Voluntades Inquebrantables - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- Voluntades Inquebrantables
- Capítulo 32 - 32 Cap 32 Caos en la Catedral 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Cap 32: Caos en la Catedral 4 32: Cap 32: Caos en la Catedral 4 Perspectiva de Valian “MIERDA, MIERDA, MIERDA…
“¿Qué carajos pasa ahora?”.
“¿Por qué siempre quieren causar problemas estos fanáticos?”.
El sudor y dolor me recorrían el cuerpo, aunque la herida era algo grave, mi sola voluntad evitaba que la sangre chorreara a montón, además, mi esencia cuidaba mi herida.
Así que no había manera de que me desmayé por esto, he tenido heridas peores.
Pero no por eso me confiaría.
Sin embargo, el momento que se estaba desarrollando delante de mí, parecía un suplicio.
Las voluntades de aquellas bestias inmundas eran corruptas, eran aterradoras y malignas.
La voluntad de Brock, se cernía sobre mi sobre los enemigos.
“Quiere atacarlos para defendernos”.
La situación se había vuelto caótica, la histeria desenfrenada provocaría muertes innecesarias.
Muchas personas se habían quedado, como estatuas sin moverse de donde estaban.
Y estaban muy cerca de los inmundos mutados.
Mientras me debatía si luchar junto con Brock o correr donde había desaparecido mi madre, la voz de Brock me sacó de mi pensamiento.
Su orden fue clara, Levántate y guía a la gente a un lugar seguro.
Deje mis pensamientos de lado, y me levanté para acatar la orden.
Ni si quiera dude de Brock, el sabría como enfrentarse a esos inmundos.
Comencé a gritar y dar ordenes guiando a la gente fuera de la batalla que había comenzado.
Algunas no se movían por más que les gritaba, más bien se tiraron al suelo mientras se enrolladas como bolitas.
“Mierda…
Algunos no son quiera parecía que me hacían caso, no había manera, después de todo solo soy un niño a sus ojos.
La situación se gravaba por la histeria, solo podía sentir las voluntades de aquellos a mi alrededor.
La voluntad de sobrevivir, estas voluntades pertenecían a las personas que obedecían y se alejaban de la lucha frenética.
Mientras que aquellos que se hacían ovillo, o pipí en sus pantalones, mientras que otros parecían estar divagando y orando; sus voluntades se desvanecian en su miedo.
Sin embargo, aún podía sentir muy vagamente su voluntad de vivir.
“Si quieren vivir, tendrán que moverse idiotas”.
Recordé que el miedo a morir también era la fuente de voluntad para sobrevivir, por ello no dude más y activé mi voluntad.
La fuerza que me renovaba y mi propia voluntad parecía fundirse con el mundo, a pesar de mi debilidad.
Me hizo sentir 4 voluntades, estas eran escalofriantes y mortíferas, parecía que solo el ser objetivo de estas voluntades podría matarme.
Volteé y era las voluntades de aquellos inmundos.
Supongo que al activar mi voluntad puedo sentir voluntades un poco más lejos.
“Esto confirmaba que aún sin activarla podía sentir las voluntades, pero solo aquellas más cercanas, tal como, senti la voluntad de Brock observarme desde la distancia, en cambio, al activarla podía sentir aquellas que estaban a unos 10 metros de distancia”.
“Esto es increíble…
y a la vez aterrador”.
Manipule el aire y con un vendaval, levanté del suelo a aquellos que parecían rendirse.
– ¡Espabilen imbéciles, y corran lejos de aquí!
–.
– ¡¿ACASO QUIEREN MORIR?!
–.
Al mencionar la palabra morir, los saco de su miedo, dándoles la voluntad de vivir y sobrevivir.
Los solté dejándolos caer al suelo, dándoles un golpe de realidad.
Se levantaron torpemente y corrieron por sus vidas.
Luego sentó voluntades combativos, varias de ellas.
Miré a la derecha y eran los soldados del Sol, los soldados de la iglesia.
Sin embargo, ellos estaban escoltando a obispos, y personas que reconocí de inmediato, pues salían a cada rato en las revistas de los más adinerados de la capital.
“Malditos, por eso no aparecían, estaban sacando primero a los adinerados, mientras que los demás se pudrían en sus miedos”.
No pude evitar mirarlos de manera acusativa.
Sin embargo, este no era el momento para reprochar nada.
Tenía que acudir a Brock.
Cuando mi mirada volvía posarse sobre la batalla, dos de los cinco inmundos estaban muertos, pero Brock tenía una terrible herida en su pierna y hombro izquierdo y están parecían estar superando, parecían estar pudriéndose.
