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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 121

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  4. Capítulo 121 - 121 Capítulo 121 El peso del camino
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121: Capítulo 121: El peso del camino 121: Capítulo 121: El peso del camino La noche seguía cubriendo Eldrys, pero los bandidos del pueblo patrullaban con firmeza, sabiendo que cualquier descuido podía ser fatal.

Las calles estaban iluminadas por antorchas, y el aire olía a madera quemada de los fogones que aún permanecían activos.

De repente, desde el límite del bosque que rodeaba el pueblo, aparecieron tres figuras conocidas: los bandidos que habían sido enviados a espiar a los chicos en la prisión de Senner.

Sus pasos eran rápidos, decididos, pero también cautelosos.

Sabían que algo había cambiado; no entendían del todo por qué todo el pueblo estaba tan vigilante, pero debían entregar la información a Roger.

Al acercarse a la plaza central, vieron a Roger y Selindra reunidos con los demás bandidos, organizando las patrullas y reforzando defensas.

Los tres hombres se arrodillaron levemente al llegar, una señal de respeto y de urgencia.

—¡Líder!

—dijo uno de ellos—.

Tenemos información sobre los intrusos que se acercaron a la prisión de Senner.

Roger los miró con atención, sus ojos mostrando una mezcla de curiosidad y preocupación.

—Hablen —ordenó con firmeza.

—Los seguimos desde que llegaron —continuó otro—.

Son tres humanos, mitad místics, mitad de un mundo llamado Tierra.

Sus nombres son Liam, Eiden y Karl.

Vinieron de otro universo, no de este.

Selindra frunció el ceño, sorprendida.

Ahora entendía de quiénes hablaban los bandidos, los mismos a los que ella había enviado a la prisión de Senner.

No eran simples exploradores; había algo mucho más profundo en ellos.

Roger permaneció en silencio unos segundos, analizando la información.

Su mente conectaba piezas rápidamente.

—Cuando los místics se mezclan con otras razas —dijo finalmente—, la mayoría carece de potencial.

Pero si logran desarrollarse, su poder puede superar incluso al de un místic puro.

Es un equilibrio…

difícil de alcanzar, pero increíblemente poderoso.

—¿Un equilibrio?

—preguntó Selindra, intrigada.

—Sí —continuó Roger—.

Mitad místic significa que pueden alcanzar más, pero les cuesta el doble.

Por eso no siempre lo logran.

Pero estos tres…

si entrenaron en su mundo natal, si fueron capaces de crear un portal, y más aún, un mega-portal capaz de conectar universos… —Se detuvo un momento, dejando que las palabras calaran—.

No es algo que cualquiera pueda hacer.

Esto demuestra que su potencial es enorme.

Los tres bandidos se miraron entre sí, conscientes de la magnitud de lo que habían descubierto.

Nunca imaginaron que los jóvenes que habían espiado eran tan poderosos.

—Entonces, ¿podrían haber llegado hasta aquí gracias a su entrenamiento?

—preguntó uno de ellos, casi sin respirar.

—Exactamente —dijo Roger—.

Y tarde o temprano, los veré con mis propios ojos.

Quiero entender cómo llegaron, y por qué.

Pero ahora no hay tiempo para eso.

—Se giró hacia Selindra, con el ceño fruncido—.

Lo importante es proteger Eldrys.

Cristel vendrá, y traerá a los prisioneros con él.

Selindra asintió, comprendiendo la gravedad de la situación.

Su hermano nunca se había mostrado tan serio, tan tenso.

El orgullo de Roger no se rompía fácilmente, pero la amenaza de Cristel y los prisioneros había hecho que su corazón latiera con fuerza y su mente se pusiera en alerta máxima.

—Gracias por la información —dijo Roger a los tres bandidos—.

Prepárense y patrullen Eldrys.

Nadie puede bajar la guardia.

Los tres hombres asintieron y se dispersaron rápidamente, mezclándose con los defensores del pueblo.

