Vornex: Temporada 1 - Capítulo 1
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1: Capítulo 1: El inicio del destino 1: Capítulo 1: El inicio del destino Era un día cualquiera, pero para Eiden, Karl y Liam, este tenía un sabor diferente.
Después de siete años, habían regresado a Darnell, el pueblo donde habían crecido y compartido aventuras que ahora parecían tan lejanas como sueños.
La rutina de sus vidas había cambiado: Eiden estudiaba literatura y filosofía, pasaba largas horas leyendo y reflexionando sobre la vida; Karl se dedicaba a artes marciales y a trabajos que exigían fuerza y disciplina; y Liam se había convertido en un ávido lector y curioso investigador de tecnología, con esa mezcla de cautela y fascinación por todo lo desconocido.
Aquel día, Eiden decidió llamar a sus amigos para reunirse.
No había una razón formal, solo la nostalgia y la certeza de que necesitaban revivir algo de su infancia antes de que la vida adulta los absorbiera del todo.
—Chicos, nos vemos esta tarde en la plaza —dijo Eiden por mensaje, con la simple firmeza que siempre lo caracterizaba.
Karl respondió casi de inmediato, con un emoji de guiño y un mensaje corto: —Allí estaré.
Pero nada de tonterías, ¿eh?
Liam tardó un poco más, escribiendo: —Voy.
Pero espero que no sea un paseo sin sentido.
Esa tarde, los tres volvieron a cruzar las calles de Darnell, y todo parecía igual y a la vez diferente.
El parque donde habían jugado, la escuela donde habían pasado días enteros, y las casas que ahora lucían más viejas o remodeladas, todo traía consigo recuerdos que se filtraban en sus mentes con intensidad.
Antes de salir hacia la aventura que Eiden proponía, cada uno había pasado tiempo con sus familiares.
Eiden había visitado a su tía Maren, única familia directa que le quedaba.
Habían tomado té juntos y charlado sobre su vida, sus estudios y los cambios del pueblo.
Maren le recordó que siempre fuera prudente, pero también le permitió sonreír con libertad, sin miedo al juicio.
Karl, huérfano de sus padres, pasó la mañana entrenando con su hermano menor Tyren, enseñándole movimientos de defensa personal y recordándole que la fuerza debía usarse con propósito.
Aunque no tenía a sus padres, la mirada orgullosa de Tyren lo hacía sentirse respaldado.
Liam se había reunido con su madre adoptiva, Naela, quien lo crió tras la desaparición de su madre biológica.
Hablaron sobre libros, historias del mundo y su fascinación por la tecnología.
Liam la miraba y se daba cuenta de lo afortunado que era de tener a alguien que lo comprendiera, aunque su mente siempre estuviera en otro lugar.
Con las despedidas hechas, los tres amigos se encontraron en la plaza central de Darnell, cargados de mochilas, linternas y algo de comida, como si fueran niños otra vez, aunque el peso de la adultez se notaba en sus hombros.
—No sé si tiene sentido —dijo Liam, mientras ajustaba la correa de su mochila—.
El bosque… ¿y si no hay nada?
Eso de abrir portales o encontrar un mago… suena ridículo.
—Eso es lo divertido —respondió Eiden, sonriendo—.
No sabemos qué encontraremos, pero al menos será nuestra locura por esta noche.
Karl suspiró, cruzando los brazos.
—Estoy con ustedes… pero si vamos a esto, quiero que al menos sea seguro.
Nada de fantasmas ni hechiceros locos.
La caminata hacia el bosque fue un viaje de recuerdos y risas.
Recordaban el campamento de hace siete años, la fogata, las historias del Hombre del Bosque, las noches bajo las estrellas.
Ese recuerdo se mezclaba con su presente: ya no eran niños, pero la sensación de aventura seguía viva, chispeando en sus corazones.
—Recuerdo cómo nos contaron que el bosque estaba maldito —dijo Liam—.
Que el mago desapareció buscando respuestas.
Nunca entendí si era real o solo un cuento para asustarnos.
—Aún así, quiero ver con mis propios ojos —dijo Eiden—.
No importa si hay portal o no, es nuestro bosque.
Karl asintió, su orgullo marcando cada paso.
—Además, si pasa algo, los protegeré a los dos.
Eso no ha cambiado.
Mientras avanzaban entre los árboles, la luz del atardecer se filtraba entre las ramas, pintando sombras largas y doradas en el suelo.
Cada sonido, cada movimiento de las hojas, parecía más intenso, más cercano a algo que solo el bosque podía revelar.
—Oigan —dijo Liam, deteniéndose un momento—, ¿y si nos perdemos?
Eiden lo miró con calma.
—Entonces nos encontramos de nuevo.
Siempre lo hemos hecho.
Karl soltó una risa baja.
—Como en los viejos tiempos.
Vamos, que esto va a ser divertido, aunque quieran negarlo.
Se preparaban para cruzar el límite que los separaba del misterio.
El aire olía a tierra húmeda y a hojas secas, y en el corazón de los tres amigos, un fuego familiar se encendía: nostalgia, curiosidad y una chispa de aventura que ni el paso de los años había logrado apagar.
El bosque los esperaba, y ellos, con recuerdos, valentía y amistad, estaban listos para cruzarlo una vez más.
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