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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 112

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  4. Capítulo 112 - 112 Capítulo 112 El portal inesperado
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112: Capítulo 112: El portal inesperado 112: Capítulo 112: El portal inesperado Azerion comenzó su práctica con el cristal de Ankaris, concentrando toda su energía en llevar su multiplicador mental más allá del x15.

Sus ojos brillaban, y un aura intensa lo rodeaba mientras su poder fluctuaba peligrosamente.

Eiden y Karl, entrenando cerca con Lujius, lo observaron con asombro.

—Está… a punto de llegar al x30 —susurró Eiden, con una mezcla de admiración y preocupación.

—Pero no lo puede mantener —añadió Karl, notando cómo la energía de Azerion oscilaba, como un fuego que se iba a desbordar.

Lujius se acercó con pasos firmes, sintiendo la vibración que se propagaba por el santuario.

—Azerion, detente —ordenó con calma, aunque su voz cargaba autoridad—.

No puedes mantenerlo aún.

Esto no es un juguete; si alguien con menos control hubiera intentado lo mismo, habría provocado una explosión que destruiría todo esto.

Azerion forzó su concentración, intentando sostener el x30 un segundo más, pero su cuerpo tembló y la luz a su alrededor se volvió inestable.

—¡Ya basta!

—dijo Lujius, colocando sus manos frente a Azerion y absorbiendo parte del exceso de energía—.

Respira.

Controla primero tu mente.

No puedes saltarte pasos.

La aura de Azerion disminuyó lentamente.

Su respiración era pesada, pero estable.

Los chicos respiraron aliviados.

—Esto es exactamente lo que les decía —continuó Lujius—.

El x30 no es algo que se consiga de un día para otro.

Toma semanas, meses incluso.

Por eso primero dominan el x15: para que su mente y cuerpo estén listos cuando llegue el momento de elevarse más allá.

Azerion bajó la cabeza, algo frustrado pero comprendiendo la lección.

—Lo entiendo… necesito más tiempo —murmuró—.

No puedo apresurarme.

Eiden y Karl intercambiaron miradas.

Sabían que si Azerion ya estaba a este nivel, ellos también tenían que prepararse al máximo.

La experiencia les enseñaba algo valioso: el poder sin control es más peligroso que cualquier enemigo que enfrentarían.

—Bien —dijo Lujius con firmeza—.

Ahora, transformaremos esta lección en entrenamiento físico.

Quiero que adapten su cuerpo y mente para soportar desequilibrios de energía como este, mientras siguen fortaleciendo su control mental.

Y Azerion, tú también participarás, pero bajo supervisión.

Esto será el verdadero comienzo de su preparación.

— El santuario volvió a calmarse después de varias horas de entrenamientos intensos.

Eiden y Karl, exhaustos pero satisfechos, se sentaron sobre el suelo de piedra, respirando con dificultad mientras sus músculos todavía temblaban por el esfuerzo.

La luz del cristal de Ankaris, aunque más tenue, seguía iluminando la sala con un brillo suave, recordándoles la energía que habían canalizado durante toda la jornada.

Lujius, observando con una mezcla de orgullo y serenidad, dijo: —Bien por hoy.

Han trabajado duro y han logrado mantener el x15 más tiempo que antes.

Es un avance importante.

Mañana retomaremos desde aquí, agregando nuevas combinaciones de movimientos y técnicas para fortalecer tanto su mente como su cuerpo.

Azerion, aún controlando la energía del cristal, asintió levemente, con la respiración agitada pero la postura firme.

—Eso es suficiente por hoy —dijo—.

Nadie sale lastimado, y eso es lo que importa.

Mañana continuaremos.

Eiden y Karl se levantaron con cuidado, sintiendo cada articulación y cada músculo recordándoles el esfuerzo que habían hecho.

—Vamos a ducharnos y a comer algo —propuso Lujius—.

Necesitan recuperar energías y relajarse antes de dormir.

Mientras se dirigían a la salida del santuario, Eiden lanzó una mirada rápida hacia Karl, quien solo sonrió cansadamente.

No hacía falta decir nada; ambos sabían lo que habían logrado hoy.

Ya en el exterior, la brisa del atardecer acariciaba sus rostros.

El aire fresco era un recordatorio de que el mundo seguía ahí afuera, lleno de desafíos, pero por ahora podían permitirse un momento de tranquilidad.

Llegaron al pequeño alojamiento que Nyrek y Bertel habían dispuesto para ellos.

