Vornex: Temporada 1 - Capítulo 130
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- Capítulo 130 - 130 Capítulo 130 Más allá de la venganza
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130: Capítulo 130: Más allá de la venganza 130: Capítulo 130: Más allá de la venganza El diálogo en el Vacío La oscuridad no cayó de golpe.
Se deslizó.
Primero fueron los bordes de la visión de Roger, que comenzaron a apagarse como brasas moribundas.
Luego el suelo bajo sus pies dejó de sentirse firme, como si ya no perteneciera a ningún lugar.
Cuando intentó respirar hondo, el aire parecía no entrar del todo.
—¿Qué… hiciste…?
—murmuró, forzando la voz.
No hubo eco.
No hubo viento.
Solo Cristel, de pie frente a él, perfectamente definido en medio de la nada.
—Tranquilo —dijo con suavidad—.
No estás muriendo.
—Todavía.
Roger apretó los puños.
Intentó moverse, avanzar, retroceder… nada.
Su cuerpo respondía, pero el espacio no.
Era como correr dentro de un sueño espeso.
—¿Dónde estamos?
Cristel ladeó la cabeza, pensativo.
—Un espacio sometido.
—Un vacío que obedece solo a mi magia.
Extendió una mano, y la oscuridad se onduló como agua.
—Aquí no hay interferencias —continuó—.
Nadie escucha.
Nadie interrumpe.
—Aquí, Roger… solo quedamos tú y yo.
Roger sintió un nudo en el estómago.
—¿Y Selindra?
Cristel sonrió apenas.
—Fuera.
Viviendo algo que tú no puedes ver.
—No te preocupes… por ahora.
Ese “por ahora” pesó más que cualquier amenaza directa.
—Entonces… —dijo Roger, con la voz temblorosa pero firme—.
—Dime qué quieres de verdad.
Cristel lo observó largo rato, como si evaluara si la pregunta merecía respuesta.
—Curioso —dijo al fin—.
—Siempre fuiste lento para entender el mundo… pero rápido para negociar.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar alrededor de Roger, aunque no había suelo que pisar.
—Todos creen que vine por venganza —continuó—.
—Que vine por dinero.
—Que vine por rencor.
Se detuvo frente a él.
—Y sin embargo… nada de eso me mueve realmente.
Roger frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué destruir Eldrys?
Cristel soltó una pequeña risa.
—Porque ya estaba perdida.
El silencio se volvió más denso.
—No —respondió Roger—.
Este pueblo sigue en pie.
La gente— —La gente huye —lo interrumpió Cristel—.
—La gente obedece por miedo.
—La gente sobrevive… pero no vive.
Sus ojos brillaron con algo cercano a la decepción.
—Yo viví aquí, Roger.
—Antes de las guerras.
Antes del caos.
—Cuando este mundo todavía tenía sentido.
Roger tragó saliva.
—Te fuiste.
—Me obligaron a irme —corrigió Cristel—.
—Y en otros mundos aprendí algo que aquí nadie quiere aceptar.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Este universo no recompensa la bondad.
—Recompensa al que se adapta.
—Al que se vuelve fuerte… incluso si eso significa destruir lo que ama.
Roger apretó los dientes.
—¿Y eso justifica lo que haces?
Cristel lo miró como si la pregunta fuera ingenua.
—No lo justifica.
—Lo explica.
La verdadera motivación de Cristel Cristel alzó la mano, y ante ellos apareció una imagen borrosa: fragmentos de otros mundos, ciudades en ruinas, campos de batalla cubiertos de magia residual.
—Viajé —dijo—.
—Aprendí.
—Sobreviví.
Las imágenes cambiaron: símbolos arcanos, círculos mágicos complejos, fórmulas imposibles.
—La magia no es solo poder —continuó—.
—Es lenguaje.
—Es estructura.
—Es voluntad.
Roger observaba sin poder apartar la mirada.
—Me obsesioné —admitió Cristel, sin vergüenza alguna—.
—No por gobernar… sino por entender.
—Por dominar cada variación, cada límite.
Las imágenes se disiparon.
—Quiero ser mejor —dijo simplemente—.
—No que los demás me sigan.
—Sino que no puedan alcanzarme.
Roger lo miró con incredulidad.
—¿Todo esto… solo para probar tu magia?
Cristel asintió.
—¿Sabes lo frustrante que es creer que ya lo sabes todo… y descubrir que te estás quedando atrás?
Sus ojos se oscurecieron.
—Hace poco, lo confirmé.
El bufón y los tres chicos La sonrisa regresó lentamente a su rostro.
—El bufón —dijo—.
—Uno de mis hechizos más refinados.
Roger sintió un escalofrío.
—No estaba completo —continuó Cristel—.
—Era un experimento.
—Un concepto.
Hizo un gesto con la mano.
—Lo envié a probarse en Velthar.
—Necesitaba medir reacciones.
Respuestas.
Límites.
Roger frunció el ceño.
—Y… ¿funcionó?
Cristel guardó silencio unos segundos.
—Tres chicos —dijo finalmente—.
—No parecían gran cosa.
Roger sintió que algo encajaba.
—Lo enfrentaron —continuó—.
—Y lo derrotaron.
Sus labios se tensaron apenas.
—Ahí lo entendí.
Levantó la mirada, directa, intensa.
—No era que ellos fueran excepcionales.
—Era que yo había dejado de entrenar lo esencial.
Roger abrió los ojos.
—¿Por eso volviste?
—Por eso volví —afirmó Cristel—.
—Para recordar lo que se siente avanzar.
—Para no estancarme.
La revelación: Eldrys ya está perdida El Vacío comenzó a resquebrajarse.
Roger volvió a sentir el suelo.
El aire.
El peso de su cuerpo.
—Te dejaré vivir —dijo Cristel—.
—No por misericordia.
—Sino para que veas.
La oscuridad se disipó.
Roger cayó de rodillas en Eldrys.
Vio el humo.
Las ruinas.
Los cuerpos.
Cristel estaba frente a él.
—Eldrys no cayó hoy —dijo con calma—.
—Cayó cuando decidiste que el miedo era un negocio.
—Cuando aceptaste que algunos sufran para que otros obedezcan.
Se dio media vuelta.
—Yo solo aceleré lo inevitable.
Ahora te tocará pagar por lo que tú mismo has hecho…
Todos los prisióneros, luego de acabar con todos sus bandidos, se acercaron a Roger para poder vengarse…
— …
Selindra giró su rostro hacia la multitud que comenzaba a mirar con miedo y confusión el caos que se desarrollaba a su alrededor.
Su voz, firme pero cargada de urgencia, resonó sobre los gritos y el estruendo: —¡Síganme!
¡Conozco un pueblo cercano llamado Derboran, podrán ponerse a salvo allí!
Al principio, la gente dudó.
Algunos retrocedieron, inseguros, mirando de reojo a Cristel y a los prisioneros que ya empezaban a moverse con furia.
Selindra, sin perder la calma, avanzó con paso decidido, guiando a los primeros grupos.
—¡No miren atrás!
—gritó, impulsando a todos a moverse—.
¡Si corren ahora, podrán vivir!
Poco a poco, la multitud comenzó a desplazarse.
El miedo era evidente, pero Selindra les daba esperanza, indicándoles rutas seguras, acelerando el paso, manteniendo la moral mientras los alejaba del epicentro de la destrucción hacia Derboran.
Con la primera oleada de habitantes ya fuera de peligro, Selindra regresó a donde Roger yacía tendido en el suelo.
Él se levantaba con dificultad, su respiración agitada, y ambos intercambiaron una mirada cargada de miedo y determinación.
Selindra se colocó junto a su hermano: —Tenemos que… —comenzó, pero Roger la interrumpió, aún intentando procesar lo que veían—.
No hay forma de que podamos… Los ex-prisióneros recordaban muy bien como era Roger y querían vengarse de una vez por todas, todos habían planeado esto, luego de liberarse-Los vinimos a buscar-dijo uno -Ahoran morirán- dijo uno de los más viejos.
-Los mataremos de una vez por todas- dijo otro al final.
Los prisioneros, recibiendo la energía de Cristel, atacaron de inmediato.
Cada golpe, cada empujón, era más intenso, más difícil de esquivar.
Roger y Selindra se defendieron como pudieron, bloqueando y esquivando, pero el cansancio empezaba a notarse, y la desesperación lentamente se infiltraba en sus movimientos.
Cristel permanecía en la distancia, observando, mientras extendía lentamente sus manos.
Un flujo de energía sutil comenzó a recorrer a los prisioneros, incrementando su fuerza, pero también… algo más.
Su coordinación comenzó a fallar, los ataques se volvieron menos precisos, más violentos y erráticos.
—Roger… —jadeó Selindra, con los ojos entrecerrados—.
Siento… que no es solo fuerza lo que tienen… es como si… alguien los estuviera controlando.
—¡Eso es imposible!
—replicó Roger, aunque la voz le temblaba—.
No puede ser… no pueden… …
Luego de un momento…
Cristel finalmente rompió el silencio, su voz clara y fría atravesando el aire como un filo cortante: —Sí, es así.
Todos ustedes… fueron mis peones.
…
Hubo un silencio.
Y lo peor… es que ni siquiera se dieron cuenta…
…
Los prisioneros, como si una chispa se encendiera en sus mentes, comenzaron a confundirse y cristel empezó a darles más poder.
Luego lo notaron…
…
Roger y Selindra apenas podían moverse entre la confusión.
Cada prisionero que había estado concentrado en ellos ahora se enfrentaba a sus propios compañeros, desatando el caos absoluto.
—¡No… no podemos!
—gritó uno, cayendo al suelo, exhausto y desesperado.
Cristel comenzó a reír, un sonido que helaba la sangre, mientras observaba cómo el poder que les había otorgado los destruía lentamente desde dentro.
Cada movimiento, cada intento de golpear a Roger y Selindra, se volvía inútil; la confusión y el exceso de energía hacían que sus cuerpos no respondieran.
—Vean… —dijo Cristel, la risa entrecortada—.
Todo este tiempo han sido mis peones… …
Mis herramientas.
Nunca me importo está venganza, solo quería usarlos para mejorar mi magia y poder usarla con ustedes Y probarla con ellos…
Ustedes ni siquiera lo sabían.
…
Roger y Selindra intercambiaron una mirada.
El horror se instaló en ellos: todo había sido manipulado, controlado por Cristel desde el principio.
Cada golpe, cada intento de defensa, cada ataque de los prisioneros había sido planeado para desestabilizarlos.
Los prisióneros ahora entendían que todos este tiempo los manipuló a todos con su poder.
Los prisióneros le pedían que porfavor parará de darles más poder!
—¡Basta…!
—gritó Roger, intentando reaccionar—.
Esto… no puede ser… Cristel seguía dándoles más, y la energía recorrió a los prisioneros, aumentándoles el poder hasta niveles que sus cuerpos apenas podían sostener.
Los prisióneros tenían que hacer algo y rápidamente dejaron de pelear contra Roger y Selindra, y fueron contra Cristel, para poder detenerlo.
Los más fuertes del grupo se abalanzaron contra este, pero fue inútil, cristel los esquivo, hasta que…
Uno a uno comenzaron a caer, sus músculos quemando, sus huesos retumbando bajo la presión de la magia.
Algunos trataron de atacar a Cristel, pero incluso sus movimientos eran torpes, lentos y descoordinados.
—¡No… más!
—gritó un prisionero, pero la voz se perdió entre los gritos y explosiones de poder.
Con un gesto casi despreocupado, Cristel detuvo la corriente de poder.
Los prisioneros, agotados y derrotados, cayeron al suelo, muertos por el exceso de fuerza que él mismo les había dado.
Sus cuerpos yacían esparcidos, algunos sangrando, otros simplemente desplomados, mientras Roger y Selindra apenas podían creer lo que acababan de presenciar.
Uno de los prisioneros, el más fuerte, logró arrastrarse unos metros hacia Cristel, intentando levantarse.
Pero Cristel, con una sonrisa que mezclaba calma y malicia, extendió su mano: —Ven… te ayudaré.
El prisionero la tomó con esperanza, solo para ser lanzado violentamente al aire.
En el vuelo, un hechizo lo desintegró en mil pedazos.
Roger y Selindra quedaron paralizados, incapaces de apartar la mirada.
La risa de Cristel resonaba en el aire, dejando una sensación de vacío absoluto.
—No se preocupen por mí —dijo, mientras comenzaba a alejarse—.
Muy pronto llegaré a Velthar… y este mundo… será mío.
Ustedes, sin embargo, podrán observar como poco a poco, mi plan de no solo dominar este mundo, si no más de uno, se hará realidad, por ahora me hire al mío porque mi trabajo aquí ya está hecho y debo mejorar más cosas.
Hasta pronto…
Sin darles oportunidad a reaccionar, Cristel se lanzó contra ellos a gran velocidad, golpeando a ambos en el estómago y dejándolos tendidos en el suelo.
Luego, con la misma calma que lo había acompañado desde su llegada, desapareció, abriendo un portal hacia su mundo y posteriormente este, cerrándose.
Eldrys estaba destruida, silenciosa y vacía, salvo por Roger y Selindra, que yacían entre los escombros, viendo las ruinas de su hogar y comprendiendo que nadie, ni siquiera ellos mismos, podrían detener a Cristel… al menos por ahora.
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