Vornex: Temporada 1 - Capítulo 128
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- Capítulo 128 - 128 Capítulo 128 Bajo la carga del legado
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128: Capítulo 128: Bajo la carga del legado 128: Capítulo 128: Bajo la carga del legado La presión seguía constante, inmutable.
No había pausas.
No había tregua.
Solo el aire comprimido, los latidos de su corazón y la conciencia de cada músculo resistiendo, aguantando, aprendiendo.
Suli respiró profundo y esta vez dejó que el collar descansara contra su pecho, sin moverlo ni tocarlo más.
Era como un recordatorio silencioso, un vínculo con alguien que nunca conoció pero que ahora sentía cerca.
Su padre… Erec Farcker.
La imagen de su rostro apareció en su mente, borrosa pero clara.
No había resentimiento.
Solo curiosidad.
Solo un deseo profundo de entender de dónde venía su fuerza, su sangre y, sobre todo, su valor.
Percuson la observaba con la mirada tranquila, pero atenta.
No hablaba.
No intervenía.
Solo esperaba a que Suli entendiera que el peso que sentía no era solo físico.
Era emocional.
Era la carga de un legado, de decisiones no tomadas y de promesas por cumplir.
—Cada respiración cuenta —murmuró Percuson al fin—.
—No se trata de cuánto puedas aguantar.
Se trata de cómo soportas lo que no puedes cambiar.
Suli sintió que la presión aumentaba.
No porque Percuson la empujara más fuerte, sino porque su propia mente se unía al peso.
Recuerdos, dudas, preguntas sobre su padre, sobre su origen, sobre lo que estaba por venir… todo se mezclaba y la hacía más consciente de su propio límite.
—Mantente —susurró, más para ella misma que para alguien más—.
Mantente… Su cuerpo temblaba, su respiración era irregular, pero sus ojos no se cerraban.
No ahora.
Cada segundo que lograba permanecer firme era un pequeño triunfo.
Cada segundo que no cedía era un paso hacia algo que todavía no podía nombrar.
Percuson se acercó, lentamente, caminando alrededor de ella como si midiera cada respiración.
—Vas bien —dijo finalmente—.
—Pero esto no es resistencia.
Esto es aceptación.
Aceptar tu fuerza, tu debilidad y la verdad de lo que llevas contigo.
Suli abrió los ojos.
Por un instante, la presión pareció menos intensa, no porque disminuyera, sino porque ella misma la sostenía de otra manera.
Más firme.
Más consciente.
Más suya.
—Puedo… hacerlo —murmuró, casi sin voz—.
Y si no… aprenderé a sostenerlo igual.
Percuson asintió apenas.
—Exactamente.
Esa es la diferencia entre entrenar y sobrevivir.
No todos aprenden eso a tu edad.
Y menos con lo que llevas dentro.
Minutos, horas… no importaba cuánto tiempo había pasado.
Suli permanecía concentrada, ajustando cada respiración, cada movimiento sutil de hombros, brazos y piernas, como si fuese un flujo de energía que debía dirigir y no solo resistir.
En un momento, un leve brillo surgió en el collar.
No era mágico, no directamente, sino una resonancia que ella sintió en todo su pecho.
Como si el legado de su padre reconociera su esfuerzo.
Suli cerró los ojos y sonrió apenas.
No era orgullo.
No era alegría.
Era determinación pura.
—Hoy… —susurró—.
Hoy sostengo más de lo que creía posible.
Y mañana… mañana iré más allá.
Percuson permaneció a su lado, inmóvil.
No dijo nada.
No necesitaba hacerlo.
Suli estaba lista para el siguiente nivel, aunque todavía no lo sabía.
Y mientras ella seguía allí, concentrada, sosteniendo el peso que nadie más podía ver, el día continuaba.
Zelaryn aún no había terminado de enseñarle lo que debía aprender, y Suli tampoco había terminado de descubrirse a sí misma.
El entrenamiento no había terminado.
Solo estaba comenzando de verdad.
— La noche caía con calma sobre Zelaryn.
La luz de las estrellas reflejaba destellos sobre los árboles y el suelo húmedo del pueblo, mientras Suli terminaba su entrenamiento del segundo día.
Su cuerpo estaba cansado, sus músculos doloridos, pero su mente más alerta que nunca.
Cada respiración aún recordaba el peso de la presión, la carga que Percuson le había enseñado a sostener, y su corazón seguía latiendo con determinación.
Percuson apareció en silencio junto a ella, sin necesidad de palabras.
—Suli —dijo con suavidad—.