“¡La corrosión!”.
– ¡Acudan a la lucha!
–.
Grité a los soldados del Sol.
Volteé y corrí hacia Brock.
También pude notar que tenía heridas menores, pero estas no representaban peligro, aunque igual parecían estar superando pus amarilla.
En tod este tiempo no desactive mi voluntad, por lo tanto, aun podía distinguir las voluntades infernales de los inmundos, que se negaran a perder ante aquel férreo humano, que luchaba con su vida por los demás.
– Esta vez, seré de ayuda–.
Me dije a mismo en un susurro y recordatorio, recordando la lucha de aquella vez en la montaña.
Manipulé el aire a mi alrededor, lo junté y le di forma de una espada, luego, lancé un tajo vertical hacia arriba.
Una hoja semi transparente de viento salió disparada de la espada de aire, trazando un camino recto hacia el primer inmundo que ví.
El polvo se levantó al son del viento.
Mi voluntad era matar en este momento, y mis objetivos eran los inmundos.
La hoja silbó en el aire, cortando por la superficie párate de su costado, sin hacerle mucho daño.
“Cierto, aun ni siquiera puedo herir de gravedad a una categoría por encima de mi rango”.
Aquel monstruo volteó.
Su mirada horrenda parecía sacada de una miserable pesadilla.
El rostro del mismísimo abismo.
Sus ojos parecían guardar las almas de los condenados.
El inmundo, con solo un salto de sus potente patas, se acercó a mi posición.
Salté al costado izquierdo, rodé sobre mi hombro tratando de po er distancia, sin embargo, sentí un dolor horrendo recorrer mi hombro izquierdo.
“¡Mierda!
¡Las púas se extienden!”.
Haciendo caso omiso al dolor, segui rodando, desprendiéndome de las púas.
La corrosión, me provocó un dolor agudos e insoportable.
Logre poner distancia por poco, y aún así, tuve que moverme rápido, ya que el inmundo ya se estaba moviendo para matarme.
Lancé una hoja de viento al rostro ulcerado, pero fue interceptado por su corpulento brazo, el cual fue herido levemente.
Los constantes rugidos bestiales e infernales hacían que mis movimientos sean entorpecidos, mi cabeza daba vueltas, pero no era simplemente por sus rugidos, eran por sus voluntades.
En especial por la de aquel que ahora era su objetivo.
Su fría y aterradora voluntad, aplastaba la mía, dominando poco a poco mi ser, dejando fuera de batalla, solo por el simple hecho de ser su objetivo.
“Si fuera más fuerte su voluntad no sería tan avasallante”.
Era una voluntad terrible.
Y lo peor es que solo era uno de ellos.
“Enfrentarse a 5 y haber matado a 2, Brock es sorprendente”.
“Si no puedo matarlo de un solo corte, entonces atacaré a sus ojos.
Solo es un inmundo, actúa por instinto, no por inteligencia”.
Me levanté y deje que mi espada de aire se disolviera en la nada, y esta vez hice lo que mejor sabía hacer, formé cuchillas de viento alrededor de mis manos, las cuales cortaban de vez en cuando mi propia carne.
Sin embargo, no sólo la junté junto a mis manos, sino que también, en todo mi cuerpo.
Con el aire girando a mi alrededor, era tanto ofensivo, como defensivo.
El viento me envolvía, dándome una frescura que despejaba mi malestar.
En todo este tiempo el inmundo no dejaba de atacarme, por lo que me veía obligado a defenderme y esquivar a cada instante.
Su velocidad era abrumadora, pero al sentir su nefasta voluntad podía esquivar a tiempo.
Brock seguía luchando, pero ahora se lo veía muy cansado, excesivamente cansado.
“¡Necesito ser más rápido!”.
No me quedaba mucha esencia, pero tampoco poca, aún podía luchar.
Esta vez, decidí atacar de frente.
Las púas daban poco margen para atacar, sin embargo, podía lanzar fuertes cuchillas de viento que dejaban heridas poco profunas en su horripilante cuerpo.
Cada vez que me acercaba las púas crecían y chocaban con las hojas de viento que volaban a mi alrededor.
Parecían estar hechas de hueso negro, su dureza era angustiante, por más que me esforzaba por cortar al menos una de esas púas, era imposible.
Me movía frenéticamente, evitando ser abrazado, el suelo se resquebrajaba bajo el peso del inmundo.
Cada salto que daba era desesperado, quería matarme.
Y yo también quería matarlo, amabos parecíamos bestias queriendo sacar su sed de sangre.
Olvide por completo mi alrededor, pero tampoco me dejé guiar por el monstruo mutado, sabía que no podía revelar mi secreto.