Mientras se duchaban y cambiaban sus ropas empapadas de sudor, se oían conversaciones y risas contenidas, mezcladas con el sonido del agua corriendo y el humo de la comida que alguien preparaba en la cocina.

Ya sentados a la mesa, recuperando energías con un plato caliente, Nyrek sonrió y les preguntó: —¿Y qué tal el entrenamiento de hoy?

—Muy bien —respondió Eiden, sin ocultar la satisfacción—.

Logramos mantener el multiplicador x15 más tiempo del que habíamos pensado posible.

Karl asintió, tomando un sorbo de agua: —Sí.

Fue intenso, pero útil.

Mañana continuaremos y armaremos una rutina para entrenarnos constantemente.

Bertel les dirigió una mirada aprobatoria: —Eso es lo que quiero escuchar.

La constancia es más importante que la fuerza bruta.

Mañana será otro día, y cada pequeño avance cuenta.

Eiden, mientras masticaba despacio, dejó que sus pensamientos vagaran por un instante.

Esperaba que Liam estuviera bien, que los encontraran pronto y pudieran volver a reunirse con él.

Sabía que su compañero era el “guerrero definitivo” y que mucho dependía de que aprendiera a manejar su poder, pero por ahora solo podía confiar en que estaría a salvo.

Los chicos compartieron un instante de silencio mientras comían, pensando en lo que habían aprendido y en lo que les esperaba.

Aunque el camino para dominar completamente sus habilidades aún era largo, podían sentir que hoy habían dado un paso firme.

Cuando terminaron, se retiraron a descansar, conscientes de que el próximo día los esperaba con más desafíos y nuevas oportunidades para crecer, tanto en fuerza como en control.

— (Mientras tanto en la prisión de Senner…) La prisión de Senner temblaba con cada paso que Cael daba.

La energía que desprendía el guardia élite potenciado hacía que las paredes crujieran y el suelo se resquebrajara.

Teneb, Varka, Selanne y Drosk trataban de mantenerse firmes, atacando con todo lo que tenían, pero cada golpe parecía apenas rozarlo.

—¡No podemos retroceder!

—gritó Selanne mientras bloqueaba una embestida que la habría aplastado contra la pared.

Varka rodó, esquivando a duras penas un látigo de energía que Cael lanzó desde su brazo.

Su respiración era agitada, pero no se rendía.

—¡Estamos protegiendo a Alis y al resto!

—rugió Teneb mientras cargaba hacia él, sus puños rodeados de un aura negra que crepitaba con fuerza.

Drosk lanzó una ráfaga de proyectiles, intentando frenar la ofensiva de Cael, pero cada intento parecía inútil.

La diferencia de poder era abismal, y aunque no podían vencerlo, cada pequeño éxito servía para ganar segundos vitales.

En medio del caos, Alis se mantenía cerca de Liam, Paul, Yon y Richeld, cubriéndolos y asegurándose de que no fueran alcanzados por la furia del guardia.

La tensión en el aire era palpable; cualquier descuido podía ser fatal.

—¡Sigan!

—vociferó Drosk mientras realizaba un salto ágil para impactar a Cael por la espalda.

El monstruo se giró apenas, golpeándolo con fuerza y lanzándolo varios metros, pero el movimiento sirvió para dar un respiro a los demás.

Cada miembro del grupo sabía que no podían derrotarlo todavía, pero su objetivo era claro: mantenerlo ocupado, proteger a los más vulnerables y aguantar hasta cansar a Cael.

Liam, observando desde detrás del escudo improvisado que Alis creaba, comenzaba a sentir su energía burbujeando bajo la piel, un recordatorio de que él también tendría que intervenir pronto.

Pero por ahora, cada uno tenía un papel, y estaban haciendo todo lo posible para no dejar que Cael rompiera su formación.

— Cael avanzaba con un rugido que hacía vibrar la prisión entera.

Cada golpe suyo levantaba nubes de polvo, fragmentos de piedra volaban por los aires, y los ecos del impacto retumbaban en los corredores.

Teneb esquivó un puñetazo que hubiera destruido la mitad del muro detrás de él y contraatacó con un golpe cargado de energía, que Cael apenas logró bloquear.

—¡No podemos permitir que avance!

—gritó Varka mientras se lanzaba desde el costado, creando un arco de fuego con su puño, intentando frenarlo.

Selanne giró ágil, cortando con dos esferas de energía, pero Cael se movía con una velocidad que desafiaba sus reflejos.

Drosk, viendo que los ataques individuales apenas hacían efecto, comenzó a coordinarse con Teneb.

—¡Ahora, Teneb, juntos!

