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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 122

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  4. Capítulo 122 - 122 Capítulo 122 La llegada a Zelaryn
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122: Capítulo 122: La llegada a Zelaryn 122: Capítulo 122: La llegada a Zelaryn El camino frente a Suli y Leguer parecía no tener fin.

Cada paso se hacía más pesado que el anterior, como si el mismo suelo se negara a dejarlos avanzar.

Al principio, solo lo sentían como un cansancio extraño, algo que no estaba acostumbrado a sus cuerpos.

Pero pronto, se dieron cuenta de que no era un simple desgaste físico: el suelo bajo sus pies parecía absorber su energía.

De la nada, comenzaron a aparecer pequeñas luces flotantes, como diminutas estrellas suspendidas sobre el camino.

Brillaban con intensidad creciente y, de alguna forma, iluminaban el suelo y el aire a su alrededor.

Con cada destello, el peso del camino aumentaba, como si cada paso fuera empujado por una gravedad invisible.

Suli frunció el ceño y miró a Leguer, intentando comprender qué estaba pasando.

Él, con su instinto más entrenado, alzó una mano y trató de percibir si había alguna presencia detrás de esa presión.

—No sé qué está pasando… pero esto se siente… como una prueba —dijo Leguer, jadeando mientras sus pasos se volvían torpes.

—¿Una prueba?

—replicó Suli, con la respiración entrecortada—.

No veo a nadie.

Pero no importaba si alguien estaba allí o no.

La sensación de peso sobre sus cuerpos era real, casi física, como si cada partícula del camino se hubiera transformado en un muro invisible que los aplastaba lentamente.

Suli comenzó a sudar, su respiración se volvía cada vez más pesada, y sus piernas empezaron a temblar.

Leguer, a su lado, intentaba avanzar, pero su ritmo decreció hasta que finalmente se detuvo.

Su cuerpo cedió ante la presión, y cayó al suelo, inconsciente.

—¡Leguer!

—gritó Suli, corriendo hacia él, intentando sostenerlo—.

¡Despierta!

Su cuerpo estaba al límite.

Con cada movimiento sentía que sus fuerzas se evaporaban, como si el camino absorbiera su energía vital.

Se inclinó sobre Leguer, extendiendo los brazos para sostenerlo, pero en ese instante comprendió que su propio cuerpo ya no podía resistir más.

Sus piernas flaquearon, sus manos apenas podían sostener el peso de ambos, y con un último esfuerzo, intentó estirarse hacia él.

—No… puedo… —susurró, mientras la visión se nublaba y el mundo a su alrededor comenzaba a girar.

Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo cedió, y el cansancio extremo la hizo caer al suelo.

Todo se volvió negro.

Suli y Leguer yacían allí, uno junto al otro, como si el camino los hubiera reclamado por completo.

La presión de esas luces misteriosas no solo había probado su fuerza física, sino también su resistencia mental y su capacidad de aguantar bajo circunstancias extremas.

Nadie sabía cuánto tiempo permanecerían inconscientes, pero algo dentro de ese camino parecía estar observando, esperando que se recuperaran para continuar con la verdadera prueba que les esperaba.

— El mundo alrededor de Suli y Leguer estaba borroso.

Las luces que cubrían el camino brillaban con fuerza, reflejándose en sus párpados cerrados, y el peso de cada paso, aunque ahora dormido en su conciencia, aún se sentía como un aplastante recordatorio de la dificultad que les esperaba.

El suelo les dolía, sus músculos ardían y su respiración era lenta y entrecortada.

Suli sintió un leve cosquilleo en los dedos de las manos.

Primero fueron solo movimientos leves, luego un pequeño esfuerzo por levantar la cabeza.

El frío de la mañana y el cansancio casi absoluto amenazaban con arrastrarla de nuevo a la inconsciencia, pero había algo en su interior que no le permitía rendirse: un instinto que le decía que Leguer necesitaba que ella despertara, y que juntos debían continuar.

Con esfuerzo supremo, abrió un ojo, luego el otro.

Vio a Leguer a su lado, aún inmóvil, y por un momento dudó si intentar moverlo sería demasiado, pero no podía dejarlo allí.

Se arrastró hacia él, colocándole una mano en el hombro.

Un leve temblor recorrió su cuerpo mientras lo tocaba, y él reaccionó apenas, moviendo la cabeza y murmurando algo ininteligible.

—Leguer… —susurró Suli, con la voz entrecortada—…despierta… tenemos que… continuar… Él abrió los ojos lentamente, y la luz de las extrañas esferas que flotaban sobre el camino reflejándose en su rostro le devolvió un gesto de preocupación.

Con un hilo de fuerza, logró incorporarse un poco, y juntos se sostuvieron, intentando recuperar la compostura.

El sudor resbalaba por sus frentes y la respiración todavía era difícil, pero el instinto de supervivencia, más fuerte que el cansancio, los mantenía en pie.

—No… es suficiente… —jadeó Leguer—… el camino… sigue… pesado… Suli asintió, aunque apenas podía mantenerse de pie, y lo ayudó a avanzar unos pasos más, arrastrando sus cuerpos lentamente.

Cada movimiento parecía un desafío, como si las luces no solo iluminaran el camino, sino que pesaran sobre ellos, probando su fuerza y determinación.

—Tenemos que llegar… —susurró Suli, con voz firme pese al agotamiento—.

No podemos rendirnos… no ahora… El murmullo de las luces, casi imperceptible, parecía responder: “Solo los que no se rinden serán cambiados… solo los que continúan recibirán la fuerza que buscan”.

Con un último esfuerzo conjunto, lograron avanzar un poco más, hasta encontrar un pequeño claro en el camino donde el suelo parecía menos pesado.

Allí se detuvieron, apoyados el uno en el otro, recuperando la respiración y observando cómo las luces seguían brillando a lo largo del sendero.

Suli comprendió que este era solo el comienzo del verdadero entrenamiento: el camino mismo estaba probando sus cuerpos, su resistencia y su voluntad.

—Leguer… —dijo ella suavemente—…podemos hacerlo.

Juntos.

Y con eso, retomaron la marcha, conscientes de que lo que los esperaba en Zelaryn no sería fácil, pero sintiendo que, aunque el cuerpo les doliera y la fatiga los agobiara, algo en ellos comenzaba a fortalecerse.

— Mientras avanzaban con esfuerzo, Suli comenzó a notar algo extraño en su cuerpo.

Cada paso pesado parecía activar un calor interno que subía desde sus pies hasta el pecho, como si las luces que iluminaban el camino no solo pesaran sobre ellos, sino que estuvieran tocando algo dentro de ella.

Su respiración todavía era agitada, pero había algo más: su pulso parecía alinearse con el ritmo de las luces, y un cosquilleo eléctrico recorría sus brazos y piernas, como si cada músculo se volviera más consciente de sí mismo.

Leguer también lo sentía.

Su mirada, aún cansada, se iluminaba con un destello de comprensión.

No era solo el cansancio: su cuerpo estaba reaccionando a esas luces, despertando capacidades que antes estaban dormidas.

Cada paso que daban era un esfuerzo físico extremo, pero también un aprendizaje silencioso; sus reflejos parecían más rápidos, aunque apenas notaban la diferencia, y su mente, agotada, se sentía extrañamente alerta.

Suli se detuvo por un momento, apoyándose en Leguer, y respiró hondo.

Podía sentir su energía vibrando de una manera diferente, como si algo dentro de ella se estuviera recalibrando.

La presión de las luces no era enemiga: era prueba y entrenamiento al mismo tiempo.

Cada paso que daban estaba moldeando su resistencia, enseñándole a equilibrar su fuerza, su peso y su voluntad.

—Esto… —jadeó Suli, con una mezcla de asombro y cansancio—…esto nos está cambiando… Leguer asintió, con una sonrisa débil.

—Lo sé… siento lo mismo… Es como si cada músculo, cada fibra… se activara… aunque duele, aunque el camino intente quebrarnos… estamos aprendiendo.

Suli cerró los ojos un segundo y dejó que la sensación recorriera su cuerpo.

Ya no era solo la fatiga: era un despertar, un entrenamiento silencioso que no requería palabras ni instrucciones.

Su cuerpo entendía lo que debía hacer, aunque la mente aún procesaba lentamente.

Cada paso los acercaba más a Zelaryn, sí, pero también los estaba forjando: más fuertes, más atentos, más conscientes de su propia energía.

—No podemos detenernos… —dijo Suli—…no ahora… no después de esto.

Leguer se apoyó en ella por un instante, y ambos continuaron, avanzando con pasos pesados pero firmes.

Cada luz que iluminaba el camino parecía guiarlos, y aunque sus cuerpos temblaban de esfuerzo, había un brillo de fuerza naciente en sus ojos.

No sabían cuánto más les faltaba, pero ya podían sentir que, de alguna manera, estaban cambiando, y que este entrenamiento silencioso del camino les estaba enseñando algo que ningún maestro podría haberles enseñado tan rápido y de manera tan intensa.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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