Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vornex: Temporada 1 - Capítulo 125

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Vornex: Temporada 1
  4. Capítulo 125 - 125 Capítulo 125 Heridas abiertas - Parte 2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

125: Capítulo 125: Heridas abiertas – Parte 2 125: Capítulo 125: Heridas abiertas – Parte 2 Forcolm El camino hasta Forcolm fue silencioso.

No porque no hubiera nada que decir, sino porque nadie tenía fuerzas para decirlo.

El grupo avanzaba despacio, demasiado.

Cada paso parecía costar más que el anterior.

No por la distancia, sino por el peso que llevaban encima.

Heridas, cansancio, culpa, preguntas sin respuesta.

Nadie miraba al frente con verdadera convicción.

Alis caminaba unos pasos adelante, sosteniendo el ritmo del grupo, pero incluso ella sentía cómo el cuerpo le pasaba factura.

Tenía un corte mal cerrado en el brazo y el hombro rígido, pero no se detenía.

No todavía.

Liam iba cerca de Yon, apoyándose a veces en él sin decir nada.

Yon tampoco estaba bien, pero aun así seguía caminando, como si detenerse significara aceptar todo lo que había pasado.

—No pensé que terminaría así… —murmuró Liam en voz baja, más para sí mismo que para los demás.

Nadie respondió.

Teneb caminaba detrás, con la mirada fija en el suelo.

Cada tanto, apretaba el puño, como si todavía sintiera la presencia de Cristel frente a él.

Ese escudo.

Esa calma.

Esa superioridad absurda.

—Forcolm está cerca —dijo al fin, rompiendo el silencio—.

Aguanten un poco más.

Selanne y Varka intercambiaron una mirada cansada.

Drosk respiraba con dificultad, pero no se quejaba.

Nadie lo hacía.

Cuando por fin divisaron Forcolm, no fue imponente ni espectacular.

Era… tranquilo.

Un conjunto de construcciones de piedra clara, rodeadas de vegetación baja.

El aire se sentía distinto, más limpio, como si el lugar mismo estuviera pensado para recuperar lo que se había perdido.

Había un leve aroma a hierbas y minerales, y pequeñas luces flotaban cerca de algunas entradas.

—Nunca pensé que me alegraría tanto ver este lugar —dijo Alis con una sonrisa débil.

Apenas cruzaron el límite del pueblo, varias personas los notaron.

No hubo gritos ni alarma, solo miradas atentas.

Una mujer mayor, con túnicas simples y manos manchadas de sustancias oscuras, se acercó.

—Están hechos polvo —dijo sin rodeos—.

Pasen.

Antes de que alguno se caiga.

No hubo orgullo que defender esta vez.

Los guiaron hasta una sala amplia, con mesas, estantes llenos de frascos y un fuego suave en el centro.

El calor no quemaba, reconfortaba.

Teneb se sentó por primera vez desde la prisión.

—Aquí… —dijo con voz baja—.

Aquí podemos respirar.

Varka y Selanne comenzaron a trabajar de inmediato, preparando ungüentos y pociones con ayuda de los alquimistas de Forcolm.

Alis observaba en silencio, dejando que el cansancio por fin la alcanzara.

—Senner… —dijo Yon de repente—.

¿Creen que…?

Teneb cerró los ojos un instante.

—No fue un héroe —respondió—.

Pero tampoco merecía ese final.

—Hizo lo que pudo… dentro de lo que era.

El silencio volvió a caer, más pesado que antes.

Liam miró el fuego.

—Y Cristel… —susurró—.

Ese tipo no vino solo por venganza.

Nadie lo contradijo.

Forcolm no era un lugar para respuestas.

Era un lugar para seguir en pie.

Y esta vez, eso ya era bastante.

— Perfecto.

Vamos a hacerlo profundo, tranquilo y con peso emocional, pero integrando todo lo que dijiste de forma natural, sin que se sienta forzado.

— …

Forcolm no solo curaba el cuerpo.

También obligaba a sentarse con lo que dolía por dentro.