—ordenó, y sincronizaron sus golpes.

El impacto combinado logró hacerlo retroceder un par de pasos, y los cuatro respiraron con fuerza, sabiendo que ese pequeño éxito podía ser efímero.

Cael gruñó y lanzó un ataque de energía concentrada al suelo, levantando una onda expansiva que los hizo rodar a todos por la sala.

El polvo y los escombros impedían ver con claridad, y la respiración de cada uno era pesada, marcada por el esfuerzo y el miedo contenido.

—¡No podemos rendirnos!

—dijo Selanne entre dientes—.

Cada segundo que aguantemos es tiempo que ganamos para los demás.

Teneb asintió, levantándose con esfuerzo, y cargó de nuevo hacia Cael, esta vez apuntando a su pierna.

Varka lo siguió, mientras Drosk y Selanne bloqueaban sus laterales.

Por un instante, Cael parecía tambalear, y los cuatro intercambiaron miradas de alivio.

Pero el monstruo recobró rápidamente el equilibrio.

Su brazo se transformó en un látigo de pura fuerza, barriendo todo a su paso.

Cada miembro del grupo tuvo que retroceder con esfuerzo, esquivando y protegiéndose de los escombros que caían a su alrededor.

—¡Esto es más difícil de lo que pensé!

—exclamó Varka, respirando con rapidez.

—¡Pero no podemos dejarnos vencer!

—replicó Selanne, mientras una chispa de determinación brillaba en sus ojos.

Mientras el combate continuaba, el suelo se agrietaba y el aire vibraba con cada impacto.

Cada golpe de Cael era un recordatorio de su poder, y cada pequeña victoria del grupo era un paso para mantener a salvo a Alis, Liam, Paul, Yon y Richeld.

El cansancio comenzaba a pesar, los músculos dolían y la respiración se aceleraba, pero ninguno cedía.

Sabían que no podían permitirse un error; cada momento que ganaban era una fracción de esperanza, y cada segundo de resistencia demostraba que, aunque no podían vencerlo todavía, podían aguantar.

— Justo cuando Cael recobraba fuerza y el grupo comenzaba a sentirse al límite, un zumbido extraño resonó en la prisión.

Era un sonido que ninguno había escuchado antes, casi como el choque de energías de otra dimensión.

—¿Qué… es eso?

—preguntó Selanne, entrecerrando los ojos mientras buscaba el origen del ruido.

En medio de la tensión y el polvo, un portal comenzó a formarse en la pared de la prisión.

Luz azulada y chispeante se filtraba por las grietas, iluminando los cuerpos agotados de los guerreros.

Cael frunció el ceño, mirando la nueva presencia con desdén.

—¿Otra interferencia?

—gruñó, su voz cargada de furia—.

¡No terminaré hasta aplastarlos a todos!

Pero antes de que pudiera moverse, del portal comenzaron a surgir figuras que avanzaban con precisión y determinación.

No era un ataque caótico ni un grupo desorganizado: cada uno parecía entrenado, fuerte y listo para intervenir.

Teneb, Varka, Selanne y Drosk intercambiaron miradas rápidas, confundidos y sorprendidos.

No sabían quiénes eran, pero el simple hecho de que hubieran llegado a tiempo para equilibrar la batalla les dio un impulso de esperanza.

El portal seguía expandiéndose, y la luz brillaba con más intensidad.

Cael, al notar que ahora tendría que enfrentarse a más enemigos simultáneamente, apretó los puños y su aura creció, más oscura y densa que antes.

Cada paso que daba hacia ellos hacía temblar los cimientos de la prisión.

—¡No importa cuántos vengan!

—rugió—.

¡Seguiré hasta que no quede nada de ustedes!

Los recién llegados avanzaron con rapidez, posicionándose estratégicamente para frenar los ataques de Cael y proteger a los que ya estaban agotados.

El combate, que hasta ese momento parecía inclinarse hacia el monstruo, ahora volvía a estar en equilibrio… aunque de manera frágil.

Cada golpe de Cael era recibido con resistencia, y los guerreros nuevos demostraban habilidades que sorprendieron incluso a Teneb y Selanne.

Por primera vez, el monstruo no dominaba por completo la situación.

El polvo se levantaba, los choques de energía iluminaban la prisión como relámpagos, y la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Nadie podía prever cómo terminaría la batalla, pero la llegada de los refuerzos había cambiado las reglas del juego… y el destino de todos dependía de cuánto pudieran aguantar hasta que los protagonistas principales pudieran unirse.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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