Es hora de que veas algo.
Suli lo miró, sorprendida por la calma en su voz.
—Ahora…?
—preguntó, mientras secaba el sudor de su frente.
—Sí —respondió Percuson—.
No es parte del entrenamiento, pero necesitas comprender algo más.
Ven conmigo.
Sin más, la guió por caminos estrechos y poco iluminados del pueblo, evitando las casas y plazas principales.
Suli lo siguió, con los ojos abiertos de par en par, curiosa y alerta.
No había miedo en ella, solo una mezcla de expectación y respeto.
Caminando durante varios minutos, llegaron a un lugar que desde lejos parecía un cementerio.
Pero no era un sitio sombrío ni triste.
Más bien, estaba iluminado por pequeñas luces que flotaban alrededor de las tumbas, y cada lápida estaba cuidadosamente decorada con flores frescas y medallas.
Había un silencio solemne, acompañado por el aroma de flores y la sensación de respeto que impregnaba el aire.
Suli respiró hondo.
—Es… hermoso —murmuró, sin saber si hablar.
Percuson asintió lentamente, caminando hasta una de las tumbas.
Se inclinó y señaló la placa.
—Aquí está —dijo—.
Tu padre.
Erec Farcker.
Suli se acercó con cuidado, bajando la mirada hacia la lápida.
Sus dedos rozaron el borde frío de la piedra.
—Él… estaba aquí… —susurró, con un hilo de voz.
Su corazón latía con fuerza.
—Sí —respondió Percuson—.
Fue enterrado aquí por su pueblo, por sus hombres, por aquellos que sobrevivieron gracias a él.
Gracias a su sacrificio, muchos soldados no murieron aquel día.
Su memoria sigue viva en cada uno de ellos… y en sus corazones.
Suli cerró los ojos y respiró profundo.
—Nunca lo conocí… —dijo—.
No supe su voz… ni su rostro completo… pero ahora… siento que lo entiendo un poco más.
Percuson se quedó en silencio, dejando que ella procesara el momento.
Luego continuó: —Los líderes, los soldados, todos los que hicieron historia, tienen un lugar aquí.
No es un cementerio común.
Cada medalla, cada flor, cada nombre… es un recordatorio de que su esfuerzo no se olvidará.
Y tu padre… —miró a Suli con intensidad—.
Su memoria vivirá siempre.
Y tú… llevas parte de él en ti.
Esa fuerza que tienes… no apareció por casualidad.
Suli se arrodilló frente a la tumba, colocando el collar de su padre entre sus manos, sobre la piedra.
Su cuerpo temblaba levemente, pero no por miedo.
Era emoción.
Una mezcla de orgullo y melancolía.
—Quiero que sepas… —dijo Percuson suavemente—.
Que lo que estás aprendiendo aquí, lo que estás fortaleciendo… es parte de ese legado.
Y aunque nunca lo hayas visto… él te estaba preparando desde lejos.
Suli cerró los ojos y respiró hondo.
El silencio del cementerio era profundo, pero no pesaba.
Era respetuoso, como si todo lo que había allí le ofreciera fuerza.
—Gracias —murmuró finalmente—.
Gracias por traerme hasta aquí.
Gracias por mostrarme esto.
Percuson sonrió apenas.
—No por mí —dijo—.
Sino para que entiendas lo que realmente cargas contigo.
Mañana será otro día de entrenamiento.
Y ahora… puedes descansar un poco.
Pero recuerda esto: lo que tu padre dejó… no es solo memoria.
Es guía.
Es fuerza.
Y ahora, también es tuya.
Suli colocó la mano sobre la piedra y cerró los ojos un momento más.
La brisa nocturna acariciaba su rostro y, por primera vez, sintió una conexión real con la figura que nunca conoció.
La determinación se mezclaba con la emoción.
Ya no era solo entrenamiento.
Era comprender quién era, de dónde venía y hacia dónde debía ir.
Percuson la observó, guardando silencio.
Sabía que ese instante no se podía apresurar.
Ninguna palabra adicional haría falta.
Suli había entendido más de lo que él podría enseñar en horas.
—Cuando estés lista —dijo finalmente—, volveremos.
Mañana… continuaremos.
Suli asintió levemente.
Todavía de rodillas, frente a la tumba, sintió que parte de la carga que llevaba en su interior se había transformado en algo tangible, palpable: un propósito y un vínculo con su padre que ahora podía guiarla en su entrenamiento y en lo que estaba por venir.
Y mientras la noche envolvía Zelaryn, Suli permaneció allí, concentrada, meditando sobre todo lo que había aprendido y todo lo que aún debía enfrentar.