Cada paso que daban estaba cargado de determinación y miedo contenido.

Sabían que lo que venía no sería sencillo.

Roger volvió su mirada al horizonte, imaginando la llegada de Cristel.

Sus puños se cerraron involuntariamente.

Maldecía la situación, maldecía a Senner, y a la vez, sabía que su deber era proteger a su gente sin importar el costo.

Selindra permaneció a su lado, observando cómo la calma del pueblo era solo una ilusión antes de la tormenta que se avecinaba.

— La plaza de Eldrys quedó en silencio una vez que los tres bandidos se alejaron para unirse a las patrullas.

El murmullo de la gente se apagó poco a poco, reemplazado por el sonido constante de pasos, armas rozando el suelo y órdenes cortas que se transmitían entre los defensores del pueblo.

Roger permanecía de pie, inmóvil, observando cómo su gente se movía con disciplina.

Antorchas encendidas marcaban las rutas de vigilancia y las entradas principales habían sido reforzadas con barricadas improvisadas.

No era la primera vez que Eldrys se preparaba para un ataque… pero sí la primera vez que el peligro tenía un nombre que incluso a él le pesaba en el pecho.

Selindra fue la primera en romper el silencio.

—No te había visto así desde hace años —dijo en voz baja, sin mirarlo directamente—.

Ese mago… Cristel.

No es solo otro enemigo, ¿verdad?

Roger exhaló lentamente.

Su orgullo le pedía callar, pero la situación ya había superado ese límite.

—No —respondió—.

No lo es.

Se giró hacia ella, y por primera vez esa noche, Selindra vio algo distinto en sus ojos: no miedo, pero sí una alerta constante, como la de alguien que sabe que está frente a algo que no puede subestimar.

—Cristel no pelea como los demás —continuó—.

No busca dominar territorios ni riquezas.

No le interesa el poder político ni la fama.

Lo único que le importa… es su magia.

Selindra frunció el ceño.

—¿Solo eso?

—Eso es lo más peligroso —dijo Roger con dureza—.

Para él, las personas son herramientas.

Los prisioneros, los bandidos, incluso nosotros… solo somos piezas en su experimento.

Un viento frío recorrió la plaza.

Selindra cruzó los brazos instintivamente.

—Entonces… ¿los prisioneros de Senner…?

—Creyeron que buscaban venganza —respondió Roger—.

Y quizá al principio era así.

Pero Cristel no les dio libertad.

Les dio dirección.

Poder.

Un propósito… aunque no sea el suyo.

Selindra bajó la mirada por un momento.

—Senner nunca fue inocente —dijo—, pero tampoco merecía morir así.

Roger apretó la mandíbula.

—No —admitió—.

Fue un peón más.

Igual que nosotros lo seremos si cometemos un error.

Un bandido se acercó con cautela.

—Líder, las patrullas están listas.

Nadie entra ni sale de Eldrys sin que lo sepamos.

Roger asintió.

—Mantengan los turnos cortos.

Que nadie se canse demasiado.

Si Cristel aparece… no atacará de inmediato.

—¿Cómo estás tan seguro?

—preguntó Selindra.

Roger observó el cielo oscuro.

—Porque quiere vernos reaccionar.

Quiere medirnos.

El bandido se retiró, y Selindra permaneció unos segundos en silencio antes de hablar de nuevo.

—Y esos chicos… Liam, Eiden y Karl.

Roger cerró los ojos un instante.

—No son parte de esto… todavía —dijo—.

Pero tarde o temprano, se cruzarán con Cristel.

Y cuando eso pase… todo cambiará.

Selindra lo miró con atención.

—¿Crees que puedan detenerlo?

Roger no respondió de inmediato.

—Creo —dijo finalmente— que el universo no los trajo aquí por casualidad.

A lo lejos, una antorcha parpadeó con fuerza antes de estabilizarse.

Eldrys seguía en pie, pero todos lo sentían: la calma era frágil, sostenida apenas por la voluntad de quienes aún no sabían cuánto estaban a punto de perder.

Roger se giró hacia Selindra.

—Ve a descansar un poco —le dijo—.

Necesitaré tu mente clara cuando llegue el momento.

—No voy a dormir —respondió ella sin dudar—.

No esta noche.

Roger no insistió.

En el fondo, sabía que ninguno de ellos dormiría de verdad.

La noche avanzó lentamente sobre Eldrys, como si el tiempo mismo estuviera conteniendo la respiración.

Y en algún lugar, lejos de allí, Cristel también observaba… esperando.

— El camino fuera de Grimolt se extendía amplio y claro, rodeado por colinas bajas y senderos marcados por el paso constante de viajeros.

El pueblo había quedado atrás, pero la despedida todavía pesaba en el ambiente.

Suli caminaba en silencio, con la mochila ajustada al hombro.

Aún podía recordar las sonrisas, los gestos sinceros, las palabras de agradecimiento.

No estaba acostumbrada a eso.

A que la miraran como algo más que alguien de paso.

Leguer iba a su lado, sin apurar el paso.

—No suelen despedirse así de cualquiera —comentó, rompiendo el silencio—.

Grimolt no es un pueblo fácil de sorprender.

Suli esbozó una pequeña sonrisa.

—Yo tampoco suelo quedarme tanto tiempo en un lugar.

Caminaron unos metros más.

—Anoche —dijo ella de pronto—… sentí algo extraño.

Leguer la miró de reojo.

—¿Después de la fiesta?

—Sí.

No fue incomodidad.

Fue… calma.

Como si por unas horas no tuviera que pensar en lo que viene después.

Leguer asintió.

—Eso pasa cuando ayudas a alguien sin esperar nada a cambio —respondió—.

No es común, pero deja huella.

Suli bajó la mirada.

—No vine solo a entrenar —admitió—.

Eso ya lo sabes.

—Sí.

—Pero tampoco vine solo por mi padre —continuó—.

Creo que… vine para entender quién soy cuando no estoy peleando.

Leguer no respondió de inmediato.

Se tomó su tiempo.

—Estrellum hace eso —dijo finalmente—.

No te rompe… te pule.

El camino comenzó a elevarse levemente.

Desde allí, el paisaje se abría con una vista amplia del territorio: rutas cruzadas, caravanas a lo lejos, y pueblos pequeños que parecían puntos de descanso entre algo más grande.

—Zelaryn queda tras esas colinas —dijo Leguer, señalando al horizonte—.

No es un lugar que impresione a simple vista, pero… una vez entras, no sales siendo la misma persona.

Suli respiró hondo.

—¿Crees que me acepten?

Leguer la miró, sorprendido.

—Después de lo que hiciste en Grimolt… sí.

Pero no por eso.

—¿Entonces?

—Porque no buscas ser la más fuerte —respondió—.

Buscas entender el peso del poder.

Eso es lo primero que enseñan allí.

Suli guardó silencio, procesando esas palabras.

—Leguer… —dijo tras un momento—.

Si lo que descubrimos en Zelaryn no es lo que espero… si mi padre no fue quien yo imaginaba… —Entonces seguirás siendo tú —interrumpió él con calma—.

Y eso ya es suficiente para empezar.

El viento sopló con más fuerza, moviendo la hierba a su alrededor.

Suli apretó el puño sin darse cuenta.

—Hay algo más —añadió—.

Una amenaza.

Se llama Dark.

No es de aquí… y cuando llegue, no va a importar qué mundo sea.

Leguer se detuvo un segundo.

—Entonces Estrellum también tendrá que prepararse —dijo con seriedad—.

Y si ese día llega… Zelaryn será el lugar correcto para estar.

Reanudaron la marcha.

Detrás de ellos, Grimolt seguía en pie.

Delante, Zelaryn los esperaba.

Y en el corazón de Suli, algo empezaba a tomar forma: no solo fuerza… sino propósito.

Entoces se pusieron en marcha y caminaron…

— (Después de caminar mucho…) Suli se detuvo sin decir nada.

Habían caminado durante horas, el terreno ya no era amable, y aun así… algo la hizo alzar la vista.

Allí, muy lejos, casi confundida con el cielo, una luz permanecía suspendida.

No brillaba como el sol ni como una estrella común.

Era más suave, más constante… como si respirara.

—¿La ves?

—preguntó en voz baja.

Leguer siguió su mirada y tardó unos segundos en encontrarla.

—Sí… —respondió—.

Eso no es de este plano.

Suli apretó los dedos.

No sonrió.

—Entonces existe.

No estaban cerca.

No lo estarían pronto.

La luz parecía lejana de una forma que no se medía en pasos, sino en resistencia.

A veces, mientras avanzaban, la niebla la ocultaba.

Otras veces el cielo se oscurecía y la hacía desaparecer por completo.

Pero cada vez que el camino se abría, allí volvía a estar.

Siempre adelante.

El sendero se volvió más estrecho.

Las piedras se clavaban en las botas.

El aire se volvió pesado, cargado de una magia que no atacaba… pero agotaba.

Suli sintió el cansancio filtrarse en los músculos, en la espalda, en el pecho.

No era solo físico.

Era como si el camino le pidiera algo a cambio por cada paso.

—No es normal —murmuró Leguer—.

Este lugar prueba a quien lo cruza.

—Que pruebe —respondió Suli, sin detenerse—.

Ya estoy cansada de huir.

La luz volvió a ocultarse tras una colina.

Suli no se dio vuelta.

Sabía que no llegarían pronto.

Pero también sabía algo más importante: el camino ya había empezado a cambiarla.

— Mientras avanzaban, Suli fue la primera en notarlo.

No fue un sonido.

No fue un cambio brusco.

Fue la luz.

Una más apareció a un costado del camino, débil al principio, flotando a poca altura del suelo.

No iluminaba como una antorcha ni como una llama.

Era suave, casi hermosa… pero algo en ella se sentía mal.

Luego apareció otra.

Y otra más.

Puntos luminosos comenzaron a surgir entre las rocas, suspendidos en el aire, marcando el sendero como si alguien lo estuviera señalando… o delimitando.

Suli dio un paso más.

Y el suelo pesó.

No fue un golpe.

No fue dolor inmediato.

Fue como si el mundo, de pronto, tirara de su cuerpo hacia abajo.

Sus botas se hundieron apenas, como si caminara sobre una tierra que no quería soltarla.

—¿Lo sientes?

—preguntó, sin detenerse.

Leguer asintió lentamente.

Cada luz iluminaba el suelo bajo ella, y allí donde la claridad tocaba la tierra, el camino se volvía más denso, más resistente.

Avanzar costaba el doble.

Luego el triple.

—No es el terreno… —murmuró Leguer—.

Es la magia.

Se detuvo un momento, observando con atención las luces.

—Podría ser una primera prueba —añadió—.

O alguien está haciendo esto a propósito.

Suli no respondió de inmediato.

Miró las luces.

Eran muchas ahora.

Algunas parpadeaban suavemente, otras permanecían quietas, como si observaran cada movimiento.

No sentía hostilidad directa… pero tampoco bienvenida.

No entendía qué eran.

No entendía por qué estaban allí.

Pero una cosa sí entendía.

Suli apretó los dientes y dio otro paso.

El peso aumentó.

Sus piernas temblaron levemente, el aire se volvió más espeso, y aun así no se detuvo.

—No me importa qué sea —dijo al fin—.

Si esto es una prueba… la voy a cruzar.

Leguer la miró con atención.

No con duda.

Con respeto.

Las luces siguieron brillando.

El camino siguió pesando.

Y aun así, Suli avanzó.

Porque aunque no comprendiera nada… su voluntad ya había tomado la decisión.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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