillento, esa vista era repugnante.

Gruñidos similares a perros rabiosos escuchaba desde el fondo de sus gargantas.

Entonces lo que alguna vez era el cuerpo carbonizado y putrefacto de los pocos protestantes que quedaron de pie, se transformaron lentamente en “bestias espirituales”.

Sus formas grotescas y deformes, la piel ulcerada roja se entremezclaba con púas negras, de las cuales brotaban un liquido verde transparente.

Cada gota que caía al suelo provocaba corrosión.

Las fauces deformes mostraban dientes horripilantes, y sus ojos negros tenían pupilas horizontales rojizas.

Sus piernas se invirtieron, como a las de un animal, y sus brazos negros chamuscados crecieron con dos garras de dos metros, ya no tenían manos, ni pies.

Las voluntades de las bestias se presionaban contra mi voluntad, demostrando una ferocidad y fuertes intenciones asesinas.

Ahora había, por lo menos, unos siete espíritus inmundos, de al menos una quinta categoría.

Valian estaba tocando su costado derecho, estaba sangrando.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza, sin embargo, una mano se posó en mi hombro izquierdo, era el Arzobispo Belzin, su voluntad cálida se sentía como el fulgor del sol en el medio día.

Su mirada era severa, pero sus palabras me dieron esperanza: – No te preocupes por tu hijo, tu empleado esta con él –.

Volteé a ver, Brock estaba delante de Valian, su posición era defensiva.

Aunque Brock estaba con él, el sentimiento de urgencia no disminuía, ni siquiera un poquito.

– Mujer, no debes apartar tu mirada de tu enemigo, podría descuartizarte, debes tener sumo cuidado –.

La voz frívola del hombre de cabellos oscuros y sonrisa sádico, envolvió mi mente como un estambre de púas.

– Viniste por mí, déjala en paz –.

– Oh…

siento mi impertinencia –.

Habiendo dicho eso, aquel hombre se lanzó contra el Arzobispo, con una velocidad imposible.

El Arzobispo sacó de sus bolsillos al costado de su alba, y con un rosario en mano, pronunció el nombre del Sol.

El rosario ardió en llamas fulminantes a la vista, el brillo de aquellas damas eran similares a la luz que emitía el sol.

Arrojó el rosario al hombre que se le acercaba, y entonces…

Solo hubo una luz cegadora.

¡Boom!

Aquel hombre sádico, salió disparado hacia el lado opuesto del Arzobispo.

Choco contra el suelo, mientras que su cuerpo carbonizado le faltaban partes.

Se levantó con lentitud ya precia estar esforzándose por ponerse de pie, es como si un enorme piedra estuviera encima de su cuerpo.

No obstante, era la voluntad del Arzobispo que lo presionaba contra el suelo, para poder subyugarlo, pero eso jamás ocurrió.

– Arzobispo, usar objetos sagrados esta fuera de lugar –.

– Este lugar es sagrado, tu presencia sólo debe ser reducidas a cenizas –.

– Ah…

eso lo quiero ver –.

El hombre volvió a impulsarse hacia el Arzobispo, sin embargo, esta vez no lo deje.

Manipulé lo que quedaba de humedad en el ambiente, luego de la explosión, y formé un estoque de hielo.

Con ello, como si fuera un látigo, azoté a mi enemigo con el estoque de hielo que cambiaba de estado sólido a líquido, según mi voluntad.

Con habilidad para danzar, me movía sobre el terreno, evadiendo los constantes ataques de mi enemigo, que al parecer es un especialista cuerpo a cuerpo.

El Arzobispo no se quedó quieto.

Quemó su alba, y sus brazos se envolvieron en furiosas llamas tan brillantes que era completamente segador.

Tuve que inyectar mi esencia en mis ojos para evitar cerrar los ojos.

Y aún, con todo eso, era simplemente agotador.

Sabía que las llamas solares eran fulminantes como el sol, pero verlo y sentirlo tan cerca es otra historia.

Necesitaba reunir una cantidad considerable de esencia del agua a mi alrededor para poder ejercer más poder y contraatacar con más fuerza, pero mientras este cerca de aquellas llamas el agua simplemente se evaporará.

El Arzobispo que se movía como la luz de sol, luchaba contra nuestro enemigo, con maestría y experiencia.

Sin dejar que el villano alcanzara su cuerpo.

De vez en cuando el Arzobispo formaba pequeñas esferas de llamas en sus palmas, las cuales las lanzaba con fuerza.

Sentía como la voluntad del Arzobispo se enfrentaba a la voluntad del hombre de la sonrisa maliciosa.

Se empujaban para subyugarse mutuamente.

Ninguna prevalecía contra la otra.

“Aquel hombre también es una “Mensajero”, eso es problemático”.

– ¡Amada!

¡Solo ve ayudar a tu hijo!

–.

Exclamó el Arzobispo Belzin, con un tono preocupado.

“Soy inútil si no puedo manipular el agua”.

“Tch…

Corrí en dirección de Valian, pero no podía avanzar.

Algo malo pasaba con mi entorno, parecía estar distorsionandose.

Brock que luchaba contra las bestias, Valian que parecía estar asustado, estaba…

estaba encima de la bestia, sin embargo, sus ojos, su nariz, su boca, toda su cara estaba goteando sangre.

El espacio pareció alejarse de aquella escena insólita.

La realidad había cambiado, o más bien ahora estábamos encerrados en la realidad de nuestro enemigo.

– La vida es efímera, pero con mi dios de la mano, la vida puede llegar a ser eterna –.

La voz resonó en mi cabeza, como si él estuviera justo a mi lado.

Pero no era el caso.

– Mi dios me ha dado un poco de su sangre, otorgándome un poder para manejar la realidad misma…

Ah…

Esto si es la gloria –.

– ¡SOL ARDIENTE!

–.

Empujé mi voluntad, mi esencia, manipulé el agua de mi alrededor, y realicé la danza que mi madre me había enseñado.

El agua que se estaba extinguiendo del bienestar se aferró a mi voluntad, sin extinguirse.

Calme mi corazón errático, y me obligué a pensar.

“Solo me queda la danza”.

Aferrando mi voluntad a la poca humedad que yacía en este ambiente ardiente, comencé a danzar.

Di un paso con mi pierna derecha, y luego la deslicé en forma de media luna hacia mi costado derecho, hasta mi espalda, luego con mi pierna izquierda la deslicé hacia atrás en una media luna.

Deslice mi dedo índice por el estoque hasta llegar a la punta.

Luego, solo fluí como un riachuelo, sin ser agresiva, me adentré a la frenética batalla entre los Mensajeros.

– Calma ante la tormenta –.

Pronuncié aquella oración, casi, como si fuera un susurro.

El agua que se evaporaba con la fuerza del calor de las llamas del sol, comenzó a juntarse formando una cinta de agua larga y afilada.

Guíe aquella agua con la punta de mi estoque.

Y danzando con fluidez, sin ser calamitosa, como si fuera un pequeño riachuelo que no era acaudalado, ni estruendoso, pero que llegaba hasta los ríos más enfurecidos.

Con la gracia de la danza, llegué hasta la colision de los dos hombres que luchaban con frenesí.

Entonces, el agua que me seguía junto a la danza, comenzó a hervir, evaporandose lentamente.

“Más poder”.

– Tormenta ante la tempestad –.

Con mi voluntad fuertemente presionada con las voluntades de los combatientes, se me hizo difícil seguir con la danza, sin embargo, no me detuve.

El pequeño riachuelo que había creado, comenzó a crecer en longitud y grosor, convirtiéndose en un río alocado y tempestuoso, amenazando con cortar todo a su paso.

La danza que ejecutaba se volvió más agresiva, pero sin perder la elegancia.

Mi danza era fluida, sin detenerme.

Con la corriente de agua agresiva, me lancé a la batalla.

“Tenemos que terminar esto rápido…

tengo que ayudar a mi hijo”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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