Su segundo día aún no había terminado… y nada de lo que vendría sería fácil.
— La noche seguía su curso, pero Suli no se levantó inmediatamente.
Se quedó frente a la tumba de su padre, sintiendo el peso de la historia y de aquel legado invisible que ahora parecía tangible.
Cada respiración era lenta, medida; cada pensamiento, enfocado.
El sudor de la tarde se había secado, pero su cuerpo seguía vibrando con energía contenida.
Percuson se acercó sin hacer ruido.
—Suli —dijo suavemente—.
Vamos.
Es hora de retomar lo que dejamos.
Suli se puso de pie, el collar de su padre descansando sobre su pecho.
Esta vez no había dudas, ni cansancio mental que la detuviera.
La conexión que había sentido le daba fuerza; ya no temía a la presión invisible, no se sentía frágil.
Había algo más dentro de ella, un ancla que la mantenía firme.
—Hoy no seremos suaves —advirtió Percuson—.
Pero no porque quiera lastimarte… sino porque hoy, ya no eres la misma que ayer.
Suli asintió y se colocó en la misma postura que había usado antes.
El claro estaba vacío, silencioso, y la presión comenzó a manifestarse de nuevo.
Era esa misma carga que antes la había hecho titubear, que había tensado sus músculos y la había puesto al borde de sus límites.
Al principio, la sensación fue familiar: pesada, constante, insistente.
Sus piernas temblaron, sus brazos se tensaron, y la respiración se volvió un poco más rápida.
Pero esta vez, algo había cambiado.
—No luches contra ella —recordó la voz de Percuson—.
Déjala fluir.
Suli cerró los ojos y se concentró en la fuerza que sentía dentro de sí.
Recordó a su padre, a su sacrificio, al legado que ahora llevaba consigo.
Sintió cómo esa conexión llenaba cada músculo, cada fibra de su ser.
Respiró hondo, dejando que la presión la atravesara, en lugar de resistirse.
Y entonces sucedió algo nuevo.
El peso que antes la había hecho retroceder, ahora parecía deslizarse sobre ella en lugar de aplastarla.
Su mente estaba clara, sus movimientos medidos, su cuerpo firme.
Cada paso, cada ajuste de postura, era control puro.
La tensión que antes la agotaba ahora se transformaba en energía.
—Más profundo —dijo Percuson, observando con atención—.
Siente cada parte de ti respondiendo, no resistiendo.
Suli inspiró de nuevo y, sin darse cuenta, comenzó a mover los pies, a balancear los brazos, a dejar que la presión la moldeara.
No caía.
No titubeaba.
Cada respiración costaba lo mismo, pero ahora la sostenía sin esfuerzo.
La mente y el cuerpo trabajaban como un solo instrumento.
Minutos después, Percuson aumentó la intensidad de la presión.
Era la misma carga que la había hecho sudar y temblar la tarde anterior… pero Suli no flaqueó.
Todo lo contrario: avanzó, ajustando su postura, distribuyendo su fuerza, manteniendo el equilibrio.
Su cuerpo respondió como nunca antes.
—Esto… esto es diferente —susurró Percuson, sin ocultar su sorpresa—.
No solo lo sostienes… lo controlas.
Suli abrió los ojos y sonrió levemente, sin arrogancia.
Sintió que había superado un límite que antes le parecía imposible.
La presión, la carga, incluso el cansancio… todo estaba bajo su control.
Cada respiración era firme, cada movimiento fluido.
—Hoy no solo aguantas —dijo Percuson—.
Hoy superas.
El sudor recorría su frente, pero ya no era signo de debilidad.
Era prueba de su poder y concentración.
Su mirada estaba firme, decidida, y su corazón no temblaba.
Había aprendido algo más que un ejercicio: había comprendido la fuerza interna que llevaba, y cómo aprovecharla sin pelear contra ella.
Suli permaneció así un largo momento, consciente de cada músculo, cada sensación, cada pensamiento.
No había cansancio, no había frustración… solo concentración pura.
—Has cambiado en un día —dijo Percuson finalmente, con respeto y admiración—.
Y esto es solo el comienzo.
Suli respiró hondo y asintió.
Sabía que aún habría mucho más por delante, más presión, más desafíos.
Pero esta noche, había comprendido algo esencial: ya no temía a la carga.
Ahora podía transformarla en fuerza.
La noche seguía, tranquila y silenciosa, pero Suli estaba despierta.
Su entrenamiento del día no había terminado… estaba apenas comenzando.
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