Vornex: Temporada 1 - Capítulo 114
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- Capítulo 114 - 114 Capítulo 114 Estrellum el destino que cambia todo
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114: Capítulo 114: Estrellum, el destino que cambia todo 114: Capítulo 114: Estrellum, el destino que cambia todo (Actualidad) …
El ambiente quedó denso, sofocante.
Cael ya estaba muerto, reducido a un cuerpo inmóvil que ni siquiera logró entender por qué lo eliminaron con tanta frialdad.
Senner retrocedió titubeante, temblando, intentando esconderse detrás de Teneb como un niño que ve venir su final.
Los encapuchados -los ex-prisioneros- no hablaron ni se movieron hasta que el líder, el que cargaba esa aura oscura imposible de ignorar, avanzó un paso.
Esa vibra fría…
esa presión pesada…
Alis lo notó al instante.
Ese hombre no era normal.
-Tenemos otro nombre pendiente -dijo el líder, sin emoción, como si solo repasara una lista de tareas.
Senner tragó saliva con tanta fuerza que el sonido resonó entre todos.
Teneb se adelantó medio paso, interponiéndose como podía, sin armas, sin un plan claro, solo con la convicción de que lo que estaba por pasar era una locura.
-¡Basta!
-soltó, firme-.
Ya hicieron su punto.
Senner irá preso, pagará lo que hizo…
pero no lo van a ejecutar acá como si fuera simple basura.
Eso no es justicia.
El líder lo observó con una calma tan antinatural que erizó la piel de todos.
Los ex-prisioneros alzaron lentamente las manos.
Esa aura violeta -la energía regalada por el ritual- brotó como un fuego frío.
El aire vibró.
El suelo crujió.
-Muévete -ordenó el líder, sin levantar la voz-.
O entrarás en la lista también.
No sonaba amenazante.
Sonaba…
vacío.
Como si ya estuviera decidido.
Senner se escondió más detrás de Teneb.
-¡Protégeme!
¡Tú dijiste que matar estaba mal!
¡Tú lo dijiste!
¡No los dejes acercarse!
Teneb cerró los puños, respirando hondo.
Defender a alguien tan miserable le daba asco…
pero permitir una ejecución así era aún peor.
-No van a tocarlo -dijo, con una firmeza que cortó el aire.
Los ex-prisioneros dieron un paso conjunto, todos al mismo ritmo, como un solo cuerpo.
La energía violeta se intensificó, chispeando alrededor de ellos.
El líder levantó la mano, listo para dar la orden…
Y ahí, desde atrás de la formación, habló el más viejo: Boner.
-Líder…
-su voz tembló, apenas- ¿estás seguro?
Su mirada estaba fija en Senner…
pero había algo distinto en sus ojos.
La duda.
La duda que recién ahora, demasiado tarde, había empezado a nacer.
Los otros también parecían sentirlo.
El ritual les había dado poder, sí…
pero también tiempo.
Tiempo para pensar.
Y pensar dolía.
-Él ya está acabado -murmuró Zarek, forzando la voz-.
Miralo.
No es necesario…
Boner lo secundó, respirando hondo.
-Ya no tiene sentido.
Cael cayó.
Y este…
-miró a Senner, temblando, derrotado-.
Ni siquiera puede mantenerse en pie.
Por un momento, parecía que el líder iba a escucharlos.
Pero entonces habló.
Y su tono fue un bloque de hielo.
-Lo que dijeron que cumplirían…
se cumple.
Todo.
Sin excepciones.
Los ex-prisioneros bajaron la mirada.
No hacia Senner.
Sino hacia el propio líder.
Porque sabían que tenía razón.
No porque fuera justo, sino porque era demasiado tarde para retroceder.
Habían cargado ese odio por años.
Y sí…
Senner les había arruinado la vida.
Había sido parte del sistema que los compraba, los explotaba, los destruía.
No importaba si ahora parecía una sombra llorosa de sí mismo.
Boner cerró los ojos.
-Es verdad…
-susurró, como si doliera admitirlo-.
No hay vuelta atrás.
Dargan apretó los dientes, su aura violeta vibrando inestable.
-Merece pagar…
-dijo, aunque su voz no sonó convencida.
Más bien sonó resignada.
Cristel, un poco más atrás, los miraba a todos con los ojos entrecerrados…
casi divertido.
Él sabía que la duda era parte del juego.
Que el ritual no solo daba poder: también los ataba, los empujaba a seguir lo que habían prometido, aunque ya no quisieran.
Qué ironía preciosa.
-Continuemos -dijo el líder, firme.
Los ex-prisioneros volvieron a apuntar sus manos hacia Senner.
La energía violeta volvió a crecer, como un latido oscuro dispuesto a tragarse todo.
