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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 135

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Capítulo 135: Capítulo 135: La gran reunión

La sala de reunión era vasta y solemne.

Columnas de piedra blanca se alzaban hasta un techo imposible de ver del todo, cruzado por líneas de energía tenue que recorrían la estructura como venas vivas. En el centro, una mesa circular de un material oscuro y pulido reflejaba la luz de los orbes suspendidos en el aire. Cada orbe representaba un mundo.

Uno a uno, los reyes ya se encontraban allí.

Gimson, rey del Norte, permanecía de pie, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. No era común verlo inquieto, pero esa mañana su expresión lo delataba.

Decoran, rey del Sur, se mantenía sereno, aunque sus ojos mostraban una preocupación más profunda, casi espiritual.

Rigel, rey del Oeste, parecía el más cansado de todos; sus hombros estaban tensos, como si llevara el peso del problema desde hacía demasiado tiempo.

Torppcuin, rey del Este, observaba en silencio, analizando cada detalle, como si buscara una grieta invisible en la situación.

Finalmente, el rey del Centro dio un paso al frente.

—Hoy es el día —dijo Pierquel Carm, con voz firme pero grave—. El día en que dejamos de fingir que el tiempo está de nuestro lado.

Todos dirigieron su atención hacia él.

Pierquel no levantó la voz. No lo necesitaba. Su presencia imponía respeto por sí sola.

—Los he reunido aquí porque ya no podemos permitirnos actuar como mundos separados. Dark no es un problema del Oeste… ni del Norte, ni del Sur, ni del Este. Es una amenaza para todos.

Rigel fue el primero en hablar.

—Si no fuera así, no habría pedido esta reunión —dijo con tono serio—. Dark está sellado cerca de mi mundo, en un plano inhabitable… o al menos lo era.

Hizo una breve pausa.

—Hace apenas unos días, nuestros soldados intentaron reforzar la contención. Fallamos… casi.

Gimson entrecerró los ojos.

—¿“Casi”? —preguntó—. ¿Qué tan cerca estuvo?

Rigel apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Lo suficiente como para sentir su presencia empujando desde el otro lado. Los dispositivos de sellado resistieron… pero cada vez requieren más energía. Mucha más.

Torppcuin habló entonces, con voz fría y calculadora.

—Los sellos están hechos de energía pura y luz concentrada. No deberían fallar tan pronto.

—No deberían —confirmó Rogel—, pero Dark no juega bajo las mismas reglas. Su poder crece… cada hora.

Un silencio pesado cayó sobre la sala.

—Si sigue así —continuó Rigel—, llegará un punto en el que los dispositivos simplemente no podrán soportarlo. Y cuando eso ocurra… se romperán.

—Y quedará libre —murmuró Gimson.

Decoran cerró los ojos por un momento, como si escuchara algo que los demás no.

—Hay algo más —dijo finalmente—. El poder de Dark no se limita a su prisión. Lo sentí… incluso en el Sur.

Todos lo miraron.

—Su energía viajó hasta mi mundo —explicó—. No como un ataque, sino como una onda. Como si estuviera probando los límites de su encierro.

Pierquel frunció el ceño.

—¿Estás diciendo que su poder se está expandiendo?

Decoran negó lentamente.

—No exactamente. No creo que Dark se esté volviendo más fuerte en el sentido tradicional.

Abrió los ojos.

—Creo que ese crecimiento tiene un propósito.

Rigel levantó la mirada.

—¿Liberarse?

—Exacto —asintió Decoran—. Ese “poder creciente” podría no ser su fuerza real, sino una técnica. Una habilidad diseñada únicamente para romper contenciones, sellos y barreras.

Torppcuin apoyó un dedo sobre la mesa.

—Si eso es cierto, entonces cuando se libere… su verdadero poder será otro problema completamente distinto.

—O peor —añadió Gimson—. Podría haber estado ocultándolo todo este tiempo.

El ambiente se volvió aún más tenso.

Pierquel respiró hondo.

—Entonces hablemos de soluciones. No suposiciones.

Miró a cada rey.

—Necesitamos medidas de seguridad inmediatas y un plan real para cuando Dark se libere. Porque ya no es una posibilidad… es una certeza.

Rigel fue directo.

—Necesitamos refuerzos constantes en la prisión. Artefactos, energía, conocimiento. Mi mundo no puede sostener esto solo.

—El Este puede aportar tecnología de estabilización dimensional —dijo Torppcuin—, pero no será suficiente por sí sola.

—El Sur puede ayudar con sellos espirituales —añadió Decoran—, aunque dudo que aguanten mucho tiempo si Dark sigue adaptándose.

Gimson apretó los puños.

—El Norte aportará guerreros y defensas —afirmó—. Si se libera… no huiremos.

Pierquel asintió lentamente.

—Entonces queda claro —dijo—. No estamos aquí solo para contenerlo. Estamos aquí para prepararnos para el peor escenario.

Los orbes sobre la mesa parpadearon suavemente, como si reaccionaran a la gravedad de la conversación.

—Dark se está moviendo —continuó Pierquel—. Y cuando dé el siguiente paso… debemos estar listos para responder como uno solo.

Ninguno de los reyes habló.

No hacía falta.

Todos sabían que aquella reunión no era el principio de una alianza…

sino la advertencia final antes de una catástrofe.

—

…

Las voces se superponían en la sala.

Planes de contención, rutas de evacuación, refuerzos energéticos, artefactos antiguos, sellos combinados entre mundos… cada rey aportaba ideas, algunas más viables que otras, pero todas compartían el mismo problema: solo ganarían tiempo.

Entonces, en medio del intercambio, Gimson habló.

—Hay otra opción.

No levantó la voz.

No hizo falta.

El simple tono hizo que la sala entera quedara en silencio.

Gimson dio un paso al frente, con el rostro serio, como si cada palabra que fuera a pronunciar pesara demasiado.

—Una opción que ninguno quiere mencionar… pero que todos conocemos.

Pierquel lo miró fijamente.

—¿De qué hablas, rey del Norte?

Gimson respiró hondo.

—De los Tres Pilares de la Trinidad.

El efecto fue inmediato.

Decoran cerró los ojos.

Torppcuin dejó de apoyarse en la mesa.

Rigel… bajó la mirada.

Nadie habló.

Durante unos segundos, el silencio fue absoluto.

—Los pilares… —murmuró finalmente Rigel—. Pensé que nunca volverían a ser nombrados.

Gimson continuó, sin rodeos.

—Son tres.

—El Pilar de la Hoja Sagrada.

—El Pilar de la Fortaleza Dorada.

—Y el Pilar de la Protección Eterna.

Al mencionar cada uno, los orbes sobre la mesa parecieron vibrar levemente.

—Cada pilar guarda un objeto —prosiguió—. Objetos creados por mi padre… Gimson I.

Pierquel frunció el ceño.

—El rey que unificó el conocimiento de los mundos —dijo—. El mismo que habló de la profecía.

Gimson asintió.

—Mi padre no creó esos objetos como símbolos —dijo con firmeza—. Los creó como una última respuesta. Una solución que solo debía usarse si todo lo demás fallaba.

Decoran abrió los ojos.

—La profecía… —dijo en voz baja—. “Cuando la oscuridad no pueda ser contenida, tres voluntades se alzarán como una”.

Torppcuin apretó los labios.

—Tres guerreros —añadió—. Cada uno portando uno de los objetos de los pilares.

—Y juntos —continuó Rigel—… acabarían con Dark.

La palabra “acabar” quedó suspendida en el aire.

Pierquel apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Esa profecía siempre fue vista como un último recurso —dijo—. Algo que esperábamos que jamás fuera necesario.

—Pero Dark está forzando nuestra mano —respondió Gimson—. Y cada hora que pasa, nos acerca más a ese punto.

El rey del Sur negó lentamente con la cabeza.

—Elegir ese camino implica aceptar que el mundo cambiará para siempre —dijo Decoran—. Los objetos de los pilares no son simples armas. Transforman a quien los porta.

—Y no cualquiera puede usarlos —añadió Torppcuin—. Requieren voluntad, sacrificio… y un precio.

Rigel levantó la mirada, con expresión dura.

—Pero también es una de las mejores opciones reales que tenemos.

Nadie lo contradijo.

Gimson bajó la voz.

—Mi padre dijo que el día en que los pilares fueran considerados… significaría que el equilibrio ya estaba roto.

La sala parecía más fría.

—Tal vez —continuó— ese día sea hoy.

Pierquel cerró los ojos por un instante, como si aceptarlo doliera.

—Entonces debemos prepararnos —dijo finalmente—. No para activar los pilares aún… sino para el momento en que ya no haya otra elección.

Los reyes asintieron, uno a uno.

No era una decisión tomada.

Pero sí era una verdad aceptada.

Si Dark se liberaba…

si todas las contenciones fallaban…

entonces la profecía de Gimson I dejaría de ser una advertencia del pasado

y se convertiría en el único camino hacia el futuro.

—

Las últimas palabras quedaron flotando en la sala, pesadas, inevitables.

Pierquel Carm fue el primero en romper el silencio.

—Entonces estamos de acuerdo —dijo, con voz firme—. Reforzaremos las contenciones, prepararemos protocolos conjuntos y, si Dark se libera… los pilares dejarán de ser solo una profecía.

Uno a uno, los reyes asintieron.

No había entusiasmo.

No había alivio.

Solo aceptación.

—Que los mundos estén atentos —añadió Decoran—. Y que nadie actúe por su cuenta.

—La coordinación será clave —dijo Torppcuin—. Si fallamos, no habrá segunda oportunidad.

Rigel fue el último en hablar.

—Mantendré la vigilancia absoluta en el mundo donde está sellado —afirmó—. Haré todo lo posible para ganar tiempo.

Pierquel respiró hondo y abrió los brazos levemente.

—Entonces, por ahora… la reunión concluye.

Los orbes de luz comenzaron a apagarse uno a uno.

—Les deseo suerte —dijo el rey del Centro—. A todos.

Cada rey se despidió con un gesto solemne antes de abandonar la sala por distintos corredores, regresando a sus respectivos mundos.

Gimson caminaba ya hacia el pasillo cuando sintió una mano posarse sobre su hombro.

Se detuvo.

Al girarse, se encontró con Rigel, el rey del Oeste.

—Gimson —dijo—. Solo quería decirte algo antes de irme.

El rey del Norte lo miró en silencio.

—Confío en esto —continuó Rigel—. En tu padre… en los pilares… y en lo que estás haciendo ahora. De verdad espero que funcione.

Gimson sostuvo su mirada, sin dudar.

—Funcionará —respondió con calma—. No son objetos cualquiera.

Rigel frunció el ceño.

—¿Lo dices por la profecía?

—Lo digo porque… —Gimson bajó un poco la voz— creo que ya tenemos al portador adecuado.

Rigel abrió ligeramente los ojos, sorprendido.

—¿Ya…?

—Y aun si algo sale mal —añadió Gimson—, tenemos un plan. Nada está siendo dejado al azar.

El rey del Oeste dejó escapar un suspiro, como si una carga se aligerara.

—Gracias —dijo—. De verdad… confío en ti.

Gimson asintió.

—Pronto acabaremos con Dark.

Rigel dio un último gesto de despedida y se alejó por el corredor, perdiéndose entre la luz del portal.

Gimson permaneció allí unos segundos más, en silencio, antes de activar el suyo.

Cuando desapareció, la sala quedó vacía.

Las antorchas se apagaron solas.

La mesa quedó inmóvil.

Y el lugar que había albergado decisiones capaces de cambiar el destino de los mundos…

volvió a quedar en silencio.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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