Vornex: Temporada 1 - Capítulo 136
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Capítulo 136: Capítulo 136: Control antes del avanze
…
El sol todavía estaba alto cuando los chicos salieron del santuario, sus cuerpos adoloridos pero ligeros. Cada paso que daban era más firme, más seguro. Ya no eran los mismos que llegaron hace unos días. La fuerza, la velocidad y la coordinación se habían multiplicado, y eso se notaba en cada gesto, en cada mirada de complicidad entre ellos.
—Wow… —dijo Eiden, estirando los brazos y respirando hondo—. Siento como si pudiera correr kilómetros sin cansarme.
Karl lo miró y sonrió, un poco orgulloso.
—Yo también… siento que hoy todo fluía mejor. Incluso con el cristal, fue más fácil. Parece que finalmente empezamos a sincronizarnos con nuestro poder.
Azerion los observaba mientras caminaban por los jardines del santuario, y asintió con aprobación.
—No solo mejoraron físicamente —dijo—. También se nota que su control mental y su coordinación de grupo ha subido. Hoy se ve que piensan como equipo, no solo como individuos.
Lujius los seguía a unos pasos, con los brazos cruzados y una sonrisa satisfecha.
—Exacto. Lo importante de hoy no fue solo la fuerza o las habilidades que aprendieron. Fue que entendieron cómo aprovecharlas juntos. Ese entendimiento… es lo que los hará realmente fuertes.
Los chicos caminaron en silencio por unos minutos, dejando que las palabras de Lujius calaran. No necesitaban discutirlo; todos sentían que algo había cambiado en ellos.
—Siento… —dijo Eiden, con voz suave—. Siento que finalmente estamos listos para cualquier cosa que venga. No del todo, pero casi.
—Casi —repitió Karl, sonriendo de medio lado—. Sí, pero lo importante es que hoy lo sentimos, lo logramos.
—Y no olviden —añadió Azerion con un toque de humor—. Esto es solo el principio. Mañana habrá más, y al día siguiente también. Pero por ahora… disfruten de esto un poco.
Los tres rieron suavemente y caminaron juntos, mientras Lujius los seguía en silencio, satisfecho de verlos relajarse. Por primera vez en mucho tiempo, sentían que todo el esfuerzo había valido la pena.
El sol comenzaba a inclinarse hacia el oeste, proyectando sombras largas sobre los muros del santuario. La sensación de logro y calma llenaba el aire. Los chicos podían descansar, reflexionar y prepararse mentalmente para lo que vendría, sabiendo que, juntos, ya habían dado un gran salto hacia su verdadero potencial.
—
El grupo se acomodó en la explanada del santuario, apoyando sus espaldas contra la piedra caliente que había absorbido el sol durante todo el día. La brisa movía suavemente las hojas de los árboles que rodeaban el lugar, y el aire estaba cálido, pero tranquilo.
Eiden se recostó, cerrando los ojos y dejando escapar un largo suspiro.
—Vaya… hoy fue intenso.
Karl dejó caer su espada a un lado y se dejó caer sobre la piedra.
—Sí… pero siento que todo está empezando a encajar. Finalmente todo fluye un poco mejor.
Azerion se apoyó contra un árbol cercano y los observó con una sonrisa tranquila.
—Hoy hicieron un gran progreso. No solo en técnicas, sino en cómo manejan su energía.
—Y no solo eso —dijo Lujius, caminando cerca de ellos—. También empezaron a comprender que cada esfuerzo, cada movimiento, cada intento fallido, los hace más fuertes.
Los chicos se miraron entre sí y asintieron, compartiendo el silencio cómodo de quienes saben que trabajaron duro y que, por ahora, pueden permitirse descansar.
El sol comenzaba a inclinarse hacia el horizonte, tiñendo todo con tonos cálidos y suaves. Los chicos se recostaron nuevamente, dejando que el santuario se llenara del aire tranquilo del final del día.
—Bueno… —dijo Karl—. Creo que ya es suficiente por hoy. Dejemos que el cuerpo descanse.
—Sí —respondió Eiden—. Mañana será otro día de entrenamiento.
Azerion y Lujius los observaron con satisfacción.
—Se nota que hoy realmente dieron todo —dijo Azerion.
—Sí —asintió Lujius—. Ahora es momento de recuperar fuerzas y prepararse para lo que viene.
