Voluntades Inquebrantables - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Cap 33 Caos en la Catedral 5
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33: Cap 33: Caos en la Catedral 5 33: Cap 33: Caos en la Catedral 5 La sangre chorreaba de muchos cortes que estaban esparcidos en mi cuerpo.
Había heridas con corrosión que me quemaban horriblemente.
Sentía mi cuerpo desgastado, y apunto de caerse, pero no podía darme ese lujo.
Tena que ir ayudar a Brock.
Estoy seguro que él sí vio ciertas escenas, necesitaré una muy buena excusa.
Caminé hacia la batalla que resonaba afuera, se escuchaba los rugidos infernales, y el sonido del acero chocando contra un muro infranqueable.
Brock aún luchaba con dos de esas mutaciones, debía ayudarle, sin embargo, un dolor estridente atacó a mi mente, era un dolor agonizante y desesperante.
Luego, sentí que la sangre chorreaba de mi nariz, ojos, oídos incluso de mi boca, no era mucha, pero era sangre de todos modos.
Era una voluntad corrupta, que amenazaba con despedazarme el cerebro.
Esta voluntad, no pertenecía al inmundo que maté, era una voluntad completamente terrible y horrenda, era aterradoramente insoportable.
Sentía como se me partía y quebrantada mi ya menguante voluntad que luchaba contra esa voluntad remanente.
– ¡ARGH…
Quería gritar y rascarme, arañarme, abrirme la cabeza para dejar de sentir aquella voluntad atormentadora.
Era un suplicio el solo negarme ser corrompido por dicha voluntad terrible.
Cuando parecía que estaba apunto de desmayarme por el terrible dolor, un cálida sensación de calor me envolvió por completo, despejando el nefasto dolor que me atropellada.
Mi visión se volvía borrosa y a la vez roja, con un toque de dorado.
Este calor era reconfortante, me sentía aliviado del terrible dolor que me mataba.
Al recobrar la nitidez de mi visión, noté que llamas me envolvían, eran llamas amarillas, anaranjadas, rojas, pero lo más notable era el brillo singular de estas llamas, un brillo que provenía de la misma luz solar.
Un brillo único, además de ser una cualidad de estas llamas.
Las llamas solares, la familia Solaris.
– Muchacho, ¿Estas bien?
–.
La voz grave de un hombre, resonó en mis oídos.
– La verdad…
me siento…
mucho mejor –.
Respondí con la voz algo pesada.
El dolor había desaparecido, justo cuando quería revisar mi núcleo vacío aquel hombre envolvió a hablar.
– Sané la mayor parte de tus heridas, estas fuera de peligro…
Bien hecho, eres un chico valiente al enfrentar esa cosa –.
“¿Sanar más heridas?
Entonces él no ha eliminado la voluntad que me invadía, entonces cómo”.
Mire al hombre directo a sus ojos carmín, su cabello rubio desordenado y un poco largo agarrado en una coleta.
Su mirada era tranquila, pero a la vez preocupada.
Me mostró una sonrisa sincera.
“Andrew Solaris, Líder de los soldados solares de la iglesia”.
Como hijo de una casa real, era necesario que conozca a las caras más importantes de este reino, por lo tanto, lo conocía por mi madre que a menudo visitaba la Catedral.
Sin embargo, en vez de sentirme aliviado por su presencia, me sentí amenazado.
Su voluntad yacía sobre mí, como león rugiente.
Su mirada barrió la sala de la Catedral, luego se posó sobre el inmundo muerto, y más tarde me miró a mí.
Sus ojos preguntaban cómo lo había matado.
Pero desvíe la mirada a la batalla de afuera y pregunté: – ¿Qué hay de los demás inmundos afuera?
–.
Este hombre me miró con más intensidad, frunció el ceño y volteó a ver.
– No te preocupes, mis camaradas están con aquel hombre.
Más importante ahora, ¿Cómo…
No me moleste en dejarle terminar la pregunta.
Me levanté sin mirarlo, y caminé con lentitud.
Escuché que él también se levantaba y caminaba a mi lado.
La vista afuera era caótica.
Brock seguía con vida, pero no sentía su voluntad, después de todo estaba lejos del rango para sentirla, y activar mi voluntad era peligroso ahora.
No sabía qué había pasado con aquella voluntad aborrecible.
Andrew salió dejándome atrás, pero sin disimular me lanzó una mirada interrogativa.
– Tch…
Problema tras problema…
Caminé hacia la batalla que ya estaba llegando a su clímax.
*** Perspectiva de Brock Cansado estaba muy cansado, estas bestias se negaban a morir.
Sus púas eran una carga mental para mí.
Las hojas de viento que lanzaba, cortaban profundamente a los inmundos, pero también, otras eran esquivaba o neutralizadas.
No había manera de acabar esto rápido.
Gracias a Valian me quedé solo con dos monstruos, pero igualmente no me sentí aliviado.
Ese niño era demasiado impulsivo, él no podrá contra un inmundo de una categoría que sobrepasa su rango por mucho.
O al menos eso creía.
Lo vía caminar detrás del Líder de los soldados del Sol.
Estaba mucho mejor que yo, pero estaba seguro que eso se debía a que Andres lo ha de haber sanado.
“¿Cómo hizo frente a una sexta categoría, siendo solo un Mártir”.
“Esto…
esto es raro”.
Me dejé de pensamientos negativos, mi deber era cuidarlo.
Mi respiración entrecortada, pesada y dolorosa me hacia ver peor de lo que ya estaba.
Caminé hacia Valian, agradecí a Andres por sanarlo, pero él ni siquiera me volteó a ver.
“Orgulloso”.
Miré a Valian, tenía una expresión sombría y agotada a la vez.
Cuando hiba a decirle algo, sentiun terrible, agonizante dolor en mi núcleo.
Comencé a vómitar sangre, mis ojos, mi nariz, la sangre salía a montón.
Valian se puso pálido y atemorizado.
Era raro verlo con temor.
Últimamente el ha sido más caradura.
El dolor se estaba propagando por todo mi cuerpo.
Era…
era…
era doloroso…
demasiado doloroso.
Valian se estremeció, y parecía que también estaba siendo atormentado por algo.
“¿Será el mismo dolor?”.
– ¡¡Aaarrrggghhh…
Sentí que moriría en cualquier momento.
Pero…
no fue así.
Las llamas de sol me envolvían a mí y a Valian.
La sensación de dolor extinguiendosé fue muy placentero, además de ser curado.
Aunque estaba de rodillas, ví por el rabillo del ojo unas botas de cuero seguidos de un pantalón blanco.
Me giré, sentándome en el suelo, para ver mejor.
Una camisa blanca con un sol en el pecho derecho, aquel rostro sin emociones era de Andrew.
“Parece que he tenido un shock en mi mente, por poco olvido incluso donde estoy”.
– Tú dolor fue provocado por una voluntad ajena a la tuya, al parecer quería corromperte y mutar en ti, en cuanto al niño, no se porqué le volvió a atacar aquella voluntad maligna –.
Volteé a ver a Valian, él cual se veía muy agotado, se veía atormentado.
Pero gracias a las llamas parecía volver a estar en paz.
Miré donde habían desaparecido la Señora y el Arzobispo, tomé mi espada, caminé hasta donde había visto la distorsión espacial.
No tenía suficiente poder para romper la prisión, sin embargo, Andrew era diferente.
– ¿Puedes cortar este espacio?
–.
Lo miré sin emoción.
El no respondió, solo caminó, sacó su espada y la envolvió en llamas ardientes y brillosas.
Las llamas del Sol.
Alzó la espada y apuntó con la punta hacia abajo.
Luego apuñaló la prisión.
La distorsión espacial no puso resistencia.
La espada la atravesó sin problema alguno.
“El arte solar…
Mmm…
La prisión se deshizo, se quebró.
Lo primero que me di cuenta, era la inmensa cantidad de sangre que había en el suelo.
Eso no ra bueno.
Miré a la Señora Amada, y ella estaba envuelta en capas y capas de hielo, su cabello era blanco pulcro, sus ojos centellaban bajo el fulgor de su voluntad encendida.
Un estoque en su mano derecha.
Se sentía el frío gélido de su arte.
En cambio el Arzobispo estaba envuelto en llamas, fuertes llamas solares.
Se sentía el calor prominente de sus llamas, sus ojos en vueltos en la luz etérea violeta, como si fueran piedras amatistas.
Además, aquel hombre maligno, ahora era un inmundo.
Y sus ojos eran de un violeta profundo.
Era una vista increíble, dos potencias contra otra potencia.
Aquel inmundo ahora era de una categoría 4 o 3.
Andrew, saltó hacia atrás.
En el ambiente se sentía la malicia, y la fuerte intención asesina de aquel inmundo.
“Hay que matarlo”.
– ¡LUCHEN HASTA MATAR!
–.
Ordenó el Arzobispo.
La señora, el Arzobispo, Andrew, y yo, nos lanzamos al ataque.
Las distintas artes, llovían sobre el inmundo potente.
Hojas de viento, hojas solares, una interminable furia acuática, danzando y destrozando la carne del inmundo.
Este se reía, se gozaba, se burlaba.
Y aún con toda esa furia de ataques, se regeneraba a una velocidad espantosa.
Además, el inmundo lanzaba corrosión en pedazos de carne podrida.
El olor fétido y nauseabundo se esparcía por el aire, llenando el ambiente de una horrenda y auténtica pesadilla.
Sus rugidos estridentes provocaban un dolor agudos en mi mente.
Sin embargo, me negué a caer.
Los minutos pasaban, era angustiante ver que no caía.
Esquivaba con agilidad, los poderosos ataques de las dos potencias.
La señora Amada, danzaba con su estoque, guiando el furioso lazo de agua interminable, su longitud parecía no tener fin.
El Arzobispo seguía atacando cuerpo a cuerpo sin cesar.
Las poderosas llamas quemaban la piel ulcerada del inmundo, hasta hacerla negra.
Andrew lanzaba hojas solares que cortaban y quemaban a la vez.
El inmundo atacaba con sus poderosas y aterradoras garras putrefactas, que corroían por donde caían.
Los soldados no se acercaban, estaban inmersos en su situación de espectadores.
Por otro lado, Valian, él estaba aún aterrorizado, su tez estaba pálida, y parecía que estaba temblando.
“¿Qué le pasa?
Hace tiempo que está así”.
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