Voluntades Inquebrantables - Capítulo 39
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Capítulo 39: Cap ??: Ataque sorpresa
Perspectiva de Estella
“No entendía el porqué Valian quería quedarse en el reino. Su padre le había dado la facultad de ser el Almirante General de la isla, y sin embargo, declinó”.
Mientras leía las cartas de Valian, también revisaba los mensajes de Richard. Su labor como tutor de algunos soldados estaban rindiendo sus frutos.
En cuanto a mí, seguía enseñando a Amara a utilizar la voluntad ajena a su favor.
Sentir las voluntades de todos aquien la isla era algo muy agobiante, por lo tanto, me había encerrado en mi propia voluntad. Alejando así los constantes pensamientos que venían al sentir las voluntades.
Me levanté y caminé hasta la cocina, me preparé una taza de leche caliente y para acompañarla un emparedado de pescado con limón.
Podría ser una combinación rara, pero con mi arte, era inmune casi a todo. “Ja… los únicos que podrían ponerme en un verdadero aprieto serian ellos dos, y alguien o algo que sea más fuerte que Valian”.
Eran apenas las 6:30 de la mañana, todos estaban en su posición. Hasta ahora había una paz absoluta en la isla. – Espero que esta paz dure mucho –.
¡BOOM! ¡SHUNN…
Aquellos sonidos me alarmaron por completo, salí al exterior y lo que veía era algo que no de vería ver.
Aviones de guerra sobrevolando los cielos de la isla, tan cerca que parecía que podía tocarlos. Luces, como chispas centellaban desde sus ametralladoras.
– Esto… es imposible. ¡ELLOS no pueden evadir mi sensor! –.
Al mismo tiempo que gritaba de la ira, active mi voluntad.
Sangre corrió por mi nariz, me sentí mareada de golpe. Aquello que entraba en mi radio de alcance era mínimo. Algo andaba mal, muy mal.
Además aquella voluntad que podía sentir, era abrumadoramente atroz.
Desde lo lejos escuchaba los sonidos de disparos, explosiones, gritos desgarradores, sollozos, soldados que gritaban por ayuda. Mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza, mi miedo se engrandecia.
Pero como alguien que había pasado por batallas, y por experiencias dolorosas, sabía lo que tenía que hacer.
Formé una espada etérica y corté la pared de realidad me que rodeaba, despejando la realidad de ensueños en la que me encontraba. Solo así, pude sentir abiertamente todo en la isla.
Las voluntades me invadieron como misiles a mi psique, por poco y me podría haber desmayado. La desesperación jamás podía haberla palpado tanto como ahora.
Sentía voluntades casi extintas, otras menguante y muchas otras con el ferviente deseo de vivir.
Además, la voluntad aterradora se intensificó, haciendo que sangre corriera de los bordes de mis ojos. Sin embargo, pronto deje de sangrar.
Busque dos voluntades especiales, Amara y Frank. Derramé mi voluntad sobre la isla como si fuera una capa de agua, llegando a cada rincón, así mismo, noté que habían tres voluntades enemigas, además de dos monstruosas.
Al poco tiempo encontré las voluntades pertenecientes a mis camaradas, no perdí el tiempo y volé a gran velocidad.
Mientras tanto, las explosiones y llamas se elevaban en el cielo, dejando un campo de guerra sin cuartel. “Un maldito ataque sorpresa”.
Formé varias espadas etéricas, giraban a mi alrededor, mientras que otras volaban al cielo para encontrarse con los aviones.
Cientos de voluntades enemigas rodeaban la isla, y no sólo era eso, muchas de esas voluntades pertenecían a espíritus inmundos de la quinta o sexta categoría.
La angustia en mi corazón crecía con aquellas voluntades que dejaban de existir.
Un espíritu inmundo aéreo de la cuarta categoría, volaba directo a mi encuentro, no obstante al segundo siguiente ya estaba decapitado.
La ira en mi crecía sin parar, así mismo la angustia.
Al poco tiempo llegue a la jungla devastada por el taque aéreo. Me adentré al encuentro de mis aliados. La angustia crecía con más rapidez, cuando la voluntad de Amara desaparecía poco a poco, mientras que Frank, parecía estar en un estado lamentable.
Solo cuando los encontré mi corazón dio un salto de dolor. Amara estaba muriendo, le faltaba gran parte de su costado, además, de sus extremidades inferiores. En cuanto a Frank, el no tenía su ojo izquierdo, y sus brazos estaban quebrados y rasgados.
Me acerqué a paso grande, me arrodillé junto a ellos, y sin darme cuenta las lágrimas caían como cascada de mi rostro. Mi angustia había alcanzado su punto más alto, la desesperación comenza a aflorar en mi alma. Sin embargo, me rehusé a dejarla morir.
– A ninguno de los dos… No… A nadie de esta isla –.
Valain me había enseñado usar la fuerza de rodas mis capas a la vez, por lo que, al usar la fuerza de las 4 capas de mi núcleo, sentía como me fundía con el ambiente.
Era una sensación extraña y a la vez tan reconfortante, me sentía llena de vida, y sentía la vida a mi alrededor.
También sentí como cinco voluntades se acercaban a una velocidad terrible.
Cubrí con esencia, mi voluntad, a Amara y a Frank. Sanarlos no represento ningún problema, el problema era el devolverle la vitalidad a Amara. Miré el árbol en el que nos apoyabamos, lo toque y extraje su esencia de vida, dandosela a Amara.
Abrí los ojos, y delante mío, habían dos mujeres y un hombre, además dos terribles espíritus de la primera categoría. Dos cabras humanoides, negras y putrefactas, sentía como sus voluntades asquerosas me sondeban.
– Esto se ve muy mal jajaja…
Me reía no por entusiasmo, sino por miedo. Pero no lo podía evitar dos semidioses estaban delante de mí, junto con tres poderosos generales.
La isla estaba llena de espíritus inmundos, la malicia se derramaba en cada gota de sangre.
Sonreí, los miré con odio.
Las espadas etéreas a mi alrededor comenzaban a tambalearse y distorsionarse, los Malditos inmundos, querían imponer su control sobre la esencia de mi poder, querían doblegar mi voluntad. Pero ellos no sabían que ahora yo también era sumamente fuerte, o más bien, lo sabían. Por eso me encerraron en una prisión de la realidad.
Me aferré con uñas y dientes a mi voluntad. Mis espadas se formaron con más fuerza cortando la voluntad intangible de los inmundos, y aún así, me sentía agobiada por la presión de esas dos voluntades.
– Estella Fronken, Capitana de la primera división marítima. Tu serás quien nos guíe hacia ese muchacho llado Valian…
Tracé un corte horizontal con una de las espadas a mi alrededor, no obstante jamás llegué a tocarlo, y eso era porque la realidad se amoldó al beneficio de aquellos inmundos semidioses.
“Realidad y muerte, además buscan a Valian”.
– Así lo encuentren, ustedes no son nada a comparación con él. Ustedes morirían sin saber que los mató –. Dicho eso, me abalancé con el odio como motor de mi voluntad. Y esta era matar.
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