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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 115

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  4. Capítulo 115 - 115 Capítulo 115 La prueba de Cristel
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115: Capítulo 115: La prueba de Cristel 115: Capítulo 115: La prueba de Cristel El aire estaba cargado, casi sólido, como si cada respiración costara el doble.

Afuera de la prisión de Senner, los muros reflejaban la luz de las antorchas, mientras el grupo de Alis se posicionaba frente a los encapuchados, que los miraban con calma, casi diversión.

Senner se mantenía detrás de ellos, temblando, claramente intimidado, observando cómo los supuestos aliados de Cristel se movían como un solo organismo, sincronizados, pero sin mostrar una fuerza descomunal… al menos no todavía.

—¡No los dejaremos pasar!

—gritó Teneb, adelantando el cuerpo, intentando cubrir a Senner—.

Nadie toca a Senner mientras yo esté aquí.

Selane se colocó a su lado, levantando las manos y generando un escudo de energía brillante que chispeaba ante los movimientos de los encapuchados.

Drosk y Varka avanzaron en formación, intentando coordinar ataques para mantenerlos a raya.

Los encapuchados comenzaron a acercarse, sus movimientos medidos, deliberados.

Cada paso parecía calcular la fuerza del grupo de Alis, como si estuvieran jugando un juego, no luchando de verdad.

El aura violeta que los rodeaba vibraba con intensidad, pero sus golpes eran calculados, no mortales… por el momento.

—¿Qué… qué quieren?

—preguntó Yon, mientras bloqueaba un ataque que apenas tocó su escudo—.

No están peleando en serio.

—Exacto —dijo Teneb, apretando los puños—.

Pero cuidado, no sabemos hasta qué punto… El líder de los encapuchados, aquel cuya energía oscura emanaba con más fuerza que los demás, permanecía atrás, observando todo con una calma inquietante.

Desde lejos, en un trono hecho de pura energía violeta, Cristel lo contemplaba todo, sentado, con una sonrisa apenas perceptible en los labios.

Cada maniobra, cada salto, cada bloque de los de Alis era registrado en su mente, como si fuera una lección o una prueba.

Selane lanzó una onda de energía que empujó a uno de los encapuchados hacia atrás, pero este se recuperó con facilidad, haciendo que la onda se disipara antes de tocar a los demás.

—¡No subestimen a Senner ni a nosotros!

—gritó Teneb, mientras bloqueaba un ataque combinado de dos encapuchados.

Senner retrocedió un paso, su miedo evidente.

Aun así, los ex-prisioneros lo tenían en la mira, y aunque no querían matarlo de verdad todavía, la tensión crecía.

—Vamos a ver qué tan rápido pueden adaptarse —murmuró el líder de los encapuchados, con voz fría—.

No es necesario matarlos de inmediato.

Pero todo lo que hagan será puesto a prueba.

Cada ataque de los encapuchados tenía un patrón casi hipnótico: movimientos coordinados, simulando fuerza total, pero sin intención de romper huesos, más bien para medir reacciones, reflejos y estrategia del grupo de Alis.

—¿Están jugando con nosotros?

—dijo Drosk, esquivando un golpe que parecía demasiado medido para causar daño—.

Esto no tiene sentido.

—Lo sé —resopló Teneb, esquivando un barrido rápido de energía violeta—.

Es como… como un entrenamiento para ellos, y nosotros… solo somos peones.

Senner intentó moverse, pero el miedo lo mantenía rígido.

A cada instante, los ex-prisioneros rodeaban al grupo de Alis, estudiando sus puntos débiles, calculando cada reacción.

—¡Manténganse juntos!

—ordenó Selane, mientras creaba un muro de energía que cubría la parte más vulnerable de la formación—.

No podemos dejarnos dividir.

El líder hizo un gesto con la mano, y de repente todos los encapuchados atacaron simultáneamente, pero nuevamente, no con fuerza letal, sino como un juego cruel, forzando a los de Alis a moverse sin descanso.

Cada esquive, cada contraataque, era registrado, evaluado.

Desde su trono, Cristel permanecía en silencio, observando cómo cada movimiento del grupo de Alis se ejecutaba.

Para él, todo era un experimento: medía su resistencia, su coordinación, la efectividad de sus habilidades.

Una sonrisa apenas perceptible aparecía en su rostro cada vez que un ex-prisionero fallaba al predecir una maniobra.

—No podemos… —jadeó Selane, bloqueando otro ataque—.

No son humanos normales… —Lo sé —dijo Teneb, sudando mientras mantenía la defensa—.

Esto… esto es mucho más que fuerza.

Es estrategia, coordinación, control de la energía… y nosotros estamos en desventaja numérica.

El tiempo pasaba y la batalla seguía, una danza calculada de ataque y defensa.

Los de Alis luchaban para proteger a Senner y entre ellos, mientras los encapuchados parecían disfrutar del juego, pero sin causar daño real.

La tensión era palpable: nadie sabía hasta dónde llegarían, ni cuánto control tenían sobre su propia fuerza.

Cristel permanecía allí, observando desde su trono, indiferente a la resistencia de los de Alis, pero atento a cada reacción.

Sabía que cada movimiento que hacía su grupo, cada estrategia que usaban, sería útil más adelante.

Todo era parte de su plan maestro, y para él, era solo entretenimiento mientras evaluaba.

— El aire seguía vibrando con energía contenida, y el grupo de Alis ya empezaba a notar un patrón en los ataques.

Cada movimiento de los encapuchados era calculado, como si fueran conscientes de no excederse.

Aun así, la intensidad era suficiente para mantenerlos en alerta constante.

—Es raro… —susurró Selane, bloqueando un ataque que parecía más teatral que dañino—.

Nunca he visto algo así… no atacan con todo, ¿verdad?

—Exacto —contestó Teneb, jadeando—.

Están midiendo nuestra fuerza, nuestras reacciones… como si esto fuera un juego.

—Un juego… muy retorcido —dijo Varka, mientras esquivaba un golpe que parecía más un empujón calculado que un ataque mortal.

Senner, aún temblando detrás de ellos, miraba cómo su prisión y su vida se reducían a un tablero de pruebas.

La desesperación lo mantenía rígido, pero a cada momento su mente trataba de entender la intención detrás de aquel enfrentamiento.

El líder de los encapuchados se mantenía atrás, observando, con la misma calma que un maestro evaluando estudiantes.

Su aura oscura pulsaba de manera rítmica, y aunque no intervenía directamente, su sola presencia llenaba de presión a todos los presentes.

—No sé si es peor que nos maten o que nos usen como conejillos de indias —murmuró Drosk, entre bloqueos y esquives.

Selane apretó los dientes, concentrándose en mantener los escudos activos, mientras Teneb coordinaba los movimientos del grupo.

Cada ataque de los encapuchados parecía diseñado para obligarlos a adaptarse, a pensar, a reaccionar sin pausa.

—Están jugando con nosotros… pero no lo hacen por maldad directa —comentó Yon, esquivando un golpe que apenas rozó su hombro—.

Es como si… como si quisieran enseñarnos algo, o probarnos.

—Cálmense —dijo Teneb, respirando hondo—.

Mientras no sean ataques letales reales, podemos aprender de esto.

Solo tenemos que mantenernos vivos y proteger a Senner.

El líder, desde atrás de su grupo, hizo un gesto sutil.

Una onda de energía recorrió a sus subordinados, ajustando la intensidad de los ataques.

Era como si estuvieran siguiendo un patrón invisible, reforzando sus golpes donde podían observar fallas, pero sin cruzar la línea.

Cristel, sentado en su trono de energía a lo lejos, sonrió apenas.

Cada reacción de Alis y su grupo estaba siendo registrada.

Cada decisión, cada estrategia, cada instinto… todo formaba parte de su experimento.

—Esto no es un combate de vida o muerte —dijo Selane a los demás, bajando un poco la guardia—.

Tienen control sobre lo que hacen… solo lo fingen.

—Sí —asintió Teneb—.

Pero no podemos confiarnos.

Esto sigue siendo peligroso.

Cada movimiento está calculado, pero aún podrían lastimarnos si nos descuidamos.

Los encapuchados atacaron de nuevo, sincronizados, pero la intención letal parecía mínima.

Cada ataque obligaba al grupo de Alis a moverse, a adaptarse, a trabajar en equipo.

La tensión no desaparecía, pero comenzaban a comprender que el verdadero objetivo de esta “batalla” no era matarlos… sino medirlos, estudiarlos.

—Parece que estamos en medio de un examen —dijo Selane, respirando con dificultad—.

Y el maestro… es el que está sentado allá atrás.

Todos levantaron la vista hacia el trono de Cristel, su figura imponente y su energía palpable, controlando todo a distancia, observando y evaluando cada reacción, cada estrategia, cada momento de duda o acierto.

—No podemos permitir que nos intimiden —dijo Teneb—.

Sigamos protegiendo a Senner y mantengámonos unidos.

Mientras no ataquen de verdad, podemos usar esto a nuestro favor.

Los encapuchados dieron un paso atrás, midiendo nuevamente sus movimientos, y aunque los de Alis no podían dejar de sudar y cansarse, comenzaron a encontrar un ritmo, un patrón para predecir y adaptarse.

La batalla se transformó en un juego estratégico de reflejos y resistencia, con la amenaza constante de que en cualquier momento, el límite del líder podía cambiar y hacer que todo se tornara mortal.

Y desde su trono, Cristel siguió observando, su sonrisa apenas visible, disfrutando de cómo cada pieza se movía exactamente como él quería… y esperando el momento en que todo su plan empezara a desplegarse más allá de esta simulación de combate.

— Teneb respiraba con fuerza, jadeando mientras observaba cómo el combate se volvía cada vez más peligroso.

Sus compañeros estaban agotados, y Senner, aún de rodillas y temblando, era el blanco de todos los ataques.

Sabía que ya no podía esperar más.

—¡Basta!

—gritó, mirando a sus compañeros—.

¡Si alguno de ustedes se interpone detrás de mí, respáldeme!

Todos asintieron, sin dudar.

No había tiempo para discutir, no podían permitir que Senner cayera sin intentar algo.

En un instante, Teneb salió disparado, su cuerpo envuelto en energía concentrada.

Sus pies apenas rozaban el suelo mientras avanzaba con velocidad extrema, cargando su ataque más poderoso: “Destruction Darkness”.

La energía oscura que emanaba se retorcía y giraba a su alrededor, lista para impactar contra Cristel.

Cristel, sentado en su trono de energía a distancia, alzó una ceja al verlo venir.

Un leve movimiento de sus manos y un escudo invisible se materializó, envolviéndose en un aura que bloqueó por completo el ataque.

Una explosión de polvo y energía cubrió el área, haciendo que todos los presentes tosieran y parpadearan.

Cuando el humo se disipó, Cristel estaba de pie, impecable.

No un rasguño, nada fuera de lugar.

Su trono de energía había desaparecido mientras se levantaba con calma, y Teneb no podía creerlo.

—Ya es suficiente —dijo Cristel con voz firme, que no admitía réplica—.

El objetivo final ahora es eliminar a Senner de una vez por todas.

—¿Qué es lo que quieres?

—preguntó Teneb, respirando agitadamente—.

¿Por qué todo esto?

Cristel sonrió ligeramente, sus ojos brillando con un destello inquietante.

—Solo hago mi trabajo —respondió—.

Y yo controlo a mis peones.

Ellos son los ex-prisioneros, y ahora deben ajustar cuentas con Senner por lo que les hicieron.

Hirian… por Roger y Selindra, también por su manipulación y explotación.

Teneb frunció el ceño, intentando procesar la información.

—Pero… ¿y tú?

¿Cuál es tu objetivo?

—Mi objetivo real —dijo Cristel, más bajo, casi para sí mismo— es perfeccionar mis habilidades de manipulación.

Observar cómo reaccionan, cómo caen ante mis hechizos… ustedes no son más que piezas para que yo aprenda y mejore.

Mis aliados hacen lo suyo, yo hago lo mío.

Un silencio incómodo cayó sobre el campo.

Teneb respiró hondo y preguntó lo inevitable: —Y después de que cumplan su objetivo… ¿qué harás con ellos?

Cristel soltó una risa baja y calculadora.

—Los eliminaré al final, uno por uno.

Pero eso vendrá después.

Primero quiero ver cómo manejan la prueba.

Un gesto de su mano y una onda de energía lo expulsó suavemente hacia atrás, pero de forma que cayera de pie, mostrando su control absoluto.

—Ahora, no interfieras más —advirtió—.

Con un simple movimiento de su mano, los ex-prisioneros dejaron de contenerse.

El juego había terminado.

Lo que antes parecía un enfrentamiento controlado ahora se convirtió en ataque total.

Cada encapuchado cargó con fuerza contra Senner, y el grupo de Alis, exhausto, no pudo resistir por mucho tiempo.

Senner gritaba, intentando defenderse, mientras sus atacantes avanzaban.

Yon, ya recuperado parcialmente, levantó una ola de polvo, un instante de salvación que dispersó a los ex-prisioneros temporalmente.

Teneb, corriendo a máxima velocidad, logró acercarse un poco, pero la distancia era demasiada.

Un encapuchado apareció detrás de Senner.

Teneb intentó intervenir, disparando energía para detenerlo, pero el ataque llegó demasiado tarde.

Senner cayó de rodillas, el aire saliendo de sus pulmones con un jadeo.

Ninguno del grupo de Alis podía creerlo; el tiempo parecía haberse detenido mientras miraban la escena, impotentes.

—¡No…!

—gritó Teneb, furioso—.

Intentó contraatacar, pero fue detenido por un golpe directo al estómago de otro ex-prisionero.

Cayó al suelo, el dolor cortando su impulso.

Drosk, Selane y Varka cayeron mientras intentaban ayudarlo, y Alis, Liam, Yon y los demás permanecieron en el suelo, exhaustos y sorprendidos por la intensidad de la embestida.

Cristel, observando desde su trono de energía ahora reaparecido en la distancia, alzó la voz con calma: —Ya es suficiente.

Esto concluyó.

Se Hirian de aquí.

Ha sido un gusto conocerlos, pero tengo planes que atender.

Los ex-prisioneros obedecieron, retirándose lentamente mientras el campo quedaba en silencio.

La prisión, antes llena de gritos y movimientos, ahora estaba desierta.

Todo el grupo de Alis estaba derrotado, y la tensión de la venganza se había consumado.

El eco de la batalla y el poder de Cristel todavía flotaban en el aire, recordando que la manipulación y el control podían ser más devastadores que cualquier ataque directo.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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