Por lo tanto, discretamente lo llevé dentro de la Catedral, donde ya no había ni una sola alma.
Incluso cuando ejercí la manipulación del aire, lo hice solo cuando no había ojos que miraran ni bocas que alarmaran.
Después de todo, soy conocido como un simple lisiado.
Y eso me beneficiaba.
Ya dentro de la Catedral seguíamos atacandonos mutuamente, sin dejarnos tomar un respiro.
El inmundo atacaba como un poderoso león y embestia, como un furioso bisonte.
En cambio yo lanzaba las hojas de aire a diestra y siniestra, sin olvidar la esencia que me quedaba.
Por eso, evitaba atacar a lo bruto, y atacaba a su rostro, donde no había púas.
El tiempo era relativo ahora, no sabía cuánto había pasado, pero tampoco importaba, sólo me importaba matar…
y matar, esa era mi misión.
Mientras intercambiamos ataques, solía saltar impulsándome desde las paredes y estatuas que habían alrededor, eso hacía mis ataques más fuertes, pero también me hacia vulnerable a los ataques repentinos.
Por suerte solo era una bestia.
Mi cuerpo estaba adolorido, por cada segundo que pasaba protegido por las hojas que giraban constantemente a mi alrededor, un nuevo corte surgía en mi cuerpo.
Podría decirse que la mayoría de mis heridas eran infligido por mi propia técnica.
Sin embargo, aquel inmundo estaba repleto de cortes, algunos profundos por repetidos ataques, mientras que otros solo parecían rasguños.
Aquel pelaje era casi imposible de atravesar.
Además, sentía la voluntad de Brock menguar poco a poco, no porque el sea débil de voluntad, sino porque luchar sin parar ni si quiera para respirar era absurdo, era una presión casi insoportable para el cuerpo humano, y eso que él era de varios rangos por encima del mío.
Y aún con todo seguía sin caer, eso sí es tener voluntad de pelea.
O mejor dicho una voluntad inquebrantable.
“¡Eso si tener huevos!”.
El suelo estaba corroído y destruido, las paredes llenas de arañazos profundos, las estatuas que habían alrededor ya no existían.
Todo era un caos total, y en especial la caótica y horripilante voluntad del inmundo, ya me estaba agotando, poco a poco.
“¡TENGO QUE ACABAR ESTO YA!”.
Pensando en matar, me lancé impulsivamente hacia la cara horrenda del inmundo.
Mis brazos estaban separados, mis manos bien abiertas, pareciera que lo hiba a abrazar.
Con el miedo de caer ante la presión de aquella voluntad nefasta, utilicé todo la esencia de mi pequeño núcleo y de la capa.
En ese momento la fuera circundante del aire, embravecio.
Las hojas cortaban mi piel como espadas, dejando surcos y lineas sangrientas por casi todo mi cuerpo, sin embargo, eso no me mataría.
Centré todo mis pensamientos en matar, en cortar, en despedazar.
Tenía que poner toda mi voluntad en matarlo aquí y ahora.
El miedo me invadía, la incertidumbre me carcomía, las dudas me plagadas en este momento pero, ¿Habría otra manera de ganar?
Si la habia, no lo sabía.
Pero esta era la manera que encontré.
El inmundo estaba errático, su furia se fundía con su voluntad.
A tan solo unos centímetros de llegar su rostro deformado, sentí un líquido húmedo en mi nariz, que se extendía hasta mis labios abiertos y se adentraba en mi lengua por mis diente apretados.
Era sangre.
Su voluntad estaba destrozando a la mía.
Era un inmundo poderoso, eso estaba confirmado.
Pero no había de otra, solo quedaba el momentos decisivo.
El aire cortó frenéticamente su rostro, mientras que él intentaba atraparme en su abrazo de púas.
No obstante, el aire estaba extremadamente cortante, despedazando sus tétricas garras.
La dura piel del inmundo se abría como papel, su aullido de dolor se escucha como eco dentro de la Catedral, era un aullido estruendoso y melancólico.
“Aún siendo bestias, el dolor sigue siendo dolor”.
La corrosión se envolvía junto al aire y se dispersaba, dejando todo corroído y destruido por dentro.
El inmundo yacía destrozado en el suelo.
Donde anteriormente estaba su rostro había sesos, y oedazos de carne esparcidos por el suelo, mientras que la sangre negruzca se regaba, llenado los huecos del suelo.
Y yo…
yo estaba vivo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Sunny_escritor Queridos lectores, el próximo capítulo es un deleite para sus ojos, les recomiendo seguir leyendo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com