Los chicos cerraron los ojos, disfrutando del descanso merecido, dejando que el calor de la piedra y la brisa suave los llenara de calma. Por primera vez en mucho tiempo, podían sentir que cada paso que daban los acercaba a su máximo potencial, y que estaban listos para seguir creciendo juntos.
—
El sol todavía estaba alto sobre el horizonte, filtrando sus rayos entre los árboles extraños de aquel mundo. Suli se recostaba sobre la hierba húmeda, dejando que la brisa le refrescara la piel aún caliente por el esfuerzo del entrenamiento anterior. Cada músculo le dolía, recordándole lo intenso que había sido todo, pero el cansancio no le impedía pensar.
Observaba a su alrededor, el paisaje que ahora conocía casi como propio, y su mente viajaba hacia los chicos que había visto antes. No los tenía cerca, no podía sentir su progreso de primera mano, pero en su mente los imaginaba entrenando, superándose, mejorando.
—Ellos… están avanzando mucho —susurró para sí misma—. Y yo también tengo que hacerlo.
Sus ojos se cerraron mientras recordaba cada movimiento que había aprendido, cada lección que su maestro le había dado. A pesar de la soledad, sentía que estaba creciendo, y que cada caída, cada golpe recibido, la había hecho más fuerte.
Se incorporó lentamente y se sentó, dejando que la brisa despeinara su cabello. Sus pensamientos se hicieron más firmes: el tercer día de entrenamiento no sería igual que los anteriores. Hoy no bastaba con moverse rápido ni golpear fuerte; hoy debía controlar su energía, sentirla, dirigirla con precisión. Era un entrenamiento de concentración, de mente y cuerpo trabajando juntos.
—Tengo que saber exactamente cómo usar lo que aprendí —dijo, casi hablándose a sí misma—. No solo fuerza, no solo velocidad… control.
Suli se levantó, estirando los brazos y las piernas, respirando hondo, dejando que cada inhalación le llenara los pulmones de aire fresco. Cerró los ojos un instante más y visualizó cada movimiento que quería dominar, cada energía que debía sentir fluyendo dentro de ella.
—Hoy será diferente —afirmó con determinación—. Hoy voy a comprender un poco más de mí. Y no voy a rendirme.
Con eso, dio un paso hacia el área de entrenamiento, preparada para un tercer día más profundo, más intenso y más propio que cualquiera de los anteriores, lista para descubrir hasta dónde podía llegar sola en este mundo.
—
(Entrenamientos de Suli después…, días 4 y 5)
…
Al cuarto día…
Suli volvió a quedarse sola.
El sonido del agua moviéndose a lo lejos y el aire húmedo de ese mundo acuático eran ya algo familiar para ella. Percuson Worker se había ido, pero no sentía presión… al contrario, sentía una extraña calma.
Sabía que estaba en el camino correcto.
Se sentó nuevamente, esta vez sobre una roca lisa que sobresalía del agua. Cerró los ojos y colocó una mano sobre su pecho y la otra sobre su abdomen, recordando los dos días anteriores: respiración, concentración, sentir el ritmo interno sin forzarlo.
—Control… no fuerza —pensó.
El entrenamiento de ese día no consistía en liberar energía, sino en no dejar que se escape.
Suli comenzó a sentir su energía recorrer su cuerpo como pequeñas corrientes internas, similares al movimiento del agua que la rodeaba. Cada vez que una emoción aparecía —impaciencia, duda, cansancio— la energía reaccionaba, se agitaba.
Ahí estaba la dificultad.
Intentó estabilizarla.
Al principio falló.
La energía se desbordó ligeramente, provocando ondas en el agua cercana. Suli frunció el ceño, pero no se frustró. Analizó el error: había intentado imponer su voluntad en lugar de guiarla.
Volvió a intentarlo.
Esta vez imaginó su energía como parte del entorno, no como algo separado de ella. Poco a poco, las corrientes internas se suavizaron. El agua a su alrededor dejó de reaccionar.
Sonrió apenas.
Pasaron horas sin que se diera cuenta. Cuando abrió los ojos, el cielo del mundo acuático ya había cambiado de tono. Estaba cansada, pero era un cansancio distinto, más profundo… y satisfactorio.
Suli se recostó sobre la roca, mirando hacia arriba.
—Si sigo así… mañana podré ir un paso más allá —murmuró para sí.
Sin saberlo, Percuson Worker la observaba desde la distancia, sin interrumpir.
No dijo nada. Solo asintió lentamente.
Ese tercer día no había terminado con una gran explosión de poder, pero sí con algo mucho más importante:
control consciente.
Y eso, para Suli, era el verdadero comienzo.
—
El silencio volvió a envolver el lugar cuando el sol de ese mundo terminó de ocultarse.
Suli permaneció recostada unos minutos más, dejando que su respiración volviera a la normalidad. Sentía el cuerpo pesado, pero su mente estaba extrañamente clara. Ya no tenía esa sensación de desorden interno que había tenido los primeros días; ahora podía sentir su energía sin que esta reaccionara de inmediato a cada pensamiento.
Finalmente se levantó.
El camino de regreso era tranquilo. El agua le llegaba apenas a los tobillos y reflejaba un cielo lleno de tonos azulados y verdes. Cada paso era lento, medido, como si inconscientemente siguiera entrenando incluso al caminar.
Al llegar al lugar donde descansaba, se sentó y cerró los ojos una última vez.
—Hoy fue distinto… —pensó—. No me esforcé por ser más fuerte. Solo… más estable.
Por primera vez desde que comenzó su entrenamiento en ese mundo, no sintió ansiedad por el día siguiente. Sabía que Percuson no le exigiría más de lo necesario, pero también sabía que él había notado su avance. Eso la motivaba, aunque no lo admitiría en voz alta.
Mientras descansaba, una idea cruzó su mente.
Si podía controlar su energía en reposo…
¿qué pasaría cuando tuviera que hacerlo en movimiento?
No lo intentó. No todavía.
Recordó las palabras de Percuson: todo a su paso.
El cansancio terminó por vencerla y se quedó dormida, con el sonido del agua como fondo.
—
Al día siguiente, antes de que el entorno despertara por completo, Suli abrió los ojos.
No había sido un sueño profundo, pero sí reparador.
Se levantó sin hacer ruido y salió al exterior. El aire era más frío que el día anterior. Percuson Worker ya estaba allí, de pie, observando el horizonte como si supiera que ella aparecería.
—Veo que hoy no te adelantaste —dijo sin mirarla.
Suli sonrió levemente.
—No… hoy quiero entrenar como corresponde.
Percuson giró el rostro hacia ella, con una expresión seria pero satisfecha.
—Bien. Entonces hoy pasamos al siguiente nivel.
Suli enderezó la postura de inmediato.
—Hoy entrenaremos control bajo presión —continuó Percuson—. Porque controlar la energía sentado es importante… pero hacerlo cuando el cuerpo y la mente están al límite, eso es lo que separa a un guerrero común de uno real.
Suli apretó los puños con determinación.
Su tercer día había sido solo la base.
El cuarto… sería la verdadera prueba.
—
Percuson avanzó unos pasos y se detuvo frente a un área donde el agua era más profunda. El suelo allí no era firme; se movía ligeramente con cada paso, como si el propio mundo quisiera desestabilizar a quien se atreviera a entrenar en ese punto.
—Aquí —dijo—. Este será tu campo de entrenamiento de hoy.
Suli observó el lugar con atención. No parecía peligroso, pero entendía el mensaje: no tendría una base estable, ni física ni mental.
—Primero, entra al agua —ordenó Percuson—. Hasta la cintura.
Suli obedeció. El frío la recorrió de inmediato, tensándole los músculos. Percuson levantó una mano y, sin tocarla, el agua a su alrededor comenzó a moverse en círculos lentos.
—No es un ataque —aclaró—. Es presión constante. El agua va a empujarte, desequilibrarte y drenar tu concentración.
Suli cerró los ojos y respiró hondo, recordando lo aprendido.
—Tu objetivo no es liberar energía —continuó—, sino mantenerla estable. Si tu energía se agita, el agua lo reflejará.
El movimiento se intensificó.
Al principio, Suli sintió cómo su energía reaccionaba sola, queriendo salir, defenderse. Abrió los ojos y vio pequeñas ondas formándose alrededor de su cuerpo.
—No —murmuró—. Tranquila…
Forzó su respiración a ser lenta. Cada inhalación era una lucha, cada exhalación un intento de control. El agua chocaba contra sus piernas, haciéndola perder el equilibrio varias veces. Cayó una vez, luego otra.
Percuson no se movió.
—Levántate —dijo con calma—. Esto también es parte del control.
Suli se levantó, empapada, con el corazón acelerado. Esta vez no cerró los ojos. Mantuvo la mirada fija al frente, dejando que el caos existiera sin reaccionar a él.
Poco a poco, algo cambió.
Las ondas dejaron de crecer. El agua seguía moviéndose, pero ya no respondía a su energía. Su interior comenzó a sentirse… silencioso.
Percuson entrecerró los ojos.
—Ahí está —susurró para sí.
Minutos después, bajó la mano. El agua se calmó de inmediato.
Suli respiraba con dificultad, pero no había perdido el control ni una sola vez en los últimos instantes.
—Eso —dijo Percuson acercándose— es control bajo presión. No perfecto, pero real.
Suli se dejó caer de rodillas, agotada, pero con una leve sonrisa.
—Entonces… —dijo entre respiraciones— ¿aprobé?
Percuson negó con la cabeza, aunque sonreía.
—No. Solo sobreviviste al calentamiento.
Suli levantó la vista, sorprendida.
Percuson extendió la mano hacia el agua otra vez.
—Ahora empezamos de verdad.
El agua comenzó a elevarse lentamente a su alrededor, formando corrientes más densas y pesadas.
Y Suli entendió algo importante:
ese día no iba a terminar hasta que su mente y su energía aprendieran a obedecerle incluso cuando todo lo demás intentara romperla.
—
Percuson no le dio tiempo a recuperarse.
Las corrientes de agua se volvieron más densas, ya no empujaban solo sus piernas, ahora rodeaban su torso, sus brazos, incluso el cuello. No la ahogaban, pero la presión era constante, pesada, como si el mundo entero intentara forzarla a reaccionar.
—No luches contra el agua —dijo con voz firme—. Si lo haces, perderás el control.
Suli apretó los dientes. Su instinto gritaba que liberara energía, que rompiera esa presión de una vez, pero recordó algo clave: control no es dominar, es resistir sin romperse.
Se concentró en un solo punto: su respiración.
Uno…
Dos…
Tres…
El agua vibró. Por un instante, Percuson pensó que iba a perder el equilibrio otra vez, pero no ocurrió. Suli ajustó su postura, flexionó ligeramente las rodillas y dejó que la presión pasara a través de ella, no contra ella.
El entrenamiento continuó así durante horas.
Percuson aumentaba la dificultad poco a poco: corrientes cruzadas, cambios repentinos de dirección, presión irregular. Cada error hacía que Suli cayera, pero cada caída duraba menos que la anterior. Su energía ya no reaccionaba de forma impulsiva; comenzaba a obedecerle.
Cuando el sol empezó a descender, Percuson bajó finalmente los brazos.
El agua cayó en calma absoluta.
Suli estaba exhausta. Apenas podía mantenerse en pie, su respiración era lenta y profunda, pero su energía… estaba estable. Nunca antes se había sentido así.
—Bien —dijo Percuson—. Por hoy, basta.
Suli levantó la mirada.
—¿Eso fue todo…?
Percuson soltó una breve risa.
—Para un primer día de control real, hiciste más de lo que esperaba. Muchos soldados no llegan a este punto en semanas.
Suli se sentó en la orilla, dejando que el agua mojara sus pies.
—Entonces… mañana será más difícil.
Percuson no respondió de inmediato. La observó en silencio durante unos segundos, con una expresión distinta, más seria.
—Mañana —dijo al fin— no entrenaremos solo tu control.
Suli frunció el ceño.
—¿Entonces qué?
—Mañana vas a aprender qué pasa cuando mantienes el control incluso mientras avanzas.
Suli entendió que eso significaba una cosa: movimiento, combate, decisiones bajo presión real.
Percuson se dio la vuelta.
—Descansa bien, Suli. Come, duerme y no entrenes por tu cuenta esta noche.
Ella sonrió levemente.
—Lo intentaré.
Cuando Percuson se alejó, Suli se quedó mirando el agua quieta. Recordó cómo había empezado: insegura, reaccionando por instinto, dejando que su energía la dominara.
Ahora, por primera vez, sentía que estaba un paso adelante de sí misma.
Esa noche durmió profundamente.
—
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