Teneb tensó cada músculo, preparado para interponerse.
No sabía si iba a lograr salvar a Senner…
pero estaba listo para intentarlo.
Y así, sin interrupciones, sin apariciones milagrosas, sin nada que los salvara…
La ejecución estaba a un segundo de empezar.
— Justo cuando la energía violeta estaba a punto de estallar contra Senner, el líder -Cristel- bajó la mano lentamente.
-Un segundo -murmuró.
Nadie entendió qué pensaba hacer.
Cristel caminó entre los escombros, tranquilo, como si todo fuera una simple distracción antes de su verdadero objetivo.
Se agachó junto a un guardia que aún respiraba, apenas consciente.
El tipo estaba destrozado, sangrando, prácticamente fuera de combate.
Cristel apoyó dos dedos en su frente.
El guardia se arqueó, su cuerpo tembló…
y de golpe, una aura violeta se coló dentro de él como un veneno dulce.
Los ojos del guardia se abrieron de par en par, vacíos.
Alis y los demás se tensaron.
-¿Qué estás…
qué estás haciendo?
-preguntó Selane, horrorizada.
Cristel soltó una leve sonrisa, casi invisible.
-Dándole un propósito más útil.
El guardia se puso de pie sin titubear, como si de repente hubiera olvidado que estaba herido.
Sus movimientos eran robóticos, controlados…
quebrados.
Cristel se acercó a su oído.
-Ve a Eldrys -le ordenó-.
Dile a Roger que se prepare.
Que un grupo que jamás imaginaría…
va a destruirlo junto a todo su pueblo.
El guardia asintió de inmediato, sin un solo destello de voluntad.
Las piernas le temblaban mientras arrancaba a correr, perdiéndose entre los pasillos destruidos.
Selane apretó los labios.
-Está…
¿está controlándolo?
Teneb no necesitaba respuesta.
Lo sabía.
Cristel dio media vuelta, como si nada hubiese pasado.
-Ahora sí -dijo, sacudiéndose el polvo de las manos-.
Volvamos a lo interesante.
Los ex-prisioneros tensaron los brazos, listos para retomar la ejecución.
Pero Cristel levantó la mano otra vez, deteniéndolos.
-Si van a intentar impedir que Senner muera…
-miró directamente a Teneb, luego al grupo de Alis- sería más divertido si peleamos todos.
Ya me cansé de estos rodeos.
Alis frunció el ceño.
-¿Qué quieres decir?
-preguntó, sabiendo que no iba a gustarle la respuesta.
Cristel ladeó la cabeza, y por primera vez su tono cambió: no era burlón…
era serio.
Frío.
Determinado.
-Cambio de planes.
No solo Senner morirá.
Morirá cualquiera que se interponga.
Y eso los incluye a todos ustedes.
La presión en el aire subió como un golpe seco.
Selane dio un paso atrás.
Teneb tragó saliva.
El grupo de Alis sintió que la temperatura bajaba de golpe.
Cristel chasqueó los dedos.
-Tanto problema por una persona patético…
En fin.
Divirtámonos un poco antes de acabar con esto.
Se hizo a un lado, como un espectador que se acomoda para ver un espectáculo.
-Ex-prisioneros -dijo con esa voz hueca que helaba la sangre-.
Mátenlos, pero antes hagan un espectáculo para mí.
La energía violeta explotó alrededor de ellos.
Los encapuchados dieron un paso adelante, sincronizados, listos para lanzarse encima del grupo de Alis.
Cristel observó desde atrás, tranquilo, disfrutando cada detalle.
La batalla comenzaba.
— Afuera de la prisión, la noche parecía contener el aliento.
El grupo de Alis se detuvo en seco al ver a los encapuchados alineados frente a ellos, silenciosos, como estatuas a punto de despertarse.
Nadie decía nada.
Y justamente ese silencio pesaba más que cualquier grito.
Los encapuchados dieron un paso adelante al mismo tiempo.
Ese único movimiento ya bastaba para poner los nervios de punta.
Uno de ellos, Boner, inclinó apenas la cabeza, estudiando a Alis y a los demás como si estuviera evaluando figuritas en un estante.
—Vaya… así que estos son los que “estorban”, ¿eh?
Su voz sonó tranquila, demasiado tranquila para alguien que estaba a segundos de entrar en una pelea.
Otro ex-prisionero rió por lo bajo, con un tono que no coincidía en nada con su expresión seria.
—No se preocupen… no vamos a matarlos rápido.
Eso sería aburrido.
El grupo de Alis tensó posturas, pero algo no cerraba.
Los encapuchados no estaban en posición de combate real.
No cargaban energía.
No tenían intención de matarlos de inmediato.
Era como si estuvieran esperando a que alguien dijera “empiecen”.
Y entonces lo vieron.
A varios metros detrás de ellos, elevado sobre un montón de rocas partidas, Cristel se dejaba caer sobre un trono hecho enteramente de su propia energía.
La estructura pulsaba, formándose y desarmándose como si estuviera vivo.
Se acomodó de la forma más relajada posible, apoyando el codo en el apoyabrazos etéreo, la mirada fija en la escena.
—No se preocupen por mí —dijo con una media sonrisa—.
Solo observo.
Apenas levantó dos dedos.
Los encapuchados se lanzaron.
Pero no como guerreros hambrientos de sangre.
No: sus movimientos eran demasiado suaves, demasiado medidos.
Esquivaban golpes de Teneb, de Varka, Selanne y Drosk… pero dejándose rozar, como si quisieran que parezca una pelea real sin serlo.
Uno saltó atrás después de recibir un golpe que solo lo empujó, no lo lastimó.
—Esto está mal… —murmuró entre dientes—.
Están jugando.
Uno de los encapuchados lo escuchó, y sin dejar de moverse, respondió con un susurro frío: —Por fin alguien se da cuenta.
Suli lanzó una ráfaga de energía.
El encapuchado la esquivó con una elegancia absurda, girando sobre un pie, sin perder la sonrisa.
—Si usáramos lo que tenemos en serio… ni llegarían a ver el final —agregó otro, casi como quien comenta sobre el clima.
Cristel soltó una leve carcajada desde su trono.
—Me encanta cuando empiezan a sospechar —dijo, cruzando las piernas mientras seguía observando—.
Sigan.
Aún no se cansan suficiente.
— Mientras tanto, lejos de la prisión y del caos… Suli llevaba horas caminando sola.
El viento nocturno le golpeaba la cara mientras avanzaba hacia un lugar que muchos consideraban demasiado ruidoso y moderno, pero que para ella tenía un propósito claro: entrenar lejos de todo.
Cuando por fin alcanzó las luces de Pertenence, soltó un suspiro cansado.
Ese pueblo nunca dormía.
Entre gritos de vendedores y ruidos metálicos, parecía imposible encontrar paz ahí.
Apenas cruzó la entrada, comenzaron las ofertas desde todos lados: —¡Chica, ven!
¡Nuevas armas recién llegadas!
—¡Hechizos a mitad de precio!
—¡Tengo amuletos que aumentan tu energía, ven a ver!
Suli levantó la mano sin detenerse.
—No gracias, ya conozco este lugar.
Caminó entre la multitud hasta llegar a una zona más tranquila.
Allí, un cartel brillaba en la oscuridad: PORTELIUM “A donde quieras, cuando quieras.” Dentro del local el ambiente era más calmado.
Detrás del mostrador había un hombre flaco, con lentes y expresión de “no he dormido en una semana”.
—¿Destino?
—preguntó sin saludo previo.
Suli dejó una bolsa de monedas sobre la mesa.
—Quiero ir a Estrellum.
El encargado levantó la vista, sorprendido, como si no escuchara ese destino muy seguido.
—Entonces vas a necesitar uno de estos.
Sacó un aparato pequeño, del tamaño de un teléfono compacto, con una pantalla brillante y un borde metálico.
Perfectamente portable.
—Este es el Portelium.
Lo guardas en un bolsillo y con él puedes crear portales a cualquier lugar.
Solo ingresas las coordenadas y se abre el camino.
Pero escucha bien.
Se inclinó un poco hacia ella.
—Si lo pierdes cuando ya estás en otro planeta… no hay forma de volver.
A menos que te manden otro Portelium o puedas crear uno tú misma.
Y eso último… —bufó con una sonrisa cansada— consume tanta energía que la mayoría ni siquiera lo intenta.
Suli mantuvo la mirada firme.
—No voy a perderlo.
Confía, no soy tan descuidada.
El hombre asintió con cierta resignación y finalmente se lo entregó.
—Úsalo cuando estés lista.
Suli salió del local, buscó un rincón vacío y encendió el aparato.
La pantalla mostró menús rápidos y coordenadas.
Ajustó las de Estrellum, y el Portelium reaccionó al instante: una luz se proyectó al suelo y formó un círculo que se elevó, creando un portal azul oscuro.
Lo guardó en su bolsillo, respiró hondo y cruzó.
El portal se cerró detrás de ella en silencio.
Ahora estaba en un terreno plateado, rocoso, con un cielo tan claro que parecía que las estrellas parpadeaban a propósito.
—Estrellum… —murmuró—.
Bueno, a ver qué viene ahora.
Y su entrenamiento, oficialmente, había comenzado.
—
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