Mientras algunos terminaban de acomodarse, un vendedor de pociones se acercó con paso lento y mirada experta.

Observó al grupo de arriba abajo sin disimulo.

—¿Van a comprar… o a crear?

—preguntó con tono neutral.

Alis levantó la vista.

—Necesitamos una poción de curación para cada uno.

—Las más fuertes que tengas.

El hombre asintió y desapareció entre los estantes.

Volvió al poco tiempo con varias botellas de cristal, el líquido en su interior brillando con una tonalidad intensa.

No eran comunes.

Uno a uno, bebieron.

El efecto fue inmediato.

El ardor desapareció primero, luego la presión, luego el dolor.

Cortes profundos se cerraron ante sus ojos, hematomas se disiparon, músculos tensos se relajaron.

No era una curación superficial: era completa.

Liam se miró las manos, incrédulo.

Las había visto temblar hacía minutos.

—Esto… —murmuró—.

Esto no existe de donde vengo.

Yon flexionó el brazo, sorprendido.

—Forcolm no juega con curaciones débiles.

El vendedor carraspeó.

—Serían… doscientas cincuenta monedas.

Alis frunció el ceño.

—¿Doscientas cincuenta?

—La última vez que vine estaban bastante más baratas.

Y eso que compraba muchas.

El hombre se encogió de hombros.

—Así son los negocios.

—La moneda se devalúa, los ingredientes escasean… y el riesgo aumenta.

Alis suspiró, pero no discutió.

Metió la mano en una bolsa que llevaba bien guardada y la dejó sobre la mesa.

El sonido metálico fue claro, pesado.

—Siempre llevo algo de dinero para estas ocasiones.

El vendedor contó rápido y asintió satisfecho.

—¿Algo más?

Alis no dudó.

—Sí.

—Queremos crear.

El interés del hombre fue inmediato.

—¿Qué tipo de pociones?

—De debilitación —respondió—.

—Un pack completo.

Para unas cinco.

El vendedor alzó una ceja.

—Eso serían trescientas monedas.

Alis apretó los labios.

Volvió a pagar.

La bolsa quedó casi vacía.

—Con esto estamos —dijo, más para sí misma que para él.

El hombre les entregó el pack: frascos vacíos, pequeñas bolsas con ingredientes y una botellita sellada aparte.

—El resto depende de ustedes.

Cuando quedaron solos, Alis se puso de pie.

—Bien —dijo—.

—Presten atención.

Colocó los ingredientes en orden.

—Primero, hojas rojas.

No muchas.

—Luego, arena molida.

Sin apurarse.

—Después, moho en polvo.

Aquí es donde muchos se equivocan: no se mezcla, se deja caer.

Todos la imitaban con cuidado.

—Y por último… —Alis tomó la botellita pequeña— veneno de serpiente de árboles naranjas.

Solo unas gotas.

El líquido cambió de color lentamente.

—No agiten —advirtió—.

Solo giren el frasco.

Selanne y Varka seguían cada paso con atención.

Yon se concentraba como si estuviera armando un arma.

Teneb observaba en silencio, memorizando.

Liam también lo hacía todo bien… pero no podía evitar mirar fascinado.

—Es raro —dijo—.

—Sé que no estoy en mi mundo, pero… crear algo así con las manos… Alis sonrió apenas.

—Aquí, el conocimiento también es poder.

Al cabo de un rato, las cinco pociones estaban listas.

—Ahora hay que dejarlas reposar unos minutos —explicó Alis mientras las tapaba—.

—Si las usan antes, no funcionarán como deben.

El cansancio volvió a sentirse cuando ya no había nada que hacer.

—Mientras tanto… —dijo Alis mirando al grupo— ¿alguien tiene hambre?

La respuesta fue inmediata.

—Sí.

—Definitivamente.

—Muchísima.

Forcolm también tenía un lugar para comer, sencillo pero acogedor.

Se dirigieron allí despacio, con el cuerpo curado, pero el ánimo todavía en proceso.

Por primera vez desde Velthar, no estaban huyendo.

No estaban luchando.

No estaban perdiendo a nadie.

Solo… respirando.

Y eso, por ahora, era suficiente.

— El lugar donde comían era simple.

Madera gastada, mesas largas y el murmullo constante de otras personas que también descansaban.

No había prisa.

El olor a comida caliente ayudaba a que los cuerpos, recién curados, terminaran de soltarse.

Durante un rato nadie habló de nada importante.

Hasta que Yon rompió el silencio.

—Liam… —dijo sin mirarlo directamente—.

—Lo de antes.

En Velthar.

Liam levantó la vista.

—¿Qué pasa?

Yon apoyó los codos sobre la mesa.

—Ese poder.

—El que usaste contra Senner.

El ambiente cambió.

No fue tenso, pero sí atento.

Todos sabían de qué hablaba.

—No parecía magia común —añadió Selanne—.

—Ni fuerza bruta.

Liam bajó la mirada a sus manos.

—No lo sé —respondió con honestidad—.

—No sabría cómo explicarlo.

Alis no dijo nada todavía.

Observaba.

—Cuando pasó… —continuó Liam— fue como si algo se abriera dentro de mí.

—No pensé.

No decidí.

—Simplemente… salió.

Apretó los dedos.

—Sentí que podía hacerlo todo.

—Que nada podía detenerme.

Hubo un breve silencio.

—¿Y luego?

—preguntó Varka.

—Luego se fue —dijo Liam—.

—De golpe.

Exhaló lentamente.

—Me dejó vacío.

Cansado.

—Ni siquiera supe cómo lo activé… ni cómo lo apagué.

Alis finalmente habló.

—Pero durante ese momento lo controlaste.

Liam negó con la cabeza.

—No.

—Lo usé… pero no lo dominé.

Miró al grupo.

—Y eso es lo que me asusta.

Todos entendieron a qué se refería.

—Si vuelve a pasar así —continuó—, no sé si podré detenerlo.

—O si me dejará inútil después.

Yon frunció el ceño.

—Pero derrotaste a Senner y a su equipo.

—Sí —asintió Liam—.

—Y no recuerdo casi nada de cómo lo hice.

Eso pesaba más que la victoria.

Alis apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Escuchen —dijo—.

—Ese poder despertó porque tenía que hacerlo.

—Pero despertar no es lo mismo que entender.

Miró a Liam con firmeza.

—Si quieres luchar contra Dark… —no basta con tener poder.

Liam tragó saliva.

—Lo sé.

—Por eso —continuó Alis— no vas a enfrentarlo solo.

—Te vamos a ayudar a liberarlo de nuevo.

Los ojos de Liam se alzaron.

—¿De verdad?

—Sí —respondió sin dudar—.

—Y a controlarlo.

Selanne asintió.

—Aquí nadie nace sabiendo dominar lo que lleva dentro.

—Y nadie pelea solo —añadió Yon.

Liam se quedó en silencio unos segundos.

—Quiero aprender —dijo finalmente—.

—No para ser más fuerte… —sino para no fallar cuando llegue el momento.

Alis sonrió, suave pero decidida.

—Entonces estás en el camino correcto.

Fuera, el día ya estaba completamente despierto.

Forcolm no solo les había cerrado las heridas.

Había abierto preguntas nuevas.

Y en Liam, algo seguía ahí, latente.

Esperando ser entendido.

— …

El amanecer en Beinever llegó tranquilo.

La luz entró por las ventanas altas, suave, constante.

No hubo alarmas ni gritos.

Solo pasos.

—Arriba —dijo Lujius con voz firme, pero calmada—.

—Hoy no es un día cualquiera.

Eiden fue el primero en abrir los ojos.

Tardó unos segundos en recordar dónde estaba… y luego, el peso del entrenamiento del día anterior regresó a su cuerpo.

Karl gruñó desde la otra cama.

—Siento que me pasó un ejército por encima.

—Eso significa que funcionó —respondió Lujius sin inmutarse.

Azerion ya estaba despierto, sentado, respirando lento.

El cristal de Ankaris brillaba apenas, como si reaccionara a su estado.

—Hoy duele distinto —dijo Azerion—.

—Eso es buena señal.

No discutieron.

Se levantaron.

— El desayuno fue… exagerado.

Platos calientes, pan recién hecho, frutas, carnes suaves, bebidas energéticas preparadas por los chefs del rey.

No era lujo por capricho: era combustible.

—Coman bien —advirtió Lujius—.

—El multiplicador no perdona cuerpos vacíos.

Eiden comió en silencio.

Karl también.

No había miradas tensas.

No había competencia.

Solo concentración.

— El camino hacia el Santuario del Poder fue silencioso.

Las estructuras antiguas se alzaban imponentes, como si observaran a quienes entraban.

Ese lugar había visto a generaciones romperse… y reconstruirse.

Nyrek y Bertel los esperaban cerca de la entrada.

—No se contengan —dijo Nyrek—.

—Este lugar responde al esfuerzo real.

—Y no se frustren —añadió Bertel—.

—Mejorar aquí siempre cuesta más de lo que uno cree.

Lujius asintió.

—Gracias.

El grupo avanzó.

— El Santuario los recibió con su presión habitual.

No era física.

Era interna.

—Segundo día —dijo Lujius—.

—Ayer despertaron el Pre-first power.

—Hoy vamos a sostenerlo.

Eiden tragó saliva.

Karl cerró los puños.

—Nada de competir entre ustedes —continuó Lujius—.

—Concéntrense en ustedes mismos.

Azerion dio un paso al frente.

—Yo iré primero —dijo.

El cristal de Ankaris se activó apenas.

No liberó poder, solo afinó.

Azerion respiró profundo.

—Multiplicador interno… x5.

El aire vibró.

—Mantén —ordenó Lujius.

Pasaron segundos.

Luego minutos.

El sudor apareció.

La respiración se volvió pesada.

—Bien —dijo Lujius—.

—Ahora sube.

—x7… Azerion tembló.

No cayó.

Ajustó su postura.

Aprendió.

—Eso —murmuró Lujius—.

—No fuerces.

Acomódate.

Cuando Azerion soltó el poder, cayó de rodillas… pero sonrió.

—Lo sentí más… estable.

—Porque lo fue —respondió Lujius.

Ahora era su turno.

— Eiden y Karl se colocaron separados.

Por primera vez, no se miraron como rivales.

Cerraron los ojos.

—Respiren —dijo Lujius—.

—No piensen en el número.

—Piensen en el ritmo.

Eiden activó primero.

—x5… El peso llegó, pero no lo aplastó.

Karl lo siguió.

—x5… Ambos respiraban distinto, pero avanzaban al mismo ritmo.

—Mantengan —ordenó Lujius.

El tiempo pasó lento.

Los músculos ardían.

La mente quería soltar.

—x7 —dijo Eiden con dificultad.

—x7 —repitió Karl, segundos después.

Lujius los observaba con atención.

—Eso es —pensó—.

—Ya no están luchando entre ellos.

El sudor caía al suelo del santuario.

El aire se volvió más denso.

—x9… —susurró Eiden.

Karl dudó… pero no se rindió.

—x9.

Ambos dieron un paso más.

Y entonces— —x10.

El santuario reaccionó.

No con violencia, sino con resistencia.

Eiden apretó los dientes.

Karl tembló de pies a cabeza.

—Mantengan —dijo Lujius, serio—.

—Aunque sea unos segundos.

Fueron segundos eternos.

Cuando finalmente soltaron el poder, cayeron sentados, exhaustos, respirando como si hubieran corrido kilómetros.

Pero algo había cambiado.

Lujius sonrió, apenas.

—Bien.

—Muy bien.

Azerion los miró, aún cansado, pero orgulloso.

—Eso… no lo lograron ayer.

El segundo día no había terminado.

Pero el camino… ya estaba claro.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo