Vornex: Temporada 1 - Capítulo 124
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- Capítulo 124 - 124 Capítulo 124 Heridas abiertas - Parte 1
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124: Capítulo 124: Heridas abiertas – Parte 1 124: Capítulo 124: Heridas abiertas – Parte 1 Suli quedó sola.
El lugar de entrenamiento había ido quedando en silencio poco a poco.
Los entrenadores se habían retirado, los aprendices también, y Zelaryn volvió a ese estado extraño que tenía cuando no estaba llena de ruido: calma…
pero una calma que imponía respeto.
En sus manos sostenía el collar.
No era pesado, no brillaba, no parecía especial a simple vista.
Pero aun así, Suli sentía que le costaba sostenerlo.
No por su peso físico, sino por todo lo que representaba.
Ese objeto había estado con su padre hasta el final.
Ese hombre del que apenas tenía recuerdos borrosos, una voz lejana, una figura que siempre estaba de espaldas en su memoria.
Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra una de las columnas de piedra del recinto.
Bajó la mirada y dejó que el collar colgara entre sus dedos.
-Así que…
este eras tú -murmuró, casi sin voz.
Por primera vez, tenía algo real.
Un nombre.
Un rostro en una imagen.
Una historia que no venía solo de palabras bonitas, sino de sacrificio.
Erec Farcker.
Un guerrero místic.
Un hombre que luchó en guerras que ella nunca conoció.
Un padre que murió salvando vidas…
mientras ella crecía sin saber siquiera cómo se llamaba.
Suli apretó el collar con fuerza.
No estaba enojada.
Tampoco triste del todo.
Era algo más complejo: una mezcla de vacío, orgullo y una pregunta que le quemaba el pecho.
-¿Por qué nunca volviste…?
-susurró.
Recordó a su madre hablando de él con respeto, con admiración…
pero siempre evitando los detalles.
Ahora lo entendía.
No era fácil contarle a una niña que su padre no solo se fue a entrenar, sino que eligió quedarse en una guerra para que otros pudieran vivir.
Suli cerró los ojos.
Durante mucho tiempo pensó que había venido a Estrellum solo para hacerse más fuerte.
Pero ahora sabía la verdad.
Había venido para entender de dónde venía.
Para saber si su fuerza tenía un origen…
o si solo era una carga heredada.
Se levantó lentamente.
Colocó el collar alrededor de su cuello.
No como un adorno, sino como un compromiso.
-No voy a desperdiciar lo que hiciste -dijo con firmeza-.
No voy a ser solo “la hija de”.
Respiró hondo y dio el primer paso hacia el centro del lugar de entrenamiento.
Ahora todo era distinto.
Y ahora comenzaría su entrenamiento con Percuson Worker…
Cada golpe que lanzara, cada caída, cada gota de sudor…
ya no serían solo por ella.
Serían por ese legado que acababa de descubrir.
Por todas las vidas que su padre salvó.
Y por las que ella todavía podía proteger.
Uno de los entrenadores observaba desde la distancia, sin interrumpir.
No dijo nada cuando Suli adoptó posición.
No la corrigió cuando su postura era imperfecta.
Zelaryn no funcionaba así.
Aquí, el cuerpo aprendía cuando el espíritu estaba listo.
El primer entrenamiento fue simple…
y brutal.
No magia.
No técnicas complejas.
Solo resistencia.
El suelo parecía más pesado, el aire más denso.
Cada movimiento exigía el doble de esfuerzo.
Suli cayó más de una vez.
Sus brazos temblaban, sus piernas ardían.
Pero no se detuvo.
Recordó las palabras de Percuson Worker.
Recordó la imagen de los soldados místics.
Recordó ese collar.
Y se levantó una vez más.
-No importa cuántas veces caiga…
-pensó-.
Esta vez sé por qué me levanto.
Con cada movimiento, algo dentro de ella cambiaba.
No era solo fuerza física.
Era enfoque.
Era decisión.
Era aceptar que el dolor también podía ser parte del camino.
Zelaryn no la estaba rompiendo.
La estaba reconstruyendo.
Y ese era solo el comienzo.
— Primer día – El entrenamiento de Percuson Worker: El sol de Zelaryn apenas comenzaba a elevarse cuando Suli volvió al recinto de entrenamiento.
El lugar estaba casi vacío.
Solo el sonido del viento pasando entre las estructuras de piedra y el eco distante de otros entrenamientos más lejanos.
Suli avanzó con paso firme, aunque su cuerpo todavía estaba cansado del día anterior.
Aun así, no dudó.
Percuson Worker ya estaba allí.
De pie, con los brazos cruzados, observando el centro del recinto como si hubiera estado esperando desde hace horas.
Su presencia imponía respeto sin necesidad de levantar la voz ni mostrar poder.
No era un hombre grande ni exageradamente musculoso, pero había algo en su postura…
algo sólido.
-Llegas puntual -dijo sin mirarla directamente.
-No quería llegar tarde -respondió Suli.
Percuson giró apenas el rostro y la observó con atención.
Sus ojos se detuvieron un segundo más de lo normal en el collar que Suli llevaba puesto, pero no dijo nada.
-Antes de empezar -continuó-, debes entender algo.
Aquí no entrenamos para que seas fuerte.
Entrenamos para que resistas.
La fuerza viene después.
Suli asintió.
-Eso mismo le dije a tu padre.
El silencio cayó de golpe.
Suli no respondió, pero apretó los puños.
Percuson dio unos pasos hacia el centro del recinto y señaló el suelo.
-Colócate ahí.
Suli obedeció.
-No usarás magia hoy.
-¿Nada?
-preguntó ella, sorprendida.
-Nada -repitió con firmeza-.
Si dependes de la magia para moverte, no sabrás qué hacer cuando te falte.
Se colocó frente a ella.
-Postura básica.
Pies firmes.
Espalda recta.
Respira.
Suli intentó acomodarse, pero Percuson la corrigió de inmediato, empujando ligeramente su hombro.
-Mal.
Tu centro está inestable.
Así caes fácil.
Durante varios minutos no hicieron nada más que ajustar postura.
Cada pequeño error era señalado.
Cada desequilibrio corregido.
Suli empezó a sentir el cansancio solo por mantenerse de pie correctamente.
-Esto es absurdo…
-pensó-.
Apenas me estoy moviendo…
-Tu padre pensó lo mismo el primer día -dijo Percuson, como si hubiera leído su mente-.
Cayó tres veces solo por pararse mal.
Suli lo miró, sorprendida.
-¿De verdad?
-Sí.
Pero nunca se quejó.
Percuson dio un paso atrás.
-Ahora, resiste.
De repente, una presión invisible cayó sobre Suli.
No era violenta, pero sí constante.
Como si el aire se volviera más denso alrededor de su cuerpo.
Sus piernas temblaron de inmediato.
-¿Qué es esto?
-preguntó, apretando los dientes.
-Tu propio peso -respondió él-.
O más bien…
el peso que aún no sabes cargar.
Suli intentó mantenerse firme.
El sudor comenzó a recorrerle la frente.
Cada segundo parecía durar el doble.
-Respira -ordenó Percuson-.
Si luchas contra la presión, te vencerá.
Si la aceptas, aprenderás a moverte con ella.
Los minutos pasaron.
Suli cayó de rodillas una vez.
-Levántate.
Se levantó.
Cayó otra vez.
-Levántate.
Su cuerpo ardía, pero había algo distinto esta vez.
No era solo dolor.
Era una sensación de…
adaptación.
Como si su cuerpo empezara a entender qué hacer.
-Bien -murmuró Percuson-.
Eso también lo hacía tu padre.
Aprendía rápido…
pero solo cuando dejaba de forzarse.
Después de un largo rato, la presión desapareció de golpe.
Suli cayó hacia atrás, respirando agitadamente.
-Eso es todo por ahora -dijo Percuson.
-¿Eso…
es todo?
-preguntó ella, exhausta.
-Para el primer día, sí.
Si sigues así, mañana no podrás moverte…
y eso significa que funcionó.
Suli se sentó en el suelo, intentando recuperar el aliento.
-Percuson…
-dijo finalmente-.
¿Mi padre…
también terminó así su primer día?
El comandante la miró en silencio durante unos segundos.
-Peor -respondió-.
Pero volvió al día siguiente.
Y al otro.
Y al otro.
Percuson se dio la vuelta para retirarse, pero se detuvo antes de irse.
-Suli.
-¿Sí?
-No te entreno porque seas su hija.
-…
-Te entreno porque tienes la misma mirada cuando decides no rendirte.
Y se fue.
Suli se quedó sola otra vez, con el cuerpo temblando, el corazón acelerado…
y una certeza clara por primera vez en mucho tiempo.
Este camino iba a doler.
Iba a exigirle más de lo que imaginaba.
Pero era exactamente el mismo camino que había recorrido su padre.
Y ella no pensaba detenerse.
— Volviendo a Velthar…
El amanecer comenzó a abrirse paso lentamente entre las colinas.
La luz era tenue, grisácea, como si el mundo todavía estuviera cansado de la noche anterior.
El grupo avanzaba con pasos lentos, desordenados, dejando atrás la prisión destruida de Senner.
Nadie miraba hacia atrás, pero todos sentían el peso de lo ocurrido.
Forcolm no quedaba lejos, pero tampoco cerca como para ignorar el cansancio.
Alis caminaba al frente, con el rostro serio.
Tenía el brazo vendado de manera improvisada y cada tanto apretaba los dientes cuando el dolor se hacía notar.
Aun así, no se detenía.
-¿Todos siguen en pie?
-preguntó sin girarse.
-Eso cuenta como “en pie”?
-respondió Liam, apoyándose un poco más en un bastón improvisado, le dolía mucho los pies.
Varka soltó una risa baja, pero enseguida tosió por el dolor.
-Estamos vivos…
eso ya es mucho.
Selane caminaba concentrada, revisando cada tanto el estado de los demás.
Su magia había ayudado, pero no hacía milagros.
Las heridas profundas necesitaban descanso…
o algo más.
-Forcolm nos vendrá bien -dijo finalmente-.
Si seguimos así, alguien va a caer antes de llegar a Beinever.
Teneb caminaba un poco más atrás.
No hablaba.
Sus pasos eran firmes, pero su mirada estaba perdida, como si aún estuviera en la prisión.
Cada tanto, sus dedos se cerraban lentamente, como recordando el momento en que cubrieron el cuerpo de Senner con tierra.
Drosk fue el primero en notarlo.
-Sigues pensando en él -dijo, sin rodeos.
Teneb no respondió de inmediato.
-No lo defiendo -dijo finalmente-.
Pero tampoco puedo odiarlo del todo.
-Nos habría exclavisado, otra vez -respondió Liam.
-Tal vez -aceptó Teneb-.
O tal vez no.
Nunca lo sabremos.
El silencio volvió a caer.
El camino comenzó a volverse más irregular.
La tierra cambiaba de color, más oscura, con pequeñas marcas talladas en piedra.
Alis las reconoció de inmediato.
-Ya estamos cerca -dijo-.
Forcolm empieza desde aquí.
-Nunca me gustó este lugar -murmuró Varka-.
Siempre siento que alguien me observa.
-Porque lo hacen -respondió Alis-.
Forcolm no es solo un mercado.
Es un punto de reunión…
y de vigilancia.
Mientras avanzaban, comenzaron a ver pequeñas estructuras a los costados del camino: puestos cerrados, símbolos grabados, frascos rotos por el tiempo.
El aire olía distinto, más denso, con un leve rastro metálico.
-Aquí compré mis primeras pociones -comentó Alis-.
Nunca pregunté cómo las hacían…
solo funcionaban.
-Teneb dijo que eras buena haciendo las tuyas -comentó Selane.
Alis asintió.
-Aprendí observando.
Y equivocándome.
Liam frunció el ceño.
-Entonces este lugar no es solo para comprar…
-No -respondió Alis-.
Aquí se preparan para lo que viene después.
Teneb levantó la vista.
-Y lo que viene…
no es pequeño.
Todos lo sabían.
Nadie lo decía en voz alta, pero el nombre estaba ahí, flotando entre ellos.
Cristel.
-Si ese mago existe de verdad -dijo Liam finalmente-, y si hizo todo esto desde las sombras…
entonces Senner solo fue una pieza más.
-Exacto -respondió Alis-.
Y nosotros acabamos de mover el tablero.
Forcolm comenzó a mostrarse a lo lejos: luces suaves, estructuras bajas, humo elevándose lentamente.
No era un lugar hostil…
pero tampoco acogedor.
-Descansamos -dijo Alis-.
Nos curamos.
-Y después…
-añadió Varka.
-Después iremos a Beinever -terminó ella-.
Y esta vez, no para escondernos.
El grupo siguió avanzando, cansado, herido, pero unido.
La tormenta había pasado.
Ahora venía algo distinto.
Algo